Las máquinas inteligentes

Alberto M. Arruti

Título: «El hombre mecánico. El futuro de la robótica y la inteligencia humana».
Autor: Hans Moravec.
Editorial: Temas de Hoy. Madrid, 1990.
Precio: 1.600 pesetas.


El autor, Hans Moravec, que es uno de los más reconocidos investigadores en robótica en Estados Unidos y que ha trabajado, especialmente, en los campos de la visión y la locomoción de los robots, presenta en este libro una serie de hechos y una serie de opiniones. Hace una pequeña historia del robot, con algunas referencias a los ordenadores. Describe los diversos intentos que se han llevado a cabo hasta el el presente para conseguir que las máquinas sean inteligentes.

Primeramente se intentó copiar los procesos mentales conscientes de los seres humanos. Este sistema tropieza con graves dificultades, puesto que los aspectos más poderosos del pensamiento parecen ser inaccesibles a la introspección mental. Otros cibernéticos construyeron modelos de sistemas nerviosos de animales desde el nivel neurológico. Este sistema es también muy complicado. Los sistemas nerviosos grandes tienen un número elevadísimo de células y resulta muy difícil conocer exactamente lo que hacen las neuronas individuales, cómo están interconectadas y cómo funcionan las redes nerviosas.

El autor se pronuncia por una tercera vía que consiste en «imitar la evolución de las mentes de los animales y, poco a poco, ir añadiendo capacidades a las máquinas, de forma que la secuencia resultante de comportamientos de la máquina se asemeje a las aptitudes de animales con sistemas nerviosos cada vez más complicados. Una de las características fundamentales de este enfoque es que se puede ajustar la complejidad de estos avances paulatinos para aprovechar mejor la capacidad de resolver problemas de los investigadores y de los ordenadores».

Cuando el autor aporta datos, tomamos conciencia de que nos encontramos en el umbral de una nueva época, dominada por la ciencia y por su inmediata consecuencia que es la técnica, cuyos últimos resultados nadie es capaz de prever. Por ejemplo, leemos que «la cantidad de potencia informática que puede comprar un dólar se ha visto multiplicada por mil cada dos décadas desde el comienzo de este siglo. En ochenta años, el precio de los costes de cálculo es un billón de veces menor».

Evidentemente, este gigantesco proceso de la cibernética y de la robótica va a tener, a nuestro juicio, con independencia de los resultados prácticos, una serie de consecuencias que podríamos calificar de filosóficas. Palabras como inteligencia o creatividad se impone definirlas con absoluta precisión. Pensamos que la vida humana es irreducible a la vida animal, y que ésta tampoco puede ser comparada con un artilugio, entre mecánico y electrónico, como puede ser el robot. En definitiva, como ya apuntó hace bastantes años Max Scheler, jamás una máquina podrá plantear un auténtico problema, porque jamás podrá tener angustia y, todavía menos, podrá hacer de su propia existencia un problema. A lo sumo, podrá plantear una cuestión. Así, el autor, Hans Moravec, cuando afirma que tiene «la absoluta seguridad de que los robots con inteligencia humana serán algo corriente dentro de cincuenta años» y que «las máquinas más perfectas de la actualidad serán como la mente de los insectos frente a la de los seres humanos», nos da la impresión de que ideas terriblemente primarias en un sentido pero enormemente complejas cuando se examinan con detenimiento, como pueden ser mente humana frente a mente animal o inteligencia, son usadas de una manera excesivamente ligera. Nos hubiese gustado que el autor reflexionase más en estas ideas.

El libro es, en consecuencia, una llamada a la finura intelectual, a la profundización en el pensamiento. Es también una llamada al optimismo, porque el progreso no debe ser jamás temido. Y es, finalmente, una llamada al temor, que despierta en todos nosotros la idea de un progreso que no sabemos si tendremos la capacidad intelectual y ética de canalizar, para que este progreso vaya en beneficio de todos.