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Ver productosEl economista Kenneth Rogoff valora las dificultades que vivirá Europa en un futuro dominado por la inteligencia artificial, que se pueden volver ventajas si esta nos trae una era de ocio y abundancia.

16 Jul 2026 - 3min.
Avance
Kenneth Rogoff, profesor de la Universidad de Harvard y ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional, reflexiona en un artículo para Project Syndicate sobre el futuro de Europa en un mundo dominado por la IA. Por un lado, el viejo continente parece condenado a quedar rezagado en la revolución de la IA frente a Estados Unidos y China. Por otro, el modo de vida europeo, más propenso a saber disfrutar la vida, podría ser un modelo a seguir si las promesas tecnológicas se cumplen y afrontamos un futuro de abundancia y prosperidad.
Rogoff, muy aficionado al ajedrez, desliza una vieja cita de Siegbert Tarrasch para explicar que antes será preciso sortear numerosas dificultades. Entre la apertura y el final, reza el aforismo acuñado por el ajedrecista alemán, los dioses pusieron el medio juego. En esa fase de la partida es donde Europa debe tener extremo cuidado. Por un lado, las políticas energéticas europeas encarecen la construcción de centros de datos, nuestros mercados de capitales están fragmentados —lo que dificulta financiar proyectos a gran escala—, la elevada carga fiscal complica retener o atraer talento tecnológico, y la excesiva regulación desincentiva la creación de empresas. A esto se suman problemas estructurales previos a la IA: un crecimiento económico estancado (con Alemania como ilustre ejemplo), estados de bienestar envejecidos cada vez más difíciles de sostener, el gasto creciente en rearme y una escasez de líderes centristas capaces de frenar a los populismos de izquierda y derecha, que tienden a favorecer más gasto público.
Para Rogoff, todo esto hace que una crisis de deuda en Europa parezca prácticamente inevitable. A cambio de todo esto, disponemos de una ventaja decisiva si sobrevivimos hasta el final de la partida y alcanzamos un futuro utópico: nuestras sociedades ya están adaptadas a un modelo de vida que prioriza el ocio, la vida en comunidad y la cultura por encima de la carrera profesional, gracias en parte a estados de bienestar generosos y sistemas fiscales que facilitan alejarse de la lógica puramente mercantil. Los europeos tienen más vacaciones, trabajan menos horas y dedican más tiempo a la vida familiar y social que estadounidenses o asiáticos, lo que tampoco ha evitado la caída generalizada de la natalidad. Si la IA termina generando ganancias reales de productividad sin desencadenar los escenarios catastróficos que temen los escépticos, Europa podría convertirse en el gran «destino de estilo de vida» mundial: un lugar al que no solo se viaje por el lujo, sino para aprender a aprovechar el tiempo libre en una era de abundancia material.
El artículo también defiende que el sistema fiscal europeo, en particular el IVA, está mejor preparado que el estadounidense para una economía «postrabajo», al gravar el consumo en lugar de los ingresos laborales. Según Rogoff, los impuestos al consumo son más eficientes, distorsionan menos la actividad económica y fomentan el ahorro, aunque son algo más difíciles de administrar.
No obstante, Rogoff señala la inmigración como otro de los desafíos a superar, dado que los estados de bienestar europeos han tenido más dificultades para integrar grandes flujos migratorios que el modelo estadounidense, más orientado al mercado y a la consecución de un empleo. En Europa, asegura, solicitantes de asilo y refugiados reciben vivienda y prestaciones públicas, lo que tensiona unos sistemas de bienestar ya sobrecargados. Con más tiempo libre y menos oportunidades económicas, el resentimiento hacia la inmigración podría intensificarse, alimentando dinámicas políticas dañinas.
Artículo completo: Europe’s AI Dolce Vita?
Foto: Marcello Mastroianni y Anita Edberg en ‘La Dolce Vita’ (Federico Fellini, 1960). Dominio público, vía Wikimedia Commons.