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Ver productos1 Jun 1993 - 13min.
En esta España agitada, tan revuelta de crisis política y elecciones, de ambigüedades y contrastes, de héroes y villanos que cambian al compás del color del cristal con que se mire, los libros muestran una parte de ese decorado nacional del que son una parte activa.
El lector no avisado podría frotarse los ojos, incrédulo, al contemplar el variopinto escaparate de novedades: la Década Roja
, de Francisco Umbral (Edit. Planeta, 379 págs.) junto al Madrid de Corte a Checa
, de Agustín de Foxá (Edit. Planeta, 416 págs.), La pasión Turca
, de Antonio Gala (Edit. Planeta, 346 págs.), junto a las recetas de Raffaella Carrà, (Ediciones B
) con las Memorias, entendimientos y voluntades
del inefable don Camilo José Cela (Plaza-Janés/Cambio 16, 375 págs.) como telón de fondo.
Cuesta asimilar la incoherencia en los éxitos de tan diversa producción editorial, situación que no se agota con los títulos citados, sino que multiplica su complejidad al reunir entre los libros más vendidos el buen hacer literario de las interesantes memorias de Torcuato Luca de Tena Franco Sí, pero…
(Edit. Planeta, 464 págs.), con el lenguaje bronco, propio del submundo del sexo, la pornografía y la droga, narrado por Juan Madrid en su relato Días contados
(Edit. Alfaguara, 266 págs.). Pero así están las cosas y da la impresión de ser cierto que hay gente para todo y que sobre gustos no hay nada escrito.
Cuando menos podía imaginarse, el relato testimonial Madrid de Corte a Checa
, de Agustín de Foxá, ha vuelto con más de medio siglo, a reverdecer viejos laureles. Unos laureles que parecían olvidados para siempre, dados los cambios sociales y políticos operados.
Y es que la historia, como la literatura, se repite. O tal vez será -contra lo que predican algunos políticos optimistas- que no hay nada irreversible. Para los que no vivimos la guerra civil, Madrid de Corte a Checa
es un relato espeluznante. Para nuestros hijos, algo que sería mejor olvidar. Sin embargo, ahí está la pluma de Foxá, que emociona, enternece y espanta, recogiendo personajes, hechos ciertos y odios irracionales que, estos sí, hemos de confiar que sean, para siempre, irreversibles.
Siguiendo en la línea de los curiosos contrastes apuntada, Francisco Umbral ofrece una versión propia de esa prodigiosa Década Roja
representada por los diez años de Gobierno socialista en España. En verdad, el libro rezuma esas desilusiones de ex-enamorado en las que no faltan matices de resentimiento.
Es natural. Pocos escritores en las filas del progresismo de izquierdas pusieron tantas esperanzas en el joven socialismo hispano como Umbral. Sus crónicas de la época mostraban sin recato claros sentimientos de ternura socialista, aderezados con finos recortes estéticos. Todo ello, por supuesto, escrito con el estilo sugestivo y brillante que ha hecho de Francisco Umbral uno de nuestros más depurados prosistas de los últimos años.
Los tiempos han cambiado bastante. Ahora ya no solicita Umbral del Presidente de Gobierno que extreme sus rigores contra los oponentes, sino al contrario. Vivir para ver. Aunque la actitud de Umbral, como la de Antonio Gala, dadas las características de ambos, muestran un cambio profundo de la realidad española. El desmarque de posturas anteriores no es táctico, sino personal, puesto que su reconocida vena crítica no ha sido mitigada por, ni desde, el poder.
Volviendo al ámbito literario, el dramaturgo Antonio Gala, que ha pasado del teatro a la novela al obtener el premio Planeta con su Manuscrito Carmesí
, parece decidido a continuar los caminos de la prosa. Al recordar la calidad mostrada en el citado Manuscrito, muchos lectores esperábamos encontrar en La pasión turca
el mismo estilo preciosista y finura literaria de la novela anterior.
Esperanza frustrada, porque Gala, para desagradable sorpresa, ha elaborado lo que parece un producto comercial de encargo, destinado al consumo. El argumento narra una historia entre el folletín y el melodrama televisivo, de joven española enloquecida por los favores de un atractivo amante turco. Así las cosas, la chica le persigue con ahinco, tras abandonar una cómoda situación familiar y un marido aburrido que se muestra incapaz de cumplir sus deberes sexuales.
