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Una reflexión sobre la izquierda española

Héctor Ghiretti ha dedicado un esfuerzo sostenido a estudiar la naturaleza conceptual de las ideas de izquierda, fruto del cual ha resultado un respetable número de páginas en libros y revistas especializadas. En esta ocasión, nuestro autor se fija en las peculiaridades que estas ideas han adquirido en la reflexión de autores españoles, tanto apologistas como críticos.

El lector descubre o confirma en este libro la impresión de que, pese a la autoproclamación de la izquierda como opción racionalista y crítica, son llamativamente escasos los intentos de análisis conceptual que los pensadores de izquierda han hecho sobre lo que ellos mismos piensan. Al parecer basta con proclamarlo, sin que sean necesarias mayores precisiones. Esta constatación, y la prueba de que hay tantas izquierdas como personas que se proclamen izquierdistas, es uno de los dones que procura la lectura de este ensayo de Ghiretti.

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El primer capítulo expositivo lo dedica el autor a analizar la contraposición entre el supuesto racionalismo de la izquierda y el tradicionalismo mítico de la derecha, tal como aparece en boca de algunos intelectuales o en los escritos de la filósofa Esperanza Guisan y, sobre todo, del periodista José Antonio Gómez Marín, mostrándonos cómo se trata de una contraposición que tiene mucho más de retórica que de lugar ideal para la distinción con la derecha.

En un segundo capítulo, el más extenso del libro, se analiza detenidamente la posición de Gustavo Bueno que ha dedicado a esta cuestión una serie de escritos, mundanos pero bastante académicos, especialmente a partir de 1994. Las distintas posiciones que ha adoptado Bueno al respecto le parecen interesantes y significativas a Ghiretti aunque se distancia del tono laudatorio que el filósofo asturiano ha obtenido en ciertos medios de la derecha para apreciar en su obra, sobre todo, el mérito de haberse planteado seriamente cuestiones que los más dan por favorablemente resueltas.

Ghiretti estudia también las aportaciones del politólogo Víctor Pérez Díaz acerca de la contraposición entre izquierda y derecha y se detiene en la cuestión de la «crisis de identidad» de la izquierda en España a consecuencia del abandono del marxismo y del baño de poder político real que supuso el gobierno socialista en 1982, tal como es analizada por Mercedes Cabrera, Ramón Cotarelo, Ludolfo Paramio, Miguel Ángel Quintan illa y Ramón Vargas Machuca, en un libro colectivo de 1993.

Estas lecciones de la experiencia no sólo se tradujeron en la continua reideologización puesta en pie por los peritos del PSOE sino que, en un plano más académico que político, han dado lugar a una reflexión sobre la melancolía de la izquierda (Serra Gímenez y García Selgas) que le parece a Ghiretti uno de los planteamientos más sugestivos sobre la evolución reciente de estas cuestiones, o las ideas sobre la «tercera izquierda» de Mendiluce (que no han sido acogidas con entusiasmo entre la izquierda, digamos, de siempre).

Nuestro autor dedica un amplio espacio a analizar el pensamiento de Dalmacio Negro y a su caracterización de cierta derecha moderna como una izquierda envejecida: la derecha actual es una izquierda que se rebeló contra el orden establecido y que ha dado lugar a un orden nuevo al que ya no se opone y al que pretende atenerse. De esta manera se abre paso a la idea de Ghiretti de que la izquierda es menos una doctrina específica que una identidad política, un modo de comprender la política y de actuar en ella.

La izquierda puede por ello renunciar a su vocación revolucionaria sin que se altere grandemente su significado, porque es perfectamente capaz de sustituir la revolución violenta contra el orden establecido por una democratización radical de toda la sociedad (aunque sea, habría que añadir, al no pequeño precio de rendirse ante el capitalismo, eso sí, para tratar de controlarlo desde el Estado y/o desde el partido). La izquierda es en realidad una cosmovisión peculiar según la cual no hay un orden propio en la realidad, y el que hay debería ser depuesto. Sólo el desierto y la anarquía se liberarían en tal caso del beneficio de la acción política de la izquierda.

Ghiretti sostiene, pese a esa universalidad negativa de la izquierda, que existen variaciones nacionales en la forma de ser de izquierdas y compara brevemente el caso español con el francés y el italiano. La izquierda española es menos compleja y más militante que la francesa y más genérica que la italiana, que se define más en términos igualitarios.

El libro es de 2004 pero puede parecer ya antiguo si nos fijamos en el comienzo del último capítulo: Consolidado-el régimen institucional democrático, en marcha ya un proceso de desarrollo económico cada vez más pujante y habiendo encaminado una política exterior exitosa, no sólo en términos de aumento de la influencia internacional, sino también en capacidad de integración regional y mundial, las sombras espectrales que amenazaban hasta unas décadas a la nación española parecen remitir y desaparecer definitivamente». No obstante el optimismo del diagnóstico, que me temo ha sido desmentido por los hechos recientes, Ghiretti dedica el último capítulo de este libro a analizar la siempre sorprendente alianza de la izquierda con los nacionalismos fragmentarios. Su análisis es, en realidad una discusión de las ideas expuestas en el conocido libro de César Alonso de los Ríos sobre la izquierda y la nación. Dado el punto de vista de Ghiretti, su diagnóstico ha de ser muy distinto al de Alonso de los Ríos: la izquierda se suma al nacionalismo porque éste supone una objeción al orden dominante, mientras que la continuidad de España como nación soberana es la expresión suprema de ese orden. Desgraciadamente para nosotros es posible que Ghiretti tenga algo de razón y que esa sea una desdichada peculiaridad de la izquierda española, un problema del que carecen en otros pagos de mayor fortuna o seso.

Pese a tratarse de un estudio muy pormenorizado y riguroso, el libro se lee con la facilidad de un ensayo más general. En su favor hay que apuntar que las numerosas notas estén a disposición del lector a pie de página; en su contra, que los editores no hayan hecho el esfuerzo de dotarle de un índice onomástico que habría sido de gran utilidad para quienes se adentren en sus páginas.

El derecho a una educación diferenciada

«¿Cómo podríamos saber lo que nos conviene sin saber quiénes somos?»

 Platón

Poner en tela de juicio en España el dogma de la educación mixta o coeducación, es decir, cuestionar las ventajas de los colegios y clases compartidas por niños y niñas, lleva consigo de forma casi indefectible el ser tachado de retrógrado, encasillado en algún movimiento religioso radical o considerado contrario a un principio democrático fuertemente asentado y aceptado por la generalidad.

Sin embargo, sorprendentemente, en la actualidad, en algunos países desarrollados, las más modernas tendencias de la izquierda y los movimientos feministas más avanzados están comenzando a replantearse el dogma y a exigir, sobre rigurosos estudios científicos y estadísticas, el reconocimiento del fracaso educativo de los colegios mixtos y la necesidad de aceptar que niños y niñas son diferentes y, en consecuencia, precisan de una educación diferenciada.

UN DOGMA A DEBATE

En los países más desarrollados de nuestro entorno se ha abierto un intenso debate público sobre la eficacia de la educación diferenciada, sus ventajas y desventajas están siendo analizadas en profundidad. En algunos de estos países la discusión y el análisis ha dejado ya paso a la adopción de medidas concretas, como la creación de colegios públicos «single-sex» o la separación dentro de un mismo colegio de clases de niños y clases de niñas durante determinadas edades. Como ejemplo, podemos citar el caso de Nueva Gales del Sur, el Estado con más población de Australia, donde las solicitudes de plaza en escuelas públicas mixtas se redujo, ya en el 2001, en un 50%; o el de los Länder alemanes de Berlín y Renania del NorteWestfalia, donde, desde 1998, por iniciativa de los socialistas y los verdes y con apoyo de los movimientos feministas, después de una investigación en profundidad, se autorizaron las clases diferenciadas por sexo 1.

En Inglaterra, como es sobradamente conocido, los más prestigiosos colegios no son mixtos. Existe en este país una tradición arraigada de escuelas diferenciadas.

En Alemania, la brecha se abrió el pasado año cuando el semanario Der Spiegel, de tendencia socialista, dedicó el reportaje de portada a analizar la situación de las escuelas en Alemania.

La coeducación en Francia comenzó a cuestionarse seriamente a partir de la publicación del controvertido libro del sociólogo (especialista en temas de adolescencia, juventud y familia) Michel Fize, Las trampas de la educación mixta (2003). En él se indicaba que la coeducación en el país galo no ha conseguido asegurar la igualdad de oportunidades ni de sexos. Este libro ha abierto un encendido debate en la sociedad y entre los políticos franceses, pues su autor es conocido por ser miembro del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRC) y sobre todo, por haber sido asesor técnico, entre 1997 y 2002, de la entonces ministra de Juventud y Deporte, Marie-George Buffet, miembro del partido comunista francés2.

En Quebec, el prestigioso Consejo Superior de la Educación, en un informe de 1998, estimó necesaria una radical reforma pedagógica encaminada a separar chicas y chicos en las escuelas, lo que de hecho ya se está aplicando. En Estados Unidos, la generalidad de las escuelas públicas son mixtas pero en distritos escolares de más de una docena de Estados -Texas, Colorado, Michigan y Georgia, entre otros- se separaron a alumnos y alumnas en algunas clases para mejorar los resultados académicos y la disciplina3. La mayoría de los cambios pretendían que las alumnas consiguieran mejores resultados en matemáticas y ciencias y que los chicos trabajasen con más orden4.

La Administración Bush derogó, en mayo de 2002, la coeducación obligatoria que imponía la ley de 1972 y autorizó a los distritos a abrir escuelas no mixtas («Same sex schools»). Se han destinado más de tres millones de dólares a financiar programas experimentales en este ámbito. Cabe citar como ejemplo emblemático la Young Women’s Lidership Academy, de East Harlem, abierto en 1996, un centro donde se consiguen tasas de éxito del 100% frente a la media del 42% en Nueva York. Aunque el 90% de las alumnas procedían de familias sin estudios, el instituto consiguió que todas en los últimos dos cursos llegaran a la universidad.

Según el corresponsal de Le Monde en Nueva York5, las nuevas escuelas diferenciadas reciben un apoyo variado, procedente de republicanos y demócratas, pasando por neofeministas e investigadores progresistas. Merece la pena destacar en este sentido la obra de Rosemary Salomone, Same, different, equal: rethinking single-sex schooling; y el libro de Christina Hoff, The war against Boys: how feminism is harming our young men, en el que propone dar una oportunidad a las escuelas de sexo único. Esto ha provocado que en enero de 2004 el Ministerio de Educación haya anunciado la aprobación de un proyecto de ley en el que se obliga a las escuelas públicas a ofrecer programas diferenciados.

Escocia puede ser el siguiente en la lista. Las estadísticas del gobierno demuestran que el 55% de las chicas de menos de 21 años accedieron a la educación superior el año 2002-03, mientras que sólo el 42% de los chicos lo hicieron. El primer ministro de Escocia, Jack McConnell, ha decidido experimentar con clases de un solo sexo6.

¿POR QUÉ UNA EDUCACIÓN DIFERENCIADA?

¿Cuál ha sido la razón de esta nueva tendencia? ¿Por qué ahora los colegios diferenciados? Sencillamente, por el reconocimiento de algo que hemos intentado negar a lo largo de los últimos años y que, sin embargo, es evidente, pues lo constatamos en nuestra vida diaria al relacionarnos con el sexo opuesto: que varones y mujeres son diferentes. Y esto no es una afirmación ofensiva, conservadora o reaccionaria surgida de la derecha católica más radicalizada, sino curiosamente es la nueva bandera enarbolada por la izquierda y las feministas más progresistas, con un fuerte fundamento en estudios científicos que demuestran diferencias entre el varón y la mujer en sus propia estructura cerebral7.

Hay décadas de investigación en la neurociencia, en endocrinología genética, en psicología del desarrollo que demuestran que las diferencias entre los sexos, en sus aptitudes, formas de sentir, de trabajar, de reaccionar, no son sólo el resultado de unos roles tradicionalmente atribuidos a hombres y mujeres, o de unos condicionamientos histórico-culturales, sino que son innatas. Stevens Rhoads, por ejemplo, expone en su libro Taking sex differences seriously (2004) las conclusiones a las que ha llegado tras años de investigación, dando cuenta de las diferencias sustanciales que existen entre hombres y mujeres desde antes incluso de nacer. Demuestra, por ejemplo, que la agresividad es más propia del sexo masculino, y que los hombres tienden más a competir, mientras que las mujeres prefieren cooperar. En palabras de Cristina Hoff Sommers, doctora en Filosofía de la Universidad de Brandéis y conocida defensora de los derechos de la mujer y del movimiento feminista americano, «se puede decir que la diferenciación de sexos es como el hardware, no un software impuesto por la sociedad»8.

En esta misma línea, señala la escritora alemana Christa Meves que «nuestras ciencias humanas, desde hace treinta años, han sido contaminadas por la ideología de la igualdad con la suposición, nunca demostrada, de que lo típico en el ser de los sexos solamente apareció por un desigual trato social; en cambio, la educación en una misma cacerola puede producir la igualdad de sexos»9.

Heidi Simonis, diputada alemana socialista y conocida feminista, mantiene en estos términos la necesidad de superar estereotipos: «Es necesario deshacerse definitivamente del prejuicio de que las chicas necesitan clases conjuntas con los chicos para no estar en desventaja en el trabajo profesional. Eso es totalmente falso, como lo es la afirmación de que chicos y chicas aprenden a conocerse mejor estando juntos».

En Suecia, la parlamentaria Chris Heister, presidenta de la Comisión para el Estudio de la Educación, ha presentado recientemente un informe definitivo: «Todos somos diferentes», en el que se afirma que el fracaso de la educación actual radica en el empeño por despreciar las diferencias entre los sexos. En sus propias palabras: «Se ha demostrado que las niñas, de pequeñas, entre los 7 y los 15 años, asimilan con más rapidez que los niños. Mientras que en la secundaria, tienen mayores dificultades que los chicos. Por otra parte, hay que tener en cuenta que las chicas alcanzan la madurez mucho antes que los chicos, y aunque tengan la misma edad no se les puede tratar igual». El informe acaba recomendando que se organicen clases solamente con niños o niñas, porque no es lícito imponer conductas o modelos educativos idénticos a ambos sexos.

En Estados Unidos, Hillary Clinton, que realizó sus estudios universitarios en uno de los ochenta y cuatro colleges femeninos de enseñanza superior, es una defensora convencida de las ventajas de la separación de sexos en la escuela. Esta iniciativa ha encontrado el apoyo tanto de demócratas como de republicanos. En este mismo país es actualmente un best seller el libro de la antropóloga Hellen Fisher, El primer sexo (2003), en el que mantiene y defiende la diferencia entre hombres y mujeres a partir de datos científicos sobre el cerebro, las hormonas y la genética. Éstas maduran biológica y psicológicamente antes que aquéllos. Esto a su vez viene determinado por las diferencias cerebrales que se dan ya desde el seno materno entre los diferentes sexos. Pero, según las propias palabras de la autora, «a las únicas a las que no ha gustado mi libro ha sido a las feministas tradicionales porque se empeñan en creer que hombres y mujeres son definitivamente iguales. Y eso no es verdad… cada sexo juega con una baraja de cartas evolutivas distinta».

Científicos estadounidenses han establecido que las diferencias genéticas entre el hombre y la mujer son mucho mayores que la mera apariencia física, especialmente en el campo de la salud. Mary Lou Pardue, del Instituto de Tecnología de Massachussets, en un informe reciente, afirmó que el sexo masculino o femenino en el campo de las diferentes reacciones ante las enfermedades «tiene una relevancia e importancia que ni siquiera hemos empezado a imaginar». La neurociencia ha demostrado recientemente, además, que los hombres tienen menos conexiones entre los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro y que sus cerebros están en general menos compartimentalizados que los de las mujeres.

En España Rosa Montero, escritora y periodista, en un reportaje publicado en El País en 1993, señalaba que «los colegios de chicas, que hace unos años eran considerados instituciones conservadoras y obsoletas, son ahora una opción ardientemente defendida por una parte importante de los educadores progresistas».

El debate de la coeducación nace pues, como vemos, en medio de la lucha por los derechos de la mujer. Le Monde de l’Education, en su primer número de 2003, reflexionaba sobre los efectos de la coeducación: las chicas siguen recibiendo una orientación deficiente que les lleva a escoger las salidas con menos futuro a pesar de sus mejores calificaciones; además siguen siendo víctimas de violencia sexista.

Parece justo, por tanto, otorgar un trato diferenciado a lo que la naturaleza misma distingue. Pero no se trata sólo de una reivindicación feminista, sino de algo bastante más profundo: replantear la educación en sí misma, virando hacia una educación «personalizada». Algo que, aunque se observa como novedoso en países como Suecia, sin embargo no es del todo nuevo en nuestro país, pues es una postura mantenida desde hace tiempo, aunque desatendida por la mayoría, por prestigiosos pedagogos españoles, como Víctor García Hoz10.

Los últimos estudios de educadores, psicólogos y pedagogos11 revelan que la escolarización diferenciada consigue sacar lo mejor de los estudiantes, ya que, entre otras cosas, se tienen en cuenta los distintos ritmos de aprendizaje de alumnos y alumnas. No estamos ante una masa informe de menores, seres asexuados de género neutro, sino ante niños y niñas para los que la tarea educativa debe ser una labor de filigrana similar a la que se desarrollaba con los códices medievales. En palabras de Miguel Riera12: «Hace falta una atención personalizada, más asequible cuanto más uniforme sea el grupo. Una cierta uniformidad permite atender mejor a la diversidad. Una clase sólo de niñas tendrá unas características de variables emocionales, conductuales, evolutivas mucho menos dispares que una clase mixta, por consiguiente, más fácilmente se podrá llegar a cada alumna».

La uniformidad parece haber agotado lo mejor de sí misma. Ahora hay que dar cauce a las diferencias, justamente para erradicar en lo posible la exclusión o las marginaciones y lograr así una auténtica igualdad de oportunidades.

PROBLEMAS PLANTEADOS POR LA COEDUCACIÓN

Diversos estudios llevados a cabo sobre la coeducación por pedagogos, psicólogos, psiquiatras y demás profesionales13 nos llevan al reconocimiento de una serie de efectos ampliamente demostrados: 1) no se ha conseguido la pretendida igualdad de oportunidades y de sexos, antes al contrario los estereotipos se radicalizan; 2) el rendimiento escolar en los centros de coeducación es más bajo que en los colegios diferenciados; 3) la violencia de género es muy elevada; y 4) el conocimiento del sexo opuesto paradójicamente se desvirtúa, pues los niños y niñas no se muestran tal como son sino tal como al otro sexo le gustaría que fuesen, ocultando muchas reacciones, sentimientos e ideas por temor a la burla e incomprensión, y esto finalmente suele generar en muchos casos reacciones de frustración en las niñas y de violencia machista en los niños.

Otro dato importante a tener en cuenta es que estos problemas adquieren mayor intensidad en los centros escolares situados en zonas de clase social baja o en colegios donde abundan minorías de otras razas.

DIFERENCIAS EN EL PROCESO DE MADURACIÓN Y EN EL APRENDIZAJE

Las diferencias entre chicos y chicas pertenecen al orden natural y biológico pero inciden de forma directa en su desarrollo personal, emocional e intelectual. Está ampliamente demostrado que el proceso de maduración es diferente entre niños y niñas. Esta diferente velocidad en la maduración provoca a su vez diferencias palpables en el rendimiento académico de unos y otras. Desde los 7 y hasta los 16 años las niñas rinden intelectualmente más (especialmente en el tramo de los 12 a los 14 años, es decir, en plena adolescencia). Por ejemplo, en lengua y escritura las chicas son siempre mejores. Un niño de diecisiete años tiene las habilidades en esas materias de una niña de catorce. Con la lectura y la escritura las niñas llevan ventaja desde el primer momento. Esto unido a la mayor indisciplina en estas edades de los chicos, pues son más movidos, activos e inquietos, provoca no pocas veces que éstos reduzcan su nivel de esfuerzo y aspiraciones al no sentirse capaces de competir con sus compañeras. Un estudio publicado en la revista Business Week, «How the educational system bombs out for boys?» (2003), llega a cifrar la diferencia entre chicos y chicas en dos años, en cuanto al desarrollo en lectura y escritura.

