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Ver productos1 Jul 1992 - 6min.
Recordemos que durante 12 siglos, desde los primeros juegos en el año 776 a. de Cristo, hasta la prohibición por el emperador Teodosio en el 393 d. d. Cristo, se celebraban en Olimpia cada 4 años los juegos y su mayor esplendor coincidió, precisamente, con los años de florecimiento político y cultural de Grecia en los siglos V y IV a. d. Cristo.
Eran los tiempos en que Pericles decía: tenemos un régimen de gobierno cuyo nombre es democracia, por no depender el gobierno de unos pocos, sino de un número mayor…
y continuaba …y al tiempo que no nos estorbamos en las relaciones privadas, no infringimos la ley en los asuntos públicos
.
Política, cultura y deporte coincidían cronológicamente en el éxito. Habrían de transcurrir 1.500 años para que, en 1896, se celebraran en Atenas los I Juegos Olímpicos de la era moderna y ello debido a la iniciativa del Barón de Coubertin, Pierre de Fredy. Y en los II juegos de 1900 en París, donde por cierto, coinciden ese mismo año juegos y Exposición Universal, ya participa por primera vez un deportista español: Pedro Pidal, Marqués de Villaviciosa, que además obtiene medalla de plata en tiro con arco.
Desde entonces la participación española en los Juegos Olímpicos ha sido irregular y con resultados más bien pobres: un total de 15 participaciones en los 24 juegos celebrados y 4 medallas de oro, 13 de plata y 10 de bronce. Por ejemplo en los últimos Juegos en Seúl, nuestro balance fue tan sólo de 1 medalla de bronce.
La participación española en los Juegos Olímpicos ha sido irregular y con resultados más bien pobres: un total de 15 participaciones en los 24 Juegos celebrados y 4 medallas de oro, 13 de plata y 10 de bronce
Que a los Juegos Olímpicos, como al deporte se le concedió hasta fecha reciente poca atención por los poderes públicos, se refleja incluso en la escasísima bibliografía que existe sobre aquellos. He de destacar como excepciones los dos magníficos tomos Olimpia y los Juegos Olímpicos antiguos de Conrado Durantez, y el recién publicado España en los Juegos Olímpicos, importante trabajo de investigación y estadístico de Antonio Alcoba.
España aspiró a ser sede de los Juegos en varias ocasiones. Concretamente Barcelona presentó su candidatura a los de 1924; 1936 y 1940 y Madrid a los de 1972; así como Jaca para los Juegos Olímpicos de Invierno de 1996. Y después de tres intentos fallidos de Barcelona es en 1986, con la importante presencia al frente del COI de Juan Antonio Samaranch, cuando Barcelona logra su designación para 1992.
Creo que Barcelona, sede de Exposiciones y centro de una región con importante desarrollo deportivo, demostró sus méritos con su insistencia, su interés, y su convicción de la importancia de los Juegos Olímpicos para la proyección mundial de la ciudad y como centro de importantes inversiones en infraestructura, Urbana y Deportiva.
Los Juegos de Barcelona podían ser, además, los de la Paz, cual los antiguos de Olimpia con su origen en el tratado de Ifito Rey de los Eleos, Licurgo de Esparta y Cleóstenes de Pisa, según el cual dos meses antes de los Juegos se suspendían todas las guerras. Podrían ser, además, auténticamente universales, después de las ausencias de muchos países del bloque occidental, en 1980 en Moscú; de los países comunistas del Este en los Juegos de Los Ángeles, y todavía de algunos países en Seúl, en 1988. Esperemos que éstos se logren a pesar de la ruptura política y situación yugoslava.
Pero sobre todo y desde el punto de vista español, estos Juegos serán, son, los de la solidaridad entre todas nuestras regiones. Solidaridad que se reflejó en el apoyo unánime de todas las fuerzas políticas plasmado en Lausana el 17 de octubre de 1986 día en que se eligió Barcelona.
Solidaridad deportiva con la respuesta unánime y esfuerzo, durante años, de nuestros deportistas que aspiran no sólo a participar sino a obtener mucho mejores resultados de los conseguidos hasta ahora. Deben ser los Juegos en los que España, como ha sucedido con todos los países organizadores, consiga récord de medallas (cosa no excesivamente difícil, como ya hemos visto, dado el balance histórico del deporte español en los Juegos Olímpicos). La importante solidaridad económica quedó documentada en el protocolo firmado en marzo de 1987 por las tres administraciones: Estatal, Generalitat y Ayuntamiento de Barcelona, junto con el comité organizador de los Juegos —COOB— según el cual el Estado asume los primeros 9.500 millones de pesetas, financiándose el resto por la Administración del Estado en un 20%, la Generalitat en un 40% hasta un máximo de 4.200 millones de pesetas y el Ayuntamiento de Barcelona en otro 40%.
¿Cuál es el resumen, hasta este momento de todo ello?
Estos Juegos de la paz
exterior en cuanto a participación, se están viendo alterados en nuestro país: primero, por un Comité Olímpico catalán, después por la catalanización, que evidentemente no lo es para la financiación, ya que la participación del Estado aumentó 51.000 millones de pesetas a través de Holsa, reduciendo en esa misma cifra la del Ayuntamiento de Barcelona… y aún se pide más españolización económica
de los Juegos.
Estos Juegos debieran haber servido de lanzamiento definitivo del deporte español y de la educación física desde los primeros tiempos de la etapa escolar
Estos Juegos debieran haber servido de lanzamiento definitivo del deporte español y de la educación física desde los primeros tiempos de la etapa escolar; debieran también haber servido para, desde el marco jurídico de la Ley del deporte y de la de incentivos fiscales a la participación privada en actividades de interés general (larguísimo disfraz de la Ley del Mecenazgo), definir la financiación general del deporte tanto pública como por la iniciativa privada.
Está claro que Barcelona y su entorno sí han conseguido, con el respaldo general, una importantísima, magnífica, infraestructura general y deportiva.
Está claro que el programa federaciones-empresas-TV de financiación de los deportistas olímpicos no ha dejado contentos, en general, ni a las federaciones ni a las empresas patrocinadoras.
Está claro que el deporte, que administrativamente dependió hasta fecha reciente del Ministerio de Cultura, que hasta 1990 tuvo una ley de cultura física y del deporte, que por mandato de la Carta Olímpica debe tener, al mismo tiempo que la competición de deportes olímpicos, una olimpiada cultural, ha tenido y presenta grandes deficiencias en el aspecto cultural.
Consideramos necesarios seminarios deportivo-culturales con desarrollo de trabajos científicos, artísticos, sociológicos, literarios… hoy desgraciadamente escasos.
La cultura deportiva aleja al individuo de muchos riesgos de degradarse.
La antorcha Olímpica que recorre todas nuestras Comunidades Autónomas debe ser la señal de Paz entre todas ellas; de pleno apoyo a la catalanización y españolización de los Juegos Olímpicos de Barcelona.
Esperemos sirva también para iluminar a la administración deportiva española y no se apague el interés serio de ésta por el deporte, con la extinción de la llama Olímpica el próximo 9 de agosto.