Con tales inicios, el desarrollo de la trama va ganando en intensidad y lugares comunes. El amante turco se harta de la española y la dedica a la prostitución para favorecer sus negocios con la droga, acabando por caer en brazos de una nueva amante. Como no es de extrañar, a la española burlada no le queda otra salida que el suicidio.
El estilo, cosa extraña en Gala, no está cuidado y participa de la misma vulgaridad y aire tópico del argumento. Dicho esto, basta aclarar que la novela de Gala ha pasado a ocupar los primeros lugares en las listas de libros más vendidos. El objetivo comercial se ha cumplido.
La publicación de las Memorias de Camilo José Cela, ha despertado la natural curiosidad propia de una figura de tan recia y original personalidad literaria como la de nuestro premio Nobel de Literatura. Son memorias parciales, puesto que sólo abarcan los primeros años de infancia y juventud de don Camilo.
Los hechos narrados se refieren al período que va desde su nacimiento, 1916, a la publicación de La familia de Pascual Duarte
, ya en el Madrid de posguerra (1942), cuando el autor contaba 26 años. Antes de emitir una valoración global de las Memorias de Cela ya completas, será necesario aguardar los tomos posteriores.
Hasta el momento, junto a detalles jocosos y divertidos al uso celiano, no hay gran cosa que destacar, ni desde el punto de vista histórico, ni del personal-humano, ni del costumbrista. No faltan alusiones al clima social y cultural de una España que camina entre Monarquía, Dictadura y República hacia la guerra civil y primeros años de paz. Pero son referencias en clave de caricatura, próximas al esperpento, que derivan con frecuencia hacia lo chusco o grotesco.
Nos quedamos sin saber, de verdad, cómo y quién es el Cela auténtico, oculto bajo múltiples capas tan variadas e ingeniosas, como densas. Es posible que los próximos volúmenes aclaren sus perfiles, que Cela deje de actuar como Cela y nos permita conocer el verdadero rostro humano de Camilo José.
Dentro del ámbito de las Memorias, Torcuato Luca de Tena continúa con la publicación de las suyas en el reciente libro Franco Sí, pero…
, obra galardonada con el premio Espejo de España 1993 que concede la editorial Planeta. La acción comienza al final de la Guerra Civil, justo donde termina el tomo precedente de sus Memorias titulado Papeles para la pequeña y la gran historia
.
Sin embargo, los dos primeros capítulos se ocupan todavía de hechos, circunstancias y personajes referidos a los primeros tiempos de la guerra, en particular de la España de Franco. Gracias a su capacidad evocadora, buena memoria y adecuada documentación, Torcuato Luca de Tena, dibuja con trazos llenos de colorido un cuadro realista de los primeros años de posguerra.
Estudios universitarios, modos y costumbres de aquella España, circunstancias familiares, primeros amores adolescentes, visión de la guerra mundial, de la política y régimen de Franco, se unen a la peripecia personal y humana del joven Torcuato Luca de Tena. En esos años, tendrá la oportunidad de conocer América, al ser nombrado su padre, Juan Ignacio, embajador en Chile.
Al regreso, la huella de la América hispana quedará para siempre incorporada de modo perceptible a su propia biografía. Son de gran interés los hechos relacionados con la España de los años cuarenta. Narra el autor sus viajes por la Europa en guerra, la visita a don Juan de Borbón en compañía de su padre, primeros años de periodismo en tiempos de censura, y felices meses de milicia universitaria en La Granja.
Viene después el período de corresponsal en Londres, matrimonio, familia, dirección de ABC, gran éxito de su crónica del regreso de los prisioneros españoles en Rusia y participación en una candidatura monárquica derrotada en la España de Franco (1954). Con este suceso, anecdótico y significativo, finaliza el segundo tomo de memorias de Luca de Tena.
No puede evitar el escritor sus inclinaciones hacia la literatura, al referirse a ciertos episodios que fueron para él de una particular significación. Historia, biografía y vida se integran con habilidad narrativa y llegan a formar una serie de novelas cortas, cuyo nexo de unión es el propio Torcuato Luca de Tena.
