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El Jubilee Center for Character and Virtues de la Universidad de Birmingham y el Oxford Character Project de la Universidad de Oxford han elaborado este documento marco, que citó Edward Brooks, director ejecutivo del Oxford Character Project, en las jornadas sobre la «Educación del carácter en la universidad». Ofrecemos a continuación la traducción al castellano de ese escrito.



Introducción

Cuando hablamos del valor de la educación superior, el potencial de ingresos y la contribución económica son solo consideraciones parciales. El valor de una educación universitaria queda evidenciado en la vida de los graduados, su florecimiento personal [florecimiento, aquí y en el resto del documento, en el sentido de “vida lograda”, “vida que vale la pena ser vivida”] y su contribución al bien de la sociedad como conjunto. Esto se puede observar no solo en lo que hacen los estudiantes, sino en quiénes se convierten.

En los últimos años, muchas universidades han expresado su compromiso con un visón más comprometida de la educación superior. Términos como “pleno potencial”, “florecer”, “prosperar” y “bienestar”, aplicados tanto a los estudiantes como a las comunidades universitarias, tienen una fuerte presencia en los documentos referentes a la declaración de intenciones y misión de una institución. Cada vez más universidades hablan sobre el desarrollo de las “capacidades del graduado” y de las “habilidades del siglo XXI”; cualidades necesarias para poder manejarse en la cuarta revolución industrial y contribuir a una sociedad que cambia a un ritmo frenético.

Para satisfacer esta ambición, es importante la transmisión de conocimientos y habilidades específicas. Sin embargo, un enfoque exclusivo en el conocimiento y destrezas (a menudo destacadas para su carrea y por su valor económico) no es suficiente para conseguir los objetivos que las universidades se están marcando en el valor que buscan los graduados y estudiantes. Una tercera dimensión que resulta vital está encapsulada por los conceptos interrelacionados del “carácter” y el “florecimiento”. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos para darle un lugar de honor a este énfasis holístico, para muchos, este vocabulario dentro de la educación superior no es fácil. Es necesario aportar mayor claridad a un lenguaje todavía impreciso y subdesarrollado.

El objetivo específico de esta infraestructura es ayudar a estas instituciones a articular y organizar su misión para promover el florecimiento y el desarrollo del carácter de sus estudiantes. Reconocemos que las universidades “dan forma a la vida” y también el hecho de que muchas ya mencionen algunas cualidades específicas del carácter que desean desarrollar en sus estudiantes bajo la rúbrica de “resultados de los graduados”. Este marco no busca introducir un concepto ajeno o una agenda radicalmente nueva. El propósito es facilitar una taxonomía conceptual que contextualice y sitúe el cultivo del carácter y la prosperidad del estudiante como algo central en la educación superior actual.

Los discursos de graduación, las páginas web de las universidades o su declaración de intenciones claramente muestran que estas, en toda su diversidad, quieren dirigir a sus alumnos hacia unas vidas plenas como ciudadanos, profesionales y seres humanos; que contribuyan de forma significativa al bien común y proporcionen un sentido de propósito y significado real. Las universidades reconocen que la formación que imparten tiene un efecto en sus alumnos en formas que trascienden números y estadísticas. Su preocupación es educar a personas autónomas, fuertes, con una mentalidad clara y ética y para ello les presentan nuevas posibilidades y formas de vivir. Lo que les falta a las universidades, y lo que esta infraestructura pretende aportar, es un marco filosóficamente riguroso que sea posible llevar a la práctica.

Carácter y florecimiento

La idea de la formación del estudiante en las universidades viene comúnmente expresada en términos de mejora de las “habilidades del siglo XXI” o “capacidades de graduado”, necesarias si el estudiante quiere manejarse de forma triunfante en el mundo moderno, particularmente en el ámbito del trabajo. La conexión entre atributos de graduado y éxito profesional es fundamental, pero por sí sola es insuficiente.

