Universidades y localidades

Amando de Miguel

O también Universidades y Mediocridades. Si algo tiene la palabra Universidad es que trasciende lo local y busca la excelencia. De ahí lo de «magnificencia» para el tratamiento que se da a los rectores universitarios. De ahí también el contrasentido que significa «democratizar» la enseñanza superior, hacer que todas las capitales de provincia, y aun las cabezas de partido, gocen del privilegio de tener «su» Universidad. Lo peor de todo es el intento de que todas ellas sean «iguales», esto es, intercambiables. Todo esto es una locura, por mucho que se acople al esquema funcionarial, que es el que domina en España. El hecho es que ahora es más fácil que un alumno encuentre un centro universitario cerca de su casa, pero todo lo demás ha ido a peor. Si de verdad se desea hacer una carrera seria, hay que salir al extranjero o acumular costosas maestrías que por aquí llaman «masters»-. El hecho sobresaliente es que las Universidades españolas, aunque cuenten con precedentes centenarios, admiten muchos menos profesores y estudiantes extranjeros que las otras europeas. Ésta es la prueba de fuego de la calidad. Es más, se va a llegar a la paradoja de que accedan por fin algunos estudiantes y profesores extranjeros a las Universidades españolas, pero serán comparativamente menos los que provengan de las otras autonomías. ¿Habrá dislate mayor?

El hecho sobresaliente es que las Universidades españolas, aunque cuenten con precedentes centenarios, admiten muchos menos profesores y estudiantes extranjeros que las otras europeas.

Hubo un tiempo en que se diseñó el modelo de «Universidad Central», correspondiente a Madrid, que era la única a la que se le permitía la colación del título de doctor. Nada más rechazable para la mentalidad que hoy priva. Y sin embargo las leyes del mercado van a tener que, en unos años, el grueso de los estudiantes en Universidades privadas se instalen en Madrid. Ya hoy la mayor densidad del personal dedicado a tareas de investigación científica en empresas privadas se encuentra en Madrid. Es decir, por la vía contraria se ha llegado otra vez al modelo de la «Universidad Central», que es un necesario pleonasmo.

Qué gran ocasión para que por fin se instale una biblioteca interuniversitaria realmente «central» en Madrid. En cualquier otro lugar de España sería menos rentable, dada la fabulosa inversión que hoy supondría. El sistema alternativo que seguimos, cual es el de que cada centro, y aun cada departamento, cuente con su bibliotequita, resulta tan caro como ineficaz. No hay que decir que una biblioteca hoy es un centro altamente informatizado. Durante siglos hubo la posibilidad de verdaderas Universidades porque se contaba con una lengua franca, el latín. Ya no es posible volver a esa facilidad de comunicación, pero tenemos el inglés. Una Universidad hoy, como Dios manda, tendría que ser aquella en la que se pudieran dar cursos en inglés, aparte del uso natural de la lengua común. Falta un siglo para que esta posibilidad sea verosímil en España. Ni siquiera es corriente que un profesor pueda recomendar bibliografía en inglés a sus alumnos, por lo menos en el ramo de las ciencias sociales, que yo frecuento. No hay que temer que el inglés se aposente como lengua franca, precisamente porque el español es cada vez más un vehículo de comunicación internacional. Éste es el gran activo inmaterial de las Universidades españolas. No sé si lo hemos sabido aprovechar.