«Poliuto», de Donizetti, en Compact

María José Fontán

Con José Carreras encabezando el reparto y otras dos grandes figuras del canto lírico como son la soprano Katia Ricciarelli y el barítono Juan Pons, aparece la primera grabación mundial de Poliuto de Gaetano Donizetti, que, por su escasísima presencia en los repertorios y en los carteles de los teatros de ópera, será bien acogida entre los aficionados.

Basada en la tragedia Polyeucte de Corneille, fue escrita en 1838 cuando el compositor se encontraba en la cúspide de su carrera. Fueron varias las vicisitudes por las que atravesó hasta darse a conocer en su versión original, y es probable que influyeran de algún modo en la difusión de la ópera.

Cuando se ultimaban los detalles para su estreno en el Teatro San Carlo de Nápoles, y parecía que no había inconvenientes con la censura, fue el propio rey Fernando II quien la hizo retirar del cartel por considerar el tema de Poliuto demasiado sacro para la escena. Este hecho supuso un revés artístico para Donizetti, pero también económico. El empresario del San Carlo denunció al músico por ruptura de contrato y al no poder ofrecer en tan corto espacio de tiempo una nueva ópera, Donizetti se vio obligado a pagar una indemnización de 300 escudos. Pero esto no es todo. La retirada de la obra tuvo también consecuencias trágicas: el tenor Adolphe Nourrit, que había colaborado estrechamente con el compositor y con el libretista Salvatore Cammarano en su elaboración, pensaba que con Poliuto podría reconquistar la estimación del público. Decepcionado al tener que renunciar a su estreno y sabiendo que Donizetti emprendía viaje a París con el manuscrito de la obra en su equipaje, perdió las esperanzas de rehabilitar su fama en Italia, y se suicidó.

En la capital francesa y con el célebre libretista Scribe, Donizetti convirtió en cuatro los tres actos de la obra original, insertando el obligado número de ballet y realizando numerosas modificaciones que enfatizaban el carácter religioso. La nueva obra, titulada Les Martyrs, fue pronto traducida al italiano -I Martiri- y al alemán -die Römer in Mitilene- y dada a conocer de esta forma en América y todos los países europeos incluida España.

Cuando en 1848, al poco tiempo de morir Donizetti, el rey de Nápoles se vio obligado a promulgar una constitución, el levantamiento de la censura permitió que se representaran óperas como Nabucco de Verdi, y Lucrezia Borgia y Poliuto de Donizetti.

A principios de este siglo fue muy divulgada y su aceptación y popularidad la situaban entre las cuatro óperas dramáticas mejor consideradas de su autor. Sin embargo, el gusto del público fue desplazando la obra y tras la II Guerra Mundial apenas si se representó dos o tres veces.

En 1960 la gran María Callas, viendo posibilidades de lucimiento en las arias de Paolina, la cantó junto a Franco Corelli con un enorme éxito.

Poliuto es una hermosa obra. Su temática se inserta en el más puro romanticismo. El ideal religioso es el asunto primordial del argumento, a él se subordinan las pasiones humanas, hasta la autoinmolación. Donizetti se mueve con perfecta soltura en estos temas en que la sinceridad religiosa requiere una música muy vital. La facilidad melódica del compositor se pone nuevamente de manifiesto en las arias de los tres protagonistas.

José Carreras realiza un brillante Poliuto; Katia Ricciarelli da muestra de su gran versatilidad en una magnífica Paolina; y Juan Pons, con timbre de gran sonoridad, encarna a un verdaderamente espléndido general romano Severo.

El sonido fue registrado en directo en la Konzerthaus de Viena en 1986 y es de gran calidad.

Lorin Maazel

La cita anual de la Orquesta Filarmónica de Viena cuenta con un público adicto que escucha la encantadora música de valses y polkas vienesas como si se tratara de un verdadero rito. Si le añadimos el número siempre creciente de nuevos aficionados que se incorporan, el Concierto de Año Nuevo retransmitido por radio y televisión desde la sala del Wiener Musikverein es el programa de música clásica de mayor audiencia mundial.

Desde hace algunos años cada edición del concierto corre a cargo de un director de orquesta distinto. A juicio de muchos, una de las mejores batutas invitadas ha sido Lorin Maazel, que dio muestras de una enorme gracia y maestría en la interpretación de este repertorio con música de Joseph Lanner, y los distintos miembros de la familia Strauss. En un doble compacto -140 minutos de música- se recoge una selección de lo mejor de aquellos conciertos protagonizados por la Filarmónica de Viena y Maazel desde 1980 hasta 1983. Se trata de una preciosa selección de música siempre alegre y refrescante en una interpretación llena de entusiasmo, gracia y vitalidad. Indudablemente se trata de una grabación que va a obtener mucho éxito entre un público muy amplio.