Un término que está ganando protagonismo en algunos de los documentos de declaración de intenciones es el de bienestar eudemónico, definido como el florecimiento humano. Sin embargo, mientras que el concepto de prosperidad es prometedor para aquellos esfuerzos por ir más allá de las ideas estrictamente instrumentalistas de excelencia o éxito, también puede ser empleado de una forma que sea banal y anodina. En la tradición filosófica que viene de Aristóteles, el florecimiento es un término central; se refiere a la vida humana plena, en todas sus dimensiones: social, moral, emocional e intelectual. No se relaciona simplemente con el aspecto subjetivo de la realización humana, sino con el entendimiento real de los principales objetivos de la vida. (Kristjánsson, 2020).

El florecimiento implica varios factores socioeconómicos que son circunstanciales, pero también dependen fundamentalmente del reajuste de la excelencia humana a través de las fortalezas del carácter o la virtud: unas predisposiciones estables que combinen percepción, conocimiento, emoción, motivación y capacidad de reacción para responder de forma ejemplar a diferentes situaciones en distintas esferas de la vida humana.

Mientras que ciertas facetas de la personalidad de un individuo no son fáciles de cambiar, una vez alcanzada la edad adulta, algunos de los rasgos fundamentales del carácter: morales, cívicos, intelectuales y performativos (Jubilee Center, 2017) siguen siendo educables a lo largo de la etapa universitaria y posteriores. Poniendo el enfoque de forma más firme en la educación de estas virtudes y cómo éstas contribuyen al florecimiento del estudiante, las universidades pueden conseguir credibilidad académica y tracción práctica en su objetivo cada vez más claro de alcanzar este potencial.

Es más, este enfoque no queda limitado al desarrollo de virtudes individuales, sino que también aclara cómo el florecimiento de los estudiantes puede contribuir a la construcción de una sociedad sana, justa y próspera.

La educación superior hoy en día

Los conceptos del carácter y del florecimiento desde luego no son novedosos en la educación universitaria. El énfasis en la formación moral e intelectual de los estudiantes en virtudes como el pensamiento crítico, la honradez, caridad, trabajo, servicio, sabiduría y justicia, entre otros, están grabados en los lemas universitarios. De hecho, la orientación de la educación superior hacia el florecimiento humano ha sido fundamental para las universidades desde la fundación de las más tempranas instituciones medievales. En el siglo XX, estos asuntos fueron desplazados por consideraciones económicas y un enfoque en la expansión de la oferta universitaria, pero no han desaparecido. Surgen en el debate social sobre el valor de la educación superior y se le otorga un énfasis particular en situaciones que requieren una reflexión existencial como por ejemplo las ceremonias de graduación.


¿Qué es el carácter?

Hablar del carácter de un individuo es hacer referencia a quién es. Los rasgos del carácter son consistentes a través de las diferentes situaciones y esferas de la vida, pero no son inamovibles. El carácter puede ser cultivado y puede corromperse. Es multidimensional, combina el pensamiento, la emoción la motivación y la acción. Arthur (2019: 10-11) identifica algunos puntos clave:
  • Cambia con el tiempo: es maleable, no fijo.
  • Es visible en la conducta: implica una acción observable.
  • Es social: se forma dentro de contextos culturales concretos.
  • Implica elección y autonomía: es racional y libre, no ciegamente conformista.
  • Implica principios y convicciones: está íntimamente relacionado con cuestiones sobre el propósito y significado.

Las universidades de hoy se enfrentan a unos retos importantes para justificar el valor que estas proporcionan tanto a los estudiantes como a las sociedades que las subvencionan. Una suposición, por parte de todos, es que el propósito de la universidad debe ser integrado con el bien de sus comunidades locales, nacionales y globales. La pregunta clave es: ¿cómo creamos una cultura de educación superior en donde el valor es mayor que el precio, yendo más allá de la idea de que los estudiantes pagan por sus titulaciones simplemente para asegurarse un trabajo mejor pagado? ¿Cómo podemos crear comunidades universitarias que generen el deseo en los estudiantes para desarrollar el carácter, prosperar y promover el bien en la sociedad?

Mientras que un énfasis renovado del papel de las universidades en el ámbito ciudadano es importante, en estos momentos hay una notable brecha del carácter en la forma en la que esta misión de renovación y valoración se está ejecutando: más en términos de competición, presentación y economía (global y local) que en principios de una ciudadanía ética y democrática.

