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Ver productosEl estreno de la adaptación al cine del poema épico de Homero, dirigida por Christopher Nolan, es lo más destacado de una semana en la que también se habla de IA, diplomacia, capitalismo y salud mental, entre otros asuntos

17 Jul 2026 - 8min.
Avance
El estreno de la versión cinematográfica de la Odisea, dirigida por Christopher Nolan, brinda una excelente ocasión para adentrarse en la epopeya homérica, como propone el crítico A. O. Scott en un artículo publicado en The New York Times. De entrada, al lector contemporáneo le puede dar cierto respeto vérselas ante un poema de 12.000 versos compuesto hace casi tres mil años. Pero Scott lo anima con un argumento infalible: lo tiene todo. Aventura, ciencia-ficción, terror, intriga, comedia amorosa y poesía. Scott se hace eco de una idea del ensayista Daniel Mendelsohn: «La Odisea legó a Occidente géneros enteros. Sea cual sea el tipo de historia que busquen, la encontrarán en Homero».
La historia ya era ampliamente conocida antes de la versión de Nolan, gracias al cine (hay un Ulises encarnado por Kirk Douglas), la televisión y las adaptaciones escolares del libro. A todos los públicos les resultan familiares Escila y Caribdis, las tormentas del Egeo que zarandean la nave del héroe, el cíclope Polifemo y el seductor canto de las sirenas. La cultura popular ve en el tejer y destejer de Penélope, asediada por un enjambre de pretendientes, el símbolo de la fidelidad.
👉 Artículo completo: We’ll Help You Find Your Next Great Book. Spoiler: It’s the ‘Odyssey’
Demis Hassabis, uno de los gurús de la inteligencia artificial (IA), se estrenó en Substack el pasado 14 de julio con un artículo titulado A Framework for Frontier AI and the Dawning of a New Age (‘Un marco para la IA de frontera y el amanecer de una nueva era’).
Según Hassabis, ajedrecista de prestigio y premio nobel de Química en 2024, estamos en «un momento crucial en la historia de la humanidad» porque «la Inteligencia Artificial General (IAG), un sistema que exhibe todas las capacidades cognitivas que posee el cerebro, probablemente esté a solo unos pocos años de distancia». La IAG sería capaz de comprender tareas en contexto, transferir conocimiento entre dominios y aplicar razonamiento a situaciones a las que nunca se había enfrentado. La IAG se distingue cualitativamente de los sistemas de hoy, que rinden bien cuando media la especialización y el procesamiento masivo de datos, no por capacidades cognitivas integradas como en el caso de los seres humanos.
👉 Artículo completo: A Framework for Frontier AI and the Dawning of a New Age
https://demishassabis.substack.com/p/a-framework-for-frontier-ai-and-the-dawning-of-a-new-age
Según una encuesta publicada por el diario The Wall Street Journal el 8 de julio, los estadounidenses han perdido la confianza en sus dos grandes pilares, la democracia y el capitalismo. El artículo, firmado por Aaron Zitner, retrata una sociedad que ha conmemorado su Declaración de Independencia con el ánimo sombrío.
Apenas un 49 % de los encuestados consideran que el capitalismo funciona bien, frente al 60 % que opinaba lo mismo hace una década. El pesimismo es aún mayor respecto al llamado sueño americano: solo un 35 % confían en que el país ofrezca a la gente la posibilidad real de conseguir buenos empleos y prosperar. La democracia sale peor parada todavía: solo un 12 % creen que funciona muy bien o extremadamente bien, y apenas un 16 % piensan que el ciudadano medio tiene una influencia considerable sobre la política.
👉 Artículo completo: America’s Support for Capitalism Has Declined Over Last Decade
https://www.wsj.com/politics/policy/wsj-poll-usa250-capitalism-democracy-940af905
La tesis principal que defiende John Burn-Murdoch en un artículo publicado en el Financial Times es que la falta de precisión terminológica y de mediciones coherentes en el ámbito de la salud mental conllevan el riesgo de inducir a error a los responsables políticos y perjudican a quienes más lo necesitan.
Hay un crecimiento de los diagnosticados con trastornos de ansiedad, autismo y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, y un fuerte incremento de la proporción de quienes declaran tener una discapacidad. Pero, por ejemplo, una persona como Elon Musk puede llamarse autista, y esta es la misma etiqueta diagnóstica que se le da a un niño que nunca saldrá de casa o nunca podrá vivir de forma independiente y que presenta importantes discapacidades intelectuales.
Burn-Murdoch insiste, para que no se le malinterprete, en que el aumento del malestar psicológico entre los jóvenes es real y alarmante si se miran las tasas de hospitalización por autolesiones entre las adolescentes y las mujeres jóvenes, y ofrece estadísticas preocupantes al respecto. Pero justo eso es un caso medible y extremo.
👉 Artículo completo: What’s really going on with mental health?
https://www.ft.com/content/063b7eed-3f13-43d4-8f12-ff6439b825e8?syn-25a6b1a6
El profesor de la Universidad de Florida Max Skjönsberg reseña el libro del historiador Colin Kidd titulado Twilight of the Dons: British Intellectuals from World War II to Thatcherism. El ensayo cuenta la «fascinante historia» de las universidades de élite británicas. Durante siglos, Oxford y Cambridge (Oxbridge, según un neologismo implantado hace tiempo) fueron el vivero de la élite británica. Tras la Segunda Guerra Mundial, una quinta parte del alumnado universitario estudiaba en ellas, y sus profesores desempeñaron un papel crucial en la vida intelectual y cultural británica; entre otras vías, formando a la clase dirigente. Según Kidd, los profesores de Oxbridge, plenamente integrados en la élite británica, eran como un estamento del reino.
