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Ver productos1 Sep 1991 - 3min.
Título: «Los cuatro amores».
Autor: C. S. Lewis.
Editorial: Rialp, Madrid 1991, 160 pp.
Precio: 1.250 pesetas.
Este libro no es un tratado filosófico sobre el amor, pero está colmado de intuiciones filosóficas, desarrolladas, eso sí, sin tecnicismos y en un lenguaje llano y ameno, al alcance de todo lector. Tampoco es una obra teológica, aunque está escrita sobre un sólido fundamento cristiano. Tal vez haya que definir su género en función del genio inglés: profundamente empírico, colmado de ejemplos reconocibles, apegado a la tierra y a la práctica y muy poco dado a las generalizaciones latinas y germánicas. La obra contiene una filosofía y una teología del amor subyacentes, que Lewis, en su modestia intelectual, no se sintió llamado a explicitar.
Se trata de cuatro amores en los que se entrecruzan dos categorías formales: el amor de donación o entrega desinteresada y el amor interesado que nace de una necesidad, de una carencia, de un vacío. Lewis comienza por confesarnos que en todos nuestros amores hay esa raíz de indigencia personal, y en todos ellos, aun en los más altos y «desinteresados», hay una posible patología, que Lewis desentraña con implacable rigor, y en las antípodas de los patólogos profesionales como Freud y los neofreudianos.
Los cuatro amores fundamentales de la condición humana son, para el autor, el afecto, la amistad, el eros y la caridad. El más humilde, primitivo y elemental de los amores es el «afecto», que prolonga en nosotros un factor animal mamífero y encuentra su arquetipo en el amor de padres e hijos, se prolonga en los lazos familiares.
El amor de amistad, más alejado de la naturaleza en cuanto se funda sobre una elección, fue tan exaltado por antiguos y medievales como postergado es hoy en términos de amor. Por eso este capítulo de Lewis toma la forma de una rehabilitación. Su espléndido elogio de la amistad no le impide señalar sus patologías morales, sobre todo las que proceden por exclusión de los otros o por desprecio del mundo exterior de los amigos: el espíritu de capilla, de cenáculo, de «aristocracіа».
En cuanto al eros o amor de la pareja humana, lo primero que hace Lewis, —y magistralmente—, es precisar las relaciones entre Eros y Venus: entre sexo y amor sexual. Le parece a nuestro autor que el sexo se toma hoy demasiado en serio, con una seriedad obsesiva y trascendental que bordea lo ridículo. Lewis en torno al eros desarrolla el esbozo de una magnífica antropología de la sexualidad y de la corporeidad humana.
Y por fin, la caridad, el amor que procede de lo alto: pieza clave porque los demás amores —amores naturales— no son autosuficientes y no llegan del todo a ser ellos mismos sin el amor de Dios. Lewis describe con una alta sabiduría no sólo la fuerza del amor de Dios —su capacidad para hacernos amar lo no «amable» naturalmente: el leproso, el enemigo, el necio—, sino sobre todo la manera como ese Amor asume los amores humanos, los transforma y transfigura, sólo así les da —por conversión— la plenitud de su propia identidad.