En lo que se refiere a las formas activas de la democracia ciudadana en relación con la misión cívica de las universidades, tales referencias generalmente acaban convirtiéndose en narrativas del estilo “una contribución positiva en las comunidades”, “voluntariado estudiantil” y “estudiantes como ciudadanos”. La idea de que las universidades aportan un espacio democrático reflexivo a través del cual las virtudes pueden ser expresadas y perfiladas, es gravemente subestimado. Es más, mientras que el estudio general de los programas de artes liberales ha estado asociado al desarrollo de ciudadanos educados, autónomos y liberales, hay un creciente reconocimiento de que, sin prestar atención a las relaciones morales, la destreza intelectual no es una garantía de un compromiso con el bien común.

El contexto sobre la contribución de las universidades al bien público está siendo cuestionado. Es necesario un esfuerzo común para examinar, movilizar y celebrar el papel de estas instituciones en la educación del carácter. Si las universidades en el Reino Unido realmente están en una encrucijada a la hora de ganar y mantener la confianza del público (Hudson and Mansfield, 2020), un giro explícito hacia el carácter que incluya una visión más clara de lo que supone para las universidades la promoción del florecimiento personal y social puede aportar ese redireccionamiento necesario hacia el bien común.


La educación del carácter en la educación superior. Principios fundamentales

  • El desarrollo del carácter es fundamental para la investigación, la educación y el propósito cívico de las universidades.
  • La buena educación superior implica la buena educación del carácter. Equipa a los alumnos para el trabajo y la vida.
  • El carácter contribuye al florecimiento humano y social, no solo a los intereses particulares del estudiante.
  • La educación del carácter equipa al estudiante con las virtudes intelectuales, cívicas y morales para tomar decisiones sabias y vivir bien dentro del marco de la sociedad democrática.
  • Los estudiantes deberían ser libres de decidir de forma crítica cómo llegar al desarrollo de su carácter y poner esas virtudes en práctica.
  • El carácter puede ser observado (a través del ejemplo) y enseñado en las universidades, pero debería ser deseado y buscado por el estudiante.
  • Las universidades tienen la responsabilidad de preparar a los alumnos para su vida profesional. Eso requiere también la adquisición de virtudes intelectuales, morales y cívicas.
  • El objetivo de muchas universidades es educar a ciudadanos responsables y líderes que contribuirán de forma positiva a los retos de un mundo que cambia muy rápido. La educación del carácter es esencial para ello.
  • La educación del carácter está atenta a la cultura. No es posesión de una única tradición filosófica. La destacan muchas culturas y puede utilizar recursos de diversas tradiciones.
  • El enfoque en el carácter y los valores ayuda a engendrar en los alumnos un sentimiento de pertenencia a una institución.
  • Los alumnos deben ser conscientes de lo que pueden hacer con lo que aprenden: un empoderamiento que viene de haber aplicado de forma exitosa su conocimiento a problemas reales e importantes en el mundo.
  • Una cultura universitaria que permite relaciones positivas, participación cívica y autodeterminación facilita la adquisición de un buen carácter.

La educación del carácter en las universidades

Cada universidad tiene una historia, ética y perfil institucional determinados y todas contribuyen a sus sociedades de formas particulares. Esto, naturalmente, queda reflejando en las virtudes que muestra en su carta de presentación. Sin embargo, mientras que el énfasis especifico de una institución es importante, el cultivo del carácter es fundamental para la investigación, educación y misión cívica de esa universidad. Para que la investigación pueda llevarse a cabo correctamente, las virtudes intelectuales como el pensamiento crítico, la falta de prejuicio y la honradez académica son esenciales. Estas virtudes de indagación son fundamentales para la exploración del conocimiento y entendimiento, que son los sellos distintivos de la educación superior.

A través de su estancia en la universidad, los estudiantes son introducidos en una cultura intelectual que los amolda para saber evaluar de forma crítica y justa diferentes tipos de argumentos y certezas. Se espera que interactúen de forma respetuosa y consciente con aquellos con los que no estén de acuerdo y que desarrollen la creatividad, criterio y buen juicio necesarios para formular hipótesis, evaluar pruebas, construir argumentos y a partir de debates y análisis complejos, llegar a conclusiones apropiadas.

