El techo de Pujol

Por cuarta vez consecutiva desde la aprobación del Estatut se van a celebrar unas elecciones al Parlament de Catalunya, del que saldrá el Gobierno de la Generalitat. Cuando se recuerda las emociones y actitudes encontradas que suscitó esta institución en épocas no muy lejanas y se constata la normalidad de hoy, puede sentirse orgullo y optimismo, la dilución de las filias y las fobias al proceso de autogobierno catalán en una aceptación desapasionada y generalizada es uno de los activos de nuestra democracia, las trece elecciones celebradas desde 1977 hasta hoy en Cataluña (5 generales, 4 municipales, 3 autonómicas y al Parlamento Europeo) permiten extraer algunas conclusiones, que tienen algo de paradójico.

Pujol, «El President» (lema de la última campaña autonómica), es el decano de los Presidentes de Comunidades Autónomas, con doce años de ejercicio e innegablemente un peso pesado de la política española.

El comportamiento electoral de los catalanes es distinto dependiendo del tipo de elección. Así, los socialistas no han ganado, hasta el momento, ninguna elección autonómica, venciendo en las demás, mientras que los convergentes no han triunfado en ninguna elección que no fuese autonómica y no han dejado de ganar ninguna que lo fuese.

El catalán ha patentizado hasta ahora un sentido del equilibrio político que le ha inclinado a una distribución del poder en los distintos ámbitos de la Administración: central, autonómica y municipal.

La afirmación anterior se complementa con una tendencia del electorado catalán a concentrar el voto en una determinada formación política en cada tipo de elecciones, posibilitando mayorías amplias. Esto es así tanto en el Parlamento Catalán, como en la representación catalana en las Cortes Generales y en los ayuntamientos grandes y medianos. En los ayuntamientos pequeños no tiene tanta significación este fenómeno ya que el voto es mucho más personalizado.

Por último, la composición de Parlamentos y corporaciones es pluralista.

De las diecisiete Comunidades Autónomas existentes, solamente dos superan, actualmente, a Cataluña en formaciones políticas con representación parlamentaria (País Vasco y Canarias) y una sola la iguala (Baleares). Si prescindimos del fenómeno de la insularidad, que propicia la aparición de partidos específicos en las diferentes islas, el País Vasco y Cataluña son las Comunidades Autónomas más pluralistas políticamente, lo que no es de extrañar.

El sistema de partidos en Cataluña ha cristalizado en un pentapartidismo (CiU, PSC, PP, IC y ERC), con algún añadido ocasional, como han sido el PSA y CDS. En el ámbito autonómico podría hablarse de un sistema de partido hegemónico, que tendrá pronto oportunidad de revalidarse o de modificarse.

El electorado

La sociedad catalana no es homogénea, pero sí es una sociedad crecientemente integrada.

Hay una amplia zona de consenso que hace que las diferentes formaciones políticas se solapen en cuanto a ofertas programáticas y electorados potenciales.

La tensión derecha/izquierda en el ámbito ideológico se ha diluido en la convergencia en un centro amplio. La tensión centralismo/independentismo en cuanto al Gobierno de Cataluña ha dado paso a un autonomismo mayoritariamente aceptado. La tensión población nativa/población inmigrada, en cuanto a la consideración social, se ha amortiguado con el concepto de catalanidad de ejercicio. Son catalanes no sólo los nacidos en Cataluña, sino los que viven allí («els altres catalans», en la terminología al uso).

No obstante queda un elemento de tensión que, aunque larvado, podría materializarse con el tiempo, el que podría llegar a separar a los castellanoparlantes de los catalanoparlantes. Bajo el eufemismo de «normalització de la llengua» una vez más se trata de desactivar el significado mediante la dulcificación del significante se están tomando medidas que están suponiendo, y puede suponer aún más en el futuro, una discriminación real de una parte de la sociedad catalana. Es razonable y conveniente que aquel que vive en Cataluña aprenda la lengua catalana, pero siempre que lo haga de forma voluntaria y no bajo presión. En este terreno, como en otros, lo inteligente es aplicar medidas de seducción y no de coacción.

Los candidatos

Las elecciones autonómicas catalanas son parlamentarias no presidenciales. Hay, sin embargo, una mentalidad «presidencialista» muy arraigada en el electorado catalán.

El art. 36.3 del Estatut de 1979, copiado literalmente del art. 14 del Estatut de 1932, establece la posibilidad de que el President de la Generalitat delegue temporalmente funciones ejecutivas en uno de sus Consellers. Esta delegación no se ha producido durante la Presidencia de Pujol, por la negativa de Pujol a cubrir el cargo de «conseller en cap», equivalente al de primer ministro, tiene antecedentes históricos en Macià y Tarradellas. Macià se negó también a hacerlo en 1933, cuando se lo pidió, con insistencia, un sector de su propio partido. Y Tarradellas, elegido Presidente de la Generalitat en 1954, nunca quiso formar Gobierno con el exilio.

El catalán ha evidenciado hasta ahora un sentido del equilibrio político que le ha inclinado a una distribución del poder en los distintos ámbitos de la Administración: central, autonómica y municipal.

El resultado de esta ausencia de delegación es que en el President de la Generalitat, concurren, actualmente, las dos funciones, representativa y ejecutiva, previstas en el art. 36.2 del Estatut. Este presidencialismo de facto hace que los catalanes tengan muy en cuenta quién es el candidato que encabeza la lista de cada formación política.

De las cinco opciones electorales que tienen posibilidad de representación, tres repiten cabecera de candidatura y dos la renuevan.

CiU: Jordi Pujol

El candidato de CiU es Pujol, o quizás cabría hablar con más propiedad de que la candidata de Pujol es CiU.

Pujol, «El President» (lema de la última campaña autonómica), es el decano de los Presidentes de Comunidades Autónomas, con doce años de ejercicio, e innegablemente un peso pesado de la política española.

Su polifacetismo, su catalanismo militante desde la adolescencia, su pasado de luchador antifranquista, su progresivo eclecticismo ideológico, su capacidad de identificación con el catalán medio y su permanente contacto con los más diversos estratos de la sociedad catalana son aspectos que contribuyen a que sea el favorito indiscutible en las próximas elecciones.

Pujol, además, no deja nunca de hacer campaña electoral. Más que de régimen «presidencialista» se podría hablar, como alguien ha hecho por su continua presencia en todo tipo de acontecimientos, de régimen «presencialista». Pujol tiende sus redes en todos los caladeros electorales, si bien cabe sospechar y el 15 de marzo tendremos ocasión de comprobarlo, que haya llegado al límite de sus posibilidades.

PSC: Raimon Obiols

Obiols es el candidato del PSC. De pétrea inmutabilidad, que quizás le proporcione su profesión no ejercida de geólogo, es el Poulidor, el eterno segundón de la política catalana, tiene fama de tener un espíritu conciliador, que ha sabido aplicar en su partido, donde no ha habido conflictos de importancia. Ha contribuido a los éxitos electorales del PSOE en Cataluña, pero no ha sabido o no ha podido ampliar el electorado para llegar a la presidencia de la Generalitat. Su propuesta de federalismo cooperativo es uno de los grandes arcanos de la política catalana.

IC: Rafael Ribó

Ribó es el candidato de Iniciativa per Catalunya (IC), federación independiente y complementaria de IU. Procedente de familia acomodada, tiene un amplio bagaje académico tarea. Tras sustituir a Antoni Gutiérrez en la Secretaría del PSUC ha sido reconciliar a los comunistas y competir con el nacionalismo de izquierda.

ERC: Àngel Colom

Los dos nuevos carteles electorales son Colom por ERC y Vidal-Quadras por el PP.

Colom procede de la Crida, movimiento independentista radical de la que fue fundador y portavoz del 83 al 86. De ahí pasó a ERC, en cuya lista por Barcelona salió elegido diputado autonómico en 1980. Es conocido su lema: «Emborrono todo lo que veo escrito en castellano en un rótulo público». Hizo buena la máxima de Eugenio D’Ors, «el doctorado del político es la traición al jefe», desplaza a Hortalà de la Secretaría General de ERC en el último Congreso del Partido, lo que motivó la salida de Hortalà de ERC para crear una nueva formación política, Esquerra Catalana, que ha firmado el llamado «acuerdo estable» con CiU.

Colom cree que su oferta puede ampliar su base electoral, captando votos de CiU, del nacionalismo de izquierda y de la abstención. En Cataluña hay una frase hecha que es «Fer volar coloms», equivalente al castellano: «Hacer castillos en el aire».

PP: Alex Vidal-Quadras

Alex Vidal Quadras, que ha sido definido como «una mezcla de flema británica, tenacidad nipona y perspicacia catalana», es la encarnación de la refundación del PP en Cataluña.

Diputado autonómico en el Parlament, desde 1988: se le deben algunas de las más brillantes intervenciones parlamentarias en la legislatura que ahora concluye.

Vidal Quadras, definido por alguien como «una mezcla de flema británica, tenacidad nipona y perspicacia catalana», es la encarnación de la refundación del PP en Cataluña.

Después de un período de inestabilidad en el partido, fue elegido Presidente del PP de Cataluña.

Hombre culto y sin complejos ante un competidor como Pujol, tiene encomendada la tarea de recuperar el voto centrista no nacionalista, hoy en poder de CiU y, en mucho menor medida, de CDS.

El cambio en la cabecera de lista del PP es significativo. El mismo que va de un ex-gobernador civil de Barcelona a un catedrático de la Universidad Autónoma de Bellaterra, de quien habla un catalán adquirido a quien habla un catalán nativo, del españolismo al catalanismo integrador y autonómico, en definitiva.

La campaña

Hay un principio aplicado a la campaña electoral catalana, que nadie que ambicione votos se atreve a contravenir: la campaña ha de ser constructiva, de argumentación y exposición de los postulados propios, y no de desautorización de los contrarios. No hay mayor pecado electoral en Cataluña que emplear el arma de descalificación, donde el retroceso es mayor que la longitud de tiro. Esto hace que las fuerzas políticas contendientes se tienten mucho la ropa a la hora de introducir en campaña cuestiones polémicas. El temor a la máxima descalificación, la de indiscreto, atrofiada e ingenio, coarta la imaginación e impide un debate en profundidad sobre las cuestiones de interés. El resultado son unas campañas electorales, considerablemente aburridas, convertidas en unos Juegos Florales donde la poesía es escasa.

Este planteamiento favorece extraordinariamente al que ocupa el poder. En las elecciones autonómicas, Pujol no solamente juega en terreno propio sino que lleva a sus adversarios a su terreno, desde el primer momento. Su discurso electoral, conocido por recurrente, aunque suele aparentar que lo varía, se convierte en el elemento central de referencia. Este discurso se basa en una serie de ideas fuerza, en mi opinión vulnerables, pero que salen incólumes de la confrontación dialéctica. La prueba es que las vuelve a utilizar en la campaña siguiente. Vamos a analizarlas someramente.

— «Algo tan importante como la Generalitat de Cataluña ha de encomendarse a personas con experiencia de Gobierno.»

Como el único que tiene experiencia de Gobierno es él, verde y con asas, se presenta por encima del bien y del mal, alejado de la pugna política estrecha y mezquina.

— «Los demás critican, nosotros hacemos.»

Con lo que se concede la ventaja de atribuirse una actitud positiva frente a la actitud negativa de la crítica. Cuando la crítica va implícita en el modus operandi de todo partido de oposición.

— «S’ha de fer país.» / «Hay que construir Cataluña.»

Bajo un envoltorio lírico se transmite un mensaje subliminal: el inicio de la construcción de Cataluña se produce a partir de la aprobación del Estatut en octubre de 1979. Desde entonces hay una realidad diferente que él como máximo responsable del Gobierno Catalán ha contribuido a conformar de forma destacada. Como si Cataluña no tuviese ya unos cuantos siglos de existencia (la Generalitat ha celebrado recientemente el Milenario de la Fundación). Cataluña no se acabará de construir jamás, será siempre una obra inconclusa, como lo es cualquier otra comunidad. Cataluña se puede llegar a potenciar, a desarrollar, a ensanchar, pero nunca se puede llegar a construir.

— «Más que hacer política, lo que queremos es hacer país.»

Aceptando el lenguaje metafórico de Pujol, está claro que se ha elegido la actividad política para hacer país. La frase es en sí misma contradictoria, pero muy eficaz para quien se quiere presentar por encima del bien y del mal, alejado de la pugna política estrecha y mezquina.

— «La defensa de la identidad nacional necesita un poder único y fuerte. Necesitamos la mayoría absoluta.»

Pujol parte del valor convenido, que no le interesa revisar, de que existe un poderoso adversario exterior cuyo empeño es vampirizar la identidad nacional catalana: el centralismo de Madrid. No hay que bajar la guardia, pues nada es definitivo todavía. La apelación a defender la identidad de Cataluña, entendida como su lengua, su cultura y sus tradiciones, es una propuesta indeclinable para el catalán, del que Vicens Vives señala su voluntad de ser como rasgo definitorio.

Ahora bien, puesto en marcha el proceso de autogobierno catalán del que se ha recorrido un gigantesco trecho en escasos años, y aceptada una instancia de arbitraje como es el Tribunal Constitucional, por el poder central y el poder autonómico, para dirimir sus diferencias en cuanto al alcance de dicho proceso, o se postula la independencia o únicamente se aducen agravios «menores». Como la postura de CiU con relación a la independencia, a pesar de algún desafortunado símil lituano, es inequívoca: no reivindicarla; no existe ninguna situación de excepción que reclame un poder único y fuerte. No existe ningún argumento adicional del buen gobierno para solicitar la mayoría absoluta.

Un pronóstico

A más de un mes de las elecciones, emitir un pronóstico sobre los resultados, no deja de ser una temeridad, pero siguiendo el consejo de Churchill de que en política se ha de ser capaz de predecir lo que va a ocurrir, y de explicar después por qué no ha ocurrido, voy a arriesgar un pronóstico.

