El éxito de una oferta cultural

José Luis Álvarez

El conjunto de las cuatro exposiciones tituladas Las Edades del Hombre se ve ahora, cuando se acaba de abrir en Salamanca la última de ellas, que sobrepasa en mucho a lo que significa una exposición cultural y artística, por importante que ésta sea.

No sé si se puede aplicar la repetida frase de que el éxito ha sorprendido a la propia empresa porque posiblemente algunos de los insólitos empresarios de esta iniciativa -los patrocinadores, la Caja de Ahorros de Salamanca y la Junta de Castilla y León, los obispos de las diócesis castellano-leonesas y los que más que comisarios, organizadores, coordinadores, redactores y montadores, se puede decir que han sido las almas de esta aventura- quizá soñaron producir el impacto que han logrado. Pero no es menos cierto que esa frase resume muy bien lo que ha pasado.

Y lo que ha sucedido es que unas exhibiciones culturales y artísticas, refinadas, intelectuales, minoritarias, han sido transformadas, no por la publicidad, la promoción o el dinero, sino por los ciudadanos corrientes en un enorme éxito popular. Esta es para mí una de las conclusiones más notables de la iniciativa: la demostración de que cuando se ofrece verdadera calidad histórica y artística, presentada con talento y cariño, no se está montando una obra para minorías sino se está haciendo al pueblo una oferta que éste acepta y aprovecha con entusiasmo. Generalizando un poco más, se comprueba que la cultura y el arte no son aburridos, sino que interesan mayoritariamente. No sé cuantos millones de personas habrán visitado estas exposiciones pero es posible que sea un número que bata un récord (con perdón) de asistencia que sobrepase cualquier otro espectáculo público. Y si esto es así puede ser un argumento importantísimo, por ejemplo, para desvirtuar la idea de que a la gente le guste lo zafio, grosero, inculto en la televisión y que por ello haya que darle esa serie de programas detestables que se proyectan en nuestras pantallas.

¿No será que quien falla no es el público sino los que no saben utilizar las cosas válidas: la literatura, el teatro, el arte,, el ingenio, la cultura, la ciencia, la Naturaleza, la historia, etc., para transmitir ideas positivas de una forma atractiva? Naturalmente no basta con tener unas obras o unas ideas valiosas; es preciso saber presentarlas y explicarlas de forma que todo el mundo pueda disfrutar de ellas; y eso es precisamente uno de los méritos de Las Edades del Hombre. Se han expuesto obras magníficas, bien elegidas, buscadas aunque estuvieran casi ocultas, pero haciéndolas comprensibles, dándoles un sentido, un marco, incorporándolas a la vida de los hombres, porque estaban hechas por los hombres y para los hombres. Y naturalmente éstos se han interesado por ellas.

El Patrimonio conservado
es enorme

Otro de los efectos generales de esta serie de exposiciones es haber servido para dar a conocer una pequeña parte del enorme patrimonio histórico y artístico de la Iglesia. Con frecuencia se han criticado los desmanes cometidos en ese Patrimonio, y muchas críticas estaban justificadas. Se han vendido torpe y a veces ilegalmente piezas magníficas que brillan en museos extranjeros. Se han hecho obras de reforma inadecuadas, se han destruido por la ignorancia o la dejadez piezas magníficas. Pero si se compara cómo han conservado el Patrimonio artístico las Administraciones Públicas, los particulares o la Iglesia, posiblemente ésta es la que mejor lo ha hecho, sin que esto signifique aprobar ni justificar los errores y las torpezas. El Patrimonio conservado es enorme. Y no estamos hablando más que del de una de las diecisiete Comunidades, aunque Castilla y León sea una Comunidad histórica cuya importancia apenas tiene parangón no sólo en España sino también fuera de nuestras fronteras. La Junta acertó también al patrocinar unas exposiciones que ayudan a comprender lo que esa tierra ha significado en la historia y el arte de Europa. Es imposible citar ejemplos, pero los Beatos, los instrumentos musicales de los siglos XV y XVI, los órganos, las esculturas, la orfebrería, las pinturas, las piezas excepcionales de todo orden que ha conservado la Iglesia hasta nuestros días y no sólo en las Catedrales o en los palacios, sino en los conventos, en los pequeños pueblos, en las clausuras -¡esa alfombra del siglo XV de Medina de Pomar probablemente única en el mundo!-, son un espectáculo sin par y un servicio que hay que reconocer con gratitud.