Las universidades de hoy en día asocian la ambición intelectual a la misión cívica para educar a una nueva generación de ciudadanos y líderes responsables que contribuyan en las sociedades que les rodean (Brooks et al., 2019). Además de las virtudes intelectuales, el cultivo de las virtudes cívicas, como el servicio y el civismo, deberían formar parte de esta dimensión externa de la educación superior. También en qué se centran las universidades  a la hora de conseguir un impacto social concreto en un sector específico. De ese modo, ciertas virtudes especificas de una profesión se podrán dibujar de forma más clara. La compasión es importante para los futuros profesionales sanitarios, así como la creatividad y la perseverancia son necesarios para los aspirantes a empresarios o emprendedores. El momento en el que las universidades se centren en el desarrollo sostenible como parte de su misión institucional requerirá personal y estudiantes que demuestren responsabilidad y justicia social.

Por supuestos, los aspectos intelectuales y cívicos del carácter no pueden ser separados de la consideración acerca de lo que consigue una buena vida o una sociedad próspera. Están unidas a virtudes morales como justicia, valor, bondad, honestidad, humildad y compasión. Mientras que la idea de que las universidades modernas que cultiven el carácter moral de forma intencionada en su diverso alumnado no están libres de controversia, en realidad todas las instituciones tienen un efecto formativo en aquellas personas que la conforman.

Además de las categorías de virtudes intelectuales, cívicas y morales hay habilidades conductuales y capacidades psicológicas como la fortaleza, la perseverancia, colaboración y seguridad en uno mismo que son esenciales para que podamos poner en práctica las virtudes. Estas fortalezas de rendimiento actúan como músculos, permitiendo que los estudiantes se desarrollen personalmente a través de una gran variedad de campos. También dan apoyo al bienestar mental. En algunos documentos sobre la política de una determinada institución, el “desarrollo del carácter” se ha convertido en sinónimo del cultivo de fortaleza de rendimiento, mientras que este marco nos advierte sobre la instrumentalización del carácter, inseparable en esta ecuación. Debemos enfatizar que al igual que el carácter puede ser empobrecido a causa de la sobreestimación de estas fortalezas, también puede ser dañado al subestimarse. Subscribirse a una virtud moral no es suficiente, si no tienes, por ejemplo, la seguridad de mostrarla y la fortaleza de recuperarte de posibles fracasos para materializar los objetivos motivacionales de la virtud.

Una virtud del carácter fundamental en el ámbito universitario es la sabiduría funcional (phronesis). Esta es una metavirtud que liga las virtudes intelectuales, cívicas, morales y performativas. Es la cualidad general de saber qué debemos querer y lo que no cuando las exigencias de dos o más virtudes chocan, y a integrar estas demandas en un procedimiento adecuado. Por ejemplo, las virtudes ligadas al mundo empresarial o emprendedor pueden parecer que entran en conflicto con las virtudes de servicio y cuidado. La sabiduría funcional es la capacidad de razonar bien en relación con lo que es correcto e integrar las presiones emocionales, motivacionales, situacionales y competitivas en un procedimiento correcto. Vivir con la sabiduría funcional implica una reflexión, un juicio bien fundado y la enérgica promulgación de decisiones. La habilidad de aprender de la experiencia (errores y fracasos, pero también triunfos) es lo fundamental. Este tipo de sabiduría requiere la ausencia de prejuicios y el reconocimiento de la pluralidad de las cosas y situaciones que deben ser experimentadas. También conlleva la búsqueda activa y atenta de lo que es correcto, y esto es cultivado a través de la experiencia y la reflexión. Adopta su propia forma en la educación avanzada cuando los estudiantes se hacen dueños de su identidad y propósito en el mundo.


Las virtudes pueden ser clasificadas en categorías específicas (pero que se entremezclan con otros aspectos de la educación superior):

