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Ver productos1 Abr 1995 - 3 min.
Henry Kissinger
Diplomacy
Simon and Schuster
Nueva York, 1994, 912 págs.
En este s. XX, según Henry Kissinger, América (es decir, los Estados Unidos) habría hecho tres salidas a la esfera internacional más allá de los océanos que la aíslan y la protegen. La primera, la wilsoniana, tras la victoria de 1918 y Versalles; la segunda, al final de la Guerra Mundial, para contener el expansionismo soviético. La tercera sería la de ahora, al fin de la Guerra Fría. América, insiste Kissinger, es el primer país construido sobre la idea de libertad, de donde le viene una cierta vocación misionera de su propia ideología, cuya extensión universal haría más feliz a la humanidad y a los pueblos que la integran. Ese sería, se le ocurre a un lector de este libro, el verdadero sueño americano. En su seguimiento, América se habría presentado al mundo como un luminoso faro o como un cruzado: Roosevelt (Theodor) o Wilson.
Al emprender su tercera salida (a uno le recuerda a Don Quijote, aunque el autor no lo mencione) América tendría que definir —o redefinir— su interés vital como nación y como gran potencia. La doctrina Monroe valía para el s. XIX, pero para ahora resulta muy restrictiva
. El wilsonianismo (que cambie el mundo en dirección al bien
, sin el uso de la fuerza) demasiado vago y legalista
.
América, para Kissinger, es una isla situada entre las dos costas de la gran masa continental de Eurasia. (África, digo yo, es todavía poco importante en términos geopolíticos y, además, está al Sur). El dominio por una sola potencia de cualquiera de las dos principales esferas de la gran masa eurasiática —Europa o Asia— es una buena definición de un peligro estratégico para América. El interés vital americano en el nuevo orden mundial habría de consistir en que se establecieran sistemas de equilibrio, que lo eviten. Algo, al fin y al cabo, parecido a los equilibrios intraeuropeos del XVIII y del XIX. Pero algo que seguramente está lejos de ser asimilado como un objetivo —un goal— por el pensamiento o la leadership americana. Pero siempre las grandes opciones políticas han de perseguir un equilibrio —balance— entre los valores
que se quieren defender o servir y la necesidad
impuesta por el contexto histórico. Kissinger termina diciendo que hay un proverbio español (se refiere a los famosos versos de Machado) que dice: Caminante no hay camino, se hace camino al andar
. Es lo que tendrá que hacer América ante el nuevo orden mundial
.
El libro es denso, brillante y voluminoso. Comprende un agudo análisis de la historia del poder
en el mundo, durante casi cien años, con antecedentes en los dos siglos anteriores, realizado desde la perspectiva de un pensador político americano de la experiencia y la gran cultura de Henry Kissinger.