Veinte museos de arte contemporáneo del mundo

Rafael Gómez López-Egea

Autor: Carmen Rocamora
Título: Veinte museos de arte contemporáneo del mundo
Editorial: Imprenta Valencia, 1995, 341 págs.


Por una serie de circunstancias históricas y culturales, el arte moderno ha seguido unos cauces muy diferentes a los de la Edad Media, el Renacimiento y el Barroco. Una pintura menos formalista, más renovadora, inquieta y vital, se genera durante el siglo XIX y fructifica en numerosas tendencias, marcadas por la rebeldía, las emociones y las angustias propias de nuestro siglo xx. Es un arte que se refugia donde puede, en galerías provisionales, mansiones burguesas o residencias de excéntricos millonarios. No tiene otro remedio, puesto que no hay cabida para él en las cortes reales o en los viejos museos, poblados por los grandes maestros.

Carmen Rocamora ha buscado las huellas de esa pintura desterrada, bien acomodada hoy en espléndidos museos de Arte Contemporáneo, que se abre camino al acreditar su extraordinario valor estético y su sorprendente capacidad comunicadora. Y ha buscado esas huellas lejos de manuales o libros de láminas, al recorrer, uno a uno, los más importantes museos de Arte Contemporáneo del mundo, caminando por sus salas, observando con detalle cada obra en particular y admirando la magia de sus trazos. El repertorio es largo, puesto que va de Nueva York a Oslo, de Estocolmo a Viena, o de Madrid a Valencia pasando por Cuenca. Y más larga todavía es la nómina de museos: el Withney, el Guggenheim, el MOMA, el Metropolitan, la Frick Collection y The Cloisters, en Nueva York. el Munch, Vigeland y la National Gallery, de Oslo; el Moderna Museet, de Estocolmo; el Clint y la Sezession vienesa, el de Arte Moderno, el Ludwig y el Palacio Belvedere, en Viena; el Cerralbo, el de El Escorial, el de Arte Moderno, el CARS, el Thyssen, de Madrid; el IVAM, de Valencia y el de Arte Abstracto, de Cuenca.

El resultado es un trabajo documental y crítico de primera mano, elaborado con frescura, sin más referencias eruditas que las necesarias para facilitar la comprensión de cada artista, encuadrado tanto en su circunstancia personal, como en su época. Las corrientes dadaístas, el futurismo y el surrealismo, el fauvismo, el cubismo, el expresionismo y las variadas formas del abstracto, el Minimal y el Op Art/Pop Art se reparten por las salas que Carmen Rocamora visita, entre la admiración y el respeto.

De las obras, la autora nos lleva a lo que nos dicen, al diálogo con artistas que hablan para transmitirnos sus inquietudes con la plasticidad y el colorido de sus trazos. Es una voz fuerte, en ocasiones desesperada. Lo es tanto, que podemos oírla, estremecidos. Como estremecedora es la pintura de Munch «El grito», a la que, como símbolo de un tiempo torturado, dedica Carmen Rocamora particular atención. No falta ninguno de los grandes pintores modernos y se aportan datos, desconocidos en la crítica artística española, de artistas menos famosos que merecen, sin embargo, mayor atención. Manet, Gauguin, Renoir, van Gogh, Monet, Seurat, Klimt, Derain, Magritte, Max Ernst, Kokoschka, Bonnard, Kirchner, Matisse, Mondrian, de Chirico -sin olvidar a los españoles Picasso, Dalí, Miró, Zobel, Cuixart, Canogar, Millares, Viola, Tapies, Guinovart o Feito- aparecen junto a otros muchos cuya cita sería demasiado larga.

La documentación que ofrece Carmen Rocamora responde a una visión coherente de la pintura, puesto que se relaciona con la historia viva y discurre a través de las corrientes de pensamiento que los artistas incorporan a sus obras. Es un lenguaje particular, muy propio de nuestro tiempo, cuyas claves de lectura ofrecen algunos críticos al lector atento, a quien la autora se dirige como a un amigo que comparte su misma afición.