Los varones tienen otros tiempos de desarrollo diferentes a los de las chicas. Pretender igualar organismos desiguales es injusto y trae nefastas consecuencias. Le Monde de l’Education señaló, en un dossier dedicado al estudio de esta nueva problemática (2003), la preocupación de los sectores educativos por la inadaptación de los chicos. A igual edad y condiciones, el rendimiento escolar es muy superior entre las niñas. El fracaso escolar entre los chicos les hace padecer un complejo de inferioridad que a su vez provoca una difícil relación y aumenta la tensión con el sexo opuesto.

El estudio PISA de 2001, realizado para el conjunto de los países de la OCDE, llega a las siguientes conclusiones: a igualdad de edad y condiciones, el rendimiento escolar es superior entre las alumnas, especialmente en los ámbitos relacionados con el aprendizaje de la lengua. El fracaso escolar de muchos chicos pone en peligro la cohabitación de ambos sexos en la escuela.

Pero no sólo la maduración es distinta, como muestran diversos estudios psicológicos, la socialización y las capacidades son también diferentes en ellos y en ellas. Esta disparidad de intereses y aficiones entre niños y niñas dificulta la tarea de los educadores, restándoles eficacia en su labor. En el varón predomina la búsqueda de independencia y el aprendizaje de poder o dominio. De ahí la mayor conflictividad latente con el profesor.

A igual edad los chicos son más impulsivos e inquietos, menos ordenados; se concentran menos; encuentran mayores dificultades para expresar sus sentimientos, se quedan atrás en destrezas verbales; muchos tienen problemas de disciplina. Muchos sobresalen en agresividad, nivel de aspiraciones, inadaptación escolar. Sin embargo, superan a las chicas en fuerza física y velocidad; perciben mejor el espacio y lugar que ocupan los objetos, teniendo más desarrollado el razonamiento abstracto (es decir, la capacidad de llevar algo real a algo simbólico representado por signos)14. Además también las superan en valores políticos, técnicos y económicos15.

Por otra parte, las niñas tienden a subestimar sus capacidades, incluso cuando lo están haciendo muy bien necesitan que se las anime constantemente. Los chicos por el contrario, sobreestiman sus capacidades incluso cuando les va mal, por lo que necesitan que alguien les muestre la realidad16.

Un estudio de la Universidad de Bermont de 1997 analizó el comportamiento de niños en doce países (desarrollados y no desarrollados) y en todos los casos la conclusión fue idéntica: los chicos son más proclives a pelear, decir tacos, tener rabietas, faltar a la escuela, adoptar actitudes amenazantes frente a los demás. Estamos hablando, claro está, de reglas generales, que por supuesto tienen sus excepciones, porque hay niñas que juegan igual que los niños y viceversa, pero son eso precisamente, excepciones.

La asimetría en lo psicológico es más que considerable. Si los niños y niñas están en la misma clase, señala Víctor García Hoz, y el profesor explica de forma muy razonada y analítica, las niñas se aburrirán, y si se explica de una forma más ágil y explícita, las niñas -más avispadas e intuitivas- lo captarán mientras que los niños no terminarán de entender. En estas clases donde existen tantas variables emocionales, conductuales y evolutivas es complicado para el docente llegar por igual a todos. Y resulta utópico pretender que un profesor explique de dos formas diferentes simultáneamente.

Comprender y aceptar la existencia de estas diferencias biológicas entre sexos nos permite aceptar asimismo la existencia de diferentes formas de comprender y aprender en niños y niñas. Ignorar estas diferencias en la maduración, en la socialización y en las capacidades y preferencias de unos y otros afecta en último término a la igualdad de oportunidades que resulta frustrada al impedir que niños y niñas desarrollen al máximo posible las potencialidades propias de su género, de acuerdo con sus características psicológicas, somáticas y personales.

Con la educación diferenciada se pretende dar respuesta a la desigualdad de madurez que se constata entre chicos y chicas, especialmente en el periodo de la adolescencia, abriendo la puerta a la plena realización profesional y personal de los dos sexos.

EXACERBACIÓN DE LOS ROLES MACHISTAS

Por otra parte, el adolescente, que es, como hemos dicho, más inmaduro que las chicas, vive más bien como dominado por ellas en los primeros años de colegio y reacciona a la contra con excesos de violencia -con gestos que, más que afirmar la virilidad, pueden considerarse propios de un virilismo machista que dificulta la convivencia en la escuela y en la sociedad-. El fracaso escolar en muchos chicos dificulta la relación con el sexo opuesto. La maduración, más lenta en el caso de los varones, lleva a no pocos chicos a posicionar su rol a través de actitudes sexistas, de violencia machista, al no poder compararse académicamente con sus compañeras. No es extraño que las chicas sean objeto de insultos sexistas en los pasillos e incluso de acoso sexual físico o verbal. Los comportamientos estereotipados y discriminatorios están a la orden del día.

Según Nicole Mosconi, profesora de pedagogía en la Universidad de París, estos estereotipos quedan reforzados en las escuelas mixtas17. Y esto curiosamente conduce a un distanciamiento entre niños y niñas, no sólo psicológico, sino también físico; basta observar, como apuntan varios profesores de colegios públicos, la tendencia espontánea de unos y otras a agruparse en clase a un lado u otro, o en las diferentes zonas del recreo.

EL SEXO MASCULINO: EL SEXO DÉBIL

La ventaja de las chicas es real y persistente en el sistema educativo. El menor rendimiento académico, junto con la mayor agresividad de los chicos conduce a éstos a una situación paradójica, cual es la de convertirse en el sexo «vulnerable», pues es el que sale perdiendo por el alto grado de fracaso académico que sufre en comparación con las chicas18.

El menor rendimiento escolar puede generar en ciertos casos, y especialmente en la adolescencia, complejo de inferioridad, depresión, descenso de la autoestima, absentismo escolar, necesidad de evasión de la realidad por medio del consumo de drogas y alcohol. La revista Business Week, en mayo de 2003, publicó un preocupante artículo sobre cómo los chicos están siendo «marginados» por el sistema educativo, frente a unas chicas que, en igualdad de edad, los superan en capacidades19 y que además reciben el apoyo de los profesores por el hecho de ser chicas, es decir, por ser supuestamente el sexo «débil».

Esta «inferioridad» del varón resulta acentuada si tenemos en cuenta que el 90% de los docentes no son conscientes de las diferencias entre sexos o no aplican medidas adecuadas para solucionarlas, exigiéndoles lo mismo, de idéntica forma a niños y niñas, en el mismo tiempo y pretendiendo obtener una misma respuesta por parte de ambos sexos. Se pretende que sean igual de puntuales, ordenados, constantes y tranquilos que sus vecinas de pupitre. Se quiere asimilarlos a las chicas, «más fáciles» para los docentes, y esto es sencillamente imposible. Se quiere implantar en las escuelas el «ideal femenino»: niños sentados en filas ordenadas, escuchando las lecciones en silencio y tomando pulcros apuntes. Muchas chicas destacan en tales tareas pero a los chicos no les va bien porque tienen otra forma de aprender20.

Los chicos se quejan de que son castigados con mayor frecuencia que las chicas sencillamente por «comportarse como chicos»21. Mientras las chicas tienden a estar sentadas y atender, los chicos necesitan tener algo entre las manos, moverse en la silla o levantarse22. Se produce así una tendencia a «criminalizar» la conducta de los niños. Esta situación ha llevado en algunos casos a un fenómeno curioso pero altamente preocupante: diagnosticar a muchos niños el trastorno actualmente más estudiado en niños en edad escolar: el TDAH o «trastorno de déficit de atención con hiperactividad». Pero, en realidad, su único problema es el de ser varones, activos, enérgicos, competitivos y muy movidos, en clases compartidas con niñas más pausadas, tranquilas y disciplinadas. Este diagnóstico se soluciona con el suministro de un medicamento bien conocido actualmente: el Ritalín, nombre comercial de una droga (metilfedinato) que tiene un efecto «calmante» sobre los hiperactivos, y que a medio plazo puede generar una peligrosa adicción23. En fin, se medica a niños «sanos» para que no expresen los rasgos propios de su sexo (inquietud, agresividad, rapidez, expresividad, emotividad…) y así se asimilen más a las niñas que son las supuestamente «normales», por el hecho de ser más tranquilas y disciplinadas.

En Estados Unidos, se calcula que en algunos distritos escolares entre un 20 y un 25% de los niños están bajo los efectos de esta medicación. En este país existe entre los docentes y pedagogos cierto sector («Activistas de la Equidad entre Géneros») que mantiene la bondad de la coeducación, pues considera que al convivir los niños con las niñas, aquéllos se dejarán influenciar por éstas y pasarán a ser más delicados en el trato, más tranquilos en sus comportamientos, más «como las niñas». Pretenden educar a los chicos como si fueran chicas. Teoría que ha resultado ser un absoluto fracaso como demuestran diversos experimentos científicos en los que se pretendía la asimilación de sexos obligando a los niños a coser, a jugar con burbujas de jabón o a cuidar de muñecos como si de bebés se tratase. El resultado era que los niños usaban las agujas como espadas, las burbujas como torpedos y los muñecos como víctimas en sus luchas y peleas.

Todos estamos de acuerdo en que los niños tienen que aprender a tratar bien a los más pequeños, y a ser respetuosos con los mayores, y a ser amables, y a ayudar a los que les rodean, pero todo esto se aprende dándoles una educación en valores sin necesidad de afectar a su masculinidad. El niño es «bruto» y le gusta jugar con agresividad, con rapidez, con movimiento, lo que no significa que no pueda ser al mismo tiempo, justo, solidario, empático, honesto, sensible a los problemas de los demás.

Se ha llegado a hablar en estos días de una crisis de la masculinidad, ante el predominio de mujeres en la escuela. O de una «guerra de sexos» en la que la mujer no pretende ser ya igual al hombre sino dominarlo24. A principios de los años noventa, en el Reino Unido el periódico londinense The Times advirtió de la posibilidad de dar lugar a una segunda clase de hombre sin habilidades y sin empleo. También el periódico Economist se refirió a los chicos como «el segundo sexo» el día de mañana. Y esto porque las chicas en la inmensa mayoría de los países del mundo desarrollado están alcanzando los primeros puestos en los colegios y van a la universidad en mayor proporción que los chicos. De manera que si no hay un cambio importante en cómo educamos a nuestros hijos, esta laguna educativa va a crecer hasta convertirse en un abismo25. La educación diferenciada es una forma de liberar a los niños de una «competitividad entre sexos» que no beneficia a nadie.

VENTAJAS DE LA EDUCACIÓN DIFERENCIADA

Diferentes estadísticas e investigaciones demuestran que los resultados en los colegios de educación diferenciada son mejores que en los mixtos26. Así, por ejemplo, un estudio de la Universidad de Manchester del año 199527,señala que la mitad de las cuarenta y ocho escuelas privadas con mejores resultados académicos en los exámenes para el ingreso en la universidad son femeninos (aunque este tipo de centros representa sólo el 40% del sector). En el sector público la diferencia es más acusada: la tercera parte de los centros mejor calificados son exclusivamente femeninos (representando el 9% del sector).

The Financial Times recoge cada mes de agosto los resultados de las «top independent schools», y desde hace años, las veinticinco escuelas que obtienen los mejores resultados son de educación diferenciada. La primera mixta aparece en el número 26 de la lista.

La National Foundation for Educational Research de Inglaterra, en el año 2002, publicó un informe en el que tras estudiar los resultados de casi 3000 high schools y de un total de 370.000 alumnos, llegaba a la conclusión de que aquéllos eran significativamente mejores en los colegios de un solo sexo.

El Australian Council for Educational Research siguió la evolución de 270.000 alumnos durante seis años, en el 2001, publicó un informe en el que mostraba que los alumnos y alumnas educados en centros diferenciados habían obtenido resultados académicos entre un 15 y un 22% mejores que los chicos y chicas de escuelas mixtas, además de haber llegado a la conclusión de que en aquellos colegios era más exigente el plan de estudios, más agradable el ambiente de trabajo y mejor el comportamiento de los alumnos.

En relación con las niñas, la separación de sexos en el colegio tiene una importancia especial de cara a alcanzar posteriormente una igualdad real, pues se ha demostrado en reiterados estudios que las chicas rinden más y mejor en asignaturas tradicionalmente masculinas cuando están solas28.

Está demostrado que en los colegios mixtos las niñas no optan por materias o actividades «típicamente masculinas» por miedo a ser rechazadas en el grupo o a no ser hábiles en las mismas. Por el contrario, en colegios sólo de niñas éstas optan con naturalidad por actividades como el fútbol y tienen mucho mejor rendimiento académico en asignaturas como matemáticas o informática. Asimismo, en colegios sólo de niños, éstos mejoran en literatura, poesía o pretecnología. La convivencia en el aula mejora y esto crea un ambiente en el que chicos y chicas escogen sus opciones académicas más libremente.

La feminista y pedagoga de la Universidad de Kiel, Lore Hoffmann, reconocía que con la educación diferenciada se consigue que las chicas se interesen mucho más por las «típicas asignaturas de chicos, como la informática, química o matemáticas, al estar orientadas según sus necesidades».

En Estados Unidos, en 1992, la Asociación Americana de Mujeres Universitarias publicó un informe en el que mostraba cómo en las escuelas exclusivamente femeninas las niñas tenían más confianza en sí mismas, obtenían mejores resultados y seguían más estudios de ciencias al pasar a la universidad.

Pero también los chicos salen beneficiados, pues se respetan sus propios ritmos biológicos y de aprendizaje. La separación refuerza su autoestima y les permite desarrollar mejor y más libremente sus capacidades. Como señala Wolcott, «los chicos se distraen menos y se sienten más relajados y seguros. Por ejemplo, no tienen miedo a hacer preguntas «estúpidas» y se atreven a bromear con los profesores, cosas que no harían si hubiera chicas presentes. Pero quizá lo más destacable es que los chicos se liberan de los estereotipos masculinos y de la presión ambiental que les incita a mostrarse como «machos»29. Como explica un profesor de Belmont Hill, una escuela masculina de Massachussets, en los colegios para chicos los alumnos aprenden que hay muchas maneras de ser chico. Y además tienen tiempo de crecer a su propio paso, mientras que en la escuela mixta todo viene determinado por el ritmo más rápido y precoz de las chicas. En el mismo sentido, el psicólogo Michael Thompson, autor de diversos libros en la materia, confiesa su satisfacción por el renacer de las escuelas masculinas pues considera que «en los colegios para chicos estudiar es cosa de hombres, mientras que en los mixtos se corre el riesgo de que estudiar sólo sea cosa de chicas».

La educación diferenciada por sexo no discrimina a los alumnos, simplemente los separa por motivos pedagógicos, no por motivos religiosos, ni ideológicos o morales, con el objetivo de potenciar al máximo las capacidades académicas y humanas de cada sexo. Sería contraria al principio de igualdad si impidiese a los niños o niñas recibir una educación de igual calidad y contenidos, lo que no sucede en absoluto, antes al contrario ofrece a ambos sexos idénticos contenidos cualitativa y cuantitativamente pero de forma adecuada según las capacidades de cada uno. En definitiva, es la mejor expresión de lo que se llama educación «personalizada».

NORMALIDAD EN EL TRATO CON EL SEXO OPUESTO

Aquellos que pretenden la igualdad radical entre sexos, mantienen que una clase de un único sexo es peligrosamente artificial, ya que la escuela debe ser un espacio de socialización que facilite actitudes abiertas y libres. Esta postura pudo ser válida en otra época, como de hecho lo fue en un momento en el que la mujer no estaba integrada en la sociedad; pero en la actualidad es cuanto menos absurda. El niño debe aprender lo que es la vida en primer lugar en el seno familiar, cosa que le estamos poniendo difícil actualmente cuando esta institución es puesta en cuestión.

La educación separada pudo representar un problema para la integración social de niños y niñas en una época en la que la propia sociedad no era mixta por la falta de incorporación de la mujer al mundo laboral, político y social en general. Pero actualmente suponer que un niño se va a «traumatizar» por ir a un colegio diferenciado es absurdo, máxime cuando los temas sobre el sexo opuesto han dejado de ser tabú y se hablan y comentan con naturalidad dentro de la familia; o al menos así debería ser, pues no se puede perder de vista que antes que alumno se es hijo y que los hábitos han de adquirirse en casa, pues donde un padre o madre no llegan no se puede esperar que llegue un profesor. El Estado y la escuela no son padres y por eso no pueden satisfacer las necesidades emocionales o morales de los más jóvenes. La convivencia familiar es una enseñanza incomparablemente superior a la de cualquier razonamiento abstracto sobre la tolerancia o la paz social.

Otras experiencias sí que resultan traumatizantes para los niños hasta extremos insospechados y, sin embargo, no se les presta apenas atención porque se asumen como «normales»: la ausencia constante de los padres del hogar, por ejemplo; la separación de los padres; la falta de cariño compensada por la compra sin límite de bienes materiales; la falta de autoridad; la inexistencia de reglas y criterios claros a los que atenerse, etc. Pero no es traumatizante estar durante unas horas al día separado del sexo opuesto, con el que se puede volver a relacionar sin problemas ni trabas artificiales en horas extraescolares o los fines de semana.

El conocimiento mutuo, el aprendizaje compartido, el respeto y la tolerancia de lo diferente son valores que la coeducación no ha sido capaz de proporcionar a pesar de que en un principio parecía ser la situación ideal para su fomento el resultado ha sido más bien el contrario: la agresividad, violencia machista, guerra de sexos.

Además, especialmente en la adolescencia, los jóvenes necesitan de modelos que les acompañen en la aventura de buscar sentido a sus vidas y les transmitan unos valores que les hagan hombres y mujeres del futuro fuertes y libres. Y esto es más fácil en los colegios de educación diferenciada donde el profesorado suele ser también del mismo sexo, lo que favorece un contacto más sencillo y espontáneo30.

ESPAÑA, LA IMPOSICIÓN DEL MODELO MIXTO

Es cierto e innegable que la coeducación fue un triunfo y una necesidad en un determinado momento histórico en nuestro país, en el que la mujer estaba relegada a un segundo plano y cuya educación iba destinada a convertirla en un ser dependiente y débil (tal como proponía Rousseau en Emilio o De la educación, 1762)31.

En España la educación mixta comienza a ser propuesta a finales del siglo XIX, cuando la mujer tenía una posición sumamente debilitada en la sociedad y resultaba preciso ensalzarla e igualarla de algún modo con el hombre. Destaca en este sentido Emilia Pardo Bazán, que como consejera de Instrucción Pública propuso en el Congreso Pedagógico de 1892 la coeducación a todos los niveles, con el objeto de superar la división de funciones asignada a hombre y mujer. Esta propuesta no fue finalmente admitida.

También sobresale en esta línea la Institución Libre de Enseñanza que llevó a cabo la experiencia educativa de los colegios mixtos desde 1876 hasta 1938, vinculando la coeducación y el laicismo.

En la segunda República, cuando la coeducación fue admitida y considerada necesaria, sólo una minoría de centros llegó a tener carácter mixto. Al final de la guerra civil desaparece totalmente la opción o posibilidad de la enseñanza mixta y la legislación franquista impone la educación diferenciada de forma generalizada.

En los años sesenta, la Ley General de Educación, fruto de las transformaciones sociales y económicas habidas en el país, favorece la extensión de la escuela mixta sobre todo en la Enseñanza General Básica, estableciendo una enseñanza homogénea para niños y niñas hasta los trece años.

Por fin, la enseñanza mixta se impuso en 1984, desde el gobierno y sin debate, en todos los centros públicos y así sigue hasta la actualidad, aunque la Ley de Participación, Evaluación y Gobierno de los Centros de 1995 les concedió una mayor autonomía para presentar a las familias una oferta educativa específica. Aún no nos hemos parado a reconocer que la uniformidad ha dado lo mejor de sí misma y que hoy por hoy está agotada, debiendo dar paso a la diversidad.

Actualmente, apenas el uno por ciento de los centros escolares son de educación separada y todos son centros privados. Los colegios mixtos públicos son el modelo único y obligatorio, encumbrados sin, al parecer, demasiadas reflexiones o estudios que lo justifiquen. Mientras los países más desarrollados de nuestro entorno siguen la línea del reconocimiento fundado de la necesidad de aceptar las escuelas diferenciadas como algo no sólo bueno sino necesario en beneficio de los niños y niñas, en España este es un asunto que no se puede ni plantear.