  • Virtudes intelectuales. Están relacionadas con la búsqueda de la verdad, el conocimiento y entendimiento, que son fundamentales para el tipo de investigación de alto nivel que caracterizan a la enseñanza e investigación universitarias. Esto incluye el pensamiento crítico, la humildad intelectual, ausencia de prejuicios y curiosidad sana.
  • Virtudes cívicas. Están relacionadas con el compromiso de las instituciones y de los estudiantes en sus contextos locales, nacionales y globales. Incluyen servicio, civismo, hospitalidad, ciudadanía y caridad.
  • Virtudes morales. Están relacionadas con la necesidad de los estudiantes de tener una conciencia ética clara en su trabajo y vida universitaria, así como un sentido de propósito que no termina con sus propios intereses, sino que ordena su ambición dentro de un compromiso con el bien común. Las virtudes morales son importantes en conexión con cuestiones como por ejemplo la honradez en la investigación y la interacción respetuosa con otros. También son esenciales para el florecimiento del campus y la vida en comunidad. Incluyen  la justica, valor y fortaleza, honestidad, humildad y compasión.
  • Fortalezas de rendimiento. Están relacionadas con los rasgos del carácter que tienen un valor instrumental a la hora de habilitar las virtudes intelectuales, morales y cívicas. Estas incluyen fortaleza, determinación, motivación y trabajo en equipo.
  • Sabiduría funcional. Es una metavirtud intelectual que guía al resto de virtudes. Su cultivo contiene a diferentes virtudes, navegando entre el exceso o la falta de carácter, y gobierna el desarrollo de la virtud en la acción práctica. Sobre la base de los rasgos de carácter cultivados a través del hábito en años anteriores, la sabiduría funcional reevalúa estos rasgos de forma crítica y permite compartirlos en la capacidad de una persona para razonar. Una de sus funciones principales es evaluar el peso de los valores competentes, procedimientos y emociones para poder escoger el camino más propicio para el florecimiento personal y social.

Educación del carácter

 


Respondiendo a objeciones

Por supuesto que hay complicaciones e inquietudes legítimas que hacen que la idea de la educación del carácter como un objetivo de las universidades sea una expectativa más complicada si la comparamos con la educación primaria o secundaria. Los estudiantes ya superan la mayoría de edad y han sido ya formados e instruidos en sus etapas vitales anteriores. Las universidades son espacios diversos con estudiantes de todo el mundo que vienen de contextos y tradiciones (filosóficas y religiosas) en donde cuestiones sobre valores y virtudes están profundamente arraigadas. La filosofía dominante en la educación avanzada prioriza la autonomía personal y muestra un nerviosismo generalizado sobre el peligro del adoctrinamiento.

Estas son cuestiones importantes para considerar, sobre todo, evitar el adoctrinamiento y el respeto por la autonomía del estudiante. Sin embargo, este marco no se encuentra en una burbuja teórica en lo referente a la formación del carácter en las universidades. En primer lugar, hay ciertas disciplinas dentro de las universidades en donde las preocupaciones relativas al carácter están, por decirlo de alguna manera, tejidas en su propia tela: disciplinas focalizadas al desarrollo de profesionales (éticos y eficaces) en áreas como la enseñanza, medicina, enfermería, abogacía, trabajo social y negocio (Jubilee Center, 2016).

En segundo lugar, mientras que debería ser reconocido que algunos alumnos universitarios están involucrados en áreas de estudios en las cuales el desarrollo del carácter personal no tiene la misma inquietud intrínseca, todos los cursos universitarios, independientemente de si son de artes, humanidades, ciencias sociales o ciencias (tecnología, ingeniería, matemáticas…), tienen un efecto en el carácter de aquellos que participan en él (Kiss and Euben, 2010). La pregunta es qué cualidades del carácter forma la educación universitaria y si este aspecto formativo sucede de forma intencionada. Es más, todas las disciplinas de las universidades tienen unas expectativas éticas y del carácter asociadas a ellas, sobre todo, aquellas que hacen referencia a la investigación ética y normas de la buena práctica académica.


El carácter y la sabiduría práctica pueden ser:

  • Descubiertos: la comunidad universitaria, los alumnos y el personal aportan el ejemplo, la influencia cultural y alentadora para un carácter particular, positivo, que motive y promueva el desarrollo de la personalidad.
  • Enseñados: la universidad aporta la experiencia educativa en todo el campus, que equipa a los alumnos con el lenguaje, sabiduría, entendimiento, habilidades y capacidades que permiten el desarrollo del carácter.
  • Buscados: la universidad proporciona oportunidades que ayudan a los estudiantes a buscar, desear y perseguir libremente el desarrollo del carácter.

