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Ver productosDesde el comienzo de su pontificado, el papa Prevost ha recordado que Cristo no es simplemente un líder carismático, sino Dios; que la misericordia vence al pecado; y que no se puede separar el amor a Jesús de la solicitud por los más necesitados

21 de abril de 2026 - 8min.
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Tres líneas maestras definen el carisma de León XIV: su disposición a colocar a Jesucristo en el centro de todo; la permanente referencia a la misericordia de Dios ante la inquietud del corazón humano, siguiendo la enseñanza de san Agustín; y el afán por involucrarse en los desafíos del mundo moderno, comenzando por la solicitud por los pobres, tanto en lo material como en lo espiritual.
Estas características de su personalidad aparecen reflejadas en su primer documento papal: la exhortación apostólica Dilexit Te (Yo os he amado). La tesis central es que el amor a Cristo y el amor al pobre y al necesitado son indisociables. Se trata de la culminación de una exhortación apostólica que su antecesor Francisco tenía en preparación con ese mismo título, concebida a su vez como una extensión de su encíclica sobre el Sagrado Corazón de Jesús, titulada Dilexit Nos.
ArtÍculo
Desde el comienzo de su pontificado, León XIV ha dejado claros algunos rasgos que lo definen, según sintetiza Caroline Kurt en la plataforma Word on Fire. El primero, y la base de todos los demás, es la entraña cristocéntrica. En un arranque que recuerda al del pontificado de Juan Pablo II («Abrid las puertas a Jesucristo»), el papa Prevost afirmó en su bendición Urbi et Orbi: «Todos estamos en manos de Dios… Cristo va delante de nosotros».
En su primera homilía, salió al paso de una visión mundana de Jesús, que rebaja su dimensión divina, reduciéndolo a «una especie de líder carismático o superhombre», y que es frecuente «no solo entre los no creyentes, sino también entre muchos cristianos bautizados, quienes terminan viviendo, en este sentido, en un estado de ateísmo práctico». Y recordó, siguiendo al papa Francisco, que los cristianos están llamados a «dar testimonio de nuestra fe gozosa en Jesús el Salvador… “el Cristo, el Hijo del Dios vivo”».
Al poner el acento en una fe centrada en Cristo en lugar de en una religión excesivamente pendiente de cuestiones políticas o mundanas, León XIV «puede unir eficazmente a católicos de diversas convicciones, más allá de diferencias ideológicas», indica Caroline Kurt.
Antiguo prior general de los agustinos (2001-2013), formado en la espiritualidad del santo obispo de Hipona, León XIV suele destacar uno de los leitmotivs del autor de Las confesiones: el deseo humano innato de Dios y el papel de la misericordia. «El drama de la miseria humana se combina con el asombro ante la misericordia de Dios —indicó en su discurso a los asistentes al Jubileo del Rito Oriental—. De modo que nuestra pecaminosidad no nos lleva a la desesperación, sino que nos abre a aceptar el don de la gracia de convertirnos en criaturas sanadas, divinizadas y elevadas a las alturas del cielo».
La enseñanza de la Iglesia sobre el pecado es un signo de esperanza, pues solo reconociendo las faltas se puede recibir el perdón y una nueva vida. León XIV se hace eco de Las confesiones: «Has apartado de mí estos actos tan malvados y nefastos […]. A tu gracia lo atribuyo, y a tu misericordia, que has derretido mi pecado como si fuera hielo».
La herencia agustiniana también se plasma en la preocupación del papa Prevost por la unidad. Su lema, In Illo Uno Unum («En el Uno somos uno»), evoca el comentario de Agustín sobre el Salmo 127: «Aunque los cristianos somos muchos, en el único Cristo somos uno». En el Jubileo de las Familias, recordó que «la unidad es el mayor bien que podemos desear», pues se trata de «la unión universal… la comunión eterna de amor que es Dios mismo». No se trata, precisó, de que seamos «una multitud sin nombre ni rostro», ya que Cristo quiere «que seamos uno: “Como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros”». Esta homilía, pronunciada por un papa estadounidense en el Mes del Orgullo Gay y centrada en la belleza del amor conyugal, demuestra la disposición de León XIV para responder a los desafíos que plantea la modernidad.
Uno de esos desafíos es la disrupción de las nuevas tecnologías, con la inteligencia artificial en primer término. Si León XIII «abordó la cuestión social con la encíclica Rerum Novarum en el contexto de la primera gran revolución industrial», el papa estadounidense afirma que «la Iglesia ofrece a todos el tesoro de su doctrina social en respuesta a otra revolución industrial y a los avances en el campo de la inteligencia artificial, que plantean nuevos desafíos para la defensa de la dignidad humana, la justicia y el trabajo».
Los jóvenes también se enfrentan en el siglo XXI a importantes desafíos que el pontífice hace suyos: «Piensen en el aislamiento causado por los modelos relacionales desenfrenados, cada vez más marcados por la superficialidad, el individualismo y la inestabilidad emocional; la propagación de patrones de pensamiento debilitados por el relativismo; y la prevalencia de ritmos y estilos de vida en los que no hay suficiente espacio para escuchar, reflexionar y dialogar, en la escuela, en la familia y, a veces, entre los propios compañeros, con la consiguiente soledad», señaló León XIV en un discurso.