En Francia, Canadá, Suecia, Reino Unido y Alemania se propugna como moderno y progresista la instauración de los colegios públicos diferenciados, en tanto que alternativa a los colegios mixtos. En España, por el contrario, lo progresista es lo obsoleto. Las «conquistas sociales» de la mujer radican en negar su feminidad y convertirse en unión con el sexo masculino en seres asexuados, neutros, radicalmente iguales, cosa que curiosamente resulta inaceptable para las tendencias feministas más modernas. Plantear el deseo de llevar a un hijo o una hija a un colegio no mixto es como hablar de malos tratos a menores. En lugar de ser considerado como un derecho es visto casi como un hecho políticamente incorrecto, denunciable ante el Defensor del Pueblo.

Desde que culminó el proceso de transferencias educativas, cada comunidad autónoma elabora sus decretos para la admisión de alumnos en centros sostenidos con fondos públicos y, por ejemplo, en Castilla-La Mancha, el decreto incluye una cláusula que prohibe asignar alumnos a centros que no sean mixtos (los alumnos se asignan desde las denominadas Oficinas Municipales de Escolarización sin la intervención del colegio), por considerar discriminatoria la educación diferenciada.

Por otra parte, desde el ámbito estatal, la ministra de Educación, María Jesús Sansegundo, ha manifestado recientemente su decidida voluntad de aprobar en el 2005 una ley orgánica de educación por medio de la cual se asegure que no le llegan ningún tipo de fondos públicos a los colegios diferenciados por ser discriminatorios y contrarios al principio de igualdad de oportunidades. Y en su «caza de brujas» de los colegios de único sexo ha afirmado que llegará hasta el final para comprobar hasta qué punto son «legales».

Al parecer, la ministra desconoce que la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea de 2000, en su artículo 14, después de reconocer el derecho a la educación y a recibir la enseñanza gratuitamente y de forma obligatoria, consagra «la libertad de creación de centros docentes dentro del respeto a los principios democráticos, así como el derecho de los padres a garantizar la educación y enseñanza de sus hijos conforme a sus convicciones religiosas, filosóficas y pedagógicas».

Parece ignorar asimismo la ministra las previsiones de la Convención de la UNESCO relativa a la lucha contra las discriminaciones en materia de enseñanza, cuyo artículo 2 dispone que«no serán consideradas como constitutivas de discriminación en el sentido del artículo 1 de la presente Convención: la creación o el mantenimiento de sistemas o establecimientos de enseñanza separados para los alumnos del sexo masculino y para los del sexo femenino, siempre que estos sistemas o establecimientos ofrezcan facilidades equivalentes de acceso a la enseñanza, dispongan de un personal docente igualmente calificado, así como de escolares y de un equipo de igual calidad y permitan seguir los mismos programas de estudio o programas equivalentes».

Pero, por desgracia, hasta en las más altas instancias continuamos con el lamentable reduccionismo ideológico que considera intrínsecamente malo y machista la existencia de colegios para la educación de un único sexo. Estos son calificados sin fundamento como sexistas, discriminadores y antisocializantes32.

En un Estado democrático y de Derecho es obligación de los poderes públicos garantizar la gratuidad de la enseñanza obligatoria, con independencia del modelo de organización escolar que los padres o tutores hayan elegido para sus hijos. Sin embargo, los colegios de educación diferenciada que existen en España (menos del 1%) son colegios a los que se les está negando, precisamente por no ser mixtos, cualquier posibilidad de conseguir subvenciones del Estado. En definitiva, nunca podrán ser colegios concertados (muchos colegios privados aceptaron la coeducación como única fórmula para poder acceder al concierto educativo). Es decir, se les penaliza por no atenerse al sistema de la coeducación. Lo que sin duda afecta a la libertad de enseñanza reconocida en el artículo 27 de nuestra Carta Magna. Y ello a pesar de los pronunciamientos a favor realizados por nuestra jurisprudencia. Así, por ejemplo, la Audiencia Nacional, en sentencia de 20 de diciembre de 1999, señaló que «el hecho de que en un centro docente se impartan enseñanzas sólo a niños o sólo a niñas, no puede considerarse que suponga una discriminación por razón de sexo desde el momento en que los padres o tutores pueden elegir, dentro de un entorno gratuito de enseñanza, entre los diversos centros existentes en un determinado territorio».

Y el Tribunal Constitucional, en sentencia de 27 de junio de 1985, reconoció que el derecho de los padres a elegir centro docente forma parte del núcleo o contenido esencial del derecho a la educación. Pero en España ese derecho de los padres es imposible de ejercer en la medida en que no hay dónde elegir pues todos los colegios públicos son mixtos. Por lo tanto, unos padres que, sabiendo los beneficios de la educación diferenciada, deseen para su hijo o para su hija un colegio no mixto, no tendrán más remedio que enviarlo a un colegio privado (y como hemos dicho, en consecuencia, no concertado). Estos padres, además de pagar sus impuestos, tendrán que pagar el 100% de la educación privada de sus hijos. De manera que estamos discriminando a las personas de renta baja que no se pueden permitir el lujo de pagar un colegio privado y se les está imponiendo de forma obligatoria la coeducación como único modelo posible, porque se supone que es el único modelo democrático. Cuando lo realmente democrático sería dar la posibilidad de elegir libremente. Cosa que en España, hasta el momento es impensable.

Como afirma Víctor García de la Hoz, la imposición por parte de la autoridad de un modelo único establece un «totalitarismo educativo que no admite la pluralidad de centros… pues la elección de un tipo u otro de escuela no es un problema de técnica científica, sino de libertad personal y social»33. Por su parte, Leonard Sax, presidente de la Asociación Nacional para la Educación Pública no Mixta en Estados Unidos, se pregunta que si la enseñanza diferenciada presenta ventajas, ¿por qué reservarla únicamente a los hijos de padres que pueden pagar un centro privado?34.

La realidad nos muestra que estamos actualmente en España en la misma situación que en la época de Franco con la imposición de un modelo único: el modelo que el poder decide unilateralmente que es el mejor. En la etapa de la dictadura franquista fue la educación separada y en la actualidad es la coeducación. Se sigue confundiendo igualdad con igualitarismo.

CONCLUSIÓN, EL DERECHO A ELEGIR

Hombres y mujeres compartimos una misma humanidad y dignidad y, en un Estado democrático, como es el Estado español, está fuera de duda que todos somos iguales en cuanto a nuestros derechos constitucionales (artículo 14 de nuestra Carta Magna). Sin embargo, somos plenamente diferentes, queramos o no. Y, a pesar de los denostados esfuerzos de algunos por negarlo, la propia naturaleza así nos lo ha impuesto desde el seno materno. Lo resume el doctor en psicología John Gray, especializado en terapia de pareja, cuando observa que «los hombres y las mujeres piensan, sienten, perciben, reaccionan, responden, aman, necesitan y valoran de manera totalmente diferente. Casi parecen proceder de planetas distintos, con idiomas distintos y necesidades también diferentes»35.

No estamos educando, por tanto, a ángeles asexuados, sino a niños y niñas, de sexos diferentes y, en consecuencia, con caracteres, dotes, facultades y problemas distintos. El reconocimiento de que hombres y mujeres somos diferentes tiene importancia no sólo desde el punto de vista educativo. También muchos problemas de pareja y fracasos matrimoniales podrían evitarse sencillamente siendo conscientes de nuestras diferencias36. Lo importante en todo caso es cooperar con las diferencias en lugar de resistirse e ellas o intentar cambiarlas. A fin de mejorar las relaciones entre los sexos, es preciso llegar a una comprensión de nuestras diferencias que aumente la autoestima y la dignidad personal al tiempo que inspire la confianza mutua, la responsabilidad personal, una mayor cooperación y un amor más grande…, esta mayor comprensión de nuestras diferencias ayuda a solucionar en gran medida la frustración que origina el trato con el sexo opuesto y el esfuerzo por comprenderlo. La variedad nos enriquece a todos, mientras que el monocolor, la uniformidad, la masa, es aburrida y empobrecedora.

Es necesario reconocer la realidad de las distorsiones que presenta la coeducación y que se agravan seriamente en centros escolares ubicados en zonas socialmente desfavorecidas. No se trata de adoptar actitudes radicalizadas en contra de la escuela mixta, en absoluto, sino simplemente de resolver sus disfunciones. Para ello hay que prescindir de criterios ideológicos y morales y aceptar el curso de los acontecimientos. Como señala Michel Fize, la enseñanza mixta no es un principio intangible del derecho escolar, sino un instrumento para dos combates de fondo de nuestra sociedad: la igualdad de oportunidades y la transmisión de valores fundamentados en el respeto y la tolerancia. Lo importante es ver si está sirviendo para ello.

¿Es mejor la enseñanza diferenciada? Para algunos sí; para otros, será la mixta. Lo importante es que exista la posibilidad de decidir un sistema u otro con entera libertad. Que tengamos la libertad de debatir sobre qué es lo mejor para nuestros hijos, dar información a los padres y concederles el derecho, ahora negado, de elegir libremente una de las opciones. Está en cuestión la propia libertad de educación. El silencio oficial al respecto, en un Estado democrático, resulta cuando menos llamativo37.

Tenemos en estos días unas cifras alarmantes de fracaso escolar. Un reciente estudio de la Unión Europea demuestra que, después de Portugal, España es el país de la Unión con mayor fracaso escolar, casi un 30%. Y no debemos perder de vista que éste suele ser a la larga el abono idóneo para el fracaso existencial de muchos jóvenes. Los remedios son varios pero para todos ellos una condición es imprescindible: llegar a tiempo. Como afirma José Ramón Ayllón, está claro que los jóvenes son siempre una promesa que se puede cumplir o malograr. Y que su educación será siempre la mejor inversión de una familia y de un país38.

En definitiva, la educación diferenciada, aunque no es ni mucho menos la única solución al fracaso escolar, sí puede ser un paso más hacia una enseñanza de calidad. Sin embargo, a pesar de ser la opción por la que están apostando los países más desarrollados de nuestro entorno, aquí en nombre de una neutralidad laica el sistema educativo no deja espacio para las diferencias. Se confunde igualdad con igualitarismo. En España, lo moderno es lo obsoleto. Pero, en fin, como solían decir: «Spain is different».

Conferencia impartida en la Fundación Tomás Moro el 28 de octubre de 2004

NOTAS
1 Datos obtenidos de www.arvonet.es.
2 Michel Fize: Les Piéges de la mixité scolaire, Presses de la Renaissance, 2003.
3 Cfr. Newsweek, 24 de junio de 1996.
4 Ignacio Archeaga: Coeducación: Lo obsoleto es el modelo único. 2004
5 Cfr. Le Monde, 9 de enero de 2003.
6 Cfr. The Scotsman, 14 de septiembre de 2004
7 Vid. al respecto el libro de la antropóloga Hellen Fisher: El primer sexo, 2003.
8 Christina Hoff Sommers: Dar una oportunidad a las escuelas de un solo sexo, 2004.
9 Christa Meves: Varones disminuidos y chicas frustradas, 2003.
10 Víctor García Hoz siempre mantuvo la necesidad de una atención personalizada al alumno por medio de tutorías, en las que el tutor se preocupara no sólo de la vida escolar del niño o niña sino también de su vida familia, integración, amigos u otros problemas del menor.
11 Vid. al respecto los datos proporcionados por la National Association for Single Sex Public Education (NASSPE), Girls’Schools Association (GSA), Alliance of Girls’Schools (Australasia), International Boys’Schools Coalition (IBSC).
12 Miguel Riera es director del colegio La Farga en San Cugat de Valles (Barcelona).
13 Entre tales estudios destacamos los siguientes: Rosemary Salomone: Same,different,equal: rethinking single-sex schooling (2003); Christina Hoff: The war against boys: how feminism is harming our young men (2003); Hellen Fisher: El primer sexo, 2003; Christa Meves: Varones disminuidos y chicas frustradas, 2003; Michel Fize: Las trampas de la coeducación, 2003; Nicole Mosconi: Effects et limits de la mixité scolaire, 2004; Laure Poinsot, Igualdad de oportunidades entre chicos y chicas en la escuela: ¿las cosas se mueven ya en Francia?; artículo de http:www.penelopes.org.
14 Datos obtenidos de la página web del Colegio Intisana (Quito, Ecuador), 2004
15 Justo Arnal Agustín: «Educación separadacoeducación. Problema y actualidad de siempre» Rev. de Asuntos Educativos, n.° 13.
16 Christina Hoff: La guerra contra los chicos, 2003.
17 Nicole Mosconi; La mixité dans l’enseignement secondaire: un faux semblant?, PUF, 1989; Effets et limits de la mixité scolaire, 2004; Mixité scolaire et democratic, 2004; Femmes et savoir, 2004.
18 Sobre la «vulnerabilidad» masculina, vid. S. Kraemer: The fragile male, British Medical Journal, 2000.
19 En este sentido la revista electrónica Politicalaffairs.net, en un reciente articulo de Joel Wendland, se pregunta si los chicos se están convirtiendo en el «sexo débil».
20 Jennifer Wolcott: The Christian Science Monitor (25/X/04).
21 Joel Wendland: Reversing the Gerufer gap, Politicalaffaire.net.
22 Wayne Martin: The Birmingham News, agosto, 2004.
23 National Institute on Grugs Abuse: Infofacts, Ritalin, 2004.
24 Christa Meves: Fördergemeinschaft für Schulen in Freier Tägerschaft; 2003.
25 Cristina Hoff Sommers; La guerra contra los chicos, 2003.
26 Entre otros vid., C. Riordan: Girls and boys in school: together or separate?, Nueva York, Teachers College Press, 1990.
27 Cfr. The Times, 22 de agosto de 1995.
28 V. E. Lee, H. Marks y T. Byrd: Sexism in single-sex and coeducational secondary school classrooms. Sociology of Education, 1994
29 Jennifer Wolcott, en The Christian Science Monitor (25/X/04), refleja el auge de las escuelas masculinas en los Estados Unidos.
30 Vid. al respecto, R. A. Noe: Women and mentoring, a review and research agenda, Academy of Management Review, 13, 1988.
31 Para Rousseau el proceso educativo de los niños se basa en la experiencia y en el respeto a la personalidad y debe proporcionarle conocimientos adecuados para convertirse en un sujeto libre, con criterios propios y autónomo. Por el contrario, la educación de las niñas debe ir encaminada a hacer de ellas sujetos débiles y dependientes del sexo opuesto (Emilio o De la educación, 1762).
32 AGEA: En defensa de la educación separada por sexos. Que la coeducación no se imponga como un dogma, 2004.
33 Citado por Ignacio Archéaga: Coeducación: Lo obsoleto es el modelo único, 2004
34 www.singlesexschooIs.org.
35 John Gray: Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus, Mondadori, 2000, pág. 20.
36 Muchas parejas utilizan como argumento para su separación el hecho de ser «radicalmente distintos» o «demasiado diferentes», sin pararse a pensar que esas diferencias son normales y se dan en cualquier pareja (formada claro está por hombre y mujer). El reconocimiento previo de las diferencias es imprescindible para conseguir la complementariedad. Dos piezas no encajan si son idénticas. El encaje de un puzzle sólo se produce entre piezas de diferentes formas. La colaboración activa entre el hombre y mujer debe partir precisamente del previo reconocimiento de la diferencia misma. Vid. al respecto el punto 4 de la Carta de la Congregación para la doctrina de la de a los obispos de la Iglesia católica sobre «La colaboración del hombre y la mujer en la iglesia y en el mundo» (31 de julio de 2004).
37 La página web del Ministerio de Educación y Ciencia dedica un apartado específico a explicar qué es la coeducación y cuáles son sus ventajas, pero no se encuentra ninguna referencia a la educación diferenciada, ésta simplemente no existe. Vid. www.cnice.mecd.es
38 José Ramón Ayllón: La educación escolar, 2004

Teísmo y secularismo, una división política de la nación

Si durante el primer mandato presidencial de George W. Bush las diferencias entre Estados Unidos y Europa respecto a la presencia de la religión en la vida pública se pusieron de relieve, la reelección del candidato republicano ha hecho más palmarias las diferencias. No por casualidad, algunas de las más prestigiosas revistas intelectuales norteamericanas vienen dedicando, desde mediados de 2004, un buen número de sus páginas a analizar la relación entre cristianismo y política. El Journal of Democracy, que editan cuatrimestralmente el National Endowment for Democracy y The John Hopkins University Press, consagró cuatro largos ensayos del número correspondiente a abril de 2004 al tema «Cristianismo y democracia». El número 155 de la también cuatrimestral The Public Interest, fundada por Daniel Bell, apareció como un monográfico sobre las religiones y el Estado en la nación norteamericana. Si a los tradicionales estudios sobre catolicismo y vida pública de revistas como First Things (que en el número del verano pasado dedicó su sección de «Artículos» a este tema) sumamos el reportaje especial aparecido en The Economist en abril de 2004 sobre «Cristianos y judíos», es manifiesto que el espíritu religioso de Estados Unidos, su origen, su relación con la vida pública, su evolución hasta nuestros días y la actual división política concomitante a la práctica religiosa son temas de absoluto interés para los analistas de aquella nación.

Especialmente interesantes son las comparaciones, a propósito del tema que nos ocupa, entre la sociedad americana y la europea, en las que abundan varias de las colaboraciones del referido número de The Public Interest1. A ellas nos vamos a referir en particular en las siguientes líneas, tratando de reseñar de manera amplia sus principales observaciones.

LA ACTITUD RELIGIOSA AMERICANA

La contribución de Brian C. Anderson en The Public lnterest lleva por título «Secular Europe, Religious America» y proporciona unos datos que pueden servirnos como introducción en el tema de las diferencias en la actitud religiosa entre Europa y Estados Unidos. De acuerdo con ese ensayo, los números cantan: en Europa solamente un 40% cree en el cielo y la mitad de éstos en el infierno. Aproximadamente, sólo 57% de los españoles, 55% de los alemanes, 40% de los franceses y 30% de los suecos cree en el pecado. En cambio, en Estados Unidos un 60% proclama que la religión juega un papel importante en sus vidas y más de un 80% declara creer en Dios. Parecería que mientras que Estados Unidos es una nación creyente, la Europa posmoderna está sumergida en el relativismo religioso.

Bien es verdad que habría que puntualizar -así lo hace Wilfred Mcclay en «The Soul of a Nation», páginas 4-19 del mismo número- que esa mayor religiosidad americana puede tener mucho de superficial o de lo que se ha llamado civil religion -«religión social o sociológica»-. Se refiere con esa expresión a la veta piadosa americana que confiere muchos de los elementos propios de la fe y el sentimiento religioso a las instituciones sociales y políticas de esa nación. La civil religion constituye una fuente de recursos espirituales, apegos profundos, recuerdos reverentes del pasado y del sentido de la dirección de la historia, en la que se puede apoyar el Estado para demandar a sus ciudadanos abnegación y sacrificio personal, cuando éstos resulten necesarios. Es lo que John Dewey denominaba «fe común», una especie de lengua franca, que incluiría el componente emotivo de la religión, pero sin sus afirmaciones divisorias. Sus contenidos son mínimos: la presencia y el poder de Dios, la existencia de una vida futura, la realidad del premio y del castigo y la prohibición de la intolerancia. Los ciudadanos pueden añadir a esto sus propias opiniones siempre que no repercutan en la vida pública. Esta religión popular ha salido revitalizada el 11 de septiembre de 2001, de tal modo que su actual «catedral» es precisamente la zona cero -el lugar donde estaba ubicado el World Trade Center, derrumbado a consecuencia de los atentados terroristas en esa fatídica fecha-.

Este talante religioso deriva de la noción.puritana de América como el «Nuevo Israel», un nuevo pueblo elegido que debe regenerar el mundo. Desde los constituyentes padres de la patria hasta nuestros días, y particularmente con el presidente George W. Bush, pervive un hondo sentido de la providencia de Dios y de su bendición sobre América, con la consiguiente responsabilidad de servir de luz a las naciones. Para algunos, el lado positivo de esta religión social consiste en que proporciona un fundamento secular para la fe cristiana, gracias a la cual las instituciones políticas resultan más receptivas a las llamadas al examen personal y a la rectificación, al igual que a la exigencia y al sacrificio por el bien común. Sin embargo, lleva inherente el riesgo de servir de justificación de actos sin escrúpulos, de trivializar la palabra de Dios, de convertir a los clérigos en esbirros del Estado y de la cultura imperante y de otorgar el respeto reverencial debido a la religión a objetos ajenos a ella.

