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La ha celebrado gente tan diversa como Ramón Irigoyen, Felipe Benítez Reyes y Emilio Quintana. Su nombre es Amalia Bautista.Nació en Madrid en 1962. Yo la conocí cuando tenía veinte años y estudiaba Ciencias de la Información en la Complutense. Paco Aguilar Piñal acababa de descubrir una tragedia inédita de Cadalso, Solaya o los circasianos. Celebré el venturoso hallazgo en las páginas de Pueblo y formé parte del grupo de amigos que leyó la tragedia en público. Entre ellos estaba Amalia, que daba voz a la protagonista. Me parece que entonces aún no escribía versos, pero recitaba como los ángeles. Tardaría seis años en ver la luz su primer y único libro, Cárcel de amor (Sevilla, Renacimiento, 1988), y siete más en publicarse La mujer de Lot y otros poemas (Málaga, Llama de Amor Viva, 1995), una plaquette con el sello inconfundible de Rafael Inglada.

La «línea clara» se hizo para Amalia Bautista. Su poesía esgrime el mismo pulso firme y verdadero que la de d’Ors, Juaristi o Martínez Mesanza. Cuenta cosas cercanas, que nos turban o nos consuelan, pero que siempre nos son útiles, porque están hechas de la misma tela con que están tejidos nuestro corazón y nuestro cerebro. Inteligencia y sensibilidad se dan la mano en esta mujer que no escribe para mujeres, sino para ti y para mí, y hasta para usted, que se oculta tras la máscara neofascista de la political correctness y niega la libertad desde una Inquisición hecha de cuotas y discriminaciones positivas. Jugando y divirtiéndose con el lenguaje, como Marcial, como Louise Labé, Amalia ha concebido un mundo de palabras extraordinariamente fresco, habitable, distinto. Un mundo que comienza a insinuarse donde terminan estas líneas de admiración y reconocimiento.

LAS ANTIGUAS LLAMAS

No pude confesarte dónde había
estado tanto tiempo, ni explicarte
mi vuelta inesperada. Sólo pude
hacerte sospechar que en aquel año
te había sido infiel impunemente.
Y era mejor así. Volví a rendirme
ante tus ojos y ante tu perdón.
Me olvidé de que estuve en aquel centro
para enfermos mentales. Volvió todo
a ser como fue siempre antes de irme.
Volvió el amor desgarrador y dulce,
y la pasión nociva, y en mi pecho
volvieron a encenderse sin clemencia
aquel dolor y las antiguas llamas.

(Cárcel de amor)

CÁRCEL DE AMOR

De todas las mujeres que has tenido
que me quieres a mí más que a ninguna
es lo que dices siempre. Sin embargo,
ellas pudieron compartir tu cama,
y a mí me has encerrado en este cuarto
en el que me visitas por las tardes,
me traes dulces y libros, y me hablas
de arte y literatura. Al despedirte
me das un paternal beso en la frete
y así hasta el otro día. Y yo me quedo
sola y me aburro. Y echo en falta un hombre.
Por eso no te extrañes, amor mío,
si vienes a mi celda por sorpresa
y me ves abrazada al carcelero.

(Cárcel de amor)

MARGARITA DE PROVENZA

Sólo tú permaneces a mi lado,
anciano caballero, y bien conoces
mis fiebres, mi dolor, mis pesadillas.
Sólo tú me consuelas y me dices
que sigues junto a mí, que no me faltas,
y me escuchas, y cuidas mi embarazo.
Debes jurarme, anciano caballero,
por la Virgen, de hinojos, de lo pido,
que cortarás tú mismo mi cabeza,
si toma la ciudad el sarraceno,
antes de que me prendan los infieles.
«No os preocupéis, señora -me respondes-.
Pensaba en ello. Descansad tranquila.»

(Cárcel de amor)

CUÉNTAMELO OTRA VEZ

Cuéntamelo otra vez, es tan hermoso
que no me canso nunca de escucharlo.
Repíteme otra vez que la pareja
del cuento fue feliz hasta la muerte,
que ella no le fue infiel, que a él ni siquiera
se le ocurrió engañarla. Y no te olvides
de que, a pesar del tiempo y los problemas,
se seguían besando cada noche.
Cuéntamelo mil veces, por favor:
es la historia más bella que concozco.

(La mujer de Loty otros poemas)

LA CASITA DE CHOCOLATE

Extraviada, ingenua, por caminos
que recorría por primera vez,
me dejé seducir como una niña
por aquella casita. Su tejado
de chocolate, sus paredes dulces
llenas de fresas, guindas y barquillos,
las ventanas de azúcar transparente
con los marcos de almendras y guirlache.
Con los ojos y el alma empalagados,
abandonada a aquel mundo de cuento,
abrí la puerta de vainilla y menta
sin mirar hacia arriba. Allí colgaba
un bonito cartel de caramelo:
«Dejad toda esperanza.»

(La mujer de Loty otros poemas)

LA MUJER DE LOT

Nadie nos ha aclarado todavía
si la mujer de Lot fue convertida
en estatua de sal como castigo
a la curiosidad irrefrenable
y a la desobediencia solamente,
o si se dio la vuelta porque en medio
de todo aquel incendio pavoroso
ardía el corazón que más amaba.

(La mujer de Loty otros poemas)


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