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Después de las elecciones autonómicas y municipales, si no sigue todo exactamente igual, al menos se puede decir que el panorama es bastante parecido. España está prácticamente dividida por la mitad. Pero las elecciones han reflejado que el desgaste de Zapatero es real, pues ya no es su partido el más votado. ¿Quién ha ganado las elecciones?

Si quiere gobernar, el PP necesita obtener la mayoría absoluta de los ediles o de los escaños. Lo ha logrado de manera espectacular en Madrid y también en Valencia, La Rioja y Murcia. En Navarra, como en algunas otras comunidades, no. Unión del Pueblo Navarro (UPN) y sus aliados de Convergencia Democrática de Navarra (CDN) no han conseguido superar el listón de la mitad más uno. Los nacionalistas moderados coaligados en Nafarroa Bai (Na-Bai) son los que más han subido, hasta ser la segunda candidatura más votada. El PSOE, que baja a la tercera posición, tiene, sin embargo, la posibilidad de decidir si pacta con los nacionalistas para gobernar o llega a un acuerdo con UPN.

No hay, pues, un veredicto inequívoco e inapelable de las urnas en Navarra. Caben los pactos poselectorales de los que depende la formación de la mayoría de gobierno. Y no es el partido más votado, aunque casi doble al siguiente, el que tiene la última palabra, sino el socialista.

El candidato socialista, Fernando Puras, ha condicionado su alianza con Nafarroa Bai al mantenimiento de Navarra en su actual status de autonomía foral independiente.

Pero el futuro de Navarra, no obstante, no está tan claro. El gobierno de Rodríguez Zapatero ha estado metido en una negociación de gran calado con los nacionalistas, cuyo fin declarado era la desaparición del terrorismo. El precio de este pacto no estaba claro. Los nacionalistas más violentos quieren un País Vasco independiente de España, que incluya Navarra y algunas regiones del sur de Francia. Políticamente, Zapatero podría pensar que si lograba el acuerdo de la desaparición de ETA y ésta entregaba las armas, merecía la pena pagar un buen precio.

UPN se ha encargado durante la campaña de denunciar la tibieza de los socialistas, en orden a preservar a Navarra y no admitirla como moneda de cambio en el posible fin de ETA. Algunos acusan al presidente de UPN, Miguel Sanz, de haberse equivocado por su política de sal gorda que no quiere distinguir entre una Navarra independiente y separada de Euskadi y una comunidad foral con una relación política preferente con el País Vasco. Teme que esta relación podría convertirse en el caballo de Troya de los nacionalistas para hacerse finalmente con la autonomía del antiguo reino.

En el ayuntamiento de Pamplona el resultado electoral refleja una parecida correlación de fuerzas políticas con lo sucedido en la comunidad foral. Pero en la capital, los dos concejales de Acción Nacionalista Vasca (ANV), la candidatura más próxima a ETA que no ha ilegalizado el gobierno, tienen la posibilidad de arrebatar la alcaldía a Yolanda Barcina de UPN, que ha obtenido 13 de los 27 concejales.

Se convierte así la alcaldía de Iruña en la piedra de toque para la política de pactos del PSOE con fuerzas manifiestamente anticonstitucionalistas.

El ligero desgaste de UPN en su labor de nueve años de gobierno, que pierde 5.500 votos y un diputado con relación a 2003, resulta decisivo para el futuro político inmediato de Navarra. Porque pierde la mayoría absoluta con la que gobernaba en coalición con CDN, que ha obtenido 10.000 votos menos que hace cuatro años.

En Navarra, nacionalistas y socialistas parece que han ganado en estas elecciones. Si fuera así, me quedo con la sentencia de Catón el Viejo: Victrix causa deis placuit, sed victa Catoni. Pero me inclino a pensar que la causa de Navarra tendrá oportunidad de demostrar que ni mucho menos está derrotada y eso es importante para toda España.


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