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Ver productos1 Jun 1993 - 3min.
Autor: Johannes Brahms (1833-1897).
Obras: Sonatas para violín y piano.
Intérpretes: Maria Joao Pires, piano, y Augustin Dumay, violín.
Deutsche Grammophon 435 800-2. DDD. Stereo. Duración 71’50.
El gran número de obras que Brahms compuso para música de cámara se debe, como es sabido, a su temor a abordar las grandes formas orquestales. Un profundo sentido autocrítico y el respeto por la obra de los grandes clásicos, especialmente Beethoven, determinaron su tardanza. Siendo muy abundante su producción camerística en los primeros años creadores del músico, sin embargo no comenzó a escribir Sonatas a dúo de piano con otro instrumento hasta haber experimentado con combinaciones más complejas. Es el caso de las tres Sonatas para piano y violín que pertenecen al segundo período creador del músico y son verdaderas obras maestras, fruto de la madurez de Brahms.
Al igual que hizo Schubert, Brahms reutilizó sus propias melodías de los lieder en algunas obras camerísticas, y así ocurre en estas Sonatas. Poseen un carácter muy lírico, especialmente las dos primeras Op. 78 y Op. 100 más ligadas al campo del lied.
Das Regenlied (Canción de la lluvia Op. 5 nº 3) es el punto de partida de la primera en Sol Mayor, Op. 78, y Nachklang (Eco Op. 59 nº 4) aparece citada en el último movimiento de esta misma obra.
La nº 2 en La Mayor Op. 100 cita en su segundo movimiento el lied Wie Melodien Op. 105. Citas aparte, estas obras piden ser interpretadas como un largo canto apasionado, aunque íntimo y reconcentrado.
La Sonata nº 3 en Re menor Op. 108 es muy distinta a las anteriores y su discurso es más amplio, más extrovertido y elocuente, y exige mayor virtuosismo en la ejecución.
Las tres Sonatas fueron escritas en período de vacaciones de verano: junto al lago Wörther See en Klagenfurt la primera y el lago de Thun en Suiza la segunda y la tercera. De las tres emana esa serena melancolía lacustre en mayor o menor medida. Los rastros románticos en la música de Brahms no se manifiestan de forma superficial, son profundamente intensos. A través de una compleja elaboración armónica, fragmentación de temas y contrastes tonales y rítmicos, elabora un denso lenguaje intimista y de pasión contenida, más claramente manifiesto en sus obras de madurez. Es en este ambiente de poesía íntima en el que se mueven las Sonatas para piano y violín. Es la expresividad más que el virtuosismo lo que Brahms busca en estas obras.
El violinista francés Augustin Dumay es un brillante intérprete que sabe dar la justa medida a cada fragmento de música y a quien le va muy bien la música de cámara. Forma dúo con la excelente pianista portuguesa Maria Joao Pires, y la asiduidad con la que trabajan juntos les hace alcanzar un alto grado de compenetración. El resultado es bueno, aunque sea más acertada la visión de Dumay, pues M. J. Pires hace un Brahms algo más distante, menos apasionado. Echamos un poco de menos cierta ternura que se conseguiría con una más amplia matización.