Leer también es mágico para el sistema nervioso

La neurocientífica Anne-Laure Le Cunff escribe sobre los beneficios que ofrece la experiencia de la lectura, sobre todo ficción

Una joven disfruta el placer de leer. Foto: Federico Marín Bellón
© Federico Marín Bellón
Nueva Revista

Avance

Leer libros no solo estimula la mente. También regula el sistema nervioso, reduce el estrés y es responsable de cambios físicos tangibles: baja el ritmo cardiaco, estabiliza la respiración y relaja la tensión muscular. La neurocientífica Anne-Laure Le Cunff no dice nada sobre posibles daños para la vista, pero su artículo en Big Think no deja lugar a dudas sobre los beneficios que produce la lectura, aunque a algunos se les atraviesen los libros largos.

Le Cunff es también fundadora de Ness Labs, una plataforma dedicada a explorar la intersección entre la neurociencia y el pensamiento innovador, cuyo boletín llega a más de 100.000 personas. Asimismo, es autora del libro Tiny Experiments, que como dice su subtítulo, nos explica «cómo vivir con libertad en un mundo obsesionado con los objetivos». En el artículo How reading books regulates your nervous system (Cómo la lectura de libros regula el sistema nervioso), la investigadora francesa asegura que leer no solo entretiene y educa la mente, lo que ya sería suficiente. Además, bajo la superficie ocurren cosas mágicas y reparadoras para nuestro cerebro. La explicación es que «la lectura modifica nuestra neuroquímica en tiempo real», porque leer no es solo descifrar palabras en una página, «es un proceso neuroquímico complejo que afecta a todo, desde nuestra frecuencia cardíaca hasta nuestros niveles hormonales». 

La neurobiología de la lectura

La experiencia de leer, de la que hablaba C. S. Lewis, utiliza algunos de los circuitos más antiguos del cerebro humano. Apenas llevamos leyendo 5.000 años, cuenta Le Cunff, pero durante la mayor parte de nuestra historia evolutiva ya leíamos otras cosas (huellas de animales en el barro, patrones de tormentas en las nubes, señales de peligro en el crujido de las hojas…) que nos ayudaban a sobrevivir. Los analfabetos de estas señales también lo pasaban peor. 

Cuando abrimos un libro, se repite este antiguo sistema de reconocimiento de patrones y, como nuestros cerebros no han tenido tiempo de desarrollar circuitos específicos para la lectura, reutilizan las mismas redes neuronales. Es lo que el neurocientífico Stanislas Dehaene denomina la «hipótesis del reciclaje neuronal». El resultado es que, con la lectura, nuestro cerebro desplaza el sistema nervioso autónomo del modo «lucha o huida» al modo «descanso y digestión». Su carácter restaurador contrasta con el efecto de las redes sociales, que fragmentan la atención.

Qué y cuándo leer

Un dato llamativo es que leer ficción es aún más beneficioso que leer otro tipo de textos, porque funciona como un ensayo inocuo de situaciones reales, lo que ayuda a practicar empatía y respuestas emocionales. No obstante, Le Cunff recomienda mezclar ficción y no ficción para aprovechar mejor estos beneficios. También sugiere «elegir bien el momento (especialmente antes de dormir), crear rituales de lectura, adaptar el tipo de libro al estado emocional del momento y, sobre todo, seguir la propia curiosidad para lograr una inmersión completa».

En resumen, «leer un buen libro no es solo un placer intelectual, sino que es una forma natural y poderosa de regular el sistema nervioso y recuperar el equilibrio en una época de constante sobreestimulación». La conclusión es que la lectura representa una de nuestras herramientas más sofisticadas y, al mismo tiempo, más accesibles para regular el sistema nervioso.

Otros estudios

Por supuesto, Le Cunff no es la primera investigadora que llega a conclusiones parecidas. Entre los estudios más citados, destaca el de la Universidad de Sussex, de 2009, que concluye que la lectura reduce el estrés en un 68 %. En Reading for Stress Relief, de 2024, Asa Olson también vincula el acto de leer con la reducción del estrés laboral. De hecho, algunas de sus ideas son citadas por Le Cunff. Destaca asimismo otro estudio de 2013, en la Universidad Emory, en Atlanta, que habla de los beneficios a largo de leer novelas.