En su colaboración «Protestant, Catholic, Jew», comenta Joel Schwartz cómo William Herberg, en su clásico estudio Protestante-Católico-Judío, de 19552, había ya señalado que los americanos eran un pueblo religioso y a la vez secular, pues aunque -entonces- un 95% profesaba creer en Dios y un 75% decía pertenecer a alguna iglesia, eran fundamentalmente ignorantes de sus respectivas religiones, las cuales no parecían además afectar a su conducta diaria, según ellos mismos declaraban: más de la mitad de los americanos eran incapaces de nombrar ninguno de los cuatro evangelios y también más de la mitad mantenía que sus creencias no influían en sus ideas respecto a la política o la economía.

En este marco, la religiosidad americana no tendría contenido alguno y constituiría un modo de sociabilidad o cultura más que una orientación vital hacia Dios. Constituiría, tal como señalaba el referido Herberg, una mera religión sociológica, especie de garantía religiosa del estilo de vida americano. Según este autor, la identificación de la religión con la identidad nacional genera una especie de mesianismo en el que América tendría una vocación universal orientada a llevar su modo de vida -junto con la democracia y la libre empresa- hasta el último rincón del mundo.

La afirmación de que el pueblo americano es a la vez religioso y secular parece seguir tan vigente ahora como cuando escribía Herberg, hace cincuenta años. Aunque el porcentaje de los que dicen pertenecer en nuestros días a alguna iglesia se ha reducido al 69%, los datos actuales confirman los de Herberg respecto al desconocimiento doctrinal de los americanos y a la falta de influencia de la religión en sus vidas. En 1992, la agencia Gallup informaba que solamente un 13% de los norteamericanos parecían mostrar una fe vivida y profundamente integrada en sus vidas.

Un botón de muestra de la superficialidad e incoherencia de su profesión de fe lo constituye, por ejemplo, el hecho de que los evangélicos protestantes (considerado el grupo más religioso en los Estados Unidos) tienden a creer más que el resto de los americanos en las brujas y en la astrología (más de un cuarto del total). A su vez, el paganismo constituye una tendencia creciente: en 2001 el Servicio de Identificación Religiosa Americano apuntaba que más de 300.000 americanos se declaraban paganos. Volveremos de nuevo a este tema.

ORIGEN DE LA DISTINTA ACTITUD ANTE LA RELIGIÓN

Volviendo a la colaboración de Brian C. Anderson sobre las diferencias en la religiosidad en las sociedades europea y americana, a las que se referían las anteriores puntualizaciones, conviene repasar su origen histórico. Porque la diferencia que entre un continente y otro se registra en materia de religión radica históricamente en el distinto proceso de formación del Estado moderno y de la democracia republicana en uno y otro.

Según John Locke, el filósofo que más influyó en la revolución americana y en opinión también de Jefferson, presidente y uno de los padres constituyentes, no tiene por qué haber conflicto de competencias entre el Estado y la religión, toda vez que ésta es irrelevante en los asuntos temporales. Por su parte, Rousseau, precursor filosófico de la Revolución francesa, piensa todo lo contrario. En cualquier caso, para todos ellos los conflictos entre ambos habrían de resolverse a favor del Estado. No obstante, Rousseau iba más lejos al ver en la religión, en tanto que depositaria de una fe y una lealtad, una enemiga de la república que ésta había, en consecuencia, de aplastar. De hecho, eso fue lo que ocurriría en la tremenda persecución religiosa consiguiente a la Revolución francesa. El espíritu anticlerical de la Revolución ha caracterizado las democracias europeas de tal modo que, de hecho, ser demócrata en Europa lleva consigo ser a la vez secularista, en el sentido de mantener activamente al margen de la organización de la sociedad la influencia de las creencias religiosas.

Las iglesias coloniales americanas, en contraste con la religión establecida de Europa durante la Revolución francesa, lideraban la lucha por la independencia y, gracias a ello, los americanos nunca participaron del anticlericalismo de los republicanos franceses. La religión dominante en América -el cristianismo protestante- predicaba ideales coherentes con la república. Incluso republicanos tan prominentes como Madison proponían reconocer los deberes con Dios como un derecho inalienable precedente a las exigencias civiles. George Washington, primer presidente de la nación, contemplaba la religión como un apoyo de la ciudadanía democrática y, en consecuencia, los compromisos religiosos debían ser tratados, en su opinión, con gran delicadeza. Desde el principio, la religión alimentó vibrantes tradiciones republicanas y fomentó la revolución contra Inglaterra. Es más, según los padres constituyentes, el buen gobierno requería una serie de virtudes morales que sólo la religión podría proporcionar, al menos para la mayoría de los ciudadanos, como lo serían el autocontrol, la confianza en sí mismo y la preocupación por el bien común. No veían, pues, contradicción alguna en reconocer los derechos naturales de la humanidad -en expresión de Locke- y a la vez profesar fidelidad a Dios. Es más, sostenían que estos derechos naturales, incluido el de la libertad religiosa, encontraban su fundamento último en Dios. Por esta razón nunca pretendieron dificultar o disminuir la influencia religiosa, antes bien, ayudaron a que floreciera, y esto ha impreso carácter a la sociedad americana y a su forma de gobierno.

Desde un punto de vista histórico-dialéctico, complementario del anterior y mantenido por algunos sociólogos europeos inspirados en las ideas de Adam Smith, las iglesias nacionales instaladas en los distintos Estados europeos habrían perdido su atractivo con el paso del tiempo, pues los clérigos no transmitirían su mensaje convincentemente al haber perdido todo tipo de incentivo. En cambio las iglesias que encuentran competencia en su tarea religiosa se vitalizarían y esforzarían más. Según esta opinión, el establecimiento subsiguiente a la reforma protestante de iglesias nacionales en Europa ha contribuido a la disminución del fervor religioso de los europeos, mientras que el pluralismo americano ha forjado una América más religiosa.

POLÍTICAS ESTATALES Y RELIGIÓN

La historia posterior a ambas revoluciones ha suscitado, según Michael W. Mcconel en «Religious Souls and the Body Politic», en la misma revista, tres respuestas al problema de la pertenencia simultánea a las ciudades temporal y eterna -las tres, hijas de su propia historia y consiguientemente, distintas en su origen-. La primera, la laïcité, propia de Francia y otros países europeos e inspirada en las ideas de Rousseau, subraya el carácter secular del Estado; la segunda, conocida por separación entre Iglesia y Estado, es una versión (atenuada) americana de la anterior y de distinto origen; y la tercera, que se podría denominar pluralismo religioso, está inspirada en las ideas de Madison y en Estados Unidos coexiste de modo ambivalente con la anterior. Vamos a examinar las tres brevemente.

EL LAICISMO

La laïcité (denominada «separación estricta» entre Iglesia y Estado en los Estados Unidos) se asocia a la idea de que la política se debe regir por la razón pública, accesible a todos los ciudadanos, sin necesidad de formación religiosa. Aquí la esfera pública es estrictamente secular: las leyes tienen fundamentos seculares, los programas y actividades gubernamentales son totalmente seculares y la religión es irrelevante a la hora de determinar las obligaciones sociales de los ciudadanos. Se privilegian las escuelas públicas, que deben usarse para inculcar ideales democráticos incontaminados por el «dogma sectario». Se protege la práctica religiosa siempre que se confine a la esfera privada de la casa y el templo.

En el fondo subyace una visión recelosa de la religión, impregnada de sectarismo e intolerancia, a la que se espera domesticar privatizándola y, a veces, promoviendo activamente la secularización. La reciente legislación que prohibe velos musulmanes y cruces cristianas en las escuelas públicas francesas refleja este modo de pensar. Aunque los Estados Unidos no han seguido esta tradición, poseen una versión más atenuada de la laïcité, englobada en la denominación separación de Iglesia y Estado. A este respecto, hay que aclarar antes el origen y significado del término y sus consecuencias en Norteamérica.

LA SEPARACIÓN DE IGLESIA Y ESTADO

Como señala Phillip Hamburger en «Against Separation»3, la expresión separación de Iglesia y Estado no aparece nunca empleada por los padres constitucionales, sino que proviene de algunos grupos protestantes del siglo XIX, sobre todo de los Nativistas, entre los que destacaban el Ku Klux Klan. Fueron estos grupos quienes invocaron la separación de la Iglesia institucional respecto al Estado, aunque no la de la religión en general (el cristianismo, mayoritariamente entonces) respecto al gobierno, pues siempre se había considerado a la religión como fuente de inspiración. Estos mismos grupos protestantes recelaban de la Iglesia católica, a la que pertenecían muchos de los nuevos inmigrantes, porque sus creencias les parecían impuestas por una jerarquía mentirosa y dictadora, que los convertía en peleles sin independencia intelectual y en una amenaza para el gobierno republicano. Y así, presionaron al resto de los americanos para que se aceptara la separación entre Iglesia y Estado como la única perspectiva genuinamente americana.

Posteriormente, los protestantes liberales se aferraron a esta idea por miedo no solamente a la iglesia católica sino también a otros grupos protestantes más ortodoxos. Estos liberales, entre los que se incluían tanto teístas como ateos, formaron la Liga Liberal Nacional y ampliaron la idea a la separación del gobierno no solamente de la Iglesia sino de cualquier confesión religiosa.

En las primeras décadas del siglo XX un amplio grupo de protestantes y secularistas no protestantes, entre ellos muchos anticatólicos y otros simplemente recelosos de cualquier confesión cristiana organizada, asumieron la idea de que la separación constituía el auténtico modo de entender la libertad religiosa. Como se trataba de un grupo muy numeroso y variado, lograron transmitir la impresión de que este era el ideal americano que la nación compartía.

Esta concepción pasó luego al cuerpo judicial, que empezó a creer que tal separación era la libertad religiosa americana protegida tanto por las constituciones federales como las estatales. En este ambiente, en 1947, el Tribunal Supremo proclamaría que la Primera Enmienda garantizaba dicha separación. Desde entonces, y especialmente en los años ochenta y noventa, la actitud de los jueces de la Corte Suprema respecto al contenido de dicha separación se ha caracterizado por su ambigüedad y falta de definición. A este respecto, por ejemplo, es ilustrativo el reciente rechazo a pronunciarse sobre la pionera legalización del matrimonio entre homosexuales ordenada por el Tribunal Supremo de Massachussets.

La oposición secular a la religión organizada derivada de esta postura se advierte en la hipersensibilidad de la retórica e instituciones públicas a las influencias religiosas explícitas. El impulso religioso a la acción pública es tratado como algo que se supone maligno o incluso opresivo por necesidad. Esta visión está presente cuando se declara que la legislación fundamentada en opiniones religiosas (tales como la condena del aborto o del juego) podría considerarse inconstitucional a pesar de que la legislación inspirada en visiones seculares rivales de aquéllas (tales como el feminismo o el libertinaje) no plantearían ningún problema, incluso -podríamos añadir- cuando movimientos tan importantes como el de los Derechos Civiles han surgido o experimentado un gran impulso gracias a las motivaciones religiosas de sus líderes (por ejemplo, Martin Luther King). Otra manifestación práctica de esta actitud es la imposibilidad de utilizar fondos públicos para financiar colegios, universidades o programas sociales aparentemente religiosos.

EL PLURALISMO RELIGIOSO

La tercera respuesta a la cuestión de la relación entre la ordenación político-social y la religión -volvemos al ensayo de Mcconnell-, que coexiste con la anterior e intenta abrirse paso con vigor en nuestros días, aunque lo hace no sin dificultad, es el pluralismo religioso. Aquí se considera que la vida pública debe estar abierta a gente de todas las confesiones con la menor violencia posible a sus convicciones. Para el pluralismo, la postura secularista no es neutral, pues prima ciertos modos de razonar sobre otros, al racionalismo y a la libertad de elección sobre la tradición, la revelación y la conciencia.

Según esta concepción, no existen leyes o políticas neutrales: todas se basan en posturas ideológicas o filosóficas. La estructura constitucional ha de dejar la elección al pueblo entre las distintas perspectivas rivales, sin privilegiar ni la religiosa ni la secularista. Esto implica que los ciudadanos creyentes, al igual que el resto, tienen derecho a propugnar leyes que reflejen sus ideas sobre el mejor modo de promover el bien común a su juicio, aunque sus premisas deriven de doctrinas religiosas. El Estado pluralista ha de ser neutro respecto a la religión, porque todos los ciudadanos son libres de adoptar o rechazar sin limitación alguna distintas posiciones según les den a entender sus fundamentos filosóficos, metafísicos, epistemológicos o teológicos. Decir a los creyentes que su concepción de la justicia y el bien común ha de ponerse entre paréntesis es tratarlos como ciudadanos de segunda categoría. El pluralismo confirma la igualdad de todos al permitirles participar en los asuntos públicos sin favorecer ninguna ideología ni forma de persuasión.

El enfoque pluralista fomenta que las comunidades de creyentes mantengan las instituciones necesarias para conservar su modo de vida y transmitirlo a las generaciones futuras. Esto se plasma en medidas gubernamentales como exenciones o contribuciones fiscalmente deducibles para los grupos religiosos y benéficos, sin intervenir a la vez en la selección de sus destinatarios ni controlar sus operaciones. Cuando sus actividades compiten con otras semejantes organizadas por el Estado (hospitales, colegios, universidades, comedores de beneficencia, etc.), el enfoque pluralista favorece la libertad de elección, de modo que todos aquellos que, por ejemplo, deseen educar a sus hijos de acuerdo con sus convicciones puedan hacerlo efectivamente.

Hemos señalado antes que este enfoque pluralista no se abre paso sin dificultad en los Estados Unidos. Un ejemplo de actualidad, que desarrolla Stanley W. Carlson-Thies en su colaboración «Implementing the Faith-Based-Initiative» (páginas 57-74), y en el que conviene detenerse para ilustrar mejor este punto, concierne a los proveedores de servicios sociales. Algunos liberales laicistas se han aferrado a la mitológica separación entre Iglesia y Estado para impedir que las organizaciones religiosas proporcionen una serie de servicios sociales necesarios. Siempre ha existido colaboración entre el Estado y organizaciones no gubernamentales laicas y religiosas (entre estas últimas destacan el Ejército de Salvación, las Organizaciones Caritativas Católicas, los. Servicios Sociales Luteranos, las Federaciones Judías, etc.), y, desde los años sesenta, la mayor parte de la beneficencia estatal se ha canalizado a través de dichas organizaciones. Los servicios que pueden prestar han de ser estrictamente laicos pues lo contrario iría supuestamente contra la Primera Enmienda, que regula la separación Iglesia-Estado. Sin embargo, a menudo estas organizaciones despliegan representaciones y símbolos piadosos, bendicen las comidas, mantienen discusiones religiosas y contratan preferentemente a los solicitantes que comparten la misma fe, prácticas todas ellas que podrían ser declaradas fuera de lugar y rescindir la alianza.

Desde la Ley de Reforma de la Beneficencia de 1996, el Congreso intervino en cuatro ocasiones durante el mandato del presidente Clinton para incluir en la legislación federal reglas nuevas -todo un ejemplo del enfoque pluralista- que garantizaran que los proveedores sociales religiosos no tuvieran que marginar su fe para competir por su financiación con los no religiosos.

Las nuevas reglas, encuadradas en la llamada «Opción Caritativa» contienen cuatro principios: 1) no quedará excluida ninguna organización por su religiosidad o «excesiva religiosidad»; 2) ha de mantenerse el respeto por el carácter religioso de esos grupos, a los que se debe permitir ofrecer actividades religiosas voluntarias, desplegar símbolos religiosos y no obligar a dejar de lado su fe a la hora de contratar personal; 3) queda, por un lado, prohibida la práctica religiosa obligatoria al igual que la discriminación de los destinatarios del servicio prestado y, por otro, el Estado debe presentar otras alternativas a quienes pongan objeciones a un proveedor religioso; 4) los fondos federales sólo pueden dedicarse a los servicios sociales propiamente dichos y no a mantener actividades o prácticas estrictamente religiosas. No obstante, si un cliente escoge un proveedor religioso, las actividades religiosas no tienen por qué separarse del programa federal financiado siempre que queden a salvo los fines públicos sociales.

El presidente Bush ha seguido en la misma línea e ido incluso más lejos, al llamar la atención sobre otras organizaciones más modestas, muchas de ellas religiosas y de ámbito vecinal, que son a menudo las más eficaces y cercanas a los necesitados. En este sentido, ha defendido que todo programa social que funcione bien debe gozar de igualdad de oportunidades de acceso a financiación federal para extender sus servicios, sin importar cuál sea su inspiración. Sin embargo, el informe Unlevel Playing Field (2001), elaborado por el Gobierno federal, señala que la ayuda federal que reciben estas organizaciones de base es pequeña. Según dicho informe, las dificultades a las que se enfrentan proceden del prejuicio de los dirigentes federales, para quienes la estrecha colaboración con organizaciones religiosas es sospechosa legalmente. Examinando las directrices del Tribunal Supremo, se comprueba que los requisitos para acceder a subvenciones públicas por parte de dichas organizaciones requieren que sus manifestaciones religiosas queden más relegadas de lo que están dispuestas a aceptar, por lo que a menudo no compiten por dichos subsidios.

Para ayudar a resolver la cuestión, algunos grupos conservadores han propuesto conceder cheques o vales a los propios beneficiarios para que ellos mismos escojan entre los distintos proveedores sociales. Sin embargo, esta posible solución, ya intentada para facilitar la libertad de elección de colegio, ha sido rechazada en los Estados en que se ha probado a introducir hasta ahora.

CONSERVADURISMO RELIGIOSO Y POLÍTICO

Se ha señalado antes que una de las causas más claras de división en nuestros días entre Europa y Estados Unidos es la cuestión religiosa. Al margen de otros factores como el hecho de que Estados Unidos gaste solamente en defensa el doble que los veinticinco Estados de la Unión Europea juntos; o que la pena de muerte se permita en la mayoría de los Estados; o que un 35% de los hogares americanos disponga de armas de fuego; al margen de estos otros factores nada despreciables, lo que intranquiliza a la secularista Europa es la fuerte presencia en América del conservadurismo religioso, según ha resultado patente tras las últimas elecciones presidenciales, y las votaciones que en once Estados se han manifestado contra el reconocimiento legal como matrimonio de las uniones homosexuales.

Este conservadurismo reforzado por la fe queda típicamente representado por los Evangélicos Protestantes, el grupo religioso que más rápidamente crece e informa profundamente la sociedad americana. Se trata de una agrupación de cristianos protestantes para quienes lo importante de la vida religiosa es la conversión personal y la fe en que la expiación por los pecados de los hombres lograda por la muerte de Jesucristo proporciona la salvación personal, y que se ha convertido en una de las fuerzas más importantes en la política social del partido republicano. De hecho, éste se ha vuelto más conservador que los partidos conservadores europeos, en los cuales es compatible el estatalismo económico con posiciones liberales en cuestiones morales, debido a su gran número de cristianos fundamentalistas evangélicos. Expliquemos, siguiendo de nuevo a Joel Schwartz, las circunstancias que han acompañado al surgimiento político de los grupos evangélicos y la consiguiente polarización religiosa en que vive actualmente la sociedad americana.

La situación de consenso nacional entre católicos, protestantes y judíos -los grupos religiosos que representaban un 95% de la población entonces-, característica de la religión sociológica descrita por Herberg más arriba, corresponde a los años cincuenta, cuando la fe religiosa en general era un bien individual y público que le permitía al presidente Eisenhower, por ejemplo, afirmar ante la amenaza del comunismo que el Gobierno no tenía sentido si no estuviera basado en una fe religiosa profundamente sentida, sin importar cuál fuera4.

Esta situación experimentaría un primer cambio con el movimiento de los Derechos Civiles y la guerra de Vietnam en los años sesenta, que introdujo en Estados Unidos el llamado Evangelio Social. Se trata de un concepto cuyo origen habría que buscar en la reacción cristiana a finales del siglo XIX a los males derivados de la Revolución Industrial y del liberalismo económico exacerbado (así, por ejemplo, en la encíclica Rerum novarum (1891) de León XIII); pero que, en este contexto, se refiere a la perspectiva, del cristianismo liberal que mantenía que todos se salvarían (universalismo que niega la necesidad de salvación personal) y que los cristianos habrían de traer el reino de Dios intentando activamente corregir los problemas sociales.

Como reacción a este evangelismo social, los protestantes teológicamente tradicionales promovieron enérgicamente la necesidad de la salvación personal, y tendieron a rechazar las cuestiones más materiales, identificando la preocupación por lo social con un movimiento teológicamente liberal. Se produjo así la división entre liberales y conservadores religiosos en general, sin distinción de denominación. Entre éstos se encontraban los evangélicos protestantes, que no han dejado de crecer desde entonces. Las guerras culturales de religión resultarían aún más virulentas en los setenta y ochenta, cuando cuestiones como la moralidad pública, el aborto y las relaciones entre las iglesias y el Estado adquirieron importancia.

