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Ver productos1 May 1990 - 5 min.
Si Victoria Prego fuera a hacer una entrevista precocinada a un candidato norteamericano en cualquier televisión de los Estados Unidos, la emisora o la cadena tendría que ofrecer el mismo trato al otro y otros candidatos al mismo puesto. Y si lo hiciera en las 72 horas antes de las elecciones, tendría que haber avisado a los otros candidatos de antemano y haberles ofrecido el mismo trato.
Las normas que rigen la televisión en los Estados Unidos son a la vez más exigentes y más libres que las españolas sobre la misma materia; y, si fueran a aplicarse aquí, no se autorizaría a ninguna de las actuales televisiones comerciales españolas. Las reglas no serán extrapolables, pero aleccionadoras, sí.
Con 1.395 emisoras UHF y VHF de televisión (de las cuales todas son comerciales menos 337, que están en manos de la Administración, de las universidades, etc.) y 9.300 sistemas de televisión por cable (en 25.000 localidades) al último recuento, Estados Unidos constituyen, por mucho, el país más televidente del mundo. Y habrá más emisoras, porque no hay limitaciones al número de licencias que se podrá conceder, salvo las técnicas.
¿Cómo pueden sobrevivir tantas emisoras? Según «la biblia» de los medios electrónicos norteamericanos, Broadcasting/Cable Yearbook ’89, más de 90 millones de domicilios (el 98 por 100) tienen por lo menos un receptor de televisión, y están encendidos estos receptores en un 25 por 100 a un 52 por 100 de las casas todos los días entre las 10 de la mañana y las 11 de la noche, hora local. El National Audience Demographics Report de julio de 1988 dice que el promedio de personas que están mirando la pantalla en cada casa durante dichas horas es de 1,4 a 1,7 (y menos, por supuesto, en las demás horas). El Television Bureau of Advertising calcula que la publicidad ingresó casi 23.000 millones (2,5 billones de pesetas al cambio actual) en las arcas de las televisiones privadas en 1987.
Cualquiera puede montar una empresa de televisión privada, siempre que respete las normas dictadas por la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), que incluyen, además de las especificaciones técnicas, ciertas restricciones para evitar situaciones monopolistas o acaparadoras de los medios de información, no sólo a nivel nacional sino local también. Por ejemplo, ninguna persona física ni jurídica puede tener un interés mayoritario en, o el control de, más de 12 emisoras, ni tener la cobertura suficiente para alcanzar más del 25 por 100 de las casas con televisor en el país. Esta regla se suaviza en el caso de emisoras en propiedad de integrantes de grupos sociales clasificados como minoritarios (hispanos, negros, indios americanos, nativos de Alaska, asiáticos y oriundos de ciertas islas del Pacífico), permitiéndose en tal caso un máximo de 14 emisoras o hasta un 30 por 100 de cobertura nacional.
Las grandes cadenas, como la Columbia Broadcasting System (CBS), National Broadcasting Company (NBC), American Broadcasting Companies (ABC) y otras, funcionan a través de sus respectivas redes de emisoras afiliadas. Las cadenas no son propietarias, en la gran mayoría de los casos, de las emisoras. Cerca de un millar de las emisoras comerciales están afiliadas con alguna cadena. Ninguna cadena cubre, ni mucho menos, el país entero.
No obstante la importancia de las cadenas, una gran parte de la programación es local. La FCC obliga a las emisoras afiliadas a las cadenas a limitar el tiempo de conexión en cadena, durante las horas punta, a tan sólo tres de las cuatro horas de audiencia máxima (aunque hay ciertas excepciones, por ejemplo cuando se trata de programas para niños, noticiarios extraordinarios en directo, documentales, mensajes de candidatos políticos o acontecimientos deportivos de singular importancia). En realidad una emisora afiliada puede transmitir hasta tres horas y media de programación en cadena en horas de prime time, a condición de que 30 minutos de éstas se dediquen a noticias nacionales e internacionales, y que la emisora coloque una hora entera de noticias locales o de material de interés público inmediatamente antes o después del noticiario de la cadena.
No se conceden licencias a las personas o entidades que ya controlan algún periódico o emisora de radio en la misma localidad.
Hay una excepción: el periódico no se tiene en cuenta si no se edita en inglés, de modo que el dueño de cualquier cadena hispana puede tener periódicos en español también.
El esquema que propone el Canal Plus en España sería inválido en los Estados Unidos. Allí las empresas o personas dueñas de una emisora convencional no pueden controlar un sistema de televisión por cable en la misma localidad. Además está prohibido a las cadenas de televisión el poseer ningún sistema de televisión por cable.
Las autorizaciones para emitir se conceden normalmente para un período de cinco años, renovable. No obstante, la licencia se puede revocar en cualquier momento si la emisora incumple los reglamentos de la FCC. Una persona que se sienta perjudicada por cualquier decisión de la FCC puede apelar a los tribunales.
Las presentaciones por o a favor de los candidatos a cargos públicos pueden emitirse o gratis o pagadas. Si un anuncio político se transmite gratis, se tiene que hacer igual con los otros candidatos al mismo puesto. Si la emisora cobra, el precio será igual para todos los que quieran, por igual tiempo; y no puede ser superior a los precios normales para otros anunciantes.
No hay censura oficial, y hasta la autocensura colegiada ha desaparecido, por lo menos de modo formal. En 1976 un juez federal en Los Ángeles decidió que las restricciones impuestas por el código de conducta de la Asociación Nacional de Emisoras (NAB), referente al tipo de programación durante ciertas horas cuando la audiencia se compone de una gran proporción de niños, constituía una violación de la Constitución.
No obstante, las presiones de las mismas comunidades en donde radican las emisoras moldean de cierta forma el contenido de las emisiones, y los anunciantes suelen ser los primeros en querer evitar herir las sensibilidades del público. •