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La evolución del curso de la guerra, favorable a los aliados, influyó en el cese de Mussolini a finales de julio de 1943. Juan de Borbón, heredero de Alfonso XIII y conde de Barcelona, pidió al general Franco, por medio de un telegrama (3.VIII.1943), que procediera a la restauración de la Monarquía, y amenazó con una «ruptura definitiva». El conde de Barcelona tenía el presentimiento de que el triunfo aliado comportaría una presión internacional que obligaría al general Franco a abandonar la jefatura del Estado. Él deseaba evitar que el triunfo de los aliados uniera al ocaso del general Franco el retomo de la República.

Juan de Borbón, que tenía entonces veintinueve años, vivía en Lausana desde 1942. Era ayudado en su trabajo de dirección de la causa monárquica por Ramón Padilla, su secretario personal. Padilla, que era diplomático, servía al conde de Barcelona desde 1938. Había sido designado por el generalísimo Franco a propuesta del general Juan Vigón. Éste había sido preceptor del conde de Barcelona en los años veinte, y consideró oportuno dotar al conde de Barcelona de un secretariado mínimo. A partir de finales de julio de 1942, también vivía en Lausana Eugenio Vegas Latapie, letrado del Consejo de Estado, que actuaba como secretario político de don Juan. Vegas era persona de firmes convicciones tradicionalistas y conservadoras, y deseaba la inmediata restauración de la Monarquía.

Eugenio Vegas había estudiado, e impulsado, el proyecto de traslado del conde de Barcelona a Portugal. El viaje se planificó a partir de mayo de 1943. Se trataba de llegar desde Lausana a una ciudad italiana, y desde allí volar a Lisboa. El general Franco estaba al tanto de ese proyecto de viaje por la correspondencia interceptada a Padilla.

El conde de Barcelona escribió, en agosto, al teniente general Juan Vigón, entonces ministro del Aire, para informarle de su proyecto de viaje a Portugal. Era un modo indirecto de informar a Franco. El general Vigón trató de impedir el viaje por dos motivos. Primero, porque la presencia de don Juan en Portugal podía alentar la acción monárquica de José María Gil-Robles y Pedro Sainz Rodríguez, que vivían en esa nación; y segundo, porque la cercanía del conde de Barcelona podía impulsar la actividad de algunos monárquicos en España.

La oposición al viaje tuvo uno de sus principales valedores en Juan Luis Roca de Togores, vizconde de Rocamora y militar. Rocamora se acababa de incorporar, en agosto de 1943, al equipo del conde de Barcelona en Lausana. Roca de Togores dependía jerárquicamente de Arsenio Martínez Campos, jefe de los Servicios de Información del Ejército.

A lo largo de la segunda mitad del mes de agosto, y por impulso del teniente general Kindelán, ocho tenientes generales escribieron una carta al generalísimo Franco, para «dentro de la mayor disciplina y sincera adhesión», rogarle respetuosamente que considerara si no había llegado el momento de restaurar la Monarquía. Intentaron que fuera entregada por Carlos Asensio, ministro del Ejército. Franco se negó a recibir la carta. El generalísimo habló, uno a uno, con los tenientes generales y les hizo saber que pensaba restaurar la Monarquía cuando lo considerara oportuno.

A la vez que sucedían estas cosas en España, Juan de Borbón intentó salir de Suiza el 11 de septiembre. Sin embargo, ese día la frontera entre Suiza e Italia estaba ya cerrada a causa del cambio de actitud de Italia respecto a Alemania. El conde de Barcelona hubo de regresar a Lausana. Ramón Padilla, secretario diplomático, o simplemente secretario, del conde de Barcelona, y que había viajado con anterioridad a Roma para preparar el viaje a Lisboa, quedó aislado en la capital italiana. Pasado un tiempo viajó a Portugal. Se trasladó a Lisboa, el 25 de octubre, para hablar con Gil-Robles e intentar preparar otro modo de traslado a Portugal.