Desde la emergencia del Evangelio Social las denominaciones cristianas tradicionales (católicos, metodistas, baptistas, etc.) han capitulado en general ante el secularismo. Se han caracterizado cada vez más por su activismo social y han adolecido de algo genuinamente cristiano que ofrecer, pasando así a segundo lugar en las vidas de sus fieles. El discurso psicoterapéutico y de autorrealización personal se ha establecido de lleno tanto en las confesiones principales como en la vida pública, y una vez que la religión no es más que un mero refuerzo de la moralidad progresista dominante puede llegar a vaciarse de contenido y considerarse supérflua.

En la Transformación de la religión americana, Alan Wolfe5 intenta demostrar que la religión se ha convertido en parte integrante de la cultura del narcisismo, una avenida más por la que el yo moderno puede encontrar su modo de estar en el mundo (fenómeno en el que dicho autor se complace, por otro lado) y menciona las siguientes características: una mezcla de música insípida y ambigüedad moral (el llamado «Catolicismo Kumbayá», que hace alusión a una canción originalmente folk empleada en actos religiosos católicos); el carácter cada vez más terapéutico de la religión americana, en la que sacerdotes, ministros y rabinos tienden a evitar todo tipo de «sentencialismo»; la implacable y nada estimulante informalidad de las ceremonias religiosas actuales y el creciente recelo hacia toda religión institucional. De hecho -así lo señala D. Mahoney- su diagnóstico parece confirmar el temor de Herberg de que los americanos llegaran a conformarse con una religión centrada en el hombre.

En este desvaído panorama religioso, destacan los evangélicos, con su firme determinación de impedir la alternativa mortal que supone el secularismo. Lo que defienden, en contraste con las otras confesiones cristianas, es la importancia de la redención personal, por un lado, y de una moralidad estricta, por otro. Si bien el primer aspecto no tiene implicaciones políticas, el segundo podría inclinar más claramente hacia los partidos conservadores, aunque, de hecho, no se trate realmente de una relación necesaria puesto que las iglesias evangélicas afroamericanas promueven una moral tan estricta como las iglesias evangélicas y pentecostalistas hispánicas y, sin embargo, sus miembros votan mayoritariamente al Partido Demócrata.

Aunque los conservadores religiosos habían sido tradicionalmente apolíticos, al percibir que la cultura dominante y muchos protestantes de siempre rechazaban la doctrina cristiana tradicional sobre la moralidad pública y, en particular, da familia, los fundamentalistas cristianos intentaron restaurar la autoridad de los valores tradicionales por medio de la acción política y el debate religioso.

Los orígenes este movimiento se sitúan entre los milenaristas, aquellos evangelistas protestantes que en el siglo XIX predicaban la llegada del milenio, o sea, los mil años del reino de Cristo. Pero el nombre saltó a la palestra a través de una serie de publicaciones del movimiento, que entre 1910 y 1915, siempre en Estados Unidos, tomaron como título Los Fundamentos. Para este movimiento, cinco eran los «fundamentos» de la fe: 1) literalidad e infalibilidad de las Escrituras; 2) concepción virginal; 3) expiación a través de las obras; 4) resurrección corporal; 5) autenticidad de los milagros.

Las denominaciones protestantes clásicas son mucho menos numerosas de lo que fueron en el pasado, mientras que estos fundamentalistas y los evangélicos constituyen, según el informe Pew de 2003, un 30% de la población, y han sido decisivos en la victoria del presidente Bush, especialmente en su reelección. En el 2000 votaron 15 millones de evangélicos, un 23% de todo el electorado, y 71% de ellos votaron a Bush. En 2004 seguían constituyendo un 23% del electorado pero se redujo dramáticamente la abstención de estos votantes y un 78% de ellos votaron a Bush, lo que supuso 3,5 millones de votos más a su favor (datos del Pew Forum citados en Economist.com, 11 de noviembre de 2004).

No obstante, estos fervientes grupos religiosos carecen de líderes intelectuales y adolecen de un auténtico fundamento racional y de formación doctrinal profunda. Un síntoma de la superficialidad o falta de consistencia intelectual de su profesión de fe lo constituye el hecho de que los evangélicos tienden a creer más que el resto de los americanos en las brujas y en la astrología (más de un cuarto del total).

SECULARISMO LIBERAL

En el otro polo encontramos un secularismo liberal (de izquierdas o de derechas) más dogmático políticamente (como se reflejó en la acuñación del término americano «corrección política» al final de los ochenta) y ayuno de base teórica puesto que en el fondo, como reconoce el propio Richard Rorty, uno de sus más destacados ideólogos, es parasitario de la fe bíblica al seguir interesándose en la dignidad humana cuando la única base firme que puede sostenerla es la fe revelada.

Como se ha señalado más arriba, esta misma división entre conservadores y liberales u ortodoxia y progresismo afecta tanto al protestantismo como al catolicismo y al judaismo y tiene su contrapartida en el campo político. Por ello, autores como James Davidson Hunter6 señalan que los progresistas protestantes, católicos y judíos y los secularistas tienen más en común cultural y políticamente entre ellos que con sus correligionarios ortodoxos. Así como para Herberg las tres denominaciones abrazaban un mismo estilo de vida americano que las unía, para Hunter hay dos concepciones de América en disputa y cada una agrupa a protestantes, católicos y judíos de uno u otro bando. Las últimas elecciones presidenciales han consolidado la tendencia a votar republicano de los miembros más ortodoxos de las distintas denominaciones religiosas7.

Una de las manifestaciones de esta división -utilizo ahora las categorías de Herberg- es una nueva religión social rival de la anteriormente descrita, propuesta por los progresistas religiosos y muy crítica tanto de la política interna como, sobre todo, de la política internacional americana. Sostiene que Estados Unidos es responsable de muchos de los problemas que afectan al mundo y tiene que pagar por ello. Acusa a América de usar su poder y su riqueza para crear y perpetuar grandes desigualdades -de ser verdaderamente una fuerza del mal-. Parece confirmarse el peligro anejo a la religión social ya advertido por Herberg de identificar la causa americana con la de Dios, potencialmente resultante en la creencia bien de una superioridad o de una inferioridad moral, según sea la perspectiva tradicional o progresista, respectivamente.

DIVISIÓN POLÍTICO-SOCIAL

Esta polarización de las fuerzas secularistas y religiosas ha transformado, y continúa haciéndolo, la política americana, en la que los republicanos aparecen como el partido de Dios y los demócratas como el partido secular. El surgimiento de la derecha religiosa ha alimentado la hostilidad de izquierdas hacia la religión, pues muchos liberales identifican la religión con el conservadurismo. Piensan que la derecha se ha apropiado de Dios y de la religión.

De tal modo es así, que la práctica religiosa es el factor más importante a la hora de predecir la intención de voto. Baste el siguiente botón de muestra: un 60% de los nuevos delegados de la convención demócrata de 2000 se declaraban secularistas, es decir, sin ninguna preferencia religiosa, en comparación con un 5% de los correspondientes republicanos. Del 16% del electorado secularista, dos tercios votaron demócrata en las elecciones presidenciales de 2000. El estudio Pew de 2003 señala que un 63% de los que van a la iglesia al menos una vez a la semana (14% de la población) votan republicano, mientras que de los que no suelen ir nunca (14% de la población, de nuevo), un 62% votan demócrata, cifras que se han mantenido en las elecciones presidenciales de 20048.

Por otro lado, la mayoría de los secularistas no son ateos o agnósticos originalmente sino creyentes que han abandonado la religión institucional y se encuentran entre los liberales y moderados. El abandono de la religión organizada refleja el desacuerdo con la afinidad surgida entre la política conservadora y la religión organizada. Según Hunter, los secularistas representan el tipo de conciencia moral que más rápidamente crece en América: han pasado de constituir un 2% en los años cincuenta, a un 14% en 2001.

Señala Cifford Orwin («The Unraveling of Christianity in America», páginas 20-36) que esta falta de adhesión a la religión organizada caracteriza, en general, a las clases educadas. Los sondeos de opinión, muestran que los americanos de las clases media-alta y media se declaran religiosos; pero si se rasca un poco se descubre un relativismo temeroso de profesar una moral de contenidos preceptivos, porque podría propiciar la intolerancia. Esta constituye el mayor de los males para unas clases nada sentenciosas que no creen en un modo de vivir moralmente correcto y que idolatran lo que es diferente por el mero hecho de serlo. Su única convicción firme radica en la tolerancia. Se puede decir que la clase media americana se toma en serio la religión pero no hasta el punto de creer que sea la guía más importante a la hora de juzgar cómo se debe vivir, y por eso se muestra curiosamente indiferente ante el pecado. Por vez primera en la historia del país, los criterios religiosos no inhiben a la nación como tal9.

Ello se manifiesta, por ejemplo, en la serie americana de televisión más popular de los últimos diez años tanto en América como en el resto del mundo occidental, Friends, y en su tratamiento de temas como la religión y la moralidad religiosa. Véase también la popularidad de que gozan en la actualidad series como Sexo en Nueva York y las de dibujos animados, hipercríticas de los valores tradicionales americanos, especialmente la primera, South Park y Los Simpson; por no citar, en décadas anteriores, las exitosas y amorales Falcon Crest, Dinasty y L. A. Law.

Tampoco olvidemos, por ejemplo, que Estados Unidos es el país que en términos absolutos y relativos produce y consume más pornografía; que el número de abortos continúa siendo elevadísimo; que la tasa de divorcios es superior al 50%; y que es uno de los países occidentales donde las relaciones sexuales .entre adolescentes es más precoz y está más extendida (sin contar con la superior incidencia de estos y otros problemas, tal como la violencia callejera armada, entre algunas minorías, que se deja notar en ese más de un 1%, que constituye la población carcelaria del país). El espíritu cristiano, en definitiva, que solía, en opinión de Orwin, penetrar la única cultura de la única nación, ha pasado a ser una subcultura o incluso una contracultura.

Como paradigma de esta alienación de las clases educadas respecto a la religión institucional menciona Orwin los Bobos, término acuñado por David Brooks10 y que amalgama la primera sílaba de las palabras «bohemios burgueses», en inglés. Constituyen la nueva clase alta de la sociedad liberal posmoderna en América, que combina en sí la afluencia material y a la vez un rechazo del materialismo y el conformismo. No necesitan institución alguna para comunicar con lo sagrado, pues convierten en sagrado todo lo profano y materialista, especialmente el comprar -la actividad burguesa por excelencia-, y la dirigen a objetos eminentemente bohemios, como por ejemplo, el arte, la filosofía o el activismo social. Anhelan algo especial, más alto y solidario pero desarraigado de toda creencia, compromiso o limitación de sus opciones. Brooks sostiene que su actitud tipifica a la clase media urbana estadounidense en el aspecto religioso.

Todo parece indicar que existe una clara e igualada división bipartita religioso-cultural en torno a la práctica de la religión institucional que afecta a la sociedad americana en general, en cuyos extremos se situarían los evangelistas, por un lado, y los secularistas liberales, por otro. En medio se localizaría la gran clase media urbana, que manifiesta una tendencia creciente hacia el secularismo. Los artículos aquí analizados, en conclusión, nos ofrecen un marco más matizado de lo que a primera vista podría uno pensar, especialmente después de las últimas elecciones presidenciales americanas. Se puede decir que los ciudadanos de Estados Unidos siguen siendo sociológicamente religiosos y que su actitud respecto a la relación entre religión y vida pública es, en general, menos recelosa que la del laicismo imperante en algunos países europeos, debido al distinto origen de sus respectivas democracias.

No obstante, dicha relación no se da sin problemas, como es notorio en las dificultades que encuentran ciertas medidas que facilitarían un auténtico pluralismo religioso, que hoy por hoy choca con un prejuicio bien establecido entre las autoridades federales derivado históricamente de una mal entendida separación Iglesia y Estado.

Por otra parte, tampoco parece que América constituya la reserva espiritual de Occidente, puesto que el secularismo está muy presente en la sociedad y es claramente una tendencia en alza. La ortodoxia y la práctica de la religión institucional o la falta de éstas, cualquiera que sea la denominación de que se trate, divide política y culturalmente al país hasta tal punto que resulta ser el mejor indicador de predicción de voto.

NOTAS

1 Número 155, correspondiente a la primavera de 2004, que también dedica dos artículos a la amenaza del fundamentalismo islámico a los que no nos referiremos aquí.
2 Protestante-Católico-Judío: An Essay in American Religious Sociology, Garden City, New Cork, Doubleday and Co. 1955
3 Adaptado de su libro Separation of Church and State, Harvard University Press, 2002.
4 «Our government doesnt make sense unless it is founded on a deeply felt religious faith and I dont care what it is» (D. Eisenhower, 1952).
5 Siguiendo la crítica de su libro (The Transformation of the American Religion, Free Press, 2003) que firma Daniel Mahoney («Religion and the Social Scientist»: 202207).
6 Culture Wars, The Struggle to Define America, Basic Books, 1991.
7 Ver datos, por ejemplo, en Economist.com, 1l-XI-2004: «The triumph of the religious right».
8 Otros índices de las elecciones de 2004 relacionados con un estilo conservador lo constituyen el hecho de que Bush fue votado mayoritariamente por hombres blancos (61%), mujeres casadas (55%) y excombatientes 57%).
9 Señala The Economist.com, que la mayoría que ha votado a Bush en 2004 no constituye una mayoría moralista pues los que citaron como criterio prioritario a la hora de votar la moralidad . eran un 22%, dos puntos más que los que citaron la economía (que votaron mayoritariamente por Kerry) y tres más de los que nombraron el terrorismo (que votaron mayoritariamente por Bush). Por otro lado, ese 22% es muy inferior al de las dos elecciones presidenciales anteriores de 2000 y 1996, en las que 35% y 40%, dieron prioridad a las cuestiones morales e incluso un 14% y un 9%, respectivamente, se la dieron al aborto, opción que no se ofrecía en las últimas encuestas. Es decir, en aquellas elecciones casi la mitad del electorado votó por motivos morales mientras que en 2004 lo hizo un quinto (1l-XI-2004: «The triumph of the religious right»). Téngase también en cuenta que la mayoría de los votantes primerizos lo hicieron por Kerry (54%), por si sirve de indicador de futuras tendencias.
10 Bobos in Paradise: The New Upper Class and How They Got There, New York, Simon and Schuster, 2000.

Escribir periódicos con poemas

Es verdad que la prensa no hace mucha justicia a la cultura, pero no es un problema de profundidad. Porque se trata de la misma falta de justicia que se hace a cualquier otra actividad, desde la prensa, cuando no se actúa rigurosamente. La cultura no es una torre de marfil; a su modo, contiene política, economía, globalización y frivolidad. Aceptemos que cualquier periodista es mejor cuando más cerca del humanismo trabaja, cuanto más se acerca al prójimo para contar su historia. Entonces, en términos periodísticos, una huelga o un simposio han de ser tomados con idéntico talante. Al final, lo que contamos son esas historias, que están por todas partes.

Por ende, la poesía y la prensa sólo parecen entenderse como disyuntiva: o es prensa o es poesía de lo que hablamos. En la letra, en la forma, la prensa y la poesía están notablemente alejadas en modos, armonía, intención estética… En el espíritu, en el fondo, no dejan de ser dos manifestaciones parejas, literarias, del mismo animal fonante: nosotros. La prensa, como la poesía, trata de llegar a sus lectores con un fin semejante: alcanzar, de forma fidedigna, a comunicar realidades que nos atañen, nuevas tan antiguas como el hombre.

Yo querría llegar a un acuerdo con el lector: se puede escribir un poema desconstruyendo un periódico y que se puede escribir fácilmente un periódico de poemas. ¿Por qué la simulada demolición del periódico y la construcción, a su costa, del poema? Porque a mi corazón llega el dolor y la alegría del mundo entero. El atentado en un tren negro de marzo, el incendio en un colegio de la India, el amor convertido en traición y egoísmo sanguinario contra las mujeres… están conmigo más que un día, más que un rato en que yo ojeo mi periódico. No querría olvidarlos tan rápido. Además los repiten en la tele y en la radio, pero eso no mitiga el dolor. En fin, hay en mi corazón niñas que nunca soñaron que alguien se cruzara en su camino, un pederasta o un marido asesino. Resuenan torres cayendo, bombas en las ciudades del desierto de Las mil y una noches y siento que, cada mañana, cada amanecer, tiene que mantenerse un hilo de cordura y de conciencia en los periódicos, como la voz de Sherezade, que nos permita pisar con ojos limpios la dudosa luz del día.

Alguien que escribe periódicos no puede romper aún la fe en la palabra publicada, en el peso de los actos comprobables, en el valor de dar voz a quien no la tenía o mantener la firmeza ante la veracidad. En cultura, igual que en el resto de las secciones. El periodista, como el clásico Terencio, es un hombre y nada humano le es ajeno.

Si nada humano nos fuera ajeno, nos interesaría lo nuestro y lo del prójimo, los sentimientos y los logros, el consuelo y la felicidad. La cultura es lo que nos da sentido, es lo que queda de los hombres que han perdido todo. Al día siguiente de la caída de las Torres Gemelas, un deprimido Jonathan Brown me decía desde la herida ciudad de Nueva York: «¿Qué puedo hacer o decir yo ahora, un pobre profesor de arte español?». Entonces hablamos largamente y vimos que esa cultura que él enseña y en la que todos nos movemos es mucho más sutil y más fuerte que toda aquella catástrofe. Es lo único que nos puede empujar hacia delante. No hablábamos del valor histórico, ni mucho menos del económico de Las meninas, por ejemplo, sino de la libertad que ha crecido en nosotros gracias a ellas, y gracias a Goya y su visión de la guerra, y gracias a Don Quijote, mitad locura, mitad lucidez, y gracias a esa poesía que solamente habita, que sólo anida, en la libertad irreductible de nuestra mente y nuestro corazón.

Así que, ¿aún lo dudan?, ¿por qué escribir poemas con periódicos? También porque somos capaces de sentir la alegría enorme, como de ballena, cuando pensamos en que los arpones deberán seguir callados en los mares que hoy llamamos santuarios. Y miramos con ilusión de niño el vuelo de la sonda Cassini y sus fotos de los anillos de Saturno, anillos de compromiso con la ciencia y con el progreso del hombre, con su futuro; con la curiosidad que quiero mantener de pie para que no todo sean los rehenes degollados de la tierra y los agujeros negros dentro de corazones fanáticos. ¿Saben que la sonda ha llegado a Saturno como tirada por onda, que ha dado la vuelta varias veces alrededor de Venus y del Sol para ser lanzada contra ese Goliat tan lejano? ¿Saben que la inteligencia tiene más fuerza que el odio?

El periódico lo hacemos las personas, los buenos y los malos, es una plaza sobre el papel, donde cabe todo lo que los hombres acarrean sobre los hombros: la valentía y la risa, la deslealtad y el miedo, el hambre de amar y el de saber, la sed de justicia y la de venganza. Por eso hay que desconstruirlo, si me lo permiten, para poder reconocernos en él y tal vez, corregir alguna cosa.

Porque también me indigno cuando escucho a los políticos pensando que somos todos estúpidos, cuando son incapaces de pedir perdón por sus eminentísimos errores, en lugar de regalar su desprecio ante la crítica, convertir el diálogo en pelea de gallos y terminar excavando sus líneas arguméntales como trincheras de autistas; o también cuando he contemplado el desarrollo de la comisión del Congreso sobre los atentados del 11-M y sus protagonistas olvidan el silencio de las víctimas y se ponen a hacer ese ruido mediático y vergonzoso que gana las portadas y nos hace a todos mirar con cierto asco. Y, sobre todo, cómo no, quiero romper el periódico en mil poemas y reconstruirlo con algo que recuerde los latidos porque creo que los periodistas también hemos llegado —también no, hemos llegado los primeros porque hemos buscado la primera fila— a ese lugar en el que hoy estamos, donde el servicio público de la voz lanzada, dada a luz, para la sociedad que la precisa, es cada vez, paradójicamente, menos precisa, más turbia, fácil o indulgente con nuestros fallos y nuestra posición. No somos protagonistas de la vida pública, pero a veces lo creemos; no estamos más allá del bien y del mal, pero a veces lo creemos; nos defendemos fieramente de las críticas, cruelmente en ocasiones, demostrando, si me lo permiten, que somos también un poema, pero de los tristes, cuando lo hacemos.

