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Ver productos1 Jul 1992 - 4min.
Título: La Isla de las Mujeres.
Autor: Domenico Campana.
Editorial: Seix-Barral. Barcelona 1992, 238 págs.
Precio: 1.500 pesetas.
Palermo, convertida en ciudad italiana poco después de la unificación del país bajo la monarquía nacional de los Saboya piamonteses, es el escenario donde transcurre esta original novela policíaca. Poco después de 1860, año de la desaparición del reino de las Dos Sicilias, el jefe de la policía siciliana aparece asesinado en el más famoso burdel de la isla, albergado en lo que antes fuera el palacio de una noble familia. Igual que tantas veces ha ocurrido después con muertes similares, el hecho conmueve a las autoridades romanas, que envían un delegado para que dirija la investigación sobre el terreno y descubra al culpable. Este superpolicía, siciliano también, pero educado en el norte y casado con una aristócrata lombarda, es un hombre de dos mundos a la vez: el de la isla y el de la península.
Las primeras pesquisas, desorientadas y sus tanteos al azar, le acercan a la familia del príncipe de Acquafurata, el noble más importante de Palermo, cuyo poder sobre sus siervos tiene aún mucho de feudal. Sin embargo, el policía, el cavaliere Miche Tindari no es un esbirro de alma plebeya y no se deja impresionar por los aires principescos de una nobleza decadente. Tal vez por eso, para hacerle bajar la cabeza, su mujer cae abatida a tiros ante la puerta del hotel en que se hospeda. Este nuevo crimen abre una nueva línea de investigación policíaca que el delegado debe seguir con el alma dolorida y aún sin querer creer del todo lo que ha ocurrido.
Con este planteamiento argumental, tan sugestivo y tan siciliano a la vez, la acción sigue un curso muy complejo en el que es constante un sutil juego de paradojas. Campana, oriundo también del sur de Italia, ha creado un relato que puede considerarse como un homenaje del género policíaco a esa novela única que es Il Gattopardo. Los elementos narrativos básicos son muy semejantes, aunque estén dispuestos y utilizados de forma bien distinta. El anciano príncipe Acquafurata parece ser fruto de la imaginación de Lampedusa lo mismo que su hija Ginditta, mujer real y a la vez sirena mítica, como las que intentaron enloquecer a Ulises.
Sobre un fondo de corrupción política, especulación inmobiliaria y prostitución de lujo, que igual podría ser de ayer que de hoy o de mañana, la obra mezcla con habilidad y grato efecto novelístico las más crudas realidades con elementos puramente fantásticos entre los que no falta la hechicería ancestral propia de las tierras mitológicas. A esto se añaden descripciones muy expresivas del paisaje y el ambiente de una Sicilia multisecular que todavía perdura, con sus habitantes de ojos sarracenos, de facciones normandas o de perfiles helénicos, según el transcurrir de la historia y los caprichos de la genética. Sin olvidar tampoco la herencia hispánica que surge cuando los personajes recorren calles con nombres como Vía Toledo
.
Entre la intriga y el romance amoroso, la mafia y la más refinada aristocracia, la investigación del cavaliere Tindari se convierte en un entramado tragicómico, paradójico, ingenioso, fabuloso incluso que seduce al lector y mantiene su interés hasta el final. Como en los antiguos mitos, la psicología humana se reelabora y transforma sin deformarla, haciendo de ella no un objeto de estudio científico sino un universo oscuro y tenebroso a veces y tierno y luminoso otras.
A través de personajes muy diversos, nobles, políticos, policías, campesinos, siervos, etc., la obra pinta un vivo cuadro de la sociedad siciliana del siglo XIX, en la que las mujeres, recluidas en sus hogares y siempre en segundo término, son sin embargo, la razón última de los actos de los hombres. A esto alude el título, aunque en apariencia se refiera al nombre de un pequeño islote propiedad de las Acquafurata. Aunque parezca lo contrario, Sicilia es un típico matriarcado mediterráneo, según indica el autor, donde no existe otra fuerza creadora que el dominio de lo femenino, logrado a través de la sensualidad y el dolor a partes iguales.
Escrita con un estilo cuidado, de corte tradicional pero con matices muy personales, es esta una obra curiosa que se sale de lo habitual en muchos aspectos, pero que no intenta renovaciones formales.