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Ver productos1 Jul 1992 - 6min.
El año más carismático de nuestra historia reciente ha llegado. Entre los acontecimientos que lo van a caracterizar tal vez los JJ.OO., a celebrar en Barcelona a partir del 25 de julio, sean lo más destacado. En un mundo tan agitado y complicado como es el actual, quizás, estos Juegos sean una ocasión ideal de encuentro y socialización amistosas entre todos los países del planeta. El motivo, celebrar competiciones deportivas entre los atletas de todos los continentes, es pacífico, amistoso y generador de contactos por encima de razas, políticas, religiones y tradiciones. Por esta razón, se trata de acontecimiento casi único y mantiene un difícil equilibrio, sabiamente dirigido con mano maestra por la diplomacia de Samaranch, que esperamos se mantenga hasta el final.
Existe otro peligro que acecha a la futura celebración de las Olimpiadas: su propio crecimiento. El gigantismo cada vez mayor de los Juegos, la proliferación de nuevos países por la escisión de otros, el incremento de la popularidad de nuevos deportes que piden su inclusión en el programa, hacen que la organización del evento sea cada vez más complicada y costosa. Ello unido a las medidas de seguridad, hoy tan necesarias, exigen un replanteamiento de ciertos reglamentos olímpicos.
El gigantismo cada vez mayor de los Juegos, la proliferación de nuevos países por la escisión de otros, hacen que la organización del evento sea cada vez más complicada y costosa
Algunos deportes, hoy ya olvidados y sólo practicados por minorías, no tienen razón de estar en la Olimpiada y deberían ser sustituidos por aquellos de mayor universalidad. Igualmente, el participar por el mero hecho de demostrar la presencia testimonial de algún país, entorpece las competiciones y aumenta innecesariamente el número de participantes que no acreditan el nivel deportivo suficiente para estar en unos Juegos donde tomarán parte los mejores del mundo. Hay que establecer unas marcas mínimas en todos los deportes individuales que aseguren la calidad y manejabilidad del certamen. Las Villas Olímpicas que alberguen a deportistas y acompañantes técnicos, no pueden ir más allá de las 15.000 personas de capacidad, como va a tener la de Barcelona, si queremos que reúnan la calidad y seguridad suficientes. Porque ninguna ciudad o gobierno querrá en el futuro hacer inversiones costosísimas que no tengan, una vez pasados los Juegos, una continuidad y utilización práctica y rentable.
Barcelona, o mejor el COOB’92, ha actuado con criterios racionales al plantearse la preparación y celebración de su Olimpiada. Las instalaciones deportivas, suficientes, modernas, incluso modélicas en algunos casos, dejarán a la ciudad y su entorno con una dotación envidiable, que podrá ser utilizada con posterioridad al acontecimiento. La Villa Olímpica se convertirá en una de las barriadas de mejores servicios, calidad y ubicación en la Ciudad Condal.
Incluso se ha previsto obtener unos ingresos de casi 3.000 millones de pesetas por la venta de activos del Comité Organizador (material deportivo y de oficina, etc.). Por tanto, al margen de los cuantiosos recursos invertidos por el Estado en el entorno barcelonés en todos estos años, los Juegos teóricamente no van a costar nada, aunque tampoco va a haber beneficios económicos.
La organización de las competiciones y de todo lo necesario (transportes, alojamientos, acreditaciones, etc.) para que los actos se lleven a cabo correctamente, parece estar bien encauzada. El ambiente barcelonés, mediterráneo, europeo, que va a imperar durante los Juegos, creemos que va a ser fantástico y va a hacer más agradables las muchas horas a disfrutar entre competición y competición o durante las mismas.