Y nada mejor que la familia para superar esos retos. En este sentido, ha subrayado el deber de los padres de presentar a sus hijos la fe como una relación segura con Dios, y no simplemente como un programa de moralidad. «La profunda sed de lo infinito presente en el corazón de todo ser humano implica que los padres tienen el deber de hacer conscientes a sus hijos de la paternidad de Dios», dijo. «En palabras de San Agustín: “Como en ti, Señor, tenemos la fuente de la vida, en tu luz veremos la luz”».
Estos y otros desafíos que plantea la modernidad deben ser interpretados, insiste el papa, «desde una perspectiva evangélica» y vividos «como oportunidades para dar testimonio». «¡No huyamos de ellos!», añade. Eso significa hablar con caridad y respeto pero sin rebajar el mensaje cristiano. En el mencionado discurso del Jubileo de la Familias, previno contra el peligro de «privatización» de la religión, una reticencia injustificada a compartir la fe para «evitar ofender», como un obstáculo para llegar a aquellos que de otro modo podrían ser receptivos: familias alejadas de la Iglesia, parejas que conviven sin estar casadas y aquellos que se sienten desilusionados por los «falsos puntos de apoyo» de creencias menores.
Estas líneas maestras del carisma del papa Prevost aparecen reflejadas en su primer documento doctrinal, Dilexit Te (Yo os he amado), publicado en octubre de 2025. Se trata de la culminación de una exhortación apostólica que su antecesor Francisco tenía en preparación con ese mismo título, concebida a su vez como una extensión de su encíclica sobre el Sagrado Corazón de Jesús, titulada Dilexit Nos.
La tesis central es que el amor a Cristo y el amor al pobre y al necesitado son indisociables, como explica Mateo Becklo en Word on Fire. León incluye más de cincuenta citas de su predecesor, incluidas sus tres encíclicas Laudato Si, Fratelli Tutti y Dilexit Nos. Y aporta su experiencia como misionero en Perú en relación con las conferencias episcopales latinoamericanas de Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida (párrafo 89).
El papa repasa en el documento dos mil años de enseñanza y testimonio de la Iglesia sobre el amor a los pobres. Comienza con las Sagradas Escrituras, y luego aborda a los Padres de la Iglesia, la tradición monástica y a diversos santos que promovieron la justicia social (capítulo 3). En el párrafo 74, el primer papa estadounidense se centra en la primera santa de esa nacionalidad, la monja Francisca Javier Cabrini (nacida en Italia en 1850 y fallecida en Chicago en 1917), patrona de los emigrantes.
Finalmente, llega a la doctrina social de la Iglesia a lo largo de los últimos 150 años —«un verdadero tesoro de enseñanzas significativas sobre los pobres» (83)—, incluyendo el Concilio Vaticano II y las enseñanzas de Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y, por supuesto, Francisco (capítulo 4).
Las obras de caridad, escribe León XIII, son «el corazón ardiente de la misión de la Iglesia» (15), ya que en la Encarnación, Cristo se hizo pobre en la carne para que nosotros fuéramos ricos en Dios (18; véase 2 Corintios 8:9), y los cristianos están llamados a tocar la carne sufriente de los más pequeños entre nosotros para tocar la carne sufriente de Cristo (48, 49, 119).
El papa Prevost se apresura a aclarar que no se refiere exclusivamente a la pobreza material. Junto con quienes carecen de medios de subsistencia, incluye a quienes no tienen «medios para expresar su dignidad y sus capacidades»; a los que padecen «la pobreza moral y espiritual, la pobreza cultural»; y a los que se encuentran «en una condición de debilidad o fragilidad personal o social, la pobreza de quienes no tienen derechos, ni espacio, ni libertad» (9).
Alerta el papa sobre dos peligros al articular el amor a los pobres: caer en el pietismo que no se traduce en acciones concretas (119) o en una lucha por la justicia social que no se traduce en atención religiosa (114). Ninguno de estos enfoques unilaterales es aceptable. Se trata de un enfoque de «ambas cosas a la vez».
Asimismo, escribe sobre la fe y la acción social (40), el rigor doctrinal y la misericordia (48), la oración y el trabajo (53), la piedad y la dedicación a los demás (71), la proclamación del Evangelio y la satisfacción de las necesidades materiales (77). «La tradición monástica», escribe, «nos enseña que la oración y la caridad, el silencio y el servicio, las celdas y los hospitales forman un único tejido espiritual» (58).
En el párrafo 79, el santo padre sintetiza este enfoque de «ambas cosas a la vez»: rezar y ocuparse de los pobres, con una paradoja sorprendente: «Cuando la Iglesia se inclina para cuidar de los pobres, asume su postura más elevada».
De esta forma, León XIV inauguraba su ministerio con una exhortación apostólica que culminaba la labor del papa Francisco, del mismo modo que este completó, a su vez, con la encíclica Lumen Fidei (La luz de la fe) la labor iniciada por Benedicto XVI antes de su renuncia. Todo lo cual viene a subrayar la continuidad doctrinal de los últimos pontífices.
Esta entrada de Nueva Revista sintetiza dos artículos publicados en la plataforma Word on Fire: Leo XIV, the first weeks; y Dilexit Te: The key takeways from pope Leo first exhortation.
Imagen de cabecera: «La conversión de san Agustín», de Fra Angélico. El archivo de Wikimedia Commons se puede consultar aquí.