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Ver productos1 Feb 1991 - 4min.
Título: «El Manuscrito Carmesí».
Autor: Antonio Gala.
Editorial: Planeta, Barcelona 1990, 617 páginas.
Precio: 2.400 pesetas.
El Premio Planeta de novela correspondiente al pasado año le ha sido otorgado al veterano dramaturgo cordobés Antonio Gala, que, según su propia confesión, concursaba con su primer intento dentro del terreno de la narrativa.
El Manuscrito Carmesí recoge las supuestas memorias de Boabdil, último rey moro de Granada, derrotado por los Reyes Católicos en la simbólica fecha del 6 de enero de 1492. Quizá haya buscado el autor en este hecho, que él considera negativamente, la contrapartida al brillo del Descubrimiento de América, que tendrá lugar unos meses más tarde (octubre) de ese mismo año 1492. En todo caso, tanto las circunstancias señaladas como la indudable actualidad del mundo árabe contribuyen a reforzar el interés y oportunidad de las Memorias de Boabdil que podemos manejar en la versión de Antonio-Gala.
Nos encontramos con un Boabdil que, a sus sesenta y cuatro años, contempla desde la distancia los hechos gloriosos, brillantes y tristes de su ya lejana juventud. Refugiado en la ciudad tunecina de Fez, agota, con su bella caligrafía árabe, los últimos papeles de color carmesí que sacó del palacio de la Alhambra al verse obligado a abandonarlo.
Son los suyos los recuerdos de un hombre solitario, cansado y sin ilusiones, que vive cara al pasado y del futuro sólo espera una muerte en paz. La evocación de su infancia muestra el esplendor de la corte granadina, todavía firme en el poder aunque ya muy seriamente amenazada por los reinos cristianos unidos en las personas de Fernando e Isabel. Las intrigas palaciegas, maniobras femeninas de la sultana y de la favorita ambiciosa en favor de unos u otros posibles herederos, la fragancia de los jardines y el rumor del agua son elementos combinados por Antonio Gala con un virtuosismo particularmente mágico en su capacidad de sugestión. Granada y sus gentes, príncipes y lacayos, nobles y pueblo, cobran en la prosa de Boabdil-Gala perfiles y contornos históricos. A medida que avanza el relato se observa la progresiva fusión del personaje-autor con el personaje-protagonista: Antonio Gala acaba hablando por boca de Boabdil. De este modo se entiende que, junto a descripciones de conjuras, escaramuzas, disputas, celos y pasiones que se pueden aceptar como adecuadas recreaciones de época, aparezcan disquisiciones filosóficas y políticas totalmente anacrónicas e impropias de la mentalidad arábigo-andaluza del siglo XV. Y es que en esos pasajes Gala anula a Boabdil y da rienda suelta a todo ese mundo interior de intuiciones y sentimientos que constituyen el territorio intelectual y moral del dramaturgo. Son intuiciones que poseen belleza estética, pero que, tanto desde el punto de vista racional como histórico, son insostenibles. Es evidente que el autor no se ha confundido, puesto que todas las imágenes y planteamientos descritos los elabora deliberadamente tal como están: no existió invasión musulmana, ni victoria cristiana, ni Reconquista, ni gesta hispánica contra el infiel. Lo andaluz se reivindica con unos criterios culturales y de estilo que recuerdan en exceso algunas posturas autonómicas actuales. Demasiado para Boabdil.
Si es de justicia señalar la calidad y cuidada elaboración de la prosa, característica fundamental y constante en toda la obra, hay que reconocer también la fidelidad técnica a unos esquemas de procedencia teatral. Tanto el diseño de cada episodio como el movimiento de los personajes y el juego chispeante de los diálogos recuerdan lo mejor del teatro de Antonio Gala. Pero todo ello redunda en perjuicio de la agilidad de la trama, que se envuelve, una y otra vez, en un denso barroquismo formal, demasiado reiterativo y recargado.
En conjunto, la novela muestra un partidismo romántico en favor de los aspectos más sugestivos de la cultura y la política nazaríes; es una postura rebelde a la aceptación de las cosas como son, muy típica de Antonio Gala. Critica por eso todo lo que se opone a los rasgos de dicha cultura: los Reyes Católicos, el cristianismo, la civilización europea y cualquier otro elemento que considera perturbador. Es más bien una cuestión de simpatías personales o de vivencias subjetivas, defendidas con tono apologético no siempre apoyado en bases consistentes. El problema es que tanto los hechos de la historia granadina como la mentalidad de Boabdil o la moral y las costumbres musulmanas son tal cual son y no según le gustaría al autor que fuesen. Él las transforma, las aliña o las bruñe, y hasta muchas veces las invierte -como ocurre con el amor homosexual-, pero no logra presentarlas como válidas. Salvo refugiándose en fuegos de artificio que carecen de consistencia y desembocan finalmente en una sensación de brillantez que pronto se diluye, sin dejar en el ánimo del lector una huella permanente.