Mi cesta
Tu cesta está vacía, pero puedes añadir alguna de nuestras revistas o suscripciones.
Ver productos1 Abr 1995 - 2 min.
Patricia Morgan
Farewell to the Family?
(Public Policy and Family Breakdown in Britain and the USA)
Institute of Economic Affairs
Londres, 1995, 194 págs.
La producción de resultados perversos al margen de la voluntad del político o del legislador es, sin duda, uno de los más graves problemas de la política social contemporánea. Se olvida con demasiada frecuencia que, aunque su promulgación se haga con muy loables propósitos, las leyes crean incentivos a determinadas formas de comportamiento y cada uno tratará siempre de utilizarlas en su beneficio directo o de protegerse de ellas cuando le ocasionen perjuicios. Así una ley que controle, por ejemplo, el precio máximo de venta de una mercancía para hacerla accesible al mayor número posible de personas lo que logrará, seguramente, es reducir su oferta, hacer que desaparezca de las tiendas y crear un mercado negro de dicho producto. Y una ley promulgada para ayudar a las madres solteras, que establezca como requisitos para acceder a las posibles subvenciones que se trate de mujeres no casadas y que tengan una renta muy baja, lo que conseguirá realmente será que aumente el número de madres solteras y que, además, éstas no trabajen.
Esta es la política que Patricia Morgan denuncia en su estudio sobre los efectos indeseados de la política familiar británica y norteamericana. La autora llama la atención sobre los cambios experimentados por la política fiscal en las cuatro últimas décadas en el sentido de favorecer cada vez más a las familias monoparentales y discriminar en contra de las familias tradicionales constituidas por los padres y los hijos. Piensa Morgan que lo que suele conocerse con el nombre de «política familiar» tiene muy poco que ver con lo que la mayoría de la gente entiende que es una familia y está diseñada en cambio pensando en los cada vez más frecuentes casos de madres solteras con hijos.
Si esta nueva situación no tuviera elevados costes sociales, podríamos pensar simplemente que nos encontramos ante una forma nueva de organización social que podría sustituir a la tradicional. Por desgracia, no es esto lo que sucede. Los datos indican con bastante claridad que el crecimiento del número de familias monoparentales va unido a serios problemas que van desde un deterioro de la salud y la educación de los niños a un aumento significativo de la delincuencia, No sabemos con precisión hasta qué punto es la propia sociedad contemporánea la que origina estos problemas y en qué grado son inevitables. Pero que sea la propia administración la que los provoque con el dinero de unos contribuyentes que, en su mayoría, creen en las ventajas de la familia formada por padres e hijos parece algo ciertamente bastante disparatado.