Francisco Carvajal, conde de Fontanar, y una de las personas que
con más lealtad y sinceridad sirvió a Juan de Borbón, y que había estado en Lausana de mediados de agosto a principios de octubre, se entrevistó con altos mandos militares en Madrid a lo largo de la última semana de octubre. El conde de Fontanar pudo saber que el general Franco estaba perfectamente informado de los intentos de viaje a Portugal, tenía noticia exacta de las conversaciones mantenidas por Gil-Robles y Pedro Sainz Rodríguez con los monárquicos de Lausana, y fue informado de los deseos de Gómez-Jordana y Juan Vigón de sustituir a Ramón Padilla en la secretaría del conde de Barcelona. Los dos ministros consideraban que Padilla no había sido leal a Franco.

Juan de Borbón, conde de Barcelona, volvió a reconsiderar durante el mes de noviembre la necesidad de tomar una actitud tajante con Franco. El conde de Barcelona estaba aislado en Lausana, las únicas visitas que recibía desde España —Juan Ignacio Luca de Tena, José María de Areilza, Luis Armada— eran para insistirle en que aceptara la dotación de la «Casa», que Franco le ofrecía. La información internacional que recibía
era muy parcial, fundamentalmente consistía en noticias de prensa.

Ramón Padilla dio por finalizada su estancia en Portugal el 25 de noviembre, y después de hablar con Juan de Borbón, por teléfono, se dirigió a Madrid; así lo anotó José María Gil-Robles en su diario. De Madrid viajó a San Sebastián, donde llegó antes del 4 de diciembre. Así podría descansar en la casa de su familia. El ministro de Asuntos Exteriores había decidido que se alejara, por tiempo indefinido, de Lausana.

Don Juan decidió, a finales de noviembre, que debía romper con Franco. El conde de Barcelona hizo llegar un proyecto de manifiesto y carta a los españoles al conde de Fontanar. Los documentos eran explicados por medio de una carta de fecha uno de diciembre. El conde de Barcelona decía «no hagas nada hasta que veas a Juan Luis que sale de aquí el día 3». Le rogaba que acusara recibo de los documentos por medio de un telegrama.

Los proyectos de manifiesto y carta a los españoles, que implicaban —de ser aprobados— una ruptura pública con Franco, tenían que ser estudiados por los miembros del Consejo de Acción Monárquica y por el Secretariado de Acción Monárquica. Juan Luis Roca de Togores y Angelita Martínez Campos, vizcondes de Rocamora, salieron de Lausana el 3 de diciembre. Entre la documentación que llevaban estaba una carta de Juan de Borbón a Ramón Padilla. Los vizcondes de Rocamora llegaron, previsiblemente, el día cinco a Hendaya.

La carta de Juan de Borbón a Ramón Padilla llegó a manos de Franco. El día 10 de diciembre, Gómez-Jordana, ministro de Asuntos Exteriores, escribió en su Diario: «Por la tarde recibí al general Vigón y luego los dos al infante Don Alfonso para hablar con él de una Carta [sic] de Don Juan a Padilla». Como el Infante don Alfonso vivía en Sevilla, parece razonable pensar que la carta estaba en manos de Gómez-Jordana el día 9.

El conde de Barcelona no había escrito antes a Padilla, pues mientras estuviera en Portugal «no ibas a poder recibir mi carta».

Los párrafos de contenido político de la carta de don Juan a Padilla son los siguientes: «Como puedes suponerte, aquí seguimos viviendo pendientes de lo que pasa por España, y, últimamente, impresionados por la campaña que se nos hace. De resultas he tomado la determinación, que desde hace tiempo se me venía aconsejando, es decir, la ruptura. El mismo Infante, en su última carta, me aconsejó ese paso y Paco (conde de los Andes), con grandes circunloquios, lo mismo. Así es que en estas
estamos. Ahora bien, tú de sobra sabes lo que esto significa, y por eso quiero que estés muy en contacto con Madrid, para que no te coja desprevenido la noticia y puedas tomar tus medidas. A mí me es muy difícil aconsejarte. Vas a tener que tomar tus decisiones solo, o todo lo más preguntando a Madrid lo que debes hacer. Lo principal es que no me vaya yo a quedar sin nadie, y precisamente con los menos útiles».

