Observatorio. Junio 1991

Redacción NR

Ñoñerías con la «Ñ»

Como si se tratase de una flor de primavera amenazada por la sensible helada, prendió la preocupación por el porvenir de la letra Ñ. El sentimiento nacionalista, cultural y lingüístico, se sintió ofendido porque, al parecer, las empresas multinacionales de informática consideran que incluir la Ñ en el teclado electrónico para satisfacer las exigencias de una sola lengua, por extendida que fuese, como la española, es un lujo demasiado costoso. Que la CEE respaldase más los criterios empresariales que los culturales provocó un gran alboroto, del cual lo más sorprendente fueron los gestos de sorpresa. Lo cierto es que hace tiempo que se venden en España teclados electrónicos sin la Ñ y sin que nadie rompiera una lanza por la conservación de la preciada letra. Pero hace más tiempo todavía que los teclados, empezando por los de las viejas linotipias y siguiendo por los de las máquinas de escribir convencionales, prescindieron de posibilitar que se tildasen las letras mayúsculas, como rige la norma ortográfica del español. Un periódico de prestigio, muy alarmado por la posible pérdida de la Ñ, se equivocó desde su nacimiento al no tildar el título de su portada y sigue firme en contribuir al error.

Torpezas y abusos contra el idioma, más perjudiciales que la pérdida de la Ñ, se programan en los nuevos planes de estudio de enseñanza obligatoria, donde la gramática y la literatura, la redacción y el estilo, han pasado a segundo plano. Los niños y adolescentes no estudian gramática ni cuidan la lengua; no aprenden a hablar y escribir correctamente, sino la terminología de una ciencia especializada, inútil para quienes no tengan pretensión de dedicarse a la lingüística. Eso es lo poco que hoy se enseña; ¿qué más dará perder o conservar una letra? Tan sencillo resulta adaptarse a la pérdida de una letra como a prescindir de la tilde en las mayúsculas. María Moliner suprimió de su Diccionario la CH y la LL, que tampoco figuran en los teclados como únicas.

En su propuesta de «ortografía fonémica del español», Mosterín asegura que «la desaparición de la letra H de la escritura española es completamente necesaria». En cuanto a la Ñ, apenas representa el 0,30%. Pero no se trata de alinearse con los intereses toscamente mercantilistas, sino de cooperar a coger el toro por los cuernos o de poner el dedo en la llaga que verdaderamente escuece, dejándonos de aspavientos repentinos. El problema no es la Ñ, sino la falta de atención en la enseñanza preuniversitaria al uso normativo del idioma, a la práctica cultivada de la lengua y a una instrucción humanística que sirva de medio integrador de los conocimientos especializados y profesionales.

Energía eólica

La energía de origen eólico tiene buen cartel entre los conservacionistas, como limpia y constantemente renovable. Se señala que la producción de la energía necesaria para el consumo de una ciudad de 250.000 habitantes, si se hace a partir del carbón, se traduce en emisiones de 2.500 toneladas de óxido de azufre, 1.500 de óxidos de nitrógeno, 375.000 de anhídrido carbónico, 125 de polvo y 20.000 de cenizas. La misma producción puede conseguirse con unos 3.000 aerogeneradores de pequeñas dimensiones.

Pero, siempre hay peros: las instalaciones, estilizadas y con cierta gracia -nuevos molinos de viento-, tienden a configurarse como «parques eólicos», que reúnen buen número de ellas, y tienen entonces una gran incidencia sobre el paisaje. En Gran Bretaña hay una que sobrepasa los 70 metros, y es así vez y media más alta que la columna de Nelson y casi tres veces más que los corpulentos robles del campo inglés.■

Efectos de la cocaína

Según últimas investigaciones desarrolladas en la Universidad norteamericana de Emory, se ha comprobado que el consumo de cocaína actúa sobre el cerebro provocando en él serias alteraciones cuya gravedad y alcance todavía están sin determinar.

Las células cerebrales se comunican entre ellas a través de un ácido que facilita su enlace, llamado dopamina. La cocaína actúa sobre este ácido bloqueando su acción, por lo cual se produce un «vacío» en el cerebro que le impide funcionar con normalidad y daña gravemente sus cualidades. Los experimentos realizados en el laboratorio inoculando cocaína en el cerebro de ratas mediante nuevas técnicas de trabajo, han permitido obtener conclusiones seguras. Además de bloquear las funciones mentales, parece que —tal como afirma el profesor Marcel Garnier (Francia)— la desaparición de la dopamina en determinadas partes del cerebro tiene que ver con la enfermedad de Parkinson y el desarrollo de la esquizofrenia.

Asimismo, la desaparición de la dopamina en el cerebro podría explicar la razón científica —hasta ahora desconocida— de los ataques de angustia, «síndrome de abstinencia» que afecta a los drogadictos cuando les falta la dosis de estupefaciente.