En tercer lugar, las herramientas de la educación del carácter deben ser apropiados al contexto. Mientras que el hábito y la imitación dirigidas pueden ser apropiados en las primeras etapas educativas, el enfoque en la época universitaria debe centrarse en el carácter obtenido por el estudiante a través de su pensamiento crítico y reflexión. El papel del profesor debe ser de guía para ayudarles a reflexionar por sí solos en cuestiones de quiénes son y en quién se quieren convertir. Es esta meditación personal sobre el carácter, su desarrollo autónomo y su integración en la razón e identidad lo que propicia el florecimiento como adulto. En otras palabras, lo que se conoce como “educación del carácter” en la etapa universitaria se diferencia claramente a sí mismo del desarrollo del carácter en las etapas tempranas del sistema educativo.

Cómo cultivar el carácter en la educación superior

Si el desarrollo del carácter en las universidades es inevitable, incluso deseada, sería mucho más beneficioso (siendo acorde con la naturaleza investigadora de la universidad) que ese desarrollo sea abierto e internacional. Esto se aplica tanto a las virtudes específicas del carácter que promueve la institución como a los métodos para cultivarlos. Una pregunta clave es cómo puede ser el carácter cultivado de forma legítima en una universidad moderna y plural. Al no existir un único modelo de lo que es una universidad, no hay una guía estándar a seguir. Sin embargo, sí que existe una larga trayectoria de investigación filosófica y mucho trabajo reciente en el campo de la psicología y la educación de donde podemos conseguir esta información.

Aristóteles postulaba que las virtudes son cultivadas a través de las relaciones y de forma dinámica; a través de la imitación de las personas que consideramos ejemplares y a través de la práctica repetitiva. “Nos convertimos en constructores cuando construimos y nos convertimos en arpistas tocando el arpa. De la misma forma, nos convertimos en personas justas a través de las acciones justas” (Aristóteles, 1999, 1103a34-1103b2). Esta idea de crear hábito es apoyada por estudios recientes de piscología social y cognitiva y actúa como el fundamento de la educación del carácter. Los rasgos del carácter no son inherentes a un individuo. Son cultivados de forma activa y continua a través de la práctica. Sin embargo, mientras que el hábito es fundamental, el énfasis en la educación superior, en donde los estudiantes son adultos maduros, debe estar dirigido a una creación de hábito racional, reflexivo y autodirigido, en vez de ser algo imitable. El cultivo de la sabiduría práctica a través de la reflexión de la experiencia personal surge por sí mismo en los contextos universitarios. Los alumnos no tienen la experiencia vital necesaria para obtener este tipo de sabiduría en esta etapa, pero desde luego pueden aprender a apreciar el valor que tiene y desarrollar prácticas vitales que los lleven a ella.

Una síntesis de la investigación llevada a cabo en educación, filosofía y psicología (Lamb et al., 2021) ha identificado siete métodos de desarrollo del carácter que pueden ser aplicados en los contextos universitarios: hábito a través de la práctica, reflexionar sobre la experiencia personal, compromiso con ejemplos virtuosos, diálogo que incremente la alfabetización de la virtud, conversaciones sobre las variables situacionales, recordatorios morales que resalten las normas y amistades de responsabilidad mutua.

Si debemos ayudar a los estudiantes a cultivar cualidades del carácter que sean deseables y sabiduría práctica, entonces las universidades deben pensar en cómo ellos persiguen que la educación del carácter sea intencionada, planeada, consciente y reflexiva. Esto quiere decir que deben considerar cómo se descubre, se enseña y se busca el carácter.

¿Dónde colocar la educación del carácter en las universidades?

El cultivo del carácter puede estar enfocado a contextos específicos dentro de la educación superior. Si las virtudes son importantes para aprender una disciplina concreta, pueden ser enfatizadas dentro de programas de estudio específico. La educación general o los programas extracurriculares pueden ayudar a los estudiantes a reflexionar sobre su objetivo vital y desarrollar el carácter necesario para una ciudadanía y liderazgos responsables. Sin embargo, la naturaleza formativa de las universidades como instituciones implica que la educación del carácter no puede estar limitado únicamente a estos contextos. Para que las universidades se tomen en serio su papel en el cultivo del carácter es necesaria una consideración más extensa de la vida universitaria.

