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Ver productos1 Jun 1992 - 5min.
El próximo día 3 de junio cuando, rodeada como siempre por sus amigos, celebre su cumpleaños número 94, Rosa Chacel seguirá demostrando que la modernidad tiene muy poco que ver con el paso del tiempo.
La escritora vallisoletana, que terminó su primera novela hace 65 años, continúa en plena actividad intelectual. En marzo dictó una conferencia en el Ateneo de Madrid con el inquietante título de «La esclava», conferencia que todavía está dando que hablar en las tertulias y círculos literarios de la capital. Por su parte, la editorial Tusquets acaba de publicar su poesía completa, escrita entre 1931 y 1991.
Alberto Porlan.— ¿Qué proyectos tiene en estos momentos?
Rosa Chacel.— Hace poco arranqué a escribir una novela de cierto volumen y peso, pero ahora mismo está interrumpida. Me dicen que debo ampliar la conferencia que pronuncié el otro día en el Ateneo, que debo hacer un pequeño ensayo. De modo que es probable que haga eso, porque estoy un tanto desorientada en este momento. Creo que es buena idea ampliar la conferencia, porque veo que suenan por ahí una serie de cosas que están relacionadas con ella. Son asuntos que están en el aire, por todas partes, y creo que lo debo hacer. De modo que es posible que me someta a ampliarla hasta conseguir un ensayo que tenga cierta relación con la actualidad. Pero no será muy largo. Tal vez no llegue al centenar de páginas.
Alberto Porlan.— Usted siempre ha sido moderna, tanto en su pensamiento como en su literatura. Pero me parece que ese término, «modernidad» se ha pervertido últimamente y tal vez necesite una redefinición. ¿No cree?
Rosa Chacel.— Por lo que atañe a la literatura, a lo que la literatura tiene de arte, me parece que reina una gran confusión. Pero no más de lo que lo hace en los terrenos de la pintura y de la música, por ejemplo. Claro que, además, hay otra modernidad que no es forzosamente estética, sino una imposición de la realidad, un desafío. O, si se prefiere, una búsqueda de superación, un ir hasta ver dónde llegamos en cuanto a búsqueda de conocimiento. Me refiero al conocimiento científico. Se sigue este camino, seguramente porque es el único que no resulta confuso. De modo que, hoy día, el movimiento científico ha atropellado brutalmente a la literatura hasta el punto de que la que quede lejos de eso no se mantiene en pie, debido a la confusión estética en que se mueve.
Por lo que atañe a la literatura, a lo que la literatura tiene de arte, me parece que reina una gran confusión. Pero no más de lo que lo hace en los terrenos de la pintura y de la música, por ejemplo.
Alberto Porlan.— ¿A dónde nos conduce esa confusión?
Rosa Chacel.— La confusión no conduce a nada. Estamos debatiéndonos en el laberinto de la libertad. Porque la verdad es que somos libres, pero estamos dentro de un laberinto. Y el caso es que nosotros sabemos que el laberinto tiene salida, porque conocemos lo que es el laberinto. Pero no la encontramos, no.
Alberto Porlan.— ¿De dónde cree que nos llegará la primera luz para salir de ese laberinto?
Rosa Chacel.— Quizá del terreno científico. Pero eso es porque no alcanzamos a ver otra cosa. No me atrevería a decir que es el único camino. Pero sí digo que por el momento no se ve otro.
Alberto Porlan.— Europa se está consolidando como una unidad. ¿Cree que se alcanzará un verdadero diálogo entre las culturas nacionales del continente?
Rosa Chacel.— Es una bonita utopía. Sería tan deseable… pero estamos demasiado escarmentados para creer en algo de esas dimensiones. Y, sin embargo, tampoco podemos afirmar que sea imposible.
Alberto Porlan.— Volvamos a la literatura. ¿No cree que últimamente estamos viviendo una vuelta al relato tradicional?
Rosa Chacel.— Sí, es verdad. Hay un nuevo realismo naciente.
Alberto Porlan.— Y eso ¿no representa una ruptura contra las generaciones anteriores, como la suya, más experimentales?
Rosa Chacel.— Sí, así parece. En realidad, podríamos decir que el gran ejemplo, el más tangible, es el del cine. El cine fue para nosotros, los de mi generación, lo que más nos desequilibró. Nos sugirió la Movilidad. Y eso, nos llevó a la Simultaneidad. Pero el cine ha continuado avanzando, y ha progresado de tal modo en su desarrollo que ha alcanzado la perfección realista. De manera que ahora ansiamos conseguir en la literatura una perfección realista igual a la que consigue el cine.
El cine fue para nosotros, los de mi generación, lo que más nos desequilibró. Nos sugirió la Movilidad. Y eso nos llevó a la Simultaneidad.
Alberto Porlan.— Parece como si en lugar de funcionar como un estímulo para lo literario, ahora el cine fuese el modelo a servir por la literatura.
Rosa Chacel.— Bueno, la Movilidad y la Simultaneidad que nosotros adoptamos a partir del cine, se produjeron a consecuencia de una sugestión masiva provocada por un aluvión de imágenes imperfectas. Ahora eso ya no es así. Ahora, como las imágenes son tan perfectas, el cine ya no sugiere la realidad, sino que la materializa, la impone. De modo que lo que deseamos e intentamos construir son presencias. Hace poco hablé sobre esto de la presencia en la literatura, que me parece interesante. Lo que andamos buscando ahora es un realismo tal que podamos llamarlo presencia. La perfección del relato ha dejado ya de ser importante. Hay que quitarle al relato lo que tiene de monserga y trabajar con esa facultad poética a la que estoy llamando presencia.
No hay nada que añadir a unas palabras tan claras y lúcidas. Y, por otro lado, tan nuevas, tan modernas. La capacidad analítica de Rosa Chacel es la misma de siempre. La sociedad española tiene, en esta mujer, a uno de sus intelectuales más brillantes y sugestivos. Es, pura y simplemente, una maestra.