El nivel deportivo de las pruebas va a ser, si no ocurre nada imprevisto en los días que faltan, el mejor de la historia del olimpismo. No sólo porque técnicamente se ha progresado enormemente en todos los deportes, con un aumento de su espectacularidad, sino porque no va a faltar nadie. Desde Munich en 1972, en todas las Olimpiadas de verano celebradas ha habido algún boicot de países participantes: en Montreal, de países africanos por culpa del apartheid; en Moscú faltaron los Estados Unidos y muchos otros países occidentales, en respuesta a la invasión de Afganistán; en Los Ángeles no estuvo la URSS y países afines por razones políticas derivadas del boicot de los Estados Unidos a Moscú; e incluso en Seúl, aunque fueron ausencias de menor importancia, faltaron Cuba, Etiopía y algunos más, a causa del tipo de gobierno existente en Corea. En Barcelona, de momento, están todos inscritos y, además, hay que resaltar la presencia de los Países Bálticos y quizá de Sudáfrica.
El nivel deportivo de las pruebas va a ser, si no ocurre nada imprevisto en los días que faltan, el mejor de la historia del olimpismo
Todo ello va a contribuir a que el nivel deportivo sea el mejor de la historia y que las ansiadas medallas estén más caras
que nunca.
Mucho se ha hablado de que España tiene el deber no sólo de organizar bien los Juegos, sino de conseguir además triunfar deportivamente en los mismos. Esto segundo es más difícil, sobre todo si sólo equiparamos triunfos a las medallas conseguidas. Es obvio que el nivel deportivo de nuestro país ha subido muchísimo en la última década, en gran número de deportes olímpicos. La cifra de participantes perfectamente cualificados para estar compitiendo en los Juegos representando a España, se ha multiplicado de forma notoria en los últimos años. Creemos que eso hay que valorarlo como un éxito del nivel deportivo alcanzado por nuestro país, que nos coloca entre los mejores del continente europeo. El que luego estos deportistas estén a la altura de sus mejores marcas y capacidades sería suficiente para que el papel jugado por ellos en los Juegos fuera digno de alabanza. Si algunos tienen su gran día y consiguen llegar a las finales y alcanzar alguna medalla, será la guinda
para esa actuación de buen nivel.
Hay que ser realistas y no esperar que, por aquellas pruebas se celebren en España, todo va a ser fácil. En el deporte no hay milagros. El ambiente favorable, con el público animando, puede ayudar a superarse a nuestros representantes, pero todo tiene sus limitaciones lógicas. Una excesiva presión o exigencias pueden ponerles nerviosos y estropear su actuación. Por tanto, podemos estar globalmente al nivel que el deporte español tiene actualmente, que es bueno, pero no equiparable a países que nos ganan en tradición deportiva, en instalaciones, en mentalidad de su sociedad hacia la práctica del ejercicio físico y en recursos económicos o número de habitantes. Que yo sepa, no somos punta de lanza a nivel mundial en nada y no veo por qué tendríamos que serlo en deporte, en una sociedad todavía excesivamente sedentaria y espectadora en lo que a éste concierne. Nuestra obligación es intentar acercarnos a un buen nivel europeo y mantenernos allí. Esperemos que los Juegos de Barcelona, que poco han cambiado la mentalidad deportiva del país, nos dejen por lo menos algunas instalaciones y centros de entrenamiento de calidad. También una mejor inclinación a patrocinar lo deportivo por parte de las entidades privadas e institucionales. A incluir definitivamente en la educación escolar el gusto por el ejercicio físico y tomarse en serio lo de mens sana in corpore sano
. En una sociedad cada vez con más ocio y tiempo libre, la práctica deportiva puede encauzar mejor las energías y ganas de divertirse de nuestros jóvenes, evitando que se dediquen a otras actividades más nocivas para su salud física y mental.
Es evidente que en España se va a hablar del deporte de antes
y después
de nuestros
Juegos. Esperemos que el año 93, tan temido, suponga el comienzo de la auténtica era de oro del deporte español, estimulado y mejorado por estos Juegos del 92. Que el buen papel que nuestros representantes estoy seguro que van a hacer allí, contribuya a la mejora de los recursos económicos disponibles tras la cita olímpica barcelonesa. Invertir en esta parcela de nuestras actividades lúdicas es rentable para la salud de la Sociedad. Entre todos los que amamos el deporte tenemos que mentalizar a nuestros compatriotas de que esto es cierto. Espero que la Olimpiada del 92 contribuya a ello.