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Ver productos1 Nov 1990 - 3min.
Título: «Memorias. El líder de la Nueva URSS»
Autor: Boris Yeltsin.
Editorial: Temas de hoy. Madrid, 1990, 280 páginas.
Precio: 2.300 pesetas.
La opinión pública occidental asocia los extraordinarios y sorprendentes sucesos que rodean la desmembración del Imperio Soviético a una expresión: perestroika, y a un nombre: Mijail S. Gorbachov. Sin embargo, detrás de él —o mejor, frente a él— aparece otro personaje que se hizo famoso en 1989 a raíz de un polémico y espectacular viaje que realizó a Estados Unidos. Este hombre de 59 años, considerado el rebelde del Politburó, es Boris Yeltsin, un político nato que, en busca de fama y popularidad, ha escrito ahora unas Memorias en las que se nombra, sin ningún rubor, como «El líder de la Nueva URSS». Con la ayuda de un joven y aplicado periodista ruso, y de acuerdo con las mejores técnicas de la antes denigrada propaganda «capitalista», Yeltsin cuenta, no su vida real sino aquellos aspectos y aquella versión de su vida que, con la intuición propia de un verdadero conductor de masas, sabe que resultarán más atrayentes para el gran público occidental, al que la obra va primordialmente dirigida.
En función de un profundo conocimiento de la mentalidad de esos lectores, presenta de sí mismo un retrato hábilmente trazado, cuyos rasgos son los de un hombre activo, deportista, incorruptible, emprendedor, que logra continuos éxitos como organizador audaz. Pero sobre todo, volcado hacia el futuro, hacia nuevos horizontes de libertad y democracia. Esta caracterización, que se aproxima a la de un candidato demócrata norteamericano, tiende a demostrar, además, los «puntos débiles» de Gorbachov. Según Yeltsin, Gorbachov es demasiado vacilante en sus reformas, tiene demasiado miedo a cortar con el pasado, y no será capaz de llevar a cabo hasta el final los inexcusable objetivos de la perestroika.
Apareciendo unas veces como triunfador, gracias a la confianza del pueblo, y otras como víctima de las trampas de la nomenklatura inmovilista, acierta a desarrollar la historia de su ascensión política, utilizando los recursos de una trama de «suspense» cuya intriga oculta un cierto desorden expositivo, bastantes ambigüedades fundamentales y algunos difíciles equilibrios para criticar el comunismo, soslayar el análisis del sistema socialista y aludir a la democracia, sin comprometerse demasiado.
Que a Yeltsin no le faltan recursos, lo demuestra tanto el texto de su libro, en el que observaciones y juicios serios y ponderados conviven con evidentes toques de oportunismo y alguna que otra salida pintoresca, alternando con fotos, elegidas de acuerdo con el principio de que una imagen vale por mil palabras. Yeltsin, que por suerte para él es bastante fotogénico, aparece como padre y abuelo cariñoso, haciendo campaña a favor del emblemático Sajarov, como entrenador de un equipo femenino de balonvolea, recibiendo baños de multitud, o desafiando con sus encendidos discursos al poder oficial tiránico, nepotista y en el fondo, antirreformista de la URSS.
Esta autobiografía, escrita con un tono firme, directo y lleno de fuerza comunicativa, además de resultar una lectura entretenida, nos permite conocer datos importantes de la Rusia actual. Es también una muestra de cómo se adelantan a primer plano los políticos que aspiran a suceder a Gorbachov, pero quizá esperando antes a que éste supere lo peor de la terrible penuria en que la economía planificada ha hundido al país. Luego, pasado el momento crítico, Yeltsin y otros como él se aprestarían a tomar el relevo. Por el momento, el astuto y simpático Yeltsin declara su propósito de dedicarse a escribir, porque, como dice al final de su libro: «Un país entero se balancea en el filo de la navaja y nadie sabe lo que le pasará el día de mañana». Tras esa prudente frase, queda, sin embargo, un mensaje subliminal, que cabría expresar más o menos así: cuando llegue ese día de mañana, tan envuelto en sombras, recuerda, lector, que aquí está Boris Yeltsin, preparado y atento para empuñar el timón de la vieja nave rusa.