¿Por qué no se lee en España?

Francisco J. Bernal

¿Por qué no se lee en España? ¿Por qué la enseñanza es casi exclusivamente memorística? ¿Por qué la Universidad no prepara profesionales capaces de aprender permanentemente? ¿Por qué importantes grupos de niños y jóvenes, aun sabiendo leer, no pueden hacerlo?

Porque no hay Biblioteca Escolar, y en la Universidad está tan escasamente dotada que su eficacia didáctica es mínima; parte del fracaso escolar y universitario, así como el pobre nivel de lectura de nuestro país, tiene su causa fundamentalmente en esta carencia. Que provoca, a su vez, la falta de hábitos bibliotecarios y documentales de la población no sólo para acceder a la cultura, sino para innovar y progresar.

Se trata, en el fondo, de esa deficiencia tradicional del español para inventar, para hacer ciencia, hoy expresada más que nunca en la incapacidad para acceder sistemáticamente, esto es, bibliotecariamente, a la información documental, a los nuevos conocimientos. Estamos ante un problema de siempre, renovado con la oferta multimedia de viejas y emergentes tecnologías de la información, o mejor, metodologías. Acceder al saber, estudiar con orden y progresividad, ya no es sólo cuestión «de codos» ni de memorias en el curriculum, sino también de adiestramiento y de método documental, esto es, de educación bibliotecaria multimedia.

La política bibliotecaria institucional, por lo general, apenas hace algo por adaptar sus servicios a las instituciones escolares, pese a que la mayoría de sus lectores provienen de ellas.

A falta de biblioteca escolar, la biblioteca pública casi no llega a la escuela. En efecto, las cosas no mejoran tampoco en este aspecto a causa de la desconexión de las instituciones educativas con las Bibliotecas Públicas y Especializadas, que es la segunda aportación de la biblioteca en la educación. La política bibliotecaria institucional, por lo general, apenas hace algo por adaptar sus servicios a las instituciones escolares, pese a que la mayoría de sus lectores provienen de ellas. De hecho, no se desarrolla la legislación vigente, que contempla acertadísimamente la participación del sistema bibliotecario público en la educación, como es el caso, por ejemplo, de Castilla-La Mancha, Galicia y Valencia, entre otros. Este mal arranca de la actual separación de la administración bibliotecaria de la educativa, que dificulta el avance aún, pequeño y por lo menos gradual en el diseño básico de soluciones.

En este vacío institucional público, las iniciativas privadas no pueden arraigar ni casi aportar gran cosa. Resulta ya poco aleccionador a estas alturas que en determinadas fechas y hechos aislados se difundan y corran lágrimas de cocodrilo sobre lo poco que se lee en España y lo pobre que es nuestra investigación, etc., como es el caso de Ferias y Fiestas del Libro, por citar las iniciativas más populares: cuando terminan, todo queda igual.

Derecho y gratuidad en los recursos escolares

Estamos, sobre todo, ante una cuestión de Estado como es el derecho a la información, restringido a veces en exclusividad a los medios de comunicación masivos. La biblioteca es, ante todo, una institución informativa, y a su derecho público interesa muy estrechamente el derecho a la educación. O lo que es lo mismo, el derecho a la educación, especialmente en esta sociedad de la información y el conocimiento, hace inaplazable la satisfacción del derecho escolar a la biblioteca y a la documentación multimedia.

No creemos que de la noche a la mañana puede exigirse una implantación general y completa de este servicio; urge, sin embargo, extender una mentalidad política y pedagógica que aborde esta laguna históricamente «comprensible» pero insostenible en este momento. Habría que empezar por enderezar el rumbo unificando todas las acciones e iniciativas en un único modelo biblioteconómico y documental de los recursos didácticos en los centros escolares: Nuevas Tecnologías, Audiovisuales, Prensa, Animación a la Lectura, etc., hoy dispersas y descoordinadas. Es evidente que sumando sus presupuestos cabría enmendar y corregir de una vez esta increíble desidia, que ya no es sólo histórica si se sigue manteniendo el status anterior con parches como con esas actividades aisladas promovidas desde el presente y que están desconectadas unas de otras.

La biblioteca se ha llegado a definir como la primera institución de educación permamente al ofrecer todos los conocimientos, a todos y en cualquier momento.

Es cierto que el problema se arrastra desde esos larguísimos y oscuros años de nuestra historia cultural, que ha vivido torpemente de espaldas a la institución bibliotecaria en todos los niveles. Ni la II República, que dispuso la obligatoriedad de la biblioteca escolar, ni menos los decretos franquistas de 1938, que pretendían introducir estas enseñanzas en los programas de Primaria y Secundaria, consiguieron hacerse realidad. Con el tiempo fuimos a peor en esta marginación institucional de la biblioteca en la educación. Ahora, finalizadas las transiciones políticas, habría que acabar las educativas (después de la LODE y la LOGSE vienen las estrictamente didácticas).

A favor contamos con numerosos elementos claves de la didáctica bibliotecaria «incorporados» o en vías de incorporación a la educación, como es el caso de diversos programas que están incoando espacios para hemerotecas, videotecas, bancos de datos, fonotecas, etcétera, escolares, y que pueden y deben integrarse cuanto antes en un único y verdadero centro biblioteconómico y documental.

Y, especialmente, disponemos de un profesorado que está empezando a servirse de una metodología activa que implica el trabajo del alumno con las fuentes, la consulta, la investigación, la reflexión crítica…, tareas que constituyen la esencia misma de la didáctica de la biblioteca, y, por lo tanto, de la lectura.

El servicio bibliotecario y documental es hoy más que nunca primordial para la calidad de la enseñanza, verdadero y único reto de toda reforma. La biblioteca se ha llegado a definir como la primera institución de educación permanente al ofrecer todos los conocimientos, a todos y en cualquier momento.

La bliblioteca escolar frustrada en la España moderna desde la República hasta hoy, está, sin embargo, enmarcada en los presupuestos de la LODE y la LOGSE (incluso en algunos aspecto de la Ley General de Educación del 70) respecto de la gratuidad, la democratización y la calidad de la educación.

Aspecto social

En su aspecto social, la biblioteca escolar sería también un factor de compensación e igualación en el aprendizaje y en el rendimiento escolar. Mientras los grupos sociales medios y altos tienen también en su haber la idoneidad intelectual de los padres y una nutrida «biblioteca» familiar, los socioeconómicos menos favorecidos carecen de una y otra.

La biblioteca escolar frustrada en la España moderna desde la República hasta hoy, está, sin embargo, enmarcada en los presupuestos de la LODE y la LOGSE (incluso en algunos aspectos de la Ley General de Educación del 70) respecto de la gratuidad, la democratización y la calidad de la educación.

Representan la más sólida respuesta a cuestiones como la preparación del alumnado para aprender por sí mismo, la personalización de la enseñanza, la autonomía pedagógica de centros y profesores, el empleo de una metodología activa y la incorporación del profesor a una programación curricular abierta a la sociedad de la información y, con ella, la integración de la escuela en el entorno social, económico y cultural.