Vladimir Bukowski: «Gorbachov es fuente de inestabilidad»

Juan Carlos Vidal

Vladimir Bukowski ha sido uno de los disidentes soviéticos más conocidos. Médico especializado en neurofisiología, vivió en Moscú y desde muy pronto sintió una gran desilusión al comprobar la realidad del comunismo. Opositor al régimen desde muy temprana edad, sufrió durante doce años un calvario de cárceles que duró hasta el día en que fue canjeado en Zurich por Luis Corvalán, secretario general del Partido Comunista de Chile, a mediados de la década de los setenta. Desde entonces reside en el Reino Unido.

El histórico disidente soviético es autor de cuatro libros, uno de los cuales —Ese dolor lacerante de la libertad— ha sido publicado en España. Bukowski participó en la Universidad de Verano de El Escorial dentro del curso «La URSS: el precio de la democracia», dirigido por Kasparov. Hoy, poco más de dos meses después, las opiniones que vierte en esta entrevista, cuando la revolución de agosto lo ha barrido todo, destacan por su lucidez. Bukowski se adelantó a lo que «necesariamente» iba a pasar.

— P. ¿Cuál es la actitud de los disidentes históricos ante la «perestroika»?

— R. Ya no hay disidentes. Esto sucedía antes, cuando vivíamos en un régimen muy duro y era necesaria una respuesta moral.

— Pero los antiguos disidentes, personalidades tan conocidas como Zinoviev o Volkoff, ¿volverán?

— Dependerá de la personalidad y de la situación personal. Unos volverán, otros ya están instalados. Zinoviev, por ejemplo, seguirá en Munich.

— Y usted, ¿ha vuelto?

— Sólo he vuelto por cinco días. Yo vivo en Cambridge.

— ¿Cuál fue su impresión?

— Yo he manejado siempre muchos documentos, informes e informaciones diversas que me han dado una visión muy próxima de la realidad soviética. Por lo tanto, no sufrí un gran impacto.

— Usted es miembro de «Rusia Democrática», el movimiento político promovido por Kasparov…

— No soy miembro, pero políticamente me siento muy próximo a sus puntos de vista y planteamientos, mucho más cercano que lo que pueda sentirme respecto a cualquier otro grupo político.

La separación de las distintas Repúblicas no significa que vaya a haber un muro de Berlín entre ellas.

— ¿Del propio nombre del movimiento se puede inferir que es sólo para Rusia y que, por lo tanto, la Unión Soviética se desintegrará en diferentes Estados?

— La gente que está integrada en este partido prevé la desintegración de la URSS y piensa que es necesario concentrarse en Rusia. Mejor dicho: no solamente lo prevé, piensa que es absolutamente necesaria. Reconocemos que no podemos arrogarnos el derecho de decirles a los bálticos o ucranianos lo que deben hacer. Deben ser países independientes.

— Hace algunos meses hablé con Ryszard Kapuscinski, un afamado periodista polaco. Él había viajado un año por la URSS recogiendo materiales para escribir un libro. Me comentó que la «perestroika» no había llegado a muchos lugares.

— Cuanto más te alejas del centro, cuando te diriges hacia el interior de la URSS, te das cuenta de que nada ha cambiado desde la época de Breznev.

— ¿Cómo enjuicia la política de Occidente y de la CEE en relación a la «perestroika»?

— Yo creo que los países europeos no han entendido nada. Sus puntos de vista no han sido, hasta ahora, certeros, y sus interpretaciones de lo que ocurría han sido erróneas. Por ejemplo, la CEE cree que la URSS va a mantener unidos a los diversos pueblos, algo que es imposible de lograr porque va en contra de la necesidad histórica y los deseos de 300 millones de personas. La fuerza, el poder y el dinero no pueden cambiar la necesidad histórica. Hasta este momento han percibido a Gorbachov como una fuente de estabilidad, lo cual es una grave equivocación. Gorbachov es una fuente de inestabilidad porque es demasiado débil para gobernar y demasiado fuerte para ser eliminado del poder.

— ¿Cuál va a ser el coste del cambio desde un punto de vista económico, social y político?

— Si se hacen las cosas con sentido común, el coste será mínimo. Tendremos nuestro propio mercado común. La separación de las distintas repúblicas no significa que vaya a haber un muro de Berlín entre ellas. Las relaciones tradicionales continuarán: hay demasiados lazos, matrimonios mixtos, familias cruzadas… llevaría siglos separarlos. Hablemos de una separación política y administrativa sabiendo que económicamente seguirán integradas.