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Ver productosLa próxima celebración en Madrid de la sesión anual de la Asamblea del Atlántico Norte, reunión cualificada de parlamentarios de los Estados miembros de la OTAN, da pie a múltiples reflexiones, especialmente en un momento en que la política de seguridad atlántica, europea y española está llamada a escribirse de nuevo.
1 Oct 1991 - 3min.
En efecto, la seguridad occidental, en la que siempre, expresa o tácitamente, se ha integrado la española, ha dependido durante más de cuarenta años de la Alianza Atlántica, tal como fue establecida en el Tratado de Washington de 1949 y ha sido, desde entonces, liderada por los Estados Unidos. Se trataba, y aún se trata, de una organización político-militar destinada a defender las democracias eurooccidentales y norteamericanas de la amenaza procedente de la URSS.
Hoy la URSS está en trance de disolución, pero en su seno se renuevan desafíos a la seguridad común. Los conflictos durante décadas sofocados por su imperio cobran nueva vida. La difusión del poder económico, tecnológico, militar y político crean por doquier nuevos focos de tensión y otros tantos riesgos para la seguridad.
Simultáneamente, la noción de ésta última se ha profundizado, merced a un análisis cada vez más agudo de sus raíces, condiciones y dimensiones, a los que no son ajenos los trabajos emprendidos y realizados en el seno de la propia Alianza. Baste pensar en el famoso informe Harmel y todos los estudios y opciones que de él se derivan.
Por último, la globalización de los problemas y sus eventuales soluciones y la extensión de los escenarios de posibles conflictos ha dilatado el concepto de seguridad occidental, hasta trilateralizarlo primero, mediante la inclusión del Japón, y después se ha identificado con todo el hemisferio norte, de lo que la CSCE no es pequeño ejemplo.
Ante tal situación, ¿cuál es el futuro de la Alianza Atlántica? ¿El peso de sus respectivas dimensiones política y militar? ¿Su función ante la seguridad europea, la estabilidad de las nuevas democracias surgidas de las ruinas del comunismo, o los problemas que pueden plantearse fuera de su zona de responsabilidad? ¿Cómo han de relacionarse la Alianza y las instituciones a ella vinculadas con sistemas globales más amplios? ¿Cuál es la situación de España?
NUEVA REVISTA abre un debate sobre tales cuestiones en el cual participan autorizadas plumas nacionales y extranjeras: parlamentarios como Charlie Rose -presidente de la Asamblea del Atlántico Norte y miembro del Congreso de los Estados Unidos, Miguel Herrero de Miñón y Javier Rupérez-ex-embajador de España en la OTAN y portavoz del Partido Popular en el Congreso de los Diputados-; funcionarios internacionales, como Henning Wegener -secretario general adjunto de la OTAN- y Peter Corterier -secretario de la Asamblea del Atlántico Norte-, expertos militares, como los generales Salas Larrazábal y Michavila, y diplomáticos, como el embajador Max Kampelman, jefe de la delegación USA en la actual Reunión de la CSCE en Moscú.
Desde posiciones diferentes por razones de nación, profesión y actitud política, los autores abordan cuestiones como las antes mencionadas y coinciden en señalar la utilidad que, para el futuro de la seguridad regional y global, tiene la Alianza Atlántica y la aportación positiva que puede esperarse de las instituciones a ella vinculadas como la Asamblea del Atlántico Norte.