Las Edades del Hombre han producido un asombroso descubrimiento para la mayoría: las Catedrales

Las Catedrales

Las Edades del Hombre han producido un asombroso descubrimiento para la mayoría: las Catedrales. Esto puede parecer una insensatez o una ingenuidad… ¿Cómo es posible descubrir las catedrales de Valladolid, de Burgos, de León o de Salamanca? Todo el mundo las conoce y las ha visitado, se podría decir. Y en parte es verdad. No sé cuantas veces las había visitado yo mismo. Probablemente docenas de veces. Pero no las había llegado a ver. Quizá por mi culpa, pero quizá también por su dimensión, porque estaban siempre medio cerradas. Y era natural. No es posible, por razones de seguridad y de costo tener abierto todo, expuesto todo, iluminado todo en una catedral. Estas exposiciones, y este es otro de sus méritos, nos las han enseñado. A veces me asalta la duda de si en ellas el marco ha superado al cuadro. Probablemente no es eso, es que las almas de la exposición tuvieron el enorme acierto de poner las cosas en el ambiente para el que simbólicamente nacieron, porque las obras de arte, los cuadros, las tallas, las custodias, la música, los libros, fueron hechos para los fieles, para el pueblo cristiano, lo mismo que las catedrales que tardaban a veces siglos en terminarse. Ver esas cuatro catedrales iluminadas, pudiendo sentarse a mirar sus bóvedas, sus capillas, su arquitectura, sus muebles, ha sido algo excepcional. Sin duda ha valido la pena el esfuerzo de cerrarlas transitoriamente y en parte al culto, para que los ciudadanos, los cristianos de hoy, tan distintos de aquellos que las elevaron, establezcan de nuevo un diálogo cordial con los colosales templos. Para no citar ejemplos sino de la actual exposición ¡que oportunidad la de acercarse en la vieja catedral románica de Salamanca al retablo de Gaddi del altar mayor y qué acierto el de utilizar las pantallas de televisión para poder apreciar los detalles de las 56 tablas a los que no llegan los ojos por mucho que te acerques! ¡Qué posibilidad la de ver los sepulcros románicos y góticos de esa catedral a la altura original, o la de visitar plenamente iluminadas y explicadas la Capilla Dorada, o la Capilla de Anaya o las capillas mozárabe y de Grados dedicadas al estudio con los libros que en ellas se usaron!

Un ejemplo fecundo

Finalmente, Las Edades del Hombre han sido un ejemplo fecundo. No sé cual ha sido el efecto concreto en otras grandes exposiciones que han tenido por marco otras catedrales o edificios magníficos. Pero difícilmente sin ellas hubieran sido lo mismo otras grandes exposiciones que no me resisto a citar:

  • Galicia no tempo en el Monasterio de San Martín Pinario en Santiago de Compostela, mostrándonos otras riquísimas colecciones de una región con una historia y una personalidad extraordinaria.
  • Reyes y Mecenas en el Hospital de Santa Cruz de Toledo, que aunque con un carácter distinto, no estrictamente regional, y contándonos la historia de las relaciones de los diversos reinos de los Habsburgo, fue una gran aportación a la historia del mecenazgo de reyes y nobles de Castilla y España.
  • Magna Hispalensis, la extraordinaria exposición en la Catedral de Sevilla con motivo del Quinto Centenario, que puso al alcance de todos, los asombrosos tesoros de la catedral más grande de España y llevó también a conocerla y a disfrutar de sus bellezas a muchos que fueron a Sevilla atraídos por otras ofertas y que descubrieron el sin par valor de su Patrimonio.
  • Orígenes, la exposición realizada en la catedral de Oviedo, inspirada sin duda en los ejemplos citados, que pone de relieve las riquezas del pequeño, en tamaño, reino desde que se inició la Reconquista de una Hispania enriquecida por la cultura árabe.

Es imposible hacer un repaso de las cuatro etapas y exposiciones de Las Edades del Hombre: la sorpresa de la primera, Valladolid; el valor de hacer una exposición bibliográfica para el gran público en Burgos; la perfeción de una exhibición girando en torno a la música y descubriendo el papel, casi siempre mal conocido, de la música española en la historia musical de Europa, en León; y la osadía del contrapunto, de colocar las obras artísticas de hoy -algunas resistiendo perfectamente la compañía, y otras lógicamente discutidas y discutibles por la falta de la selección que sobre el tiempo produce-, al lado de las consagradas y en el marco del lujo de dos catedrales que se permitió Salamanca.

Una oferta cultural bien hecha tiene mucho mejor aceptación que la que se supone

Para terminar, sólo quiero insistir sobre unas pocas cosas: que una oferta cultural bien hecha tiene mucho mejor aceptación que la que se supone; que de esas exposiciones queda, además del recuerdo, una serie de publicaciones que perpetúan su memoria y con las que se puede seguir disfrutando y aprendiendo; que hay que aprovechar para ver aún la que está abierta, Salamanca, que tiene la novedad de exponer obras actuales de las que el visitante podrá formar juicio; y sobre todo que hay que agradecer a todos los que han intervenido y hecho posible estas exposiciones la oportunidad que nos han dado a muchos españoles de aprender, conocer y disfrutar, y felicitarles por su iniciativa y por su acierto.