Lecciones actuales de la desinformación en la Guerra Fría

Gill Bennett reseña un libro de Rory Cormac, que trata de cómo el espionaje británico combatió la propaganda soviética, y extrae enseñanzas para la desinformación de hoy día

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La idea de una campaña informativa del Gobierno británico para combatir la propaganda comunista, dirigida por el Foreign Office, adquirió urgencia tras la Segunda Guerra Mundial, cuando la Unión Soviética, una de las grandes potencias victoriosas y con dominio militar regional, extendió un estricto control político y económico sobre la Europa del Este.

El Ejecutivo británico aprobó las propuestas para una defensa activa contra la propaganda comunista en un memorándum del 4 de enero de 1948. Adoptó las propuestas del Servicio Secreto de Inteligencia (MI6) para la creación de una sección en el Ministerio de Asuntos Exteriores que proporcionara material para la publicidad anticomunista. Así nació el Information Research Department (IRD), Departamento de Investigación de la Información. Aunque su suerte fluctuó con los cambios de Gobierno, se mantuvo en funcionamiento hasta que el ministro de Exteriores laborista David Owen lo clausuró en 1977.

A lo largo de la vida del IRD, sucesivos altos funcionarios preguntaron si los esfuerzos del IRD conseguían algo. A menudo, la evaluación de las campañas era: «No se han observado reacciones hasta ahora». John Rayner, uno de los propagandistas más creativos del IRD, insistía en que «la ausencia de pruebas no era prueba de ausencia».

Gill Bennett, reseñando en Engelsberg Ideas el libro de Rory Cormac sobre este asunto titulado Fakers (2026), afirma que la dificultad de medir el impacto de la desinformación, en todas sus formas, es perenne, como lo pone de manifiesto el uso de las redes sociales para extender desinformación durante campañas electorales. Lo demuestra la elección presidencial estadounidense de 2016. Quizás se pueda probar que la desinformación se esté agrandando para influir en un resultado. En algunos casos, puede ser posible identificar a las personas o al Estado responsable. Eso es incidencia: sabemos que ocurrió. El impacto es mucho más difícil de medir.

Artículo completo: Lessons from the Cold War’s disinformation front.

https://engelsbergideas.com/reviews/lessons-from-the-cold-wars-disinformation-front/

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