No va a haber vuelcos espectaculares. Por lo tanto, las variaciones no van a ser cuantitativamente significativas, aunque pueden serlo cualitativamente.

No habrá vuelcos espectaculares. Por lo tanto, las variaciones no van a ser cuantitativamente significativas, aunque pueden serlo cualitativamente.

Los cambios en cuanto a número de votos y de representantes podrían ir en la siguiente dirección:

ERC

Tiende a bajar, sin llegar a desaparecer (en la actualidad tiene un 4,1% de votos, y por debajo del 3% ya no obtiene representación), por el apego de la sociedad catalana a una sigla con resonancias históricas. El motivo de este posible descenso es la apuesta que ha hecho Colom por un independentismo descarnado, rompiendo la tradición de Barrera y Hortalà, que postulaban un independentismo matizado, «metódico y gradual». La incorporación de antiguos miembros de Terra Lliure a ERC, siendo siempre una buena noticia el trueque de la actividad terrorista por la lucha por los votos, no me parece que vaya a contribuir a ampliar su base electoral.

IC

Tendencia al mantenimiento. Está claro que la crisis comunista es un aspecto negativo, pero que puede digerirse por las distancias que ha sabido establecer.

PP

Debería crecer de forma apreciable. El electorado catalán va a apreciar tres aspectos: la idoneidad del cabeza de lista, la desaparición de cualquier reserva hacia el modelo autonómico catalán, y los esfuerzos de Aznar por situar el PP en el centro político.

PSC

Mantenimiento al alza. Tiene un suelo electoral claro y la colaboración parlamentaria de CiU con el PSOE en el Congreso de los Diputados le resta peso. El protagonismo del Ayuntamiento de Barcelona en este año, así como el nombramiento de Serra como segunda autoridad del Gobierno, pueden contribuir a esta subida que no va a ser, ni mucho menos, aparatosa.

CiU

El empeoramiento de la situación económica, el colaboracionismo con Madrid en cuestiones que no son inocuas como la Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana (las puertas catalanas no son inaccesibles a la larga bota del Ministerio del Interior), la consolidación del autogobierno catalán, la ambigüedad del discurso convergente, el hecho de encontrarse al límite de sus posibilidades electorales son factores que presagian una pérdida moderada de votos, dependiendo de la aceptación que tenga la dramatización que, a buen seguro, este partido va a imprimir a la campaña.

¿Qué hará entonces Pujol? Las posibilidades son múltiples: desde gobernar en minoría, a un gobierno de coalición en toda regla, pasando por acuerdos parlamentarios de legislatura. Excluida IC, puede elegir socio entre las restantes fuerzas políticas: PP, PSC y ERC.

Lo previsible es que Pujol tome, llegado el caso, aquella decisión que le suponga un menor coste político. Entendido éste en un único sentido, el de la reducción del poder que actualmente ejerce.

Si CiU perdiera dos escaños, terminaría el período de mayoría absoluta.

Datos electorales reproducidos en la revista

Autoposicionamiento del electorado catalán en cuanto al Gobierno de Cataluña (% de respuestas)

CentralismoAutonomíaFederalismoIndependenciaNo contestanNo válidos
Nacidos en Cataluña165515716
Nacidos fuera de Cataluña275011534

Encuesta dirigida por J. J. Linz para estudiar el comportamiento de la población en el referéndum para la reforma política de 1976.

Mínimo nacionalismoNacionalismo moderadoMáximo nacionalismo
12,855,331,9

Resultados electorales en Cataluña — en % de votos

ElecciónCiUPSCAP/PPPSUC/ICERC
Generales 7716,828,43,518,24,5
Generales 7916,129,23,617,14,1
Municipales 7918,926,81,220,23,9
Autonómicas 8027,722,3NP18,78,9
Generales 8222,245,214,54,64,0
Municipales 8324,839,39,311,22,9
Autonómicas 8446,630,07,75,64,5
Generales 8632,040,911,43,82,6
Municipales 8732,636,95,610,22,4
Autonómicas 8846,029,95,37,84,1
Europeas 8927,535,48,65,5(*)
Generales 8932,735,610,67,32,7
Municipales 9133,237,26,79,73,3

(*) Se presentó en coalición con otros partidos nacionalistas.

Resultados electorales en las elecciones autonómicas catalanas

Partido198019841988
Votos%EscañosVotos%EscañosVotos%Escaños
CiU754.44827,7431.346.91745,6721.232.51446,069
PSC608.68922,333866.42530,041802.82829,942
AP/PP221.6057,711143.2415,36
PSUC/IC509.01418,725160.6295,66209.2117,89
ERC241.7118,914126.9714,55111.6474,16
CC-UCD247.6109,214NPNPNPNPNPNP
CDSNPNPNPNPNPNP103.3514,13
PSA72.0712,62NPNPNPNPNPNP
135135