The Centralization of Western Europe

Roland Vaubel
The Centralization of Western Europe
(The Common Market, Political Integration and Democracy)
Institute of Economic Affairs
Londres, 1995, 75 págs.


La década de los noventa cambiará la naturaleza del proceso de integración europea. La crisis post-Maastricht tal vez demuestra que la Comunidad Europea ha sido víctima de su propio éxito. Sus deficiencias y ambigüedades políticas resaltan más una vez que ya no existe un nucleo de soberanía que los estados nacionales puedan invocar como tal frente a su acción siempre expansiva. El secretismo diplomático y la tecnocracia incontrolada, tanto tiempo dominantes en la toma de decisiones comunitaria, no son de recibo a estas alturas.

Sin embargo, también está claro que no hay suficiente consenso popular para reformar las peculiariedades institucionales y políticas comunitarias reproduciendo abierta y generalizadamente la forma del Estado-nación en el nivel europeo. La ampliación para incluir a los países Europa Central y del Este responde con generosidad a una demanda real de paz y prosperidad, pero dificulta aún más la tarea de repensar la integración europea, esta vez utilizando abiertamente categorías políticas.

Es más, muchos de los elementos estatiformes que ya están presentes en la Unión (desde himno, pasaporte, bandera hasta proyecto de moneda única y ciudadanía incipiente), así como sus elementos federales (los rasgos estructurales de su derecho y la predominante toma de decisiones por mayoría en el Consejo), pueden sufrir modificaciones en la próxima reforma de los Tratados en 1996. También puede ocurrir que en lo posible se aplace hacer una reforma seria, dado el escaso consenso existente y la aversión de muchos gobiernos a abrir la caja de Pandora.

El ensayo de Vaubel, profesor de Economía en la Universidad de Mannheim, rompe con la tendencia de utilizar categorías decimonónicas y estatiformes cuando se describen los problemas actuales del entramado comunitario y se ofrecen soluciones que refuerzen la eficacia y la legitimidad de la Comunidad. Su crítica implacable al sistema comunitario actual se formula a partir de un análisis económico, dentro de la perspectiva de la public choice neoliberal más estricta. El principal acierto del ensayo es que analiza de modo sintético, pero muy gráfico, el perverso sistema de incentivos que tienen los actores comunitarios nacionales para utilizar la acción comunitaria como modo de expandir su propio poder y su prestigio. Las descripciones de la Comisión y del Consejo de Ministros y de la «lobbycracia» que les rodea son iluminadoras, aunque Vaubel haga suyo en exceso el lema «simplifica y exagera» acuñado por la revista «The Economist».

Por otra parte, la visión de Vaubel sobre el grado de centralización y descentralización necesarios para construir Europa no descansa sobre premisas claras. El autor se debate entre afirmar que el análisis económico ofrece a priori una división ideal de competencias Comunidad-Estados y dejar que sea el proceso político el que poco a poco trace y corrija esta distribución vertical de poderes. En este sentido, sugiere que encargar a los parlamentos nacionales un desarrollo procedimental del principio de subsidiariedad puede aliviar la excesiva centralización comunitaria. Esta y otras propuestas originales (unanimidad para la transmisión de poderes a la Unión, mayoría para su devolución a los Estados, creación de una agencia independiente para la defensa de la competencia, eliminación de la claúsula de poderes elásticos del artículo 235 del Tratado de Roma), hacen que la lectura de su ensayo merezca la pena en un momento de encrucijada y en un país cuyo debate parlamentario sobre la ratificación de Maastricht duró aproximadamente diecisiete minutos.