La fuerza de intervención europea

Rafael Abajo Merino

La idea no es ni mucho menos nueva. El ministro de Asuntos Exteriores francés, René Pleven, intentó en 1950 integrar en lugar de aislar el problema del rearme alemán de posguerra estableciendo el Tratado de la Comunidad Europea de Defensa, que fue firmado en 1954 por seis naciones (Alemania, Bélgica, Francia, Holanda, Italia y Luxemburgo), pero que no logró su ratificación. La oposición de la Asamblea Francesa («la idea nació y murió en Francia») impidió que se crease un ejército Europeo integrado con un sistema de mando operativo supranacional.

La falta de entendimiento del contexto internacional y no querer imponer límites a su soberanía nacional, junto a la carencia de una autoridad militar por encima de las naciones, provocó su fracaso. No se veía claro a quién obedