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Ver productos1 Mar 1992 - 6min.
Las alteraciones climáticas que afectan a determinadas regiones de nuestro planeta han atraído la atención de metereólogos, naturalistas y biólogos, que han encontrado relaciones evidentes entre el deterioro de la capa de ozono y el estado de los casquetes polares, de modo que de esa relación pueden derivarse consecuencias graves para el futuro de la humanidad. En consecuencia, cuantos más datos se obtengan de las condiciones actuales de los polos Artico y Antártico, más fácil será la adopción de medidas que puedan frenar la degradación progresiva que se observa en las condiciones de vida de la Tierra.
De ahí la importancia que reviste la «Expedición Circumpolar Mapfre ’92» dirigida por un grupo de jóvenes españoles, que se encuentra en este momento cumpliendo el último tramo de su arriesgada aventura, con un final previsto para el próximo mes de septiembre del presente año 1992.
De ahí la importancia que reviste la «Expedición Circumpolar Mapfre ’92» dirigida por un grupo de jóvenes españoles, que se encuentra en este momento cumpliendo el último tramo de su arriesgada aventura, con un final previsto para el próximo mes de septiembre del presente año 1992.
La «Expedición Circumpolar» patrocinada por el grupo MAPFRE, se inició en 1990 de acuerdo con un plan que, partiendo del sur de Groenlandia, localidad de Narssarssuaq, ascendería en kayak por la costa en dirección hacia el Norte de la isla hasta alcanzar, a través de la bahía de Baffin, la zona más próxima a las regiones polares canadienses. Una vez ganados los hielos del continente americano, el viaje proseguiría a lo largo de la costa del Norte de Canadá en dirección al territorio de Alaska, para descender hacia el Sur con el fin de llegar a Puerto Valdez, en el Océano Pacífico, etapa final del proyecto.
Estudiando este recorrido en el mapa de la zona que se acompaña, es fácil deducir las enormes dificultades que han debido superar ya los expedicionarios en las etapas cumplidas hasta el momento. El jefe de la Expedición, Ramón Hernández de Larramendi, ha sido asistido en las distintas fases del recorrido por otros miembros del grupo: los ingenieros Manuel Olivera y Antonio Martínez, especialistas en alpinismo, espeleología, navegación en kayak y marchas sobre hielo y Rafael Peche, submarinista, experto en kayak y fotógrafo de la expedición. Larramendi cubrirá todo el recorrido de 14.000 kilómetros según las previsiones, acompañado en distintos tramos por Manolo Olivera, Rafael Peche y Antonio Martínez, que se relevarán de acuerdo con las características de la marcha.
Cubiertos gran parte de los objetivos propuestos, se han reunido ya un considerable número de datos científicos sobre el clima, condiciones de vida, extensión y consistencia de los hielos, fenómenos atmosféricos y cambios en las estaciones, tomando notas que están siendo estudiadas en las pausas obligadas por motivos de seguridad o contrariedades atmosféricas.
Durante la travesía, sucedieron pequeños y grandes acontecimientos que han sido recogidos en las crónicas escritas sobre el terreno en párrafos expresivos, algunos de los cuales se reproducen a continuación:
«A los pocos kilómetros de iniciar el viaje los dos miembros de la expedición, Ramón Larramendi y Manolo Olivera se tuvieron que enfrentar al mayor contratiempo de la navegación ártica: el hielo. Gran cantidad de hielos flotantes, procedentes de la costa Este, arrastrados por el reflujo de la corriente oriental de Groenlandia, les dificultaron, y, en ocasiones les imposibilitaron el avance, quedándose atrapados en las islas deshabitadas en más de una ocasión.
Una vez alejados de esta corriente, la preocupación consistía en avanzar el mayor número de kilómetros diarios, de modo que de una media de 10 kilómetros diarios, se pudo pasar a otra de 35 kilómetros por cada jornada. A los 1.200 kilómetros de travesía se tuvieron que enfrentar al trayecto de mar abierto más largo de todo el recorrido. Era el cruce de la bahía de Disko por su zona meridional, desde Egedesminde hasta Godhavn, poblado este último situado en la isla que da nombre a la bahía, 60 km. de mar abierto con alguna que otra isla, separadas entre sí por distancias de aproximadamente 25 km., lo que supone, para travesías en kayak, jornadas de mucho riesgo, puesto que en cualquier momento puede sobrevenir una tormenta».
En ocasiones, los expedicionarios estuvieron a punto de perder la vida, como sucedió en un episodio en el que fue necesario retroceder para escapar del peligro:
En el camino de vuelta, Manolo se vio atrapado por las rompientes. Las olas le arrebataron el remo y le hicieron volcar, por lo que hubo de ponerse a salvo nadando en aquellas aguas heladas.
«En el camino de vuelta, Manolo se vio atrapado por las rompientes. Las olas le arrebataron el remo y le hicieron volcar, por lo que hubo de ponerse a salvo nadando en aquellas aguas heladas. Mientras esto ocurría, Ramón Larramendi ya había alertado al pueblo más próximo con una bengala, de modo que cuando Ramón regreso al puerto, Rafael Peche estaba dispuesto al rescate, en una barca, acompañado por tres expertos. Tan pronto conocieron detalles de lo ocurrido, salieron a rescatar el accidentado. Por suerte, no tardaron en recuperar el kayak y el material perdido, así como a Manolo Olivera que fue llevado al hospital con una temperatura corporal de 32 grados». Pese a que se repitieron situaciones de máximo riesgo, el viaje ha continuado a lo largo de 1991 por la costa de Groenlandia hasta llegar a Canadá y, posteriormente a Alaska, término de la Expedición Circumpolar.
Por el momento, los miembros de la expedición disponen de material de elevado nivel científico en diversas ramas, incluyendo estudios antropológicos realizados en contacto con los pueblos esquimales visitados, así como investigaciones arqueológicas, geológicas y geográficas de las extensas regiones polares recorridas en trineos tirados por perros adiestrados. Asimismo se han tomado fotografías y filmaciones con cámara de video de lugares prácticamente desconocidos, desde inmensas llanuras heladas, hasta elevadas montañas situadas en la costa noroeste de Groenlandia.
Se han tomado fotografías y filmaciones con cámara de video de lugares prácticamente desconocidos, desde inmensas llanuras heladas, hasta elevadas montañas situadas en la costa noroeste de Groenlandia.
El responsable de los trabajos fotográficos, Rafael Peche, regresó a España en junio de 1991 para clasificar los materiales grabados durante los 14 meses de estancia en Groenlandia, en colaboración con el equipo de Mapfre Video y Comunicación, encargado de elaborar los resultados de la Expedición. Mientras tanto, el viaje prosigue con éxito y de acuerdo con los planes previstos, que culminarán en Puerto Valdez (Alaska) precisamente en el punto de 61 grados Norte, máxima cota alcanzada por el navegante español Salvador Fidalgo en 1790 en el Pacífico Norte, en busca del «Paso del Noroeste» que permitiera un camino hacia Oriente evitando el peligroso Cabo de Hornos. De este modo, la Expedición Circumpolar se une a las celebraciones del Quinto Centenario del Descubrimiento de América, aportando un esfuerzo que muestra, además del valor de los jóvenes participantes en el grupo expedicionario, las decidida preocupación por el futuro de nuestro planeta.