Después de unos párrafos dedicados a cuestiones familiares y personales, el conde de Barcelona escribía: «Para salir al paso de aquel proyecto del Pardo de formarme mi casa, he decidido nombrar a Juan Luis Mayordomo Mayor, y a los demás les extenderé su nombramiento, así como a ti el de secretario particular. […]

Como comprenderás mi situación de ánimo, sin ser malo, es un
poco pesimista en cuanto a la eficacia de todo cuanto hagamos, pero esto no ha de pararme para, libre de rencores personales, cumplir con mi deber en todo momento.

En resumen, tienes que estar preparado para venir “at short notice” aunque antes de empezar el Año Nuevo no creo que hagamos nada por la sencilla razón de que la época de fiestas no es la más indicada para hacer reaccionar a las gentes».

El conde de Barcelona daba recuerdos de distintas personas que vivían en Lausana y en el post scritptum añadía: «Todo cuanto te digo es absolutamente reservado, y por lo tanto guarda silencio sobre todo ello.

Se nos previene con insistencia de Madrid que en el Pardo se poseen documentos de esta Secretaría, y que por lo tanto hay espionaje. Yo creo más bien que entre todos somos algo indiscretos y no podemos remediar hacer comentarios incluso delante de gente desconocida (me pongo el primero)».

Esta carta de Juan de Borbón a Ramón Padilla que, hasta la actualidad, era desconocida en su texto, fue encontrada por el profesor Gonzalo Redondo en el Archivo de Manuel Valdés Larrañaga, que era, en 1943, un alto cargo de Falange Española. El texto es una transcripción a máquina en un papel que tiene una mancheta con estas palabras: «Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S. Delegación Nacional de Información e Investigación». Y el encabezamiento dice: «Carta dirigida por Don Juan III a Don Ramón Padilla. Lausanne, 26 Nov. 1943».

El conde de Fontanar fue informado, el doce de diciembre, que esa carta había llegado a manos de Franco. El hecho le fue comunicado por el general Vigón. Y Fontanar escribió a Padilla: «Te diré que ha sido interceptada una carta, que fechada el 26 de noviembre, te escribió al rey a Portugal». Francisco Carvajal informó a Lausana por medio de una carta al conde de San Miguel de Castellar, e hizo llegar su opinión de que no era el momento para gestos «estridentes», y que romper con Franco alejaría de Juan de Borbón a «esenciales núcleos de opinión».

Una carta posterior de Fontanar a Ramón Padilla explicaba: «La
persona que por lo visto trajo la carta a ti dirigida, al saberte en Portugal, ¡la envió por el correo ordinario! Como es lógico y natural ésta fue abierta en la frontera por la censura (cosa que ocurre con toda la correspondencia que entra y sale de España) y lo demás no precisa explicación)».

Fontanar transmitió la versión que recibió de Juan Vigón. Pero esta versión contiene un dato que no se adecúa a la realidad: «al saberte en Portugal». Era imposible que una persona que procedía de Lausana desconociera que Padilla había dejado el país vecino el 25 de noviembre. Juan de Borbón le decía, en la carta interceptada, que no le había escrito antes pues mientras estuviera en Portugal «no ibas a poder recibir mi carta».

A partir de estos datos los monárquicos de Madrid sabían que la
carta de Juan de Borbón a Ramón Padilla había sido interceptada al echarla su portador al correo. El conde de Barcelona, que recibió el consejo de los monárquicos del interior de no romper con Franco, se sintió algo dolido y el 4 de enero escribió a Fontanar. Iniciaba su carta con estas palabras: «Ante todo,
como todas las fiestas tienen octava, todos mis mejores deseos para este año nuevo que empieza». Después, señalaba su contrariedad y mostraba su extrañeza por las consecuencias «de la consulta que mandé hacer con motivo del manifiesto». Y, de modo inmediato, se refería a la carta interceptada: «Lo de la carta de Ramón es muy fastidioso, pero no entiendo lo que toca a D. Ali (Alfonso de Orleáns), pues no recuerdo (por no haber sacado copia) lo que decía de él. Espero la llegada de J. L. (Juan Luis Roca de Togores) para tomar actitud, pero mientras no dejes
las cosas de la mano».

