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Ver productos1 Abr 1995 - 3min.
Paloma de la Nuez
La política de la libertad. Estudio del pensamiento político de F. A. Hayek
Unión Editorial
Madrid, 1994, 261 págs.
Apenas transcurridos tres años desde la muerte de Friedrich August von Hayek se suceden, dentro y fuera de España, los trabajos de investigación que toman como objeto el estudio de su obra. La vida de este profesor austríaco, nacido en Viena en 1899 y posteriormente nacionalizado británico, constituye un paradigma de enciclopedismo intelectual. Doctor en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad de su ciudad natal, se traslada en los primeros años treinta a Londres donde desarrolla una intensa actividad docente y recibe el grado de doctor en ciencias económicas por la London School of Economics; a comienzos de 1950 se incorpora a la Universidad de Chicago como profesor de ciencias sociales y morales, lugar donde permanece hasta 1962. A partir de este año, ocupa una plaza de profesor de política económica en la Universidad de Friburgo, regresando en 1969 a su Austria natal.
Hayek, discípulo directo de Ludwig von Mises, se alineó claramente, desde mediados de los años veinte, con las ideas de la Escuela Austríaca de Economía. Durante su etapa londinense mantuvo una viva polémica científica con John Maynard Keynes, buen amigo suyo, pero cuyos planteamientos económicos consideró profundamente equivocados y nocivos. En su etapa norteamericana, en la que sienta los fundamentos de su pensamiento político, trabaja junto a los integrantes de la Escuela de Chicago con cuyas ideas económicas mantiene innumerables coincidencias pero también significativas diferencias teóricas; pero es tras su regreso a Europa cuando desarrolla lo más fecundo de su trabajo, recibiendo en 1974 el Premio Nobel de Economía por su profunda y original contribución a la teoría económica.
Esta rápida y somera semblanza de Hayek pone de manifiesto por sí misma el enorme atractivo de la figura estudiada por Paloma de la Nuez. Esta brillante profesora aborda un completo estudio crítico de la obra política hayekiana, aunando el rigor científico con notables dosis de amenidad. No estamos ante una mera exposición ordenada de las ideas de Hayek, tarea que por sí misma tendría ya un gran interés dada la fundamental aportación de este autor al pensamiento político contemporáneo, sino que nos encontramos ante un completo análisis de sus grandes aportaciones que discurre siempre acompañado de una inteligente constatación de algunas de sus debilidades y contradicciones. No es sencillo, como pone de manifiesto Paloma de la Nuez, hacer compatibles de manera coherente el evolucionismo spenceriano que indudablemente se manifiesta en la obra de Hayek con la ética racionalista kantiana o el empirismo de Hume, tan apreciados por el profesor austríaco.
Hayek se separó intelectualmente de forma tajante de los conservadores, a quienes consideraba como un grupo carente de un cuerpo articulado de principios, preocupados por amparar las situaciones preexistentes, temerosos de cualquier cambio o innovación, nacionalistas y proteccionistas y, en definitiva, cómplices en la construcción y mantenimiento del llamado Estado del Bienestar en los países desarrollados. Sin embargo, su obra se entiende mejor desde la idea de tradición que desde el concepto de evolución. Es un auténtico liberal, firme partidario de la limitación del poder coactivo del Estado y defensor a ultranza de la economía de libre mercado, características que con frecuencia no se aprecian con claridad entre las propuestas conservadoras; sin embargo, no hay duda de que Hayek no es un radical.
Tal vez convenga destacar, por último, una característica de la actitud intelectual hayekiana certeramente abordada en la obra comentada: su confianza en el poder de las ideas. La influencia de las ideas a el largo plazo es a menudo subestimada, razón por la cual suelen ser ignoradas o abandonadas en el debate político. La tarea fundamental de los liberales consiste en convertir el esfuerzo por construir una sociedad libre en una permanente aventura intelectual. Ganar la batalla por la libertad exige vencer previamente en el campo de las ideas, tarea para la que la obra de Paloma de la Nuez puede ser calificada como un arma imprescindible.