Barry C. Lynn, el adalid de la lucha antimonopolios

El presidente del Open Markets Institute analiza el papel de los monopolios, la pugna de Trump con las instituciones de su país y las relaciones de Estados Unidos con Europa

Barry C. Lynn en una intervención en 2016
Barry C. Lynn en una intervención en 2016
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Entre los elementos que, en los últimos años, han alterado el orden mundial, destaca por méritos propios Donald Trump. Su llegada al poder y el modo en que lo ha ejercido ha supuesto un retroceso en la valoración democrática de Estados Unidos. El analista Barry C. Lynn, presidente y fundador del Open Markets Institute (OMI) de Washington, analiza, en una entrevista en Le Grand Continent, el choque entre Trump y las instituciones de su país, el peligro que representan los monopolios —el gran caballo de batalla de su instituto— y las relaciones de Estados Unidos con Europa.

Lynn se muestra optimista sobre el modo en que las instituciones norteamericanas (Tribunal Supremo, Reserva Federal…) han desempeñado su papel de contrapoderes. «La Constitución se ha mantenido firme y, con ella, nuestro sistema de controles y contrapesos», afirma. Añade que, aunque Trump ha intentado arrogarse un poder autocrático y ha logrado reforzar aún más el dominio del poder ejecutivo, casi cada vez que ha querido traspasar la línea, se ha topado con un muro. Destaca que, en el ámbito económico, la Reserva Federal se ha mantenido firme y, en el ámbito político, el Tribunal Supremo ha invalidado sus aranceles y le ha impedido destituir a una gobernadora de la Fed.

El reverso de lo anterior es lo ocurrido en la política exterior y militar. Para Barry Lynn, el problema es que el ejecutivo estadounidense tiene un poder excesivo en el ámbito exterior. Ese desfase lo describió muy bien el propio Trump cuando dijo que podía «destruir un país», pero no hacerle pagar ni un dólar en concepto de aranceles.

En cuanto a las próximas elecciones de mitad de legislatura, el presidente del OMI cree que supondrán una dura derrota para Trump, con el resultado de que los demócratas podrán controlar de modo más estrecho su actuación como presidente. Aunque más importante que eso le parece el que muchos demócratas e independientes hayan aprovechado esta campaña para esbozar un proyecto de transformación casi revolucionario para el país, con un tono que se vuelve cada día más radical. La ira de esos grupos va más allá de Trump; se dirige contra los oligarcas, los engranajes de la oligarquía y el poder autocrático y sin límites de las grandes empresas. Se enfrenta a una concentración del control y la riqueza que ha llegado a ser extrema, dice Lynn, abordando el que es su caballo de batalla más característico.

El analista recuerda que Estados Unidos cuenta con un notable arsenal jurídico, «concebido precisamente para mantener a raya a los oligarcas y proteger la libertad individual», leyes que fueron enterradas bajo Reagan, pero que están siendo recuperadas y aplicadas en juicios históricos, como los que han condenado a Google por abuso de posición dominante. «Lo esencial —insiste Lynn— es que los estadounidenses retomen los principios fundacionales de su tradición antimonopolística, que vuelvan a aprender a dar vida a la democracia, a garantizar la libertad de todos y a consolidar la República». En su opinión, «la amenaza fundamental para Estados Unidos, para Europa y para todas las democracias» es el poder de quienes controlan los flujos de información, las plataformas y los algoritmos capaces de influir en los comportamientos y los votos.

Lynn comparte la idea de Jaron Lanier de que «ninguna sociedad puede perdurar si dos personas que desean comunicarse solo pueden hacerlo a través de un canal financiado y controlado por un tercero que busca manipularlas». «Aquí —sostiene el presidente de OMI—, el poder está en manos de los oligarcas que controlan estas plataformas. No solo las utilizan para acumular cada vez más poder, sino también para desestabilizar nuestras democracias. Elon Musk o Mark Zuckerberg utilizan estas herramientas para promover a la extrema derecha y, en ocasiones, a la extrema izquierda. También las emplean para socavar la legitimidad de los moderados y de todos aquellos que buscan compromisos constructivos».

Esa lucha, en la que él y su instituto están volcados, le parece que trasciende las divisiones políticas y puede y debe unir a demócratas y republicanos. «Podemos avanzar sabiendo que los estadounidenses nos apoyarán, por muy radicales que sean las reformas. Nadie acudirá al rescate de Google, ni saldrá a la calle para defender a Amazon, X u OpenAI. Una amplia mayoría apoyará a cualquier líder que tenga el valor de plantar cara a estas empresas, las más poderosas de la historia, siempre que se trate de defender la libertad», sostiene.

La última parte de la entrevista se centra en el diálogo transatlántico y la necesidad de retomarlo en torno a una agenda común. Lynn afirma que ninguna democracia ha podido prosperar por sí sola, y recuerda el apoyo francés a la Revolución americana o la intervención de Estados Unidos en Europa durante las dos guerras mundiales. «Este vínculo entre nuestras sociedades civiles sigue siendo nuestra mejor baza, más allá de las épocas y los gobiernos… Ahora debemos trabajar juntos, en Europa y en Estados Unidos, para hacer frente a la amenaza que representan los gigantes tecnológicos y Donald Trump, que ha hecho causa común con ellos», concluye.

Entrevista completa en Le Grand Continent.

La foto que ilustra el ilustra muestra a Barry C. Lynn en una intervención en 2016. La foto es de New America, tiene licencia Creative Commons, via Wikimedia Commons. Puede verse aquí.