Relatos novelados de tensión y aventura, como las gestiones europeas de su padre Juan Ignacio, comisionado por el general Mola; de profundo dramatismo, como el hundimiento del buque español Monte Gorbea; de humor, como las anécdotas de prácticas de milicias en el Pirineo o de hondas calidades humanas, como el encuentro con los prisioneros de la División Azul a su regreso a España.
Los sentimientos y convicciones del autor quedan bien patentes, desde el principio. Asume con emoción y ternura las tradiciones familiares, tanto de carácter religioso -afirma su catolicismo expresamente- como político, al declararse monárquico y fiel a la persona de don Juan en momentos difíciles.
Abdicar de esta fidelidad, aunque solo hubiera sido para evitar fricciones con los poderes de la época, le habría servido para su promoción personal y profesional en el periodismo español. Prefirió salvaguardar su dignidad y su libertad, sin ceder nunca a presiones extrañas. Actitud que le ha acompañado durante su vida y que le permite hoy mantener íntegro su prestigio de escritor, historiador y novelista que solo se guía por normas de su conciencia independiente.
La muerte de don Juan, Conde de Barcelona y padre del rey don Juan Carlos I, ha suscitado gran interés hacia su persona, al mismo tiempo que resaltaba el papel, tan callado y discreto como esencial, desempeñado en la reconciliación social y normalización política del último medio siglo de historia española. En este sentido, ha cobrado de nuevo plena actualidad la biografía de José María Toquero Don Juan, el rey Padre
, editada por Plaza-Janés el pasado año 1992, tal vez una de las más extensas, completas y bien orientadas de las publicadas hasta la fecha.
La popularidad y el cariño que despierta actualmente la monarquía en España, explican el éxito alcanzado por dos libros en los que don Juan Carlos y doña Sofía figuran como protagonistas. El primero, titulado El Rey
(Edit. Plaza-Janés) reproduce el contenido de una serie de conversaciones celebradas entre el monarca y José Luis de Vilallonga.
El segundo, Sofía de Grecia, La Reina
, (Edit. Tibidabo) es una biografía humana, directa y personal de la reina de España, escrita por el periodista Fernando Rayón, autor de varios libros-reportaje sobre los reyes.
Las conversaciones entre S.M. el Rey y J.L. de Vilallonga descubren hechos históricos fundamentales vistos por alguien que, como don Juan Carlos, los protagonizó paso a paso, día a día, como testigo de excepción. El Rey se muestra distendido, sereno y lúcido en el análisis de los hechos, que se encadenan así con toda naturalidad, sencillos y precisos, tal como sucedieron.
Siguiendo el hilo de estas conversaciones
, queda al descubierto una faceta de la personalidad de don Juan Carlos que no siempre ha sido debidamente apreciada: su capacidad para tranquilizar situaciones crispadas, anular conflictos, pacificar ánimos exaltados. Signo de moderación, resuelto muchas veces con una sonrisa contagiosa que hace volver las aguas a su cauce normal.
Aún a riesgo de ser tachado de providencialista, a uno le cuesta imaginar qué habría ocurrido en España (antes y después de Franco) si en el lugar del rey don Juan Carlos hubiéramos tenido una figura impaciente, apasionada, dominadora, precipitada, influenciable o poco discreta. Después de todo…, quizá no costaría demasiado imaginar lo que hubiera podido suceder…
La biografía de Fernando Rayón ofrece una imagen sencilla, amable, de doña Sofía de Grecia en su papel de Reina, de esposa y de madre, dedicada por entero, de corazón, a una actividad agotadora que le exige entrega absoluta. Nacida en Atenas el 2 de noviembre de 1938 conoció los horrores de la guerra, al verse obligada a huir, junto al resto de la familia real de Grecia, ante la invasión de las tropas alemanas que tomaron Atenas en los últimos días de abril de 1941.
Tras un penoso y arriesgado éxodo de Creta a Egipto y de allí a Ciudad de El Cabo, la pequeña Sofía no regresa a su país hasta cinco años más tarde, viviendo con estrecheces, dificultades y peligros que aprendió a superar con el ejemplo de su madre, la reina Federica. Durante algún tiempo, una vez proclamado rey de Grecia su padre, sucede un período de paz en el país y la monarquía disfruta del favor del pueblo. A partir de entonces, los hechos se suceden con rapidez.
