Un filósofo romántico

Rafael Gómez López-Egea

Título: «Krause, educador de la humanidad».
Autor: Enrique M. Ureña.
Editorial: Unión Editorial, Madrid 1991, 506 pp.
Precio: 4.000 pesetas


Es de sobra conocida la influencia ejercida por el filósofo y pedagogo alemán Krause, cuyo nombre completo Karl Christian Friedrich Krause, en el pensamiento español inspirador de las corrientes pedagógicas amalgamadas en torno a Sanz del Río, a la Institución Libre de Enseñanza, al Instituto Escuela y a la Residencia de Estudiantes. Y no sólo el krausismo se ha limitado a todos estos sectores intelectuales y académicos hispanos durante el siglo XIX y primera parte del XX, sino que, a juzgar por los resultados, el influjo de Krause continúa vivo en determinados aspectos utópicos de ciertos planteamientos educativos actuales.

Sin embargo, y al reconocer la dilatada presencia de la sombra de Krause, se observa una falta casi absoluta de estudios serios que, con carácter científico y criterios documentales, se ocupen de analizar la obra y la curiosa y compleja personalidad del filósofo alemán. Éste ha sido el empeño llevado a cabo por el profesor M. Ureña con brillantez, al estudiar en su extensa biografía de Krause cómo era, cómo se formó y cuáles fueron las fases de aquella vida azarosa que comienza en Eisemberg (Turingia) un 6 de mayo de 1781 y acaba el 27 de septiembre de 1832 en Munich, tristemente y sin el menor brillo.

Perfiles de rebeldía

La biografía, que sorprende por su profundidad y rigor en la exposición de los datos elaborados tras una paciente búsqueda en bibliotecas especializadas alemanas, relaciona la peripecia humana de Krause, su carácter personal y rasgos psicológicos, con el desarrollo progresivo de su pensamiento a lo largo de los años.

Así, como consecuencia de un padre autoritario, ordenado y rígido en sus concepciones, nace en el joven Krause un rechazo tenaz hacia todo lo que suponga disciplina, control de impulsos o actitudes obedientes. Para compensar estos planteamientos morales algo rebeldes, Krause va a crearse él mismo su particular código moral y a marcarse una línea de conducta que responda a sus propias convicciones y criterios. Este afán, de rechazo, por un lado, y de construcción de un código moral, por el otro, va a caracterizar, como muestra la biografía del profesor Ureña, la totalidad de la trayectoria intelectual y pedagógica de Krause a lo largo de su vida académica, primero como alumno y después como profesor en las universidades de Jena, Dresden, Berlín, Gotinga y Munich. Es un largo recorrido que el autor reproduce con admirable fidelidad, utilizando datos desconocidos hasta el momento, que ha conseguido tras muchos años de investigación metódica. Pieza importante ha sido el descubrimiento de correspondencia privada, especialmente con su padre, donde queda reflejada como en un espejo la complicada personalidad de Krause, sensible, escrupuloso, visionario, utópico e idealista, al mismo tiempo que desprovisto de las cualidades que acompañaron a las grandes figuras del pensamiento alemán de su época.

Todas estas circunstancias explican las actividades de Krause en la Hermandad Masónica de Dresden (1805-1810), de donde salió su idea del movimiento denominado la «Alianza de la Humanidad», seguida más tarde por la «Alianza de la Religión», como asociaciones humanitarias tan idealistas y utópicas que el mismo Krause no fue capaz de concretar en forma eficaz y con sentido práctico. Deja claro el profesor Ureña que el término religión, tal como lo entiende Krause, es un concepto que deberá interpretarse en el sentido deseado por el filósofo. Se revuelve éste contra el cristianismo, tanto el protestantismo como, especialmente, el catolicismo, al afirmar: «La doctrina cristiana eclesial y la constitución de la Iglesia no puede mantenerse para el futuro, ni se mantendrá». Continúa esta línea al rechazar cualquier creencia de fe, norma moral objetiva y disciplina, anunciando que «respeta y alienta a todos los hombres, considerándolos a todos como seres limitados, especialmente iguales y sin considerar por tanto a ninguno como superior o inferior a los demás».

Aun reconociendo la existencia de Dios, con el cual afirmaba mantener un contacto estrecho, personal y continuo, no aceptaba que esa relación con Dios necesitara de ninguna forma concreta establecida, salvo las que surgieran espontáneamente de su propia conciencia. Lo cierto es que Krause, al que el profesor Ureña atribuye bondad y buenas intenciones, no tuvo una vida universitaria ni científica ni pedagógicamente brillantes, como lo demuestra el hecho de las profundas antipatías despertadas en determinados sectores académicos y persecuciones de las autoridades políticas, que le obligaron a cambiar con frecuencia de Universidad.

Con esta amplia y comprensiva biografía de Krause, ha logrado el autor una certera aproximación al personaje. Sus doctrinas filosóficas, humanitarias y religiosas han quedado esbozadas con precisión, pero sin extenderse en ellas de un modo sistemático, tal como corresponde a una biografía de estas características. Queda pendiente, como anuncia el profesor M. Ureña, el estudio del pensamiento de Krause, que se publicará seguidamente. Así pues, será necesario aguardar este momento para disponer de nuevos elementos de juicio sobre el auténtico valor de las doctrinas de Krause. Aspecto importante para España, puesto que podrían quedar aclaradas posiciones y teorías que han suscitado en nuestro país una amplia polémica que todavía perdura.