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Ver productos1 Jun 1993 - 3min.
Autor: Charles Ives (1874-1954).
Título: A Portrait of Charles Ives.
Obras: Varias piezas para diversos conjuntos.
Intérpretes: Henry Herford, barítono; Ensemble Modern; Igo Motzmacher, director.
Emi Classics CDC 7545522. DDD. Stereo. Duración 63’53.
Charles Ives comenzó a ser conocido en los últimos años de su vida, y hoy goza ya de un amplio reconocimiento, y es considerado como uno de los músicos más originales del siglo XX y como el primer compositor verdaderamente norteamericano.
Bien es verdad que nunca buscó la fama ni la promoción, aunque siempre deseó ser mejor comprendido. Su música resultaba muy difícil de escuchar y de entender. Muchas de las innovaciones que sólo años más tarde iban a ser desarrolladas por compositores como Strawinsky o Schönberg, fueron planteadas por Ives. La politonalidad, la atonalidad, la polirritmia y la poliarmonía se hallan presentes en sus obras.
El primer aprendizaje musical le vino a través de su padre, que era director de banda en Connecticut, pero también el padre ideal para el que quisiera convertirse en un compositor experimental. Investigaba en el campo de los cuartos de tono, y hacía todo tipo de experimentos de politonalidad para fortalecer el oído musical de su hijo. Por eso Charles no pudo ser un compositor distinto, llevaba en la sangre el deseo de la innovación y la experimentación sonora.
Se dió cuenta de que con su música no podía en aquel momento asegurar un porvenir para su familia, y de este modo trabajó como agente de seguros, creando su propia empresa, que se convirtió veinte años más tarde en la mayor compañía de seguros del país. Componía de noche, en los fines de semana y en las vacaciones. Pocas veces pudo escuchar su música, tan sólo al final de su vida en que se interpretaron en público algunas obras de piano, como la Sonata Concord y la Tercera Sinfonía.
Ives prestó oídos a la música tal como se produce en la calle: bandas militares desfilando juntas y tocando distintas marchas simultáneamente, los desajustes de afinación en los coros de las iglesias, el sonido de la calle, himnos, canciones y bailes populares, etc. y todo ello lo utilizó en más de una ocasión en sus obras.
Consideraba como sonidos musicales y por lo tanto útiles para hacer música con ellos, los más diversos ruidos y sonidos cotidianos, algo que hoy es perfectamente aceptable y que a principios de siglo era considerado como una aberración. Se anticipó a Strawinsky en el uso de acordes disonantes repetidos como efecto rítmico percusivo, y utilizaba procedimientos que luego serían atribuídos a Schönberg y su escuela, como la inversión y la retrogradación. Son obras de una extraordinaria complejidad, y en su tiempo se las consideraba como intocables.
En esta antología de veinticuatro piezas breves de Charles Ives, se ha querido reflejar un amplio panorama de su obra musical para pequeños conjuntos. En ella encontramos piezas solemnes y de gran belleza como The Bells of Yale (1897) y Sunrise (1926), otras paródicas como General William Enters into Heaven (1914), Gyp the Blood or Hearst-Which is Worst? (1912) y A Lecture by President Arthur Twining Hadley (1912), junto a otras más experimentales con un uso más relevante de la percusión. También se incluyen dos de las piezas que forman la serie Tone Roads (1911-1915), que describen el sonido y el ambiente de un paseo por determinadas zonas y calles de su ciudad, aunque de una ciudad mucho menos ruidosa que puede serlo hoy en día.
En resumen es un disco muy entretenido, sobre todo si se siguen al propio tiempo de la audición, las explicaciones y aclaraciones de su autor que ayudan a una mejor comprensión.
A pesar de reconocerse actualmente su talento y su valía, la música de Ives continúa siendo poco interpretada. La grabación en disco al menos solventará en cierta medida su ausencia de las salas de conciertos.