Juan Vigón volvió a llamar a Francisco Carvajal, conde de Fontanar, para estudiar el modo de restablecer la confianza de don Juan en Franco. Con motivo de esa conversación el conde de Fontanar fue enterado de que el texto de la carta de don Juan a Ramón Padilla era conocido también por los generales Kindelán y Asensio, este último ministro del Ejército.

La lectura de la carta interceptada provocó en Franco una actitud de dureza para con el conde de Barcelona. Desde el 9 de diciembre de 1943 a los primeros días de enero de 1944, el Generalísimo tuvo tiempo para escribir la durísima carta, que fechada el 6 de enero de 1944, envió a don Juan. Criticaba con gran dureza a aquellos que le aconsejaban «jugar la absurda carta de la ruptura» y afirmaba: «nosotros caminamos hacia la monarquía, vosotros podéis impedir que lleguemos a ella». El
general Franco aprovechó su carta para devolverle al conde de Barcelona la carta que el 26 de noviembre éste escribió a Padilla.

Después del regreso de Juan Luis Roca de Togores a Lausana, ya entrado enero, Juan de Borbón, al responder a Franco, escribía: «Honda inquietud y preocupación me ha producido su carta del 6 del corriente, que me escribe como consecuencia de haber leído una particular mía, dirigida a mi Secretario (Ramón Padilla), interceptada según V. E. me informa, por agentes extranjeros que, al parecer, han tenido la posibilidad de intervenir el servicio postal entre Irún y San Sebastián» (25-1-44). Esta versión confirma que la noticia que Juan Vigón dio al conde de Fontanar no se adecuaba totalmente a la realidad.

Dado que Ramón Padilla estaba en San Sebastián, lo razonable, si se enviaba una carta por correo, era depositar la carta en el correo de Irún y dirigirla a la dirección de Ramón Padilla en San Sebastián. ¿Quién interceptó la carta en ese recorrido?

Respecto al tono de la carta, ya conocíamos lo suficiente por una
carta del conde de Barcelona, que escribió: «Querido Juanito [Vigón]: He recibido por la misma valija la carta del Generalísimo y la que tú me diriges. Con respecto a la famosa carta interceptada no retiro ni una palabra de lo que en ella decía […]. Pero es que os olvidáis que Ramón acababa de marcharse de aquí y por lo tanto estaba enterado hasta la saciedad de mi modo de pensar» (24-1-44). Publiqué esta carta, y otras complementarias, en Historia 16, en junio de 1995.

¿Realmente qué sucedió? Padilla, que seguía en San Sebastián escribió: «de estar Juanito (Caro) o yo, nunca hubiese ocurrido el planchazo del enlace “Angelita”. Cualquier día hubiésemos permitido (a ti te incluyo en el plural), llevase Angelita una carta del Señor, sin instrucciones precisas sobre lo que tenía que hacer una vez en España.
[…] Pero esta es la hora que el Rey está rodeado de nulidades en cuanto al despacho de secretaría se refiere. Y que conste que ha sido todo, por culpa de gente de la Casa» (Padilla a Fontanar, San Sebastián, 27-11-1944).

Todo parece indicar que Juan Luis Roca de Togores y su esposa Angelitá Martínez Campos salieron de Lausana para España el 3 de diciembre de 1943, como se ha escrito líneas arriba, al llegar a Irún; Angelita echó la carta al correo. Ramón Padilla estaba en San Sebastián. La censura intervino la carta. ¿Sucedió así? ¿Por qué la portadora de la carta era Angelita? Existen otras posibilidades, en el modo en que la carta fue interceptada, pero sólo el plantearlas da un cierto vértigo.

UN BALANCE

La correspondencia entre Juan de Borbón y el conde de Fontanar, Ramón Padilla, Joaquín de Vilallonga, el diario de Gómez-Jordana, la consulta de los archivos de Eugenio Vegas Latapié, de Rafael Calvo Serer y de Manuel Valdés Larrañaga muestran incuestionablemente que la carta interceptada era de 26 de noviembre de 1943; que Juan de Borbón la dirigió a Ramón Padilla; que eran portadores de la carta los vizcondes de Rocamora y que fue entregada a Franco hacía el nueve de diciembre. Este tuvo tiempo para preparar su respuesta al conde de Barcelona que fechó el 6 de enero de 1944. Además, puedo afirmar que en todos esos archivos no existe la menor referencia a una posible carta de Juan de Borbón al conde de Fontanar, y que, entregada a Franco, fue el motivo de la carta del Jefe del Estado al conde de Barcelona de fecha 6 de enero de 1944. Esa carta no ha existido.