En fin, no creo que nadie albergue ya dudas de que la poesía puede resumir lo mejor de nuestro pensamiento casado con nuestro corazón en una voz humana, intensamente animal y racional. En la poesía habla nuestra naturaleza, y no hay mejora en el hombre a espaldas de ella. Eso lentamente lo vamos aprendiendo. Y piénsenlo bien: nadie estuvo más cerca de lo sagrado que un poeta, Juan de Yepes, nuestro santo compatriota; ni más cerca estuvo el amor de ningún Dios de nuestro corazón que en la clara espesura de sus versos. ¿Lo escucharemos aún, seremos capaces, incluso en el fragor de una redacción? ¿Incluso en el fatuo orgullo de firmar una exclusiva?

Ojeemos el periódico que los poemas reinventan, que para eso lo hemos traído. Tiene titulares, pero lo mejor, les confieso, es colocar algunos poemas a modo de entradillas. Como tenemos que venderlo bien, en la portada yo pondría de todo: la comisión de marras, el deporte, la situación en Irak, la estabilidad monetaria y las amenazas y las esperanzas de la salud, los estrenos de cine… Todo ello tiene cabida, oigan, que tiene que interesarles a muchos para que venda ejemplares. Pero en un rincón, ya que están aquí, con esa promesa que supone decir «más información en páginas interiores», yo pondría este titular, especialmente indicado para poetas y para periodistas: «El poeta debe ser más útil que ningún ciudadano de su tribu».

Y abrimos el periódico.

Con lo más importante, el editorial que hoy nos ha escrito un hombre apellidado persona: Pessoa. Ya saben que el editorial no lleva firma, por eso les propongo que Pessoa seamos todos:

Me duelen la cabeza y el universo. Los dolores físicos, más claramente dolores que los morales, desarrollan, por un reflejo en el espíritu, tragedias no contenidas en ellos. Nos traen una impaciencia por todo que, por ser por todo, no excluye a ninguna de las estrellas. No comulgo ni nunca comulgué ni podré, supongo, comulgar nunca, con aquel concepto , bastardo según el cual somos, como almas, consecuencia de una cosa material llamada cerebro, que existe, de nacimiento, dentro de otra cosa material llamada cráneo. No puedo ser materialista, que es como creo que se llama ese concepto, porque no puedo establecer una relación nítida —una relación visual, digamos— entre una masa visible de materia cenicienta, o de otro color cualquiera, y esta cosa que soy yo que por detrás de mi mirada ve los cielos y los piensa e imagina cielos que no existen. Pero, aunque nunca pueda caer en el abismo de suponer que una cosa pueda ser otra sólo porque se encuentran en el mismo lugar, como la pared y mi sombra sobre ella, o que el depender el alma del cerebro signifique algo más que el depender yo, para mis trayectos, del vehículo que uso para realizarlos, creo, sin embargo, que hay entre lo que en nosotros es sólo espíritu y lo que en nosotros es espíritu del cuerpo una relación de convivencia en la que pueden aparecer discusiones. Y la que vulgarmente aparece es la de que la persona más ordinaria incomode a la que lo es menos. Hoy me duele la cabeza y creo que es desde el estómago desde donde me duele.

Pessoa, Libro del desasosiego

Entre las cartas al director, querría destacarles esta, recibida desde Lima, vía París. La firma César Vallejo y trata de explicarnos con un lenguaje llano que hay problemas muy complicados a los que no debemos negar la atención:

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… Pobre… ¡Pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

César Vallejo, Los heraldos negros

Y entremos en la sección política. Tal vez aquí el poeta debe siempre dotarse de la fina ironía de la sátira. Frecuentemente, al político no le gusta lo que diga su Fígaro o su Pobrecito hablador. En este caso invitamos a un ruso, el amigo Ossip Mandelstam, que se atrevió con Stalin en un retrato que iba a costarle la vida pero que representa bastante bien al poder que ha perdido su contacto con la realidad y crea otra realidad a su medida:

Vivimos sin sentir el país bajo nuestros pies,
nuestras voces a diez pasos no se oyen.
Y cuando osamos hablar a medias,
al montañés del Kremlin siempre evocamos.

Sus gordos dedos son sebosos gusanos
y sus seguras palabras, pesadas pesas.
De sus mostachos se carcajean las cucarachas,
y relucen las cañas de sus botas.

Una taifa de pescozudos jefes le rodea,
con los hombrecillos juega a los favores:
uno silba, otro maulla, un tercero gime.

Y sólo él parlotea y a todos, a golpes,
un decreto tras otro, como herraduras, clava:
en la ingle, en la frente, en la ceja, en el ojo.

Y cada ejecución es una dicha
para el recio pecho del oseta.

Y el más difícil todavía, casar poesía con la información de Tribunales. ¿Conocen ustedes a alguien que fuera capaz de reírse de un tío listo como Cicerón? Yo, a Catulo. En una ocasión, para agradecerle un servicio jurídico, Catulo le envió secretamente un poema a Marco Tulio, un epigrama que tenía oculto su veneno. Y como a Cicerón tanto le gustara, él mismo se encargó de inundar Roma de copias de aquel elogio que llevaba incrustado, o embebed como dicen de los periodistas en Irak, una ironía más grande. Del consiguiente ridículo a nadie pudo culpar el letrado más que a sí mismo.

Oh, tú, el más elocuente de los hijos de Rómulo
de los que son y fueron, Marco Tulio,
y de los que serán, te da mil gracias
Catulo, el peor de los poetas,
que es el peor de todos los poetas
en la misma medida
que tú eres el mejor de todos los letrados.

Pasamos, si les parece, a la política internacional. Me gustaría recordarles que en este periódico no queremos hacer mucha ficción —seamos periodistas serios y poetas serios—, sino aprender a mirar la realidad con la cultura, a través de la poesía, en el corazón, a ver qué pasa.

El titular de esta sección pueden ustedes elegirlo entre los que Irak y la guerra desatada por Estados Unidos han dado lugar. Imaginen que nuestro enviado especial, un salmantino llamado Aníbal Núñez, ha pisado la desgracia sobre el terreno, y ha visto cómo la llamada insurgencia se convertía en un avispero y cómo la muerte se saciaba en las calles, a la vista de todos. Luego ha ido a los foros internacionales donde se trata el asunto, la Casa Blanca sobre todo, y junto a ese titular que ustedes eligen pongan esta entradilla:

Que me traigan el humo, dijo Ciro,
y le trajeron todas sus victorias.

Aníbal Núñez, Pebetero

No se puede expresar más bellamente. Aquí se ve la dimensión humana de la historia, dibujada en la sombra. Esa dimensión, que atañe a los grandes sobre todo, no debemos nunca perderla de vista los periodistas. Nunca nos podemos permitir olvidar que las personas, grandes o pequeñas, que resultan objeto de nuestras informaciones, sienten y padecen. Nadie suele querer ser noticia, pero el día que lo es, gusta de ese trato respetuoso y humano.

Antes de que todo lo de Irak se complicase, España tuvo tropas allí. Todos pudimos ver las despedidas en los aeródromos militares a esos familiares que iban a un lugar tan peligroso, y pudimos emocionarnos con ellos; y también vimos cómo les recibían a su vuelta. ¿Se imaginan, en términos de amor, poder asomarse a esa preocupación, al desvelo y a la alegría final?

Propongo que observemos primero el desvelo de aquellos familiares, esposas y esposos que se quedaban esperando el regreso de sus amantes, y tratemos de sentirlo como propio gracias a un maravilloso poema de amor de Neruda:

No estés lejos de mí un solo día, porque cómo,
porque, no sé decirlo, es largo el día,
y te estaré esperando como en las estaciones
cuando en alguna parte se durmieron los trenes.

No te vayas por una hora porque entonces
en esa hora se juntan las gotas del desvelo
y tal vez todo el humo que anda buscando casa
venga a matar aún mi corazón perdido.

Ay que no se quebrante tu silueta en la arena,
ay que no vuelen tus párpados en la ausencia:
no te vayas por un minuto, bienamada,

porque en ese minuto te habrás ido tan lejos
que yo cruzaré toda la tierra preguntando
si volverás o si me dejarás muriendo.

Y veamos también lo agridulce que puede florecer la alegría tras el regreso de los soldados, cuando su amor se pregunte por el sentido de su sacrificio, en las palabras de Robert Graves:

Hay un darse más allá del darse:
el tuyo hacia mí
cuando desperté anoche, horas antes del alba,
liberado
por un relámpago intolerable
que abrió el cielo,
para entender lo que el amor niega en el amor
y por qué.

R. Graves, Canción más allá del darse

Pero si entramos en las habitaciones del amor, no podemos hurtarnos las otras noticias, las más desagradables, como son las de la violencia doméstica. Pónganle la voz de Marina Tsvietáieva y de san Juan de la Cruz a las dos caras de la moneda: el amor y su fin trágico. Tal vez a través de estos poemas nos pongamos más en el lugar de las víctimas, tal vez nos conmueva con más fuerza su tragedia. Descubramos las aristas que antes no habíamos detectado, descubramos el verdadero nexo de la noticia y el poema.

Me fueron dadas una voz preciosa
y una frente de adorable trazo.
La suerte me besaba en los labios,
a ser la primera me enseñaba.

A los labios pagaba alto tributo,
sobre las tumbas rosas derramaba…
Pero al vuelo me detuvo
la dura mano del destino.

Marina Tsvietáieva. San Petersburgo, 31 de diciembre de 1915

Y de san Juan de la Cruz:

Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado;
cesó todo y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.»

San Juan de la Cruz, Noche oscura

Y, para ir a temas más alegres, leamos el siguiente reportaje sobre las oportunidades que los avances de la ciencia y los cuidados debidos, pueden dar a nuestros ancianos.

Todos sabemos que la tercera edad disfruta hoy de mayor longevidad y que la sociedad admite cada vez más el disfrute de la vida en los mayores: todos sabemos de viajes y noviazgos que permiten vivir óptimamente en las postrimerías. Imagínense entonces a ustedes mismos mirando un día feliz la propia vida desde esas fronteras y gracias a estas líneas de José Méndez y José Jiménez Lozano.

Estos días de abril
tan claros
viven en la unidad
del mediodía,
quedan en la memoria
de la piel, y juntos,
por un milagro unidos,
formarán al final de nuestra vida
el retrato de un niño.

José Méndez, La luz

Matinales neblinas, tardes rojas,
doradas; noches fulgurantes,
y la llama, la nieve;
canto del cuco, aullar de perros,
silente luna, grillos, construcciones de escarcha;
el traqueteo del tren, del carro, niños,
amapolas, acianos, y desnudos
árboles de invierno entre la niebla;
los ojos y las manos de los hombres, el amor y la dulzura
de los muslos, de un cabello de plata, o de color caoba;
historias y relatos, pinturas y una talla.

Todo esto hay que pagarlo con la muerte.

Quizás no sea tan caro.

José Jiménez Lozano, El precio

Llegamos, no sin ironía, a nuestra página de crítica literaria y volvemos a Catulo y su artículo sobre el libro del siglo (y pongan a su autor más odiado en lugar de Volusio). Afilen sus dagas, que no corren buenos tiempos para la crítica.

Anales de Volusio, papel con palominos,
cumplid el voto de mi chica:
que ha prometido a Venus y a Cupido
que, si vuelvo con ella
y ceso de blandir mis fieros yambos,
elegirá, selecta,
de entre toda la obra del poeta peor,
con lo que hacer al dios cojitranco una ofrenda
para que arda mezclada con madera maldita.
Y esto es lo que la pícara, con divertido encanto,
ha juzgado más propio para ofrecer a un dios.
Ahora, oh nacida de las azules ondas,
tú que habitas la Santa
Idalia y la llanura
de Urios y Ancona
y Cnido-en cañas fértil-
y Golgos y Dirraquio y Amatunte,
albergue del Adriático,
ten a bien este voto, si es ingenioso y lindo.
Y vosotros, venid -mientras- al fuego,
con toda vuestra tosca estupidez,
Anales de Volusio, papel con palominos.

Catulo, XXXVI. Annales Volusi, cacata carta

En Economía daríamos toda la información de la Bolsa y las opas hostiles entre corporaciones. No supe bien qué poema traerles de esto porque en realidad basta que leamos cualquier obra teatral de Shakespeare para ponernos a tono con el mundo de las empresas, sus pugnas, sus traiciones, sus desafíos: Hay Hamlets y Macbeths y existen Coriolanos en las corporaciones, y en el medio toda la gama posible urdiendo sus propios planes. Pero si me pidieran un sólo poema, yo me inclinaría en todo caso por Ezra Pound y su conmovedor «Usura», un toque de atención a nuestra ladera efímera:

Con usura el hombre no puede tener casa de buena piedra
con cada canto de liso corte y acomodo
para que el dibujo les cubra la cara,
con usura
no hay para el hombre paraísos pintados en los muros de su
iglesia
harpes et lux
o donde las vírgenes reciban anuncios
y resplandores broten de los tajos,
con usura
no puede ver el hombre Gonzaga a sus herederos y sus
concubinas
no se pinta cuadro para que dure y para la vida
sino para venderse y pronto
con usura, pecado contra natura,
es tu pan siempre de harapos viejos
es tu pan seco como el papel,
sin trigo de montaña, harina fuerte
con usura, la línea se hincha
con usura no hay demarcación clara
y nadie puede hallar sitio para su morada.
El picapedrero se aparta de la piedra
el tejedor de su telar
con usura
no llega lana al mercado
la oveja nada vale con usura
Usura es un ántrax, usura
mella la aguja en las manos de la muchacha
y detiene la pericia del que hila. Pietro Lombardo
no vino por usura
Duccio no vino por usura
ni Pier della Francesca; Zuan Bellin’ no por usura
ni pintóse La Calumnia.
Angélico no vino por usura; no vino Ambrogio Praedis,
No vino iglesia de piedra cincelada firmada: Adamo me
fecit.
No por usura St. Trophime
No por usura Saint Hilaire,
Usura oxida el cincel
Oxida el oficio y el artesano
Roe los hilos del telar
Nadie aprende a tejer oro en su dibujo;
El azur tiene una llaga por usura; el carmesí sin bordar se
queda
El esmeralda a ningún Memling tiene
Usura asesina al niño en las entrañas
Detiene la corte del mancebo
Ha llevado la perlesía a la cama, yace
entre la joven desposada y su marido
Contra naturam
Han traído putas para Eleusis
Cadáveres se sientan al banquete
invitados por la usura.

Y llegamos ahora a la noticia que anunciábamos en portada. Creo que resume a la perfección el ánimo de esta desconstrucción del periódico, lo cual es mérito del texto que paso a ofrecerles. A los poetas nos llama al orden y creo que los periodistas podemos realizar una lectura muy interesante de todo lo que se dice aquí: lo humano, a primer plano; nada de cuitas demagógicas o ideológicas. ¡A las cosas mismas! El texto se lo debemos a Valente:

Un poeta debe ser más útil
que ningún ciudadano de su tribu.

Un poeta debe conocer
diversas leyes implacables.

La ley de la confrontación con lo visible,
el trazado de líneas divisorias,

la de colocación de un rompeaguas
y la sumaria ley del círculo.

Ignora en cambio el regicidio como figura de delito
y otras palabras falsas de la historia.

La poesía ha de tener por fin la verdad práctica.

Su misión es difícil.

José Ángel Valente, Segundo homenaje a Isidore Ducasse

Por si alguno tuviera aún esperanzas de resultar fidedigno y útil a la sociedad desde la poesía o desde la prensa, les invito a escuchar con templanza y no con desánimo, con humildad y no con desdén, este texto final, que debemos también a Ezra Pound.

Escrito en aquel callejón de Venecia sin más salida que la imaginación en el que pasó los últimos años de su vida, es el último de sus Cantos, la obra a la que dedicó toda su existencia, resumida en unas pocas líneas. Con mi agradecimiento por haber merecido su atención, dejaré que me callen sus palabras.

He intentado escribir el Paraíso

No os mováis
Dejad hablar al viento
ése es el Paraíso
Que los dioses perdonen
lo que he hecho
Que aquellos que amo traten de perdonar
lo que he hecho.


* Conferencia leída en Ávila de los Caballeros, en julio 2004

El fotoperiodismo de Weegee, un medio de expresión creativo

FOTOGRAFÍA  EN  AMÉRICA

Es raro que el periodismo haga algo más que describir lo que sucede en un nivel puramente informativo, con un grado mayor o menor de precisión. Esto es verdad del fotoperiodismo y de otras formas de expresión mucho más antiguas, como la escritura, el dibujo o la pintura. Se cuentan por miles las fotografías, las palabras o los dibujos impresos cuyo interés, aunque con frecuencia muy real, es sólo cosa de un instante y enseguida se olvida.

No solemos recordar durante mucho tiempo el qué de los acontecimientos, si no van acompañados de un cómo y de un porqué, que resulten comprensibles en términos de experiencia humana. Para poder proporcionarnos esto, el periodista tiene que convertirse además en un artista, llevando su modo de comprender la vida, su sensibilidad y, sobre todo, su propia participación en aquello que está presenciando a un punto de máxima precisión focal, que le permita definir al detalle lo esencial de la realidad.

Tanto por su texto como por las fotografías, el libro de Weegee, Naked City, es un ejemplo magnífico de un fotoperiodismo que ha trascendido su interés circunstancial. Después de haber visto este libro, es difícil que uno olvide algunas de las cosas que ha aprendido gracias a él: hondamente removido, desconcertado o incluso asustado puede quedar el lector, frente a la hiriente veracidad con que este hombre observa y habla de la realidad.

Weegee se ha especializado en el drama que la mayoría de nosotros no ve, o que no quiere ver. De hecho, casi todos dormimos mientras Weegee trabaja, a lo largo de la noche. Weegee es el fotógrafo de la vida hirviente, violenta que tiene lugar en Nueva York, por debajo de esa superficie impersonal de las jornadas de trabajo más o menos ordenadas.

Con su cámara y su automóvil, que ha equipado con una estación de radio para poder recibir las señales de la policía, Weegee se presenta allá donde hay crímenes, atracos o incendios, cuando las ambulancias anuncian chillonamente un accidente o cuando, al amanecer, las furgonetas de «la pasma» vacían en las comisarías su carga de detenidos.

¿Está allí simplemente para fotografiar el suceso? No, no es solamente eso; se trata de contar la historia de lo que está ocurriendo a través de las personas implicadas en el caso, sean los protagonistas o simplemente algunos testigos: Weegee los fotografía en el preciso instante en el que todo lo que están pensando y sintiendo se refleja con toda intensidad, como en un espejo, en sus rostros.

Y así, un incendio no es simplemente un edificio que arde, sino la gente que vive allí: el propietario atacado de los nervios, el policía atento a una mujer tumbada en una camilla, un joven judío pasmado que, boquiabierto-y con los ojos como platos, aprieta contra su cuerpo el rollo de la Tohrah que ha preservado de las llamas.  Un asesinato queda descrito por la gente asomada a las ventanas de los edificios contiguos; o por una mujer, familiar de la víctima, que llora rodeada por una multitud de chiquillos que ríen, sobreexcitados.

LAS CARAS DE LA NOCHE

Los capítulos del libro que abordan sucesos violentos y desgracias se cuentan entre los más expresivos e inolvidables, pero son sólo una parte de Naked City. La noche esconde muchos otros aspectos de la vida, que atraen hacia sí al fotógrafo.

Bloques de viviendas y barriadas, o los atestados barrios de la segregación racial: todos ellos alimentan el submundo de Nueva York, pero no son el submundo. Se trata de niños que no tienen dónde jugar si no es en la calle, que vuelven al surtidor de riego cuando el poli ha doblado la esquina… Son los millones de individuos que atestan las playas en Coney y los amantes que encuentran cobijo en la oscuridad de la noche, tumbados en la arena. Son los parroquianos del Samy’s, en el Bowery, y las familias enteras que duermen en los descansillos de las escaleras de incendios o en los tejados, cuando el calor del verano ha hecho un horno de sus apartamentos.

Weegee conoce desde dentro este mundo de desposeídos. De sí mismo, escribe: «No hace mucho tiempo, yo mismo solía caminar por el Bowery, hecho pedazos bajo el peso del anuncio andante… En verano podía dormir en Bryant Park, pero cuando empezaba a hacer más frío, me trasladaba a la casa municipal de hospedaje». Es evidente que estas fotografías sólo podía haberlas hecho uno que conociera esta esfera, por desgracia demasiado extendida, de la vida americana; alguien que no fuera simplemente un observador accidental.

