León XIV y Donald Trump, historia de un cisma

La relación entre el Vaticano y la Casa Blanca no atraviesa su mejor momento. El mandatario ha encontrado a alguien capaz de enfrentarse a él al tiempo que defiende la no violencia

Donald Trump reza en la Casa Blanca, el 19 de marzo de 2025, con líderes religiosos de diversas confesiones de Estados Unidos. © Molly Riley / The White House, dominio público, vía Wikimedia Commons
Donald Trump, con líderes religiosos de diversas confesiones de Estados Unidos. © Molly Riley / The White House, dominio público, vía Wikimedia Commons
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El cisma abierto entre León XIV y Donald Trump ha vivido una  escalada en las últimas semanas. El papa, de algún modo, ha roto la tradición vaticana de no interferir en política, impelido por las acciones y las ofensas del presidente de los Estados Unidos, como se explica en el presente artículo. Ambos acumulaban meses de roces y desconfianza, que empezaron casi desde el cónclave que eligió a Robert Prevost.

Llama la atención que las tensiones entre el Vaticano y la Casa Blanca hayan aumentado con León XIV, considerado más conciliador que el papa Francisco. Según Benjamin Harnwell, colaborador de un pódcast cercano al movimiento MAGA (Make America Great Again), León XIV es «más inteligente, más sutil y, por tanto, más peligroso». También ha nacido en Chicago y habla a los estadounidenses en su idioma, por lo que una rivalidad abierta con él es mucho más difícil de manejar.  

Trump y sus seguidores recelan del actual pontífice, quien sin embargo empieza a ganarse a muchos de ellos. No fue siempre así. En una fecha tan reciente como el pasado 6 de abril, The Economist titulaba: Pope Leo XIV is infuriating MAGA Catholics (El Papa León XIV está enfureciendo a los católicos de MAGA). Dos semanas después, es Trump quien pierde adeptos. Más allá de sus declaraciones de brocha gorda, muchos católicos que lo habían votado se sienten ofendidos por sus veleidades. La más estrafalaria fue publicar en las redes sociales una imagen suya, creada con IA, en la que aparecía caracterizado como Jesús. Primero negó que esa fuera la idea y luego retiró la fotografía. 

El mandatario estadounidense también llamó «débil» e «izquierdista radical» al papa, quien no hizo explícitas sus críticas hasta que Trump amenazó con «destruir la civilización iraní». El punto de inflexión es señalado por The Economist en otro artículo, titulado POTUS v the Pope, publicado diez días después del anterior. Para el pontífice, fueron unas palabras «verdaderamente inaceptables». 

Incluso los seguidores trumpistas del movimiento MAGA empiezan a sentir recelo. Ashley McGuire, de The Catholic Association, se declaró «profundamente decepcionada» con Trump y el obispo Robert Barron, el prelado americano más identificado con la administración, pidió disculpas. «Rezamos para que el presidente se disculpe con el papa y oramos por su sabiduría y sanación después de estos comentarios divisivos», escribió McGuire.

ArtÍculo

El desconcierto es evidente entre los partidarios de Donald Trump. Un caso paradigmático, señalado en Project Syndicate, es el de la primera ministra italiana, Georgia Meloni, una populista de la que cabría esperar cercanía al presidente americano, pero que sin embargo ha tenido la audacia de defender al papa: «Francamente, no me sentiría cómoda en una sociedad en la que los líderes religiosos hacen lo que los líderes políticos les dicen», explicó la primera mujer que rige los destinos de Italia.

Otro dirigente en el punto de mira es J.D. Vance, converso reciente al catolicismo, que se sumó indirectamente a las críticas a León XIV sin nombrarlo: «Lo mejor sería que el Vaticano se limitara a cuestiones de moral», declaró el vicepresidente de Estados Unidos. Para The Economist, el papa también asume un riesgo, que puedan empezar a verlo no como líder espiritual, sino como «el anti-Trump global que tanto anhelaban», lo cual podría comprometer su autoridad religiosa.

En el artículo León XIV se convierte al fin en el Papa anti-Trump, el corresponsal en Roma de El País, Íñigo Domínguez, asegura que el choque entre el Pontífice y el líder estadounidense «pone a políticos y votantes de ultraderecha ante un dilema existencial: ¿de parte de quién están?». El periodista recuerda que la elección de Robert Prevost fue interpretada como la respuesta de la Iglesia Católica a Trump, una expectativa que se desinfló ante el perfil bajo que mantuvo el papa.

