Economía Norte/Sur

Luis Pastor

Título: «El impacto del mercado único en el Sur de Europa».
Autor: Varios.
Editorial: Revista del Instituto de Estudios Económicos, Madrid 1991, 320 páginas.
Precio: 1.500 pesetas.


Nadie discute ya que la integración económica europea qu que conducirá al mercado único en enero de 1993 será beneficiosa para todos los países afectados. El famoso Informe Cechini sobre el coste de la no-Europa y multitud de análisis posteriores no dejan la menor duda al respecto. Lo que ahora se plantea es qué países resultarán más beneficiados y cuáles menos. Un modo de enfocar esta cuestión se inclina a distinguir, por buenas razones, entre los países del Norte de Europa de los del Sur. España, Grecia y Portugal, además de ser los últimos llegados al club, van rezagados respecto de los demás en prácticamente todas las magnitudes que hemos dado en considerar medida del bienestar, y sus estructuras económicas adolecen de un retraso que parece insalvable en muchos años.

De todos modos, los países del Sur de Europa pueden contarse entre los más beneficiados del mercado único si se apresuran a lograr una mejor situación de partida y saben elegir con acierto la estrategia económica a corto y medio plazo. A primera vista, parece evidente que estos países deben explotar las ventajas comparativas que tienen sobre los del Norte, en especial sus menores costes laborales, para competir por el precio en un mercado abierto. Pero es un camino peligroso porque: a) tendrán que soportar la competencia de los países en vías de desarrollo, proveedores de los mismos productos a precios aún menores, que ya están llamando con fuerza a las puertas de la Comunidad; b) profundizarán su especialización en industrias de bajo contenido en I+D con limitadas posibilidades de crecimiento, y c) se condenarán a largo plazo a un comercio fundamentalmente interindustrial con el resto de Europa. Por estas razones, los países del Sur de Europa deberían mejorar su posición en industrias con elevado contenido tecnológico (a semejanza de Irlanda), además de buscar el aumento del valor añadido de su producción tradicional para acceder a segmentos del mercado distintos de los que pueden cultivar con ventaja los países en vías de desarrollo, como enseña el ejemplo de Italia.

La Revista del Instituto de Estudios Económicos 3/1991 recoge los estudios más recientes sobre esta sugestiva problemática, introducidos por una cuidadosa síntesis y una aplicación al caso de España.

España es el país del Sur de Europa «menos del Sur» en el sentido que aquí se trata. No se encuentra tan condicionada como Grecia o Portugal por las estructuras productivas tradicionales y ya está desarrollando industrias de elevado contenido tecnológico e intensivas en capital, pero el reducido tamaño de estas empresas impide de momento que pueda aprovechar en grado suficiente las economías de escala. En todo caso, el comportamiento dinámico de la economía española en los últimos años y el indudable atractivo que genera en los inversores extranjeros podría justificar una opinión optimista sobre sus posibilidades de integración y competitividad, siempre que terminen de corregirse los desequilibrios básicos que aún padecemos respecto de los principales países de la Comunidad. En este sentido, los autores del Estudio Introductorio de la revista que comentamos señalan esquemáticamente las coordenadas deseables para una política económica consecuente: a) reducir la inflación, hasta eliminar la diferencia que todavía existe con los países comunitarios más moderados, mediante la actuación de otras políticas macroeconómicas que ayuden a la monetaria, sobre todo la política fiscal; b) la reestructuración del sector público industrial, con la idea de vender las empresas públicas cuya gestión pueda mejorarse en manos privadas; c) la moderación salarial, para evitar que los costes laborales crezcan por encima de la productividad; d) la reforma de la formación profesional; e) medidas que estimulen la mejora de la eficacia del sector bancario.