Un ataque contra la inteligencia artificial

Alberto M. Arruti

Título: «La nueva mente del Emperador».
Autor: Roger Penrose.
Editorial: Biblioteca Mondadori, Madrid 1991, 597 páginas.
Precio: 3.750 pesetas.


Tres ediciones en español en sólo unos meses demuestran la acogida que ha tenido este libro por parte del gran público. Podemos distinguir en el mismo dos partes claramente diferenciadas. De un lado, la exposición de una serie de conceptos de Física y de Matemática. De otro, como escribe en el prólogo Martín Garaner, se trata del «ataque más poderoso nunca escrito contra la inteligencia artificial fuerte». Los defensores de la misma han pronosticado que en el término de algunos años, que van desde el medio siglo hasta los dos siglos, los computadores electrónicos podrán hacer todo lo que una mente humana es capaz de llevar a cabo.

Desde hace décadas, son muchos los que se han opuesto a la idea de que la mente humana es una máquina, más o menos complicada, que obedece a las leyes de la Física. Pero las razones que aduce Penrose son más convincentes, porque maneja mayor cantidad de información y porque la somete a una crítica más rigurosa. Los argumentos, que utiliza el autor, para salvaguardar la independencia del cerebro humano y no reducirlo a un complejo entramado de circuitos o poco más, son, con frecuencia, muy complejos y difíciles de comprender a simple vista, sobre todo para personas no familiarizadas con los problemas de la ciencia moderna.

Penrose es consciente de ello cuando afirma que «por encima de estos tecnicismos está el sentimiento de que es realmente «obvio» que la mente consciente no puede trabajar como un computador, incluso aunque mucho de lo que está realmente implicado en la actividad mental podría hacerlo. Éste es el tipo de obviedad que puede ver un niño —aunque ese niño pueda, en su vida posterior, verse llevado a creer que los problemas obvios son «no-problemas», de los que se argumentaba su no-existencia mediante cuidadosos razonamientos y definiciones inteligentemente escogidas».

Mente y cuerpo

Penrose, para demostrar su tesis fundamental de que existen aspectos del pensamiento humano que nunca podrán ser emulados por un ordenador, recurre a una serie de conocimientos, como son la máquina de Turing, la estructura del cerebro, el teorema de Gödel, los agujeros negros y blancos, la entropía, la radiación de Hawking o la Mecánica Cuántica. En el fondo, lo que se aborda en esta obra es el problema, debatido desde hace siglos por todos los filósofos, de las relaciones entre la mente y el cuerpo. Lo que pasa ahora es que este problema, filosófico en su raíz, es debatido a la luz de una amplia documentación científica. O, dicho con otras palabras, el problema es actualizado y visto a la altura del final del siglo XX que estamos viviendo.

En algún sentido, recordamos que todo descubrimiento contiene «un elemento irracional» o «una intuición creadora» en el sentido de Bergson. El propio Einstein afirma que no existe una senda lógica que conduzca a unas leyes sumamente universales, a partir de las cuales puede obtenerse una imagen del mundo por pura deducción, sino que solamente pueden alcanzarse «por la intuición, apoyada en algo así como una introyección de los objetos de la experiencia». Penrose, que es desde 1973 profesor de Matemáticas en la Universidad de Oxford, y tiene multitud de trabajos inéditos, tanto en esta ciencia como en Física, escucha una «voz interior», como afirma Gardner, de la que la mente humana «es algo más que una simple colección de minúsculos cables e interruptores».