UNA PRIMERA CONTRIBUCIÓN

Weegee ha sufrido el «lower East side», el «Little Italy», «Hell’s Kitchen» y Harlem. Las fotografías de gente dormida y el grupo tomado en Sammy’s, lo mismo que algunas copias obtenidas en Harlem, se cuentan entre los pasajes más conmovedores del libro. Esto es Nueva York, una parte de Nueva York al menos, aunque, no nos engañemos, es también una parte de cualquiera de nuestras ciudades americanas.

Estas fotografías de Weegee no son en modo alguno un fenómeno aislado, aunque representen la primera contribución fundamental que el periodismo de nuestros días ha hecho a la fotografía como un medio creativo.

Esto no implica en absoluto renegar de ese patrimonio de magníficas fotografías de prensa, acumulado en nuestro país durante años. Basta con hojear libros como The Brethless Moment, editado por Stern y Asbury en 1935, para encontrar tomas de instantes tan increíbles como el de Shooting of Mayor Gaynor, de Weegee, y otros muchos momentos brillantes en la obra de numerosos fotógrafos que han sabido capturar al vuelo, por así decir, el drama fugaz de incontables acontecimientos.

La peculiaridad de Weegee radica en haber producido una obra extensa y coherente, cuya unidad procede de una actitud individual frente a todo lo que fotografía.

Es esto lo que coloca a Weegee en continuidad con otros importantes valedores de la fotografía como medio de expresión: con Brady, el fotógrafo que cubrió informativamente la Guerra Civil desde el lado de los unionistas; y con Lewis Hiñe, pionero en América de las tramas fotográficas y del uso del flash, que fotografió a los niños y menores empleados en los ingenios textiles del sur y la acogida de inmigrantes en Ellis Island, en los años diez. Y le aproxima también a Atget, aquel gran artista de la fotografía que en los primeros años del siglo XX documentó su querida ciudad de París con el retrato más completo de una ciudad que ha sido hecho hasta el momento.

Esta es la tradición, pero Weegee pertenece a un tiempo posterior, a aquellos años que trajeron lo que, a falta de una expresión mejor, se ha llamado la fotografía «documental». En sentido práctico, ésta consistió fundamentalmente en dirigir muchas cámaras hacia la gente común, al medio en el que hallaban y a los problemas que tenían que afrontar en él. Este desarrollo de la fotografía fue consecuencia directa de los años de la Gran Depresión, cuando lo que le estaba ocurriendo a millones de americanos debía ser solucionado, tenía que ser dado a conocer para que se pusiese remedio.

LAS PLANTACIONES EN AMÉRICA

A través de Roy Stryker, oficial de la Farm Security Administration, el Gobierno federal envió a fotógrafos como Dorothea Lange, Ben Shahn, Russell Lee, Jack Delano y otros más, de una costa a la otra, con objeto de que dieran a conocer la situación en que se encontraba nuestra gente —los aparceros—. Moradores, blancos y negros, del sur; los Okies (así eran llamados en la prensa popular los inmigrantes del Estado de Oklahoma) en las carreteras hacia California; los parados en los pueblos y en las ciudades; la erosión de los seres humanos y la de la tierra… En este archivo, hoy en la Biblioteca del Congreso, se encuentra una de las fotografías más expresivas realizadas en América.

Y en esta misma época, la Photo League estaba dando a conocer a gente como Morris Engel, Sid Grossman, Walter Rosenblum y algunos otros que, como Weegee, se dedicaban a fotografiar a la gente corriente de Nueva York. El joven francés Cartier Bresson estaba por entonces realizando sus agudas, casi macabras observaciones de la gente en París, en España y en México con su cámara portátil. Helen Levitt, con una actitud más benévola, seguía una senda similar en sus delicadas fotografías de niños en las calles de Harlem.

Este es el rico patrimonio fotográfico al que Weegee aporta su particular cualidad de visión y sensibilidad. Su modo de tratar Coney Island es menos cálido y sutil que el de Morris Engel. Los maniquís que Atget fotografió en los escaparates de las tiendas parisinas eran humorísticos, encantadores. En Nueva York, éstos se han transformado para Weegee en muñecas de doscientos dólares, que asoman grotescamente por encima del empleado que se dispone a vestirlas. Weegee busca en Harlem violentos y brutales contrastes, sin la delicadeza de Levitt. Y sin embargo, todos estos fotógrafos revelan partes de la verdad y de la vida.

Weegee tiene un modo de mirar violento, abrupto y con un sentido infalible para el momento de máxima tensión. La crudeza de la luz del flash tiende a intensificar esta cualidad explosiva. También él, como Bresson, tiene un sentido muy agudo para lo macabro, a lo que añade una clara conciencia de aquellos elementos del entorno y de la situación que con frecuencia hacen aparecer a la gente de manera grotesca, y la deforman.

EL TALENTO PARTICULAR DE WEEGEE

Muchos de los temas de los que se ocupa este libro causan sensación; pero no es sensacionalismo lo que Weegee se ha propuesto conseguir. Estamos frente a un artista, a un hombre de sensibilidad honesta y fuerte. En los círculos de la vida donde él se ha movido y trabajado, estas fotografías registran con toda veracidad su modo de mirar. En ellas descubrimos una extraordinaria amalgama de humor sardónico, resentimiento frente a la injusticia, capacidad de apasionamiento y una compasión tintada de amargura. Parece que sus fotografías dijeran, una y otra vez: «Vaya, la vida tendría que tener alguna dignidad».

Considerado como un todo, se trata de un libro más bien triste, pues las gentes que aparecen en él son, de una manera u otra, víctimas de la ciudad. A uno le gustaría haber visto en alguna parte de él insinuaciones de ese realismo austero, del coraje e inagotable dignidad de los neoyorkinos, que tendrán buen cuidado de que esa gente no duerma para siempre cobijada en una escalera de incendios.

Tal vez Weegee haya proyectado otro libro para ofrecer ese Nueva York. Éste, en todo caso, revela con gran intensidad y honestidad una parte significativa de América. Y como tal, ocupa un lugar importante en el desarrollo americano de la fotografía como medio creativo de expresión

¿Quién fue Weegee?

Usher (y desde que llegó a América: Arthur) Fellig nació en 1899 en Lemberg (Ukrania), en el seno de una familia judía ortodoxa, emigrada en 1906 a Estados Unidos. Desde 1913, Arthur empezó a trabajar como fotógrafo callejero —retrataba a los niños del Lower East Side, montados en un pony de su propiedad— Fracasado el negocio (no daba para alimentar al pony), realizó todo tipo de oficios hasta que en 1921 fue contratado por The New York Times para ocuparse de los laboratorios fotográficos. En 1924 empezó a trabajar con la agencia gráfica de noticias Acme Newspictures (origen de la posterior United Press International), hasta que en 1935 decidió trabajar como free lancer. Es en esa época cuando empieza a utilizar el nombre que le ha hecho famoso. En 1938 obtiene permiso para sintonizar las frecuencias de radio empleadas por la policía de Nueva York. En 1941 realiza su primera exposición individual, organizada en Nueva York por la Photo League con el título: «Murder is My Business». En 1943, el MOMA adquiere cinco copias de Weegee. En 1945, publica su primer libro de fotografía periodística: Naked City (Essential Books), cuya crítica corresponde a este texto de Paul Strand. Aparecido originalmente en Pall Mall (Nueva York) vol. VI, nº 30 (22.07.1945).

© De la  edición original, Pall Malí  1945
© De la  traducción al  castellano, Rafael Llano  2005

El juego de la historia

La narración de los hechos históricos ha sido muchas veces fuente de inspiración literaria para el novelista, convencido de que la mera exposición de la realidad llega a superar, en fuerza dramática e intensidad, a las situaciones creadas por la más desbordada fantasía. El recurso, sin embargo, se presta a inevitables equívocos, puesto que el escritor, al dar vida a personajes y situaciones del pasado, introduce, de modo inevitable, aspectos imaginarios que dificultan, cuando no impiden, el conocimiento exacto de la verdad. Respecto a la descarada manipulación de la historia en perjuicio de personas e instituciones con fines comerciales, disponemos de numerosos y lamentables ejemplos actuales que no es necesario citar.

NO  CONFUNDIR AL  LECTOR

Naturalmente, que, cuando del ejercicio de novelar se trata, se han de permitir licencias a la creatividad del autor para que invente episodios o atribuya a sus personajes reacciones sobre las cuales no existen datos fiables. Pero, en tal caso, se deberían establecer con claridad las diferencias entre realidad y ficción, los hechos bien documentados de los imaginarios, con el fin de evitar innecesarios equívocos.

Al observar el panorama editorial de los últimos meses, vemos que han aparecido obras de tema histórico, tanto en su vertiente de investigación como en el género del relato novelado. Se han seleccionado algunos de estos libros que, curiosamente, centran su atención en la era de los viajes y descubrimientos en busca de nuevas rutas a través del océano Atlántico, iniciada en los dos países ibéricos, Portugal y España.

DESCUBRIMIENTOS Y CONQUISTAS

Los riesgos e ilusiones desplegados en tales aventuras ejercen todavía una indudable y merecida fascinación, que no ha disminuido con el paso de los siglos. A pesar del tiempo transcurrido, aún se mantienen numerosas incógnitas por descifrar, episodios oscuros por aclarar y personajes a los que es preciso reivindicar porque no se les ha hecho justicia.

Sobre la expedición marítima del portugués Hernando de Magallanes al servicio del rey de España, que finalizó Juan Sebastián Elcano, para demostrar con datos la esfericidad de la Tierra, el investigador británico Lawrence Bergreen ha publicado su obra Magallanes: Hasta los confines de la Tierra (Planeta, Barcelona, 2004). El autor reproduce con fidelidad los hechos, aunque su enfoque general descubre los prejuicios latentes en la cultura anglosajona, que atribuye a los españoles, venga o no a cuento, una actitud permanente de supuesta crueldad y sectarismo religioso. Curiosamente, los portugueses, nuestros compañeros de fatigas, son tratados, en términos generales, con mucha mayor comprensión y respeto.

Especialmente duro se muestra contra el papel de J. S. Elcano, al que considera desleal y rival de la gloria que corresponde a Magallanes. Inconvenientes de aceptar que, desde fuera, otros vengan a contar nuestra propia historia.

En este mismo apartado del libro histórico, ha publicado el profesor norteamericano Matthew Restall Los siete mitos de la conquista española (Paidós, Barcelona, 2004), donde se propone desmontar algunas versiones que alteran, con sus rasgos mitológicos, el auténtico carácter definidor del descubrimiento y conquista de América. Meritorio empeño, aunque esos mitos, muchos de ellos generados en las Américas, hayan sido rechazados desde hace muchos años por la historiografía española, mucho mejor documentada, que ha sabido prescindir de los rasgos propios del romanticismo decimonónico, ya superado en nuestro país.

RIESGOS DE LA NOVELA HISTÓRICA

Si  de los  trabajos  con  pretensiones científicas, pasamos al ámbito de la novela habría que comentar el libro de otro escritor foráneo, Edward Rosset, autor de Malinche (EDHASA, Barcelona 2004), donde se ocupa, a medias entre la novela y el mito, de narrar una visión personal de la vida de la joven Malinche, la compañera fiel de un imaginario Hernán Cortés, sin escrúpulos, astuto y valiente vencedor del imperio azteca. Sus amores con la joven Malinche responden a los más conocidos tópicos, carentes de rigor, que pueden, sin duda, confundir al lector crédulo o mal informado.

Por su parte, el profesor Núñez Ladevéze ha elegido en su reciente novela, El ímpetu del viento (Apóstrofe, Madrid, 2004), un camino distinto y personal para recrear a su modo un relato imaginario, pero anclado en una sólida base documental. Nos trasladamos, a través del relato del autor, al año 1460, cuando en Portugal la fiebre de los viajes por el Gran Océano, localizaba en el promontorio de Sagres y en Lisboa una intensa actividad científica y marinera. Mientras los estudios realizados por el infante don Enrique el Navegante facilitaban el desarrollo científico y tecnológico de las artes de la navegación, el puerto de Lisboa se convertía en base de lanzamiento de atrevidas expediciones hacia la costa africana, en el camino de las Indias.

PORTUGAL EN ESA ÉPOCA

Luis Núñez sitúa en torno a la capital lisboeta el núcleo central del relato, como escenario en el que los personajes, principales y secundarios, van a desempeñar el papel asignado a cada uno de ellos. La novela se adereza con los detalles definidores del espíritu de una época, marcada por el tránsito de la Edad Media al Renacimiento, abierta a los cambios, a la poesía y el arte, atrevida y sugerente, pero no exenta de conflictos religiosos, sociales y políticos.

Todos estos elementos se integran dentro del relato, encarnados en el ambiente refinado de los condes —Hubertus y Fiorina—, en el clima de estudio de las nuevas ciencias cartográficas, representado por el joven Andrés, heredero de la vieja sabiduría monástica; en el activo y emprendedor Juan Güiraldes, constructor de carabelas, sin que falten nobles ambiciosos, frailes iluminados o episodios galantes inspirados en la poesía, al itálico modo, sobre el modelo de Petrarca.

Una vez listo el decorado, se enlazan con habilidad los hilos de una trama que lleva, tras una rápida sucesión de episodios dramáticos, al sugestivo desenlace final. La flamante carabela Atlántida, bajo la dirección del marino de Huelva el capitán Alonso Sánchez, conduce a los condes y a Güiraldes, junto a sus familiares y amigos, superada una larga y peligrosa travesía, a unas tierras nuevas, símbolo de esperanza y salvación para todos ellos. La imaginación debe completar el resto, para identificar la naturaleza y el lugar de esa Tierra Desconocida.

LA ATLÁNTIDA, ANTESALA DE AMÉRICA 

¿Alcanzaron a vislumbrar los viajeros los restos de la fabulosa Atlántida, descrita por Platón? ¿O tal vez esa Atlántida fueron las primeras islas del continente a las que, treinta años más tarde arribaron las carabelas de Colón?

Sueños y mitos sirven al autor como elementos capaces de motivar a los personajes en su lucha por hacer realidad sus ilusiones. Cada uno de ellos aporta los mejores esfuerzos al éxito de la empresa, aunque ignoran el resultado final. Han de superar dificultades personales, rivalidades, celos y trampas de los enemigos, que forman parte del acontecer diario y como tal se afrontan. Luis Núñez ha construido un relato sólido, bien trabado, con numerosas referencias históricas, incluso técnicas en el-caso de la detallada terminología marina.

Elementos literarios que reproducen con fidelidad no solo el clima, sino también, a través de la amplia galería de personajes, el espíritu de una época tan rica en acontecimientos y matices como fue la última mitad del siglo XV. El autor mantiene una línea coherente, no se aprovecha de personajes reales, sino que los inventa para expresar con toda libertad sus opiniones y sentimientos.

Sin embargo, pese a reflejar un mundo imaginario, los hechos narrados, al menos en parte, bien pudieron haber ocurrido. Si la historia no sucedió como la cuenta el profesor Núñez, lo cierto es que parece bien inventada. «Si non è vero, è ben trovato».

El perfil del artista en la cultura náhuatl

La Historia General de las Cosas de la Nueva España, del franciscano Bernardino de Sahagún (ca. 1500-1590), es una auténtica enciclopedia de la vida en México antes de la conquista. Para describir en pocas palabras su naturaleza, digamos que tiene como antecedentes la existencia de la escritura jeroglífica y la de una escuela obligatoria para todos. Tal escritura llevaba consigo la presencia de bibliotecas y un registro material de los saberes, pero dependía mucho de la memoria viva, porque no era capaz de conservar todos los detalles. La poesía, por no ir más lejos —y se aprendía mucha poesía en esas escuelas—, no se escribe con «datos»: es necesaria la materialidad de las palabras, y para eso se acudía a la memorización.

Con la conquista se perdió la mayor parte de los documentos escritos, pero su contenido estaba en las memorias vivas de los antiguos alumnos de aquellas escuelas. Fray Bernardino recorrió muchos pueblos, acompañado por un equipo de indios trilingües —sabían náhuatl, español y latín—- con quienes realizó un auténtico trabajo de campo: recoger los recuerdos de boca de los ancianos. En palabras de un cronista de la época, fray Bernardino «escribió según lo que interrogó a los que eran ancianos en tiempos antiguos, a los que conservaban los libros de pinturas, según lo tenían pintado en ellas; así allá, en tiempos antiguos, los que eran ancianos. Gracias a ellos habló de todas las cosas que sucedieron en la antigüedad»1. Y entre esos recuerdos había de todo: teogonia, calendario, retórica, educación, moral, teología, meteorología, historia, organización política, tradiciones, cocina, oficios, anatomía, medicina, geografía humana, flora, fauna…

La Historia General está dividida en libros, como tantas obras antiguas. Una parte importante del libro X se la lleva una serie de descripciones que siempre me han causado maravilla, tanto por su contenido como por su forma. Son textos que trazan el perfil de numerosos tipos humanos, según el género, la edad, el parentesco, la profesión, la función social, etc. La particularidad de la forma reside en que, con raras excepciones, responde siempre a un esquema ternario, como se puede comprobar en la siguiente descripción del artista (llamado «tolteca» porque los habitantes de la antigua Tula quedaron para los nahuas como los artistas por antonomasia):

«TOLTECA: artista, discípulo, abundante, múltiple, inquieto.

El verdadero artista: capaz, se adiestra, es hábil;
dialoga con su corazón, encuentra las cosas con su mente.
El verdadero artista todo lo saca de su corazón;
obra con deleite, hace las cosas con calma, con tiento,
obra como un tolteca, compone cosas, obra hábilmente, crea; arregla las cosas, las hace atildadas, hace que se ajusten.
El torpe artista: obra al azar, se burla de la gente,
opaca las cosas, pasa por encima del rostro de las cosas,
obra sin cuidado, defrauda a las personas, es un ladrón2″

¿Por qué esta distinción entre la primera sección y la segunda, entre «el artista» y «el verdadero artista»?3. En estas descripciones las notas de la segunda son a veces cualitativamente superiores —describen lo que ahora se llamaría «la excelencia»—, pero es frecuente que se puedan intercambiar las secciones sin una alteración sustancial del esquema. Por otro lado, no se puede decir que la primera defina propiamente el término —que equivalga, diríamos, a lo que encontraríamos en un diccionario—, porque la mayor parte de las veces se presupone que uno ya sabe de qué se está hablando. De la madrastra, por ejemplo, se dice que es «aquella que se casó con algún hombre que tiene hijos de otra mujer», pero la descripción del tío empieza señalando que «tenían por costumbre estos naturales de dejarle por curador o tutor de sus hijos»4 y en ningún momento se dice que sea el hermano de un progenitor.

Esta interferencia entre la primera sección y la segunda me parece índice de una concepción de lo que los nahuas entendían por el bien: la conformidad con una naturaleza, con una índole, con una identidad.

Pero no termina todo aquí, pues las descripciones tradicionales náhuatl de los artistas están llenas de elementos que van más allá de la perfección técnica que les caracteriza. Junto a estos elementos, las descripciones presentan otros que trascienden las particularidades de cada una de las actividades y son de alguna manera comunes a todo el género «artista». ¿Qué sucede si se reúnen esos elementos comunes y se ordenan, tratando de cotejar las características del mal artista con las correspondientes del bueno? El resultado —la sustancia de mi propuesta— es la nueva descripción del artista que puede observarse en el esquema al final de este artículo5.

Ahora bien, si en él he conseguido separar las cualidades específicas de cada artista de las del artista en general, me ha resultado del todo imposible separar las que definen al artista de las que definen a la humanidad. Lo cual nos da a entender que no les era concebible a los nahuas una perfección técnica no acompañada por una perfección como persona.

Espero que el esquema que les voy a proponer ofrezca alguna luz, sin alterar por ello la autenticidad de estas descripciones. Me tranquiliza saber que el lector leerá primero los textos por entero, con lo que queda garantizada su autonomía con respecto a mi lectura final de síntesis.

DESCRIPCIONES ORIGINALES

La traducción de los textos que se recogen a continuación es de Miguel León-Portilla, y muy literal en el sentido de procurar que la derivación de las palabras en náhuatl se refleje en español. Por ejemplo, la palabra «mortecino», que se dice del mal alfarero y del mal artista de plumas de ave, traduce una palabra náhuatl que llevaba la raíz «muerte»*.

