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Ver productosLa intervención humana es fuente de alteraciones en los espacios naturales y en el medio ambiente, con frecuencia de gran entidad. La restauración de esos espacios, la recuperación de su condición natural, es tarea abordable y técnicamente viable.
1 May 1991 - 5min.
El cambio es una de las características de los ecosistemas. Cuando se produce por causas naturales, los ecólogos lo denominan fluctuación o ritmo, y se ha comprobado que el resultado nunca es idéntico a la situación de partida, se mueve alrededor de otra situación que no es de equilibrio.
Así, de forma natural, existe una acción de los factores ambientales sobre los organismos y una respuesta de éstos sobre el ambiente. Actúa el mecanismo de la competencia, en el que las especies resultan afectadas, tienden a sustituirse unas por otras y acaban permaneciendo las que desempeñan la misma función pero están más especializadas. Se trata, en definitiva, de un proceso de autoorganización, la llamada sucesión ecológica, en el que la información adquirida durante cada cambio selecciona la entrada de nueva información en el sistema y lo conduce a formas más resistentes a los cambios ambientales.
Cuando el cambio es consecuencia de la intervención humana, generalmente por explotación, se modifica la organización del ecosistema rompiendo su equilibrio, disminuye su estructura, la utilización de los recursos es menos eficaz, y se emprende la ruta hacia la regresión. La incidencia del hombre sobre la Naturaleza, cada vez más intensa, ofrece múltiples ejemplos de acciones regresivas: roturaciones, incendios forestales, obras públicas, minería, disposición de residuos, etc., que por su frecuencia y dimensión territorial alteran los paisajes y causan numerosos e importantes impactos sobre el medio; son acciones fruto de políticas que para cumplir sus objetivos exigen transformaciones generalizadas del medio ambiente.
Los sistemas naturales reciben información, que utilizan para orientarte hada formas más resistentes.
Los recientes avances legislativos, en línea con las Directivas de la CEE, como el Real Decreto de Evaluación de Impacto Ambiental, han sido vistos desde su entrada en vigor con reticencia y como obstruccionistas por los defensores de las políticas citadas (que no por eso dejan de incluir la consideración ambiental en sus idearios), de modo que la situación ambiental española no acaba de ser buena y está lejos del esfuerzo deliberado por detener la degradación de los sistemas naturales.
Habría, en cambio, que evitar que la sociedad española se acostumbre y adapte a la existencia de ecosistemas degradados y a un ambiente urbano muy artificial; porque ciertamente no basta con la creación de figuras legales de protección de la Naturaleza, que en bastantes casos han sido el principio de la pérdida de su calidad. El problema sólo se soluciona con una actitud activa de la sociedad, admitiendo en primer lugar que cuando no se usa racionalmente la Naturaleza se la está explotando, y en segundo tratando de enmendar las alteraciones.
Las grandes obras públicas implican grandes alteraciones del medio.
Descendiendo ahora al plano de las realizaciones, existen técnicas dirigidas a la mejora de las tierras degradadas, por abandono, alteración o infrautilización, que reciben el nombre de técnicas de restauración, recuperación o rehabilitación.
La forma e intensidad del proceso de recuperación dependerán en buena medida del tipo de acción que se haya ejercido; hay, sin embargo, tratamientos estándar que solucionan algunos problemas básicos, como son la compactación por el uso de maquinaria pesada, la acumulación de materiales estériles, la ausencia de materia orgánica y nutrientes, la inestabilidad de las capas superficiales, etc. El principio general que debe seguir toda restauración es recuperar la calidad original del medio. Los objetivos no deben ser otros, pues, que la integración del espacio degradado o arruinado, por detención o grave deterioro de los procesos biológicos, en el paisaje circundante. Las soluciones se encontrarán en las imágenes de la Naturaleza con condiciones similares al espacio a restaurar.
El esfuerzo para detener la degradación del medio ha de se deliberado.
En algunas áreas degradadas o alteradas por construcciones o incendios y en los cultivos abandonados, las posibilidades de restauración son buenas y las actuaciones necesarias se limitan muchas veces a remodelar la superficie, controlar la circulación del agua, añadir los nutrientes necesarios e implantar el tipo de vegetación más adecuado a las condiciones del lugar; esta última operación requiere acomodarse al ritmo natural, el ejercicio de la paciencia: generalmente habrá que empezar por especies herbáceas, para dar paso después a las arbustivas y arbóreas, tanto después cuanto más intensa haya sido la alteración.
En otros casos, el origen de los materiales, la intensidad de la acción o la presencia de materiales o residuos tóxicos no biodegradables, exige aumentar la intensidad de las operaciones preparatorias y las cantidades de nutrientes y material vegetal que aportar. Las especies que se instalen deben soportar unas condiciones bióticas y físicas que llevan consigo un período de adaptación mayor.
No debemos acostumbraros a la presencia de espacios degradados.
En las áreas degradadas, hasta las que se encuentran en mejor estado, el proceso de colonización y posterior evolución de la vegetación, así como el restablecimiento de las funciones físicas, químicas y biológicas del suelo, se desarrollan muy lentamente. Pero también es cierto que en la mayoría de los casos es suficiente conseguir, natural o artificialmente, la instalación de la vegetación en áreas reducidas de la superficie a restaurar, para que en un plazo de tiempo más o menos largo quede garantizada la permanencia de una cubierta vegetal en toda la superficie.
Restaurar el volver a la calidad original.
Los éxitos conseguidos en la restauración de riberas y ríos, la recuperación de espacios afectados por explotaciones mineras, la integración en el paisaje de las vías de comunicación (que no sólo aumenta su calidad y período de utilidad, sino también la seguridad), respaldan la actitud social que demanda la restauración o recuperación de espacios degradados, alterados o destruidos por las actividades humanas, y al mismo tiempo recusan la falta de sensibilidad y responsabilidad de algunos agentes públicos y privados que descuidan la protección y conservación de la Naturaleza, que, al fin y al cabo, en el mínimo ámbito local o en su conjunto, es patrimonio de todos.