La sucesión de Franco

Rafael Gómez López-Egea

Título: «Memorias: Los años decisivos» (Volumen II).
Autor: Laureano López Rodó.
Editorial: Plaza-Janés / Cambio 16, Madrid 1991, 730 pp.


Siguiendo con su plan de aportación documental a la reciente historia de España, el que fuera ministro comisario del Plan de Desarrollo, don Laureano López Rodó, publica el segundo tomo de sus Memorias, que abarca el período de tiempo comprendido entre enero de 1966 y diciembre de 1969, tres años, como reza el subtítulo del libro, en verdad decisivos para nuestro país, que marcaron el rumbo de los acontecimientos posteriores.

Aunque la técnica seguida por el autor en el primer y segundo tomo de sus memorias difiera de su anterior y fundamental obra histórica, titulada La larga marcha hacia la monarquía, Laureano López Rodó mantiene idéntica línea en cuanto al propósito de ofrecer la visión de unos acontecimientos cruciales, en los que tuvo ocasión de participar, unas veces como espectador y otras como protagonista. Conviene desprenderse de prejuicios políticos a la hora de juzgar el valor y significado de estas «memorias», porque se corre el riesgo de supervalorarlas, tanto como de minimizarlas, actitudes ambas que no se corresponden con el verdadero contenido y alcance de estos apuntes históricos personales.

Del desarrollo económico al político

En primer lugar, hemos de recordar que don Laureano se ciñe con sobriedad a la mecánica de los hechos, enfocados con un estricto criterio cronológico, evitando, en lo posible, comentarios marginales destinados a dirigir al lector por los intrincados caminos de aquel tan particular sistema franquista. Lo que se pierde en elaboración se puede ganar en brevedad y síntesis a la hora de enfocar los acontecimientos. Se preparaba, a comienzos de 1966, la redacción de la Ley Orgánica del Estado, al tiempo que se perfila en toda su gravedad el problema sucesorio, a medida que es más evidente el deterioro de la salud de Franco, el cual se resiste, como se desprende de la lectura de las páginas de estas memorias, a tomar una decisión clara y definitiva.

Cuenta López Rodó los entresijos, tensiones, maniobras y tendencias que se sucedían entre los ministros del régimen, los políticos y personalidades relevantes, respecto a quién habría de suceder al general el día que muriese. Naturalmente, como no podía ser de otro modo, don Laureano expone los hechos tal como él los fue anotando, con ese cuidado y prolijidad que caracterizó siempre su trabajo. Son, por tanto, como algunos críticos señalan, unas memorias «subjetivas». Pero no hay ninguna que no lo sea.

Por eso es conveniente contrastar los datos con los de otras obras de características semejantes, referidas a hechos parecidos o similares. Por ejemplo, el libro de don Pedro Sainz Rodríguez, titulado Un reinado en la sombra, nos brinda el relato de la operación «nombramiento del Príncipe don Juan Carlos» desde el punto de vista de su padre, don Juan, heredero de los derechos de la corona, anteriores a los de su hijo. También el libro de Sainz Rodríguez presenta rasgos subjetivos, sin discutir el valor de los datos, referencias y opiniones expresadas. Actitud lógica y comprensible, igualmente.

Vistos con la perspectiva del tiempo, aquellos episodios tan cuidadosamente narrados por López Rodó, con el punto culminante de la aprobación por las Cortes de la propuesta en favor del Príncipe don Juan Carlos —22 de julio de 1969— son de los que cambiaron el curso de la historia. López Rodó se encontraba, por voluntad propia, junto a la decisión tomada por el general Franco a favor de don Juan Carlos, lejos de la postura de don Juan de Borbón.

Expone, pues, sus convicciones, pero no oculta las razones de la otra parte. Así, anota el comunicado facilitado a los medios de comunicación por don José María de Areilza, señalando la postura del Consejo Privado y del Secretariado de don Juan ante un hecho que alejaba la candidatura del Conde de Barcelona de sus legítimas aspiraciones como heredero de la Corona española.

Es un texto fundamental para comprender la lealtad de don Juan hacia la Corona, hacia su país, hacia su hijo y a todas las personas que le habían seguido con fidelidad durante muchos años. Y también es un documento decisivo para ver cómo, posteriormente, don Juan Carlos puso en práctica las líneas trazadas por su padre como programa de la monarquía española. El documento dice así:

«Don Juan de Borbón, culminando con ello una actitud que siempre estuvo inspirada en los más nobles principios del servicio a su país, ha disuelto, con fecha de hoy, su Consejo Privado y Secretariado Ejecutivo para reajustar su actitud y la de los que lo siguieron durante tantos años, a las nuevas circunstancias que se van a crear dentro del marco de la legalidad vigente».

«Quedan, pues, sus componentes y seguidores en libertad de criterio y de opinión para obrar y pensar con arreglo a sus conciencias». «Creo —prosigue en la nota de don José María de Areilza— que la monarquía propugnada por don Juan de Borbón consistía, como lo ratifica en su declaración, en establecer la evolución pacífica y democrática que insertara nuestro país, que no es diferente, en los niveles políticos de Europa. Pienso también —continúa Areilza— que sin la presencia activa del pluralismo social y político no puede haber un régimen verdaderamente libre».

Laureano López Rodó vuelve a resucitar, a través de sus memorias, nuestro más inmediato pasado, cuando ya los espíritus se han serenado. Y se ha hecho realidad el objetivo de conseguir esa «evolución pacífica y democrática» que ha insertado a España en los niveles políticos de Europa, respetando el pluralismo social y político que nos ha llevado a un régimen «verdaderamente libre». Si España logra afirmar su camino hacia la libertad, en la justicia y a través de la democracia, todos los esfuerzos realizados por tantos hombres de buena voluntad —sin distinción de bandos políticos, tal como es el caso de don Laureano López Rodó— han merecido la pena.