«No tengo miedo a Trump»

Esa actitud ha reforzado su figura, le ha dado fuerza a una reacción que parece más espontánea: «No lo ha buscado, ha sido casi sin querer», escribe Domínguez. «Paradójicamente, ha sido Trump el que lo ha obligado a ello al insultarlo y sacarle al papa una réplica que ningún líder político le ha dado: “No tengo miedo a Trump”». León XIV ha llegado a un convencimiento: «Alguien debe alzar la voz». «Seguiré hablando claro contra la guerra. Demasiadas personas inocentes han sido asesinadas», declaró.

Foto: Edgar Beltrán. Wikimedia Commons: Relación actual con Donald Trump.
Foto: Edgar Beltrán. Wikimedia Commons

Fue un proceso gradual. Al principio, el papa no nombraba a Trump, aunque sus alusiones eran obvias cuando hablaba de «delirios de omnipotencia». El Domingo de Ramos recordó que Dios rechaza la guerra y las oraciones de quien la hace diciendo: «Vuestras manos están llenas de sangre». Las críticas eran cada vez más claras ante las decisiones del mandatario en asuntos como la operación militar en Venezuela, la política migratoria y, por último, la guerra en Irán, con la que no estaban de acuerdo ni sus asesores más cercanos.

«Hasta finales de 2025, era muy evidente que el Papa tenía la decisión de no presentarse como antagonista de Trump, pero la situación ha ido cambiando tanto que ha debido hacerlo, porque su silencio se hacía muy visible cuando un Gobierno empieza a usar el nombre de Dios y bombardea aquí y allá; era un problema para el Vaticano», explica para El País Massimo Faggioli, experto en cristianismo y profesor de teología del Trinity College de Dublín.

Según relata El País, un momento crítico que no había trascendido hasta ahora ocurrió en enero, cuando el Pentágono convocó al nuncio vaticano en Estados Unidos a una reunión. La cita fue «muy tensa», con graves amenazas, y en ella quedó claro el malestar de la Casa Blanca por las críticas del papa. En Washington tampoco gustó que el pontífice se negara a viajar a su país de nacimiento para conmemorar el 250 aniversario de la independencia, para evitar ser un instrumento de propaganda.

«Una declaración de impotencia»

Para Trump, en efecto, León XIV es un rival mucho más difícil que Francisco. Nació en Chicago y habla a sus compatriotas en su idioma. Su prioridad siempre fue acabar con la polarización, pero no está dispuesto a pagar cualquier precio por evitar las confrontaciones. Le basta con recordar los valores cristianos. Como declaró Antonio Spadaro, subsecretario del Dicasterio de Cultura y Educación del Vaticano, los ataques de Trump son «una declaración de impotencia». «Cuando el poder político se vuelve contra una voz moral, suele ser porque no puede contenerla», afirmó Spadaro, en palabras recogidas por el Financial Times.

La reciente gira del papa en África parecía demostrar que el cambio de postura del papa no es temporal. En Argelia y Camerún denunció que el mundo «está siendo devastado por un puñado de tiranos» y alertó de las «tentaciones neocoloniales» de las grandes potencias. No obstante, según informa Motoko Rich para The New York Times, no debemos tergiversar las palabras del papa. León XIV les dijo a los periodistas que no tiene la menor intención de mantener un debate con Donald Trump y que algunas de sus afirmaciones han sido mal interpretadas como críticas al presidente, cuando algunas de las frases más controvertidas las había escrito semanas antes, sin pensar en él.

Sus palabras han aliviado la tensión. En un comunicado publicado el sábado por la noche en las redes sociales, JD Vance agradecía al papa estas declaraciones: «Si bien los medios de comunicación fomentan constantemente fomentan el conflicto —y sí, ha habido y habrá desacuerdos reales—, la realidad suele ser mucho más compleja», escribió el vicepresidente. Veremos si es solo una tregua o un nuevo cambio de tendencia en la relación entre el Vaticano y la Casa Blanca.


En la imagen de arriba, de Molly Riley para la Casa Blanca, Donald Trump reza con líderes religiosos de diversas confesiones de Estados Unidos, el 19 de marzo de 2025. La imagen, de dominio público, se puede encontrar en Wikimedia Commons.