Fray Bernardina no llegó a ver impresa su obra. Por este motivo se conservan varias versiones manuscritas, entre las cuales están el Códice Florentino (CF), el Códice Matritense de la Real Academia de Historia (CMRAH) y los Cantares Mexicanos (CM). A las referencias a los códices añado entre paréntesis las publicaciones de León-Portilla donde es posible leer los textos

* Hago además algunos ajustes para simplificar el esquema, consistentes sobre todo en igualar algunos pasajes que en el original tenían la misma palabra y no en la traducción.

1. EL ALFARERO
(en adelante: AL)6
El que da un ser al barro:
de mirada aguda, moldea,
amasa el barro.
El buen alfarero:
Pone esmero en las cosas,
enseña al barro a mentir,
dialoga con su propio corazón,
hace vivir a las cosas, las crea.
Todo lo conoce
como si fuera un tolteca,
hace hábiles sus manos.
El mal alfarero:
Torpe, cojo en su arte,
mortecino.

2. EL CANTOR
(en adelante: CA)7
El que alza la voz,
de sonido claro y bueno,
da de sí sonido bajo y tiple.
Compone cantos, los crea,
los forja, los engarza.
El buen cantor:
De voz educada,
recta, limpia es su voz,
sus palabras firmes
como redondas columnas de piedra.
Agudo de ingenio,
todo lo guarda en su corazón.
De todo se acuerda,
nada se le olvida.
Canta, emite voces, sonidos claros,
como redondas columnas de piedra,
sube y baja su voz.
Canta sereno,
tranquiliza a la gente.
El mal cantor:
Suena como campana rota,
ayuno y seco como una piedra,
su corazón está muerto,
está comido por las hormigas,
nada sabe su corazón.

3. LA COSTURERA
(en adelante: CO)8
Cose con aguja,
zurcidora, hace costura,
diseña lo que hace.
La buena costurera:
Es artista
tiene mano de tolteca,
adiestra sus manos,
está dialogando con su propio
corazón,
calcula, diseña, cose.
La mala costurera:
Que hace hilvanes,
que revuelve las telas,
las enmaraña, sólo echa puntadas
sin tino.
Se burla de la gente, la ofende

4. EL GEMATISTA
(en adelante: G)9
Está dialogando con las cosas,
es experimentado.
El buen gematista:
Creador de cosas como un tolteca,
hace sus engastes,
crea como si fuera un tolteca.
Pule y bruñe las piedras preciosas,
las lima con arena fina,
les saca luz, las pule,
hace con ellas mosaicos.
El mal gematista:
Deja agujeros en las piedras,
las deja rotas, es torpe.
No encuentra placer en su trabajo.

5. EL NARRADOR
(en adelante: N)10
Donairoso,
dice las cosas con gracia,
artista del labio y la boca.
El buen narrador:
De palabras gustosas,
de palabras alegres,
flores tiene en sus labios.
En su discurso las consejas abundan,
de palabra correcta,
brotan flores de su boca.
Su discurso: gustoso y alegre
como las flores;
de él es el lenguaje noble
y la expresión cuidadosa.
El mal narrador:
Lenguaje descompuesto,
atropella las palabras,
labio comido, mal hablado.
Narra cosas sin tino, las describe,
dice palabras vanas,
no tiene vergüenza.

6. EL ORFEBRE
(en adelante: O)11
Experimentado,
que conoce el rostro de las cosas,
creador de cosas como los toltecas.
El buen orfebre:
De mano experimentada,
de mirada certera
prueba bien los metales, los pule.
Guarda sus secretos,
martillea los metales,
los funde,
los derrite,
los hace arder con carbón,
da forma al metal fundido,
le aplica arena.
El torpe orfebre:
Mete todo en las cenizas,
lo revuelve con ellas,
oprime las figuras, es ladrón,
tuerce lo que le enseñaron,
obra torpemente,
deja mezclar el oro con las cenizas,
lo revuelve con ellas.

7. EL PINTOR
(en adelante: PI)12
La tinta negra y roja*,
artista,
creador de cosas con el agua negra.
Diseña las cosas con el carbón,
las dibuja. Prepara el color negro,
lo muele, lo aplica.
El buen pintor:
Entendido, Dios en su corazón,
diviniza con su corazón a las cosas,
dialoga con su propio corazón.
Conoce los colores, los aplica,
sombrea; dibuja los pies, las caras,
traza las sombras,
logra un perfecto acabado.
Todos los colores aplica a las cosas,
como si fuera un tolteca,
pinta los colores de todas las flores.
El mal pintor:
Corazón amortajado,
indignación de la gente,
provoca fastidio,
engañador, siempre anda engañando.
No muestra el rostro de las cosas,
da muerte a sus colores,
mete a las cosas en la noche.
Pinta las cosas en vano,
sus creaciones son torpes,
las hace al azar,
desfigura el rostro de las cosas.

* Colores dominantes en los códices náhuatl.
La expresión equivale a «la sabiduría».

8. EL ARTISTA PLUMARIO
(en adelante: PL)13
Íntegro: dueño de un rostro,
dueño de un corazón.
El buen artista de las plumas:
Hábil, dueño de sí,
de él es humanizar
el querer de la gente.
Hace trabajos de plumas,
las escoge, las ordena,
las pinta de diversos colores,
las junta unas con otras.
El torpe artista de las plumas:
No se fija en el rostro de las cosas,
devorador, tiene en poco a los otros.
Como un guajolote
de corazón amortajado,
en su interior adormecido,
burdo, mortecino,
nada hace bien.
No trabaja bien las cosas,
echa a perder en vano cuanto toca.

9. EL POETA
(en adelante: PO)14
Comienzo ya aquí,
ya puedo entonar el canto:
de allá vengo, del interior de Tula,
ya puedo entonar el canto;
han estallado,
se han abierto las palabras y las flores.
Oíd con atención mi canto:
ladrón de cantares, corazón mío,
¿dónde los hallarás?
Eres un menesteroso.
Como de una pintura,
toma bien lo negro y rojo
y así tal vez dejes de ser indigente.

10. EL PREDESTINADO AL ARTE
(en adelante: PR)15
El que nacía en esas fechas [Uno Flor],
fuese noble o plebeyo,
llegaba a ser amante del canto,
divertidor, comediante, artista.

Tomaba esto en cuenta,
merecía su bienestar
y su dicha,
vivía alegremente, estaba contento
en tanto que tomaba
en cuenta su destino,
o sea, en tanto que se amonestaba
a sí mismo,
y se hacía digno de ello.

Pero el que no se percataba de esto,
si no lo tenía en nada,
despreciaba su destino, como dicen,
aun cuando fuera cantor
o artista, forjador de cosas,
por esto acaba con su felicidad,
la pierde.
No la merece.
Se coloca por encima
de los rostros ajenos,
desperdicia totalmente su destino.
A saber, con esto se engríe,
se vuelve petulante.
Anda despreciando los rostros ajenos,
se vuelve necio y disoluto su rostro
y su corazón,
su canto y su pensamiento.
¡Poeta que imagina y crea cantos,
artista del canto necio y disoluto!

11. EL SABIO
(en adelante: S)16
Una luz, una tea,
una gruesa tea que no ahúma.
Un espejo horadado,
un espejo agujereado
por ambos lados.
Suya es la tinta negra y la roja,
de él son los códices,
de él son los códices.
Él mismo es escritura y sabiduría.
Es camino, guía veraz para otros.
Conduce a las personas y a las cosas,
es guía en los negocios humanos.

El sabio verdadero:
Es cuidadoso
y guarda la tradición.
Suya es la sabiduría trasmitida,
él es quien la enseña,
sigue la verdad,
no deja de amonestar.
Hace sabios los rostros ajenos,
hace a los otros tomar una cara,
los hace desarrollarla.
Les abre los oídos, los ilumina.
Es maestro de guías,
les da su camino,
de él uno depende.
Pone un espejo delante de los otros,
los hace cuerdos, cuidadosos;
hace que en ellos aparezca una cara.
Se fija en las cosas,
regula su camino,
dispone y ordena.
Aplica su luz sobre el mundo.
Conoce lo que está sobre nosotros
y la región de los muertos.
Es hombre serio.
Cualquiera es confortado por él,
es corregido, es enseñado.
Gracias a él la gente humaniza
su querer
y recibe una estricta enseñanza.
Conforta el corazón,
conforta a la gente,
ayuda, remedia,
a todos cura.
El falso sabio:
Como médico ignorante,
hombre sin sentido, dizque sabe
acerca de Dios.
Tiene sus tradiciones, las guarda.
Es vanagloria, suya es la vanidad.
Dificulta las cosas, es jactancia
e inflación.
Es un río, un peñascal*.
Amante de la oscuridad y el rincón,
sabio misterioso, hechicero,
curandero,
ladrón público, toma las cosas.
Hechicero que hace volver el rostro,
extravía a la gente,
hace perder a los otros el rostro.
Encubre las cosas, las hace difíciles,
las mete en dificultades, las destruye,
hace perecer a la gente,
misteriosamente acaba con todo.

* Expresión equivalente a «un infortunio»

ALGUNAS OBSERVACIONES

Hago notar que en estas descripciones de artistas, hay un notable equilibrio entre técnica adquirida («experimentado», «se adiestra», «guarda sus tradiciones», «discípulo»), por un lado y espontaneidad por otro: «todo lo saca de su corazón», «diviniza con su corazón las cosas». El artista saca todo de su corazón, sí, pero después de haberlo guardado allí. Como fruto de tal armonía, «obra con deleite».

Es, por otra parte, una armonía de la que se tiene conciencia y que activamente se cultiva, pues el artista «dialoga con su propio corazón» y también «está dialogando con las cosas». La competencia técnica es fruto del esfuerzo del artista («hace hábiles sus manos»), pero hay algo gratuito, imponderable, que se expresa con el término yolteotl, «corazón endiosado» (como el enthousiasmós griego). Sin duda tiene algo de divino esa facultad de comunicar una naturaleza, ese «enseñar a las cosas a mentir» (el alfarero hace pasar por pájaro lo que sólo es barro).

Me parece claro que el corazón lleva aquí consigo una referencia a la interioridad, a una iniciativa. El contexto de creación artística y una particular recurrencia de los términos corazón y rostro, me animan a aventurar una lectura de cuyo cuño occidental, soy bien consciente, pero el lector puede juzgar a la vista de los textos.

Desde la idea de interioridad, pasando por la de espontaneidad (y la de iniciativa), propongo ver en el corazón un símbolo de la libertad. Si encontramos su correlato, la naturaleza, en el rostro, surgen varias correspondencias significativas. Digamos pues que el hombre tiene una naturaleza en cuyo núcleo hay una libertad. Se puede decir que él es propiamente libertad y tiene una naturaleza. Cada hombre debe formarse un rostro actuando desde su corazón, pero el punto de partida no es sólo corazón: posee un esbozo de rostro, sin el cual el corazón no tendría ningún criterio para actuar (para esto interviene el sabio con el espejo, como se lee en el último texto citado). A medida que el rostro se perfila, las virtualidades del corazón se incrementan, pues la posibilidad de la libertad se convierte en efectiva potencia en la medida en que la libertad puede hacer pie en una naturaleza para actuar. Por eso se dice del hombre maduro que es «dueño de un rostro y de un corazón»17.

En el texto sobre el sabio hay muchas alusiones al rostro y sólo una al corazón. En las descripciones de los artistas, en cambio, abundan las referencias al corazón, y cuando se menciona el rostro no es el del artista sino el de las cosas o el de los otros. Desde el punto de vista del binomio naturaleza-libertad, esto puede significar que en el mundo sólo encontramos naturaleza. Cuando debemos hablar sólo del hombre, nos podemos entretener mucho en la naturaleza (rostro) sin una necesidad absoluta de explicitar la libertad (corazón), pues ésta se sobrentiende (la naturaleza del hombre es ser libre). Pero como en el mundo sólo hay naturaleza, cuando se habla de él en su relación con el hombre salta a la vista lo específico de éste: la iniciativa, el corazón.

No obstante, no todo en el arte es tratar con naturaleza. De los malos artistas llama la atención lo acertado que es observar que no encuentran placer en su trabajo; que conservan sus tradiciones pero torciendo lo que les enseñaron; la ignorancia, la falta de cuidado, etc. Y destaca de modo particular el que tengan en poco a los demás, el ser una afrenta para ellos: la ineptitud no se queda en limitación técnica sino que implica una ofensa a los demás. En la medida en que el sujeto es humano, la técnica no puede ser nunca sólo técnica, ya que es propio del artista —se dice explícitamente del sabio y del artista plumario— humanizar el querer de la gente.

Paso, pues, a reunir en un esquema, como he prometido al principio, las características comunes a estas descripciones, tanto del buen como del mal artista, del que espero el lector pueda sacar sus propias conclusiones.

EL BUEN ARTISTA EL MAL ARTISTA
A • CUALIDADES GENERALES
Hábil PI Torpe Al, G
Capaz, múltiple, abundante, inquieto Ar Ayuno y seco como una piedra Ca
Entendido Pi Cojo en su arte Al
De mirada certera/aguda O, Al Burdo Pl
Agudo de ingenio Ca Poeta que imagina y crea canto, artista del canto necio y disoluto Pr
Tolteca (= artista) Ar, Pi, Co, N Obra en vano18 Pi, Pl, Co, N
Obra como un tolteca Ar, Pi
Tiene mano de tolteca Co
Todo lo conoce como un tolteca Al
Diseña obras como las de los toltecas G
Creador de las cosas como los toltecas O, G
Viene del interior de Tula Po

B • RELACIÓN CON LAS COSAS
Pone esmero en las cosas Al Obra torpemente O
Hace las cosas con calma, con tiento19 Ar Obra sin cuidado Ar
Hace vivir a las cosas Al Opaca las cosas Ar
Calcula, diseña Co Obra al azar Ar
Arregla las cosas, las hace atildadas, hace que se ajusten Ar Sus creaciones son torpes, las hace al azar Pi
Compone cosas Ar No trabaja bien las cosas Pl
Encuentra las cosas con su mente Ar Nada hace bien Pl
Conoce el rostro de las cosas O Mete las cosas en la noche Pi
Se fija en las cosas S No muestra el rostro de las cosas Pi
Está dialogando con las cosas G Pasa por encima del rostro de las cosas Ar
Conocedor G No se fija en el rostro de las cosas Pl
Crea Ar, Al, Pi Desfigura el rostro de las cosas Pi
C • ADQUISICIÓN DE UNA TÉCNICA
Guarda sus tradiciones Cu, S Tiene sus tradiciones, las guarda Cu, S
Guarda sus secretos O, Cu Tuerce lo que le enseñaron O
Discípulo Ar
De todo se acuerda Ca
Se adiestra20 Ar
Adiestra sus manos Al, Co
Experimentado21 O, G, Cu
De mano experimentada O
D • EL CORAZÓN DEL ARTISTA
Corazón endiosado Pi Como un guajolote de corazón amortajado22 Pl
Diviniza con su corazón las cosas Pi Corazón muerto, comido por las hormigas Ca
Todo lo guarda en su corazón Ca Nada sabe su corazón Ca
Todo lo saca de su corazón Ar En su interior adormecido Pl
Dialoga con su propio corazón Ar, Pi, Al, Co Mortecino Pl, Al
E • RELACIÓN CON LA GENTE
De él es humanizar el querer de la gente Pl,S Anda despreciando los rostros ajenos Pr
Ayuda, remedia, a todos cura Cu,S Se coloca por encima de los rostros ajenos Pr
Tranquiliza a la gente Ca Indignación de la gente Pi
Cualquiera es confortado por él S Se burla de la gente, la ofende23 Co, Cu
Conforta a la gente S Defrauda a las personas Ar
Tiene en poco a los otros Pl
Provoca fastidio Pi

F • CUALIDADES COMO PERSONA
Dueño de un rostro y un corazón Pl Necio y disoluto su rostro y su corazón Pr
Integro Pl Devorador PI
Dueño de sí Pl Se engríe, es petulante Pr
Ladrón de cantares su corazón Po No tiene vergüenza N
Enseña al barro a mentir Al Ladrón Ar, O, S
Engañador, siempre anda engañando Pi
G • PLENITUD COMO PERSONA
Vive alegremente, está contento Pr Acaba con su felicidad, la pierde Pr
Merece su felicidad y su dicha Pr Desperdicia totalmente su destino Pr
Obra con deleite Ar No encuentra placer en su trabajo G

 

BIBLIOGRAFÍA
Códice Florentino, Fray Bernardino de Sahagún, Archivo General de la Nación, México, 1979, 3 vols.
Códice Florentino, ed. facs., Giunti Barbera, Florencia 1979.
Códice Matritense de la Real Academia de la Historia, ed. facs. de Paso y Troncoso, vol.VIII, Madrid, fototipia de Hauser y Menet, 1907; citado por León-Portilla.
Ms. Cantares Mexicanos, Biblioteca Nacional de México, reproducción facsimilar de Antonio Peñafiel, México, 1904; citado por LeónPortilla.
Miguel León-Portilla, Filosofía náhuatl, UNAM-Institutode Investigaciones Históricas, México 1974- (FN)
IDEM, Toltecáyotl. Aspectos de la cultura náhuatl, FCE, México 1987. (Tolt).
IDEM, Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares, FCE, México. 1988 (AM).

 

NOTAS
1 Domingo Francisco CHIMALPAIN CUAUHTLEHUNITZIN, Memorial breve acercada la fundación de Culhuacán, París, Biblioteca Nacional, MS. mexicain, 74, fol-40 v; citado por Miguel León-Portilla, Bernardino de Sahagún, Pionero de la antropología, Universidad Nacional Autónoma de México – El Colegio Nacional, México 1999, p.203.
2 CF fol.15r-v = CMRAH fol. 115v-116r (AM 160 = FN 261), Para las siglas, vid. el Apéndice.
3 La traducción más inmediata para el adjetivo que distingue las secciones segunda y tercera
(cualli y amo cualli) es -bueno» y «malo».
4 Aquí sigo la traducción de Sahagún.
5 Una versión embrionaria de este esquema está incluida en mi artículo concepción náhuatl del hombre», Istmo, Z04 (1991). pp. 69-75. La elección de los textos dependió mucho del hecho de contar con la traducción de León-Portilla. Podría añadir otros artistas con la versión de Sahagún, pero su sensibilidad es tan diversa que dificultaría la unidad del resultado final. Me pareció oportuno incluir la descripción del sabio, porque los frutos del trabajo del artista con respecto a las demás personas coinciden en buena parte con los del sabio. Nótese cómo las parejas de valoraciones directamente opuestas no suelen pertenecer a la misma descripción. Que «obra con deleite» se dice del artista en general, pero que «no encuentra placer en su trabajo» se aplica al mal gematista; del alfarero se afirma que «pone esmero en las cosas», pero que «obra torpemente» se dice del mal orfebre.
6 CF fol. 29r = CMR AH fol. 124r (AM 162 = FN 267s).
7 CF fol. 18v-19r = CM fol. 118 (AM 166).
8 CF fol. 37r-v = C M R AH fol. 128v (Tolt 307).
9 CF fol. 16r-v = CMRAH fol. 116 (AM 164s).
10 CF fol. 26r (Tolt 201s).
11 CF fol. 15v-16r = CMRAH fol. 116 (AM 164).
12 CF fol. 18v = CMRAH fol. 117v (AM 161 = FN 267).
13 CF fol. 15v = CMRAH fol. 116 r (AM 161s = FN 266).
14 CM fol. 68r (AM 165s). Este texto —propiamente un poema— se encuentra también, con otra traducción, en Poesía náhuatl, paleografía, versión, introducción, notas y apéndices de Ángel María Garibay K., 2ª ed. (1ª: 1964-1968), Universidad Nacional Autónoma de México, México 2000, vol. III: Cantares mexicanos, manuscrito de la Biblioteca Nacional de México, segunda parte, pp. 41-42.
15 CF L. IV fol. 17r-v = CM fol. 300 (AM 167 = FN 262).
16 CF fol. 19r-20v = CMRAH fol. 118r (AM 123s = FN 65 y 73).
17 CMRAH fol. 109v (AM 147). Se dice también del artista plumario.
18 Pi: pinta las cosas en vano; Pl: echa a perder en vano cuanto toca; Co: sólo echa puntadas sin tino; N: narra cosas sin tino… dice palabras vanas
19 S: cuidadoso.
20 Al, Co: adiestra sus manos.
21 O: de mano experimentada.
22 Pi: corazón amortajado.
23 Ar: se burla de la gente.