El libro cuenta cómo se conocieron y enamoraron los príncipes, los detalles de la boda y los problemas de la joven pareja a la hora de fijar residencia en España. Los años de espera, las tensiones y dificultades, no impidieron a doña Sofía asumir en todo momento, con elegancia y finura, una situación de gran complejidad, resuelta de forma prudente, afectuosa y cálida, con especial atención a la vida familiar y a la formación adecuada de sus hijos.
Anécdotas, detalles humanos, actitudes y hechos cruciales, se alternan en esta biografía, que da una imagen próxima de la Reina, diferente a la que trasmiten las noticias oficiales de prensa o los superficiales reportajes de revista.
Los años noventa han traído al mundo aires de renovación. En Europa, la caída del comunismo dirigido por la URSS provocó, además, el descrédito de las utopías socialistas que, de Norte a Sur, señoreaban los Gobiernos en la mayor parte de las naciones. La situación se ha invertido y hoy, países vecinos como Portugal o Francia, y otros más lejanos, como Alemania o Inglaterra, están dirigidos por gobiernos de tono liberal-conservador.
España, excepción a la regla, se encuentra abocada al mismo proceso renovador cuya confirmación podría verse realizada a la hora de aparecer publicado este artículo. Se aprecia, en todo caso, la necesidad de asentar estas corrientes liberales sobre un sistema sólido de ideas que garanticen los planteamientos sociales y culturales exigidos por los nuevos tiempos. Las soluciones al problema, ni son fáciles de apuntar ni admiten otra vez respuestas utópicas.
El cardenal Joseph Ratzinger lo entiende así en su clarividente libro Una mirada a Europa
, (Edit. Rialp) en el que repasa con lucidez el panorama planteado a los europeos de cara al fin de siglo. Señala, como los pecados originales
de Europa el nacionalismo, la supremacía de la razón técnica y la destrucción del Ethos. Lo que nos lleva a pensar en la necesidad de estudiar los valores del humanismo cristiano por los que lucharon hombres como el español (valenciano) Juan Luis Vives y el inglés Tomás Moro.
Personajes que concibieron una Europa sin fronteras porque estaban situados en el terreno superior que las trasciende y las hace innecesarias. Tenemos ocasión de bucear en las ideas de Tomás Moro a través del libro del historiador alemán Peter Berglar La Hora de Tomás Moro
(Edit. Palabra) y en el pensamiento de Vives con la monografía del profesor Antonio Fontán Juan Luis Vives. Humanista. Filósofo. Político
(Edit. Ayuntamiento de Valencia).
La lectura de estos dos libros resulta un verdadero deleite, por su depurado estilo, lucidez, y la actualidad asombrosa de sus planteamientos. Berglar, en lugar de esbozar una biografía de Moro, se adentra en su pensamiento social, filosófico, moral y teológico partiendo de la inscripción que, a modo de epitafio, figura en la sepultura del valiente inglés
, como le llama Berglar.
Traza así un cuadro certero de la Europa Renacentista, de las raíces cristianas del humanismo de Moro, de sus relaciones con Erasmo y controversias con Lutero. El papel del hombre, necesitado de unidad de vida y del sentimiento de hijo de Dios, son aspectos presentes en la obra de Moro que continúan siendo claves para el hombre de nuestros días.
El papel de Europa y su destino común, ya analizado por Moro, encuentra formulaciones sorprendentes en el gran Vives valenciano
, hispano
y por eso europeo
, que concibe una Europa unida y en paz como única posibilidad de supervivencia. Las guerras interiores, discordias y disputas de los príncipes europeos, al contrario, podrían llevarla a la destrucción y a la muerte.
Los ideales propuestos, sin desdeñar los acuerdos por razones materiales o de intereses, deberán trascender a estos y elevarlos hacia más altas metas. Es decir, las que radican en el concepto de la dignidad y la libertad personal puestas al servicio de la sociedad, principios que en el ámbito histórico de la cultura europea, sólo pueden estar basados en la ética del cristianismo. •