  • Cultura: ¿Cuáles son los valores de la universidad? ¿Cómo están representados en la práctica? Las prácticas institucionales, los incentivos y las expectativas sociales, ¿apoyan o desautorizan el cultivo del carácter?
  • Enseñanza: ¿Qué lugar tiene en la enseñanza (formal o informal) la consideración para un marco ético y conceptos del carácter y formación personal? ¿Cómo personifican los profesores universitarios las virtudes de investigación que su disciplina demanda y promueve? ¿Qué papel jugaría la consideración del carácter en transformar la enseñanza de transaccional a transformacional?
  • Compromiso online: el aprendizaje online y mixto ofrece el potencial para flexibilizar y ampliar el alcance de la educación superior. En el mejor de los casos, permite un mayor grado de interacción personal entre profesorado y estudiantes, pero también puede causar que tanto la enseñanza como el aprendizaje sean más funcionales y menos formativas. ¿Qué papel juega la educación del carácter en los planes de la universidad de expandir su oferta al ámbito online?
  • Investigación: ¿Qué tipo de investigaciones se están llevando a cabo en las universidades que estén relacionadas con el desarrollo del carácter? ¿Son valorados los aspectos que tengan que ver con la visibilidad del carácter? ¿Qué virtudes son necesarias para los buenos investigadores en diferentes ámbitos? ¿Cómo son cultivadas en el currículo sobre la ética investigadora?
  • Actividades extracurriculares: ¿Qué papel juegan las actividades extracurriculares como deporte, música, teatro o el liderazgo de las sociedades estudiantiles en la formación del carácter? ¿El papel formativo de estas actividades es valorado y apoyado de la manera que corresponde?
  • Apoyo estudiantil: ¿Cómo pueden los servicios de apoyo al estudiante ser proactivos a la hora de promover una formación del carácter positiva? ¿Qué cualidades del carácter son necesarias para navegar de forma exitosa las presiones de la vida universitaria? ¿Cómo son usadas las virtudes personales como recurso para proteger la salud mental de los alumnos?
  • Servicios profesionales: ¿Se es consciente de la importancia del carácter en la practica profesional? ¿Cómo abordan los asesores las preguntas sobre vocación y servicio? ¿Cómo se alienta y apoya a los alumnos a identificar y cultivar el carácter necesario para la buena práctica en sus futuras carreras? ¿Cómo pueden los exalumnos ayudar a entender la importancia del carácter y la sabiduría en el lugar de trabajo?
  • Admisiones: ¿La universidad es sincera sobre las cualidades del carácter que busca cultivar junto con los otras capacidades del graduado? ¿Cómo se tienen en cuenta en las admisiones las cualidades de carácter relevantes para el potencial de un solicitante en su campo de estudio?

Poner el armazón en práctica

Este marco no pretende aportar una única guía de actuación para la educación del carácter en las universidades. Estas propuestas son para ayudar a los lideres de las universidades y sus trabajadores (en asociación con los estudiantes) a avanzar en la educación del carácter en su propio contexto. Los dirigentes universitarios deberían considerar:

  • Establecer un grupo de trabajadores y estudiantes para considerar la naturaleza y el lugar que la educación del carácter tiene en su institución.
  • Hacer que su visión de educación del carácter sea explicita para todos: trabajadores, estudiantes, posibles nuevas incorporaciones y el público en general.
  • Detallar y hacer que estén públicamente visibles aquellas virtudes que se consideren fundamentales para la vida de la universidad.
  • Asegurarse de que su visión se centre no solo en potenciar el conocimiento de sus estudiantes en la materia o el desarrollo de sus habilidades para su futura carrera, sino también el desarrollo del carácter.
  • Establecer grupos distribuidos por toda la institución para asegurar que su visión sobre la educación del carácter es visible e implementada.
  • Ofrecer a su personal desarrollo profesional, particularmente en aquellos roles que ayuden al estudiante y ofrezcan consejo sobre cómo apoyar el desarrollo del carácter.
  • Introducir programas sobre el desarrollo del liderazgo en los estudiantes de forma extendida, así como estrategias y habilidades.