La época dorada duró hasta finales del siglo XX, cuando, debido en buena parte a un thatcherismo que recelaba de lo que consideraba esnobismos, las élites intelectuales perdieron esa estrecha conexión con el Estado. Con todo, la influencia de Oxbridge perdura. Los profesores siguen queriendo enseñar allí, y la política, la academia y los medios de comunicación británicos siguen influidos, si no dominados, por sus exalumnos.
👉 Artículo completo: The Rise and Fall of the Oxbridge Dons
https://lawliberty.org/book-review/the-rise-and-fall-of-the-oxbridge-dons/
¿Son los recortes en el Departamento de Estado, y la marginación de los diplomáticos de carrera, una reforma necesaria para devolver el control de la política exterior al presidente, o constituyen una purga política y una degradación generacional de la diplomacia estadounidense?
Como publicaba la American Foreign Service Association (Asociación del Servicio Exterior de los EE. UU.) el pasado el 26 de junio, fecha última actualizada, de 101 nombramientos diplomáticos de Donald Trump en su segundo mandato como presidente, solo 9 eran de carrera; 92 procedían de la política o de otros ámbitos.
Los diplomáticos estadounidenses gozaban de influencia y prestigio global, tras ganarse a pulso el ingreso como Foreign Service Officer y formarse en el National Foreign Affairs Training Center. «Ahora están asediados por su propio presidente». Desde que Donald Trump regresó a la Casa Blanca en enero de 2025, ha dejado clara su repulsa a la clase institucional diplomática, señalaban Alec Russell, Abigail Hauslohner y Ian Hodgson el pasado 14 de julio en el Financial Times.
Desde enero de 2025, la Administración Trump ha reducido la plantilla del Departamento de Estado de los EE. UU. (el equivalente al Ministerio de Exteriores en España) en más de 3.000 personas, más del 20 por ciento, y ha dejado más de la mitad de las embajadas sin titular.
👉 Artículo completo: RIP the US state department
https://www.ft.com/content/ae268a4e-5134-4d34-ba5e-a908cc74c52d?syn-25a6b1a6=1
El Departamento de Defensa estadounidense ha puesto en marcha un programa piloto para administrar testosterona a los soldados que presenten niveles bajos de la hormona. La iniciativa, revelada por Steff Chávez, corresponsal de temas militares del Financial Times, forma parte de un conjunto de medidas destinadas a «optimizar la salud hormonal» de las tropas y «reforzar su preparación física», dado que la testosterona influye en la masa muscular, la densidad ósea, la agresividad controlada y la resistencia.
Pero no es solo un problema de las Fuerzas Armadas. Se ha detectado un descenso de la testosterona entre la población masculina occidental, detalla la autora del artículo. Influyen factores alimentarios, ambientales, el sedentarismo, etc., pero no menos un factor cultural: la crisis de masculinidad que atraviesa Occidente. Las expectativas tradicionales asociadas a lo masculino —proveedor, protector, figura de autoridad— han sido cuestionadas desde el feminismo y los estudios de género. Este proceso, vivido por muchos como liberador, ha generado también no poco desconcierto. La erosión de los referentes tradicionales ha dejado un vacío que ni el mercado laboral precario ni las nuevas formas de socialización digital han logrado llenar. Para muchos, ya no está claro qué significa ser hombre ni cómo encarnar ese papel en un mundo que ha cambiado las reglas del juego.
👉 Artículo completo: US troops to get testosterone treatment to make them strong
https://www.ft.com/content/c4c8b9e0-3149-4e0a-b585-5a5c8d2b878e?syn-25a6b1a6
Kenneth Rogoff, profesor de la Universidad de Harvard y ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional, reflexiona en un artículo para Project Syndicate sobre el futuro de Europa en un mundo dominado por la IA. Por un lado, el viejo continente parece condenado a quedar rezagado en la revolución de la IA frente a Estados Unidos y China. Por otro, el modo de vida europeo, más propenso a saber disfrutar la vida, podría ser un modelo a seguir si las promesas tecnológicas se cumplen y afrontamos un futuro de abundancia y prosperidad.
Rogoff, muy aficionado al ajedrez, desliza una vieja cita de Siegbert Tarrasch para explicar que antes será preciso sortear numerosas dificultades. Entre la apertura y el final, reza el aforismo acuñado por el ajedrecista alemán, los dioses pusieron el medio juego. En esa fase de la partida es donde Europa debe tener extremo cuidado. Por un lado, las políticas energéticas europeas encarecen la construcción de centros de datos, nuestros mercados de capitales están fragmentados —lo que dificulta financiar proyectos a gran escala—, la elevada carga fiscal complica retener o atraer talento tecnológico, y la excesiva regulación desincentiva la creación de empresas. A esto se suman problemas estructurales previos a la IA: un crecimiento económico estancado (con Alemania como ilustre ejemplo), estados de bienestar envejecidos cada vez más difíciles de sostener, el gasto creciente en rearme y una escasez de líderes centristas capaces de frenar a los populismos de izquierda y derecha, que tienden a favorecer más gasto público.
👉 Artículo completo: Europe’s AI Dolce Vita?
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La imagen de este artículo corresponde al cuadro Ulises y Telémaco masacran a los pretendientes de Penélope, de Thomas DeGeorge (1815). Está tomada del archivo de Wikimedia Commons