LA INVENCIÓN DE UNA HISTORIA

Sainz Rodríguez decidió escribir hacia 1979. Tenía en ese momento 82 años. Y entrevistó a don Juan. La memoria es débil; desde 1943 han pasado 36 años. No buscó sus cartas de esas fechas, y el conde de Barcelona tampoco buscó sus papeles. Se limitaron a grabar sus recuerdos, y don Juan se olvidó de lo que había escrito. Lo narrado en la página 299 de Un reinado en la sombra es insostenible, y no sin razón fue suprimido de la segunda edición.

Don Juan no pudo entregar el 25 de marzo de 1944, en Lausana, una carta a Rafael Calvo para el conde de Fontanar, porque Calvo estaba en España desde el 22 de enero de ese año. La memoria de don Juan falló: la carta era para Padilla, estaba fechada el 26 de noviembre de 1943, fue interceptada hacia el 6 de diciembre de 1943 y los encargados de traerla a España eran los vizcondes de Rocamora. La correspondencia del conde de Barcelona y la correspondencia entre las personas de su casa lo ponen de manifiesto con una claridad mediterránea, pero no sólo en ese caso, sino para todo el periodo 1943 a 1960, en que muere Francisco Carvajal, conde de Fontanar.

El conde de Barcelona olvidó la forma en que sucedieron los hechos. Sainz Rodríguez transcribió unos recuerdos, sin análisis crítico, y otros autores no se preocuparon de estudiar los archivos de los consejeros del conde de Barcelona, o del propio don Juan, en el caso de que hayan tenido acceso a ellos. El resultado ha sido un falseamiento de la historia. Paul Preston, por ejemplo, ha introducido una rectificación en la edición inglesa de su libro sobre Juan Carlos I.

Las acusaciones de deslealtad de Rafael Calvo a don Juan contenidas en Un reinado en la sombra las rebatió Rafael Calvo en carta publicada en Ya el 22-X-1981. Y, en esa fecha, y cuando todavía vivía Eugenio Vegas, Anson no se hizo presente para narrar lo que cuenta en su libro sobre don Juan. El historiador que hubiera investigado con detenimiento los archivos de don Juan o del conde de Fontanar, habría encontrado la auténtica historia, como sucedió al que esto escribe al estudiar, con todo cuidado, el archivo del conde de Fontanar, gracias a la generosidad y nobleza de su hijo Jaime Carvajal Urquijo.

Una acusación posterior de falta de lealtad de Rafael Calvo a Juan de Borbón la rebatió el interesado en su momento, y la hemos vuelto a rebatir de modo documental e inapelable Gonzalo Redondo y el autor de estas líneas en diversos trabajos.

Una última cuestión. Ramón Padilla permaneció en España hasta el 7 de mayo de 1944. Así consta en cartas del conde de Fontanar a Juan Luis Roca de Togores. Por ejemplo, el uno de mayo de 1944, escribió: «Ramón ha estado aquí estos días y lo he visto varias veces. Precisamente hablé a Vigón de él, pretendiendo hacerle ver el cambio tan fundamental que en él se percibe después de estos siete meses de apartamiento».

La historia exige documentos. Los testimonios orales, aunque estén muy bien transcritos, pueden contener excelentes errores. Paciencia. Habrá que desmontarlos uno a uno. Documentos no faltan. Roger Chartier ha escrito: «Desde el archivo al documento, del documento a la narración, y de la narración al conocimiento, esto es lo que separa a la historia del borde del acantilado».

OTRAS FUENTES DE REFERENCIA

Redondo, G., Política, cultura y sociedad en la España de Franco». 1939-1975, t. I., La configuración del Estado español, nacional y católico (1939-1947), Pamplona, 1999.
Meer, F. de, «Calvo Serer y la acción monárquica», Historia 16, n.º 230, junio 1995, 27-38.
Meer, F. de, Juan de Borbón. Un hombre solo, Vailadolid, 2001.


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