Poesía trascendente

Juan Malpartida

Título: «Casi una leyenda».
Autor: Claudio Rodríguez.
Editorial: Tusquets, Barcelona 1991.
Precio: 1.000 ptas.


Claudio Rodríguez (Zamora, 1934) es un poeta singular dentro de una generación llena de poetas singulares (Jaime Gil, Valente). Su obra, construida con lentitud y ajena a las demandas que se suelen hacer al escritor cuando se convierte en personaje público, ha sido fiel a sí misma. Su crecimiento tiene una característica que me atrevería a llamar natural, aunque esta palabra siempre sea un poco peligrosa cuando se aplica a la literatura. A lo largo de sus cinco libros publicados, Rodríguez ha sido fiel a ciertas obsesiones temáticas, e incluso a ciertas inclinaciones en el uso del lenguaje. No quiero decir que su obra no haya cambiado (no es el mismo de Conjuros, por ejemplo), sino que los cambios se han dado sobre una misma materia que al transformarse revela facetas de sí misma.

Claudio Rodríguez debutó con un libro inesperado, Don de la ebriedad (1953). Vicente Aleixandre, al que nuestro poeta estuvo muy vinculado, como muchos otros de su generación y no sólo de ella, pensó que después de ese libro Rodríguez no volvería a escribir. Pensaba en Rimbaud y su silencio, su dimensión de la poesía. O tal vez que no volvería a escribir porque ya lo había dicho y lo mejor era el silencio. No fue así. Hay veces que la obra está muy relacionada con un ángulo de la propia biografía, quiero decir, que ésta acaba conformando el poliedro biográfico en una sola imagen, y así el escritor parece condenado a no poder escribir nada más. Es una visión un tanto sustancialista de la noción de personalidad creativa. Todos sabemos que el yo es plural, de lo contrario Shakespeare y Fernando Pessoa no hubieran sido posibles. El uno tiene la capacidad de vivirse como otro, de ver que su fundamento no es tanto la coincidencia consigo mismo como la alteración constante de lo que es en una identidad errante.

Bien, aunque Claudio Rodríguez siguió escribiendo, lentamente y con varios años siempre de separación entre libro y libro, lo cierto es que ese libro quedó ligeramente aislado respecto a la obra posterior. Sus torres de endecasílabos siguen brillando como un mito en medio de una obra que, aquí y allá, ha alcanzado momentos de verdadera intensidad, al lado de vaguedades y repeticiones. No todo en la obra de Claudio Rodríguez es de primera. Tampoco en este libro, por lo demás de calidad. La crítica de manera unánime ha sido beata. Flaco favor al poeta y al lector. Pero esto no es nuevo en un país que carece de críticos aunque pleno de opinadores y de reseñistas. Esto mismo que lees, amable lector, es una reseña.

Adjetivación

Los temas, salvo por la mayor presencia de la ciudad, no son nuevos en Casi una leyenda: el espacio mítico, la poesía como un acercamiento a lo indecible, la sensación de que no se puede vivir después de haber experimentado ciertas revelaciones, la muerte, etc. Es cierto, los temas no suelen cambiar mucho en casi nadie. Borges decía que había dos o tres tópicos en la literatura y que ésta no era otra cosa que sus variantes. Quizá los momentos mayores de este libro tengan que ver con esas pequeñas visiones de lo trascendente, la acentuación de la visión como una contemplación que transforma el tiempo y el espacio en pura materia.

No creo que haya conseguido expresar adecuadamente la sencillez cotidiana, que Rodríguez, aquí y allá, trata de exaltar con un lenguaje mimético, creyendo (o dejándose llevar) que ciertas particularidades del lenguaje hablado y oído por él, tiene más carga de significación que una invención poética. Además, las repeticiones en la adjetivación, el exceso de adjetivación, se hace notar. Toda poesía es economía verbal. ¿Cuánta? La justa. Sabemos que no hay regla, pero una vez que se escribe el poema, él mismo dice lo que le sobra o lo que le falta.

Hay un cierto abuso de la expresión «que es» «y es». Cuando a la mirada se la adjetiva en dos versos de «delicada», «sencilla» y «serena», la mirada ve menos. Decir esto de un poeta consagrado tal vez no guste a muchos; pero es lo que pienso.

Y creo que Claudio Rodríguez es uno de los mayores poetas de su generación; pero no lo es por todo lo que ha escrito, y este libro, que tiene, no sé si grandes poemas, pero sí momentos de gran belleza y profundidad, no es de lo mejor suyo. Por lo demás, esto no es más que una reseña (y una señal): todo verdadero lector ha de decidir leyendo Casi una leyenda.