El personal en las universidades debería considerar:

  • Cómo asegurar el enfoque legítimo en sus enseñanzas para cultivar las virtudes intelectuales y la sabiduría.
  • Detallar las virtudes que son fundamentales en sus disciplinas y los diferentes programas asociados a su estudio.
  • Ayudar a los alumnos a hacer una conexión clara entre la practica ética en el ámbito profesional y la teoría y la práctica del desarrollo del carácter, así como la importancia de la sabiduría aplicable.
  • Resaltar las cualidades de la tutorización personal, la mentoría y la atención espiritual de sus estudiantes, asegurando que se centran en el desarrollo de las cualidades asociadas al florecimiento individual.
  • Animar a los nuevos estudiantes a reflexionar sobre lo que esperan obtener de su educación universitaria para poder aclarar su propósito en la vida.
  • Proporcionar a los estudiantes oportunidades reales para “poner a prueba” su carácter a través de la enseñanza y del aprendizaje, así como actividades extracurriculares (voluntariado).
  • Evaluar a los estudiantes basándose en su carácter y sabiduría, así como su actividad.
  • Ayudar a los estudiantes a hacer la conexión entre su propio desarrollo del carácter y como éste responde a los retos locales, nacionales y globales.

Conclusión

El valor de la educación superior es observable en las vidas de los estudiantes, no solo en lo que hacen o sus futuros trabajos, sino en cómo contribuyen a la sociedad y en quién se convierten. El nerviosismo asociado a que la educación del carácter puede violentar el respeto por la autonomía es comprensible, pero el hecho de que las universidades abandonen la educación del carácter en estos términos implica poca visión de futuro. Las universidades dan forma al carácter de los estudiantes independientemente de si son conscientes de ello o no. La pregunta correcta es qué cualidades del carácter están siendo formadas a través de la educación superior y hasta qué punto con propósito. Este marco ha presentado un acercamiento intencionado y alentador para la educación del carácter en universidades. Respeta la autonomía y diversidad del alumnado y quiere contribuir a solucionar los problemas fundamentales de la educación superior. Si las universidades están realmente comprometidas a ayudar a sus estudiantes y, por consiguiente, a impulsar el florecimiento de la sociedad, la educación del carácter no puede ser olvidada.


Bibliografía

—Aristóteles. (1999) Nicomachean Ethics (Traducida por T. Irwin), Indianapolis: Hackett.

—Arthur, J. (2019) The Formation of Character in Education: From Aristotle to the 21st Century, Abingdon: Routledge.

—Brooks, E., Brant, J. and Lamb, M. (2019) ‘How Can Universities Cultivate Leaders of Character? Insights from a Leadership and Character Development Program at the University of Oxford’, International Journal of Ethics Education, vol. 4, pp. 167-182.

—Hudson, L. and Mansfield, I. (2020) Universities at the Crossroads: How Higher Education Leadership Must Act to Regain the Trust of Their Staff, Their Communities and the Whole Nation, London: Policy Exchange.

—Jubilee Centre for Character and Virtues (2016) Statement on Character, Virtue and Practical Wisdom in Professional Practice, Birmingham: Jubilee Centre for Character and Virtues, University of Birmingham.

—Jubilee Centre for Character and Virtues (2017) A Framework for Character Education in Schools, Birmingham: Jubilee Centre for Character and Virtues, University of Birmingham.

—Kiss, E. and Euben, J. P. (2010) ‘Debating Moral Education: An Introduction’, In Kiss, E. and Euben, J. P. (Eds.), Debating Moral Education: Rethinking the Role of the Modern University (pp. 3–26), Durham, NC: Duke University Press.

—Kristjánsson, K. (2020) Flourishing as the Aim of Education: A Neo-Aristotelian View, Abingdon: Routledge.

—Lamb, M., Brant, J. and Brooks, E. (2021) ‘How is Virtue Cultivated? Seven Strategies for Postgraduate Character Development’, Journal of Character Education, vol. 17, no. 1.

[Este documento marco ha sido elaborado por el Jubilee Center for Character and Virtues de la Universidad de Birmingham y el Oxford Character Project de la Universidad de Oxford, en consulta con dirigentes universitarios de alto nivel, y especialistas académicos en educación superior, de universidades del Reino Unido, EE. UU., Asia y Europa].

[Traducción del inglés: Ana Fernández Míguez.
Edición y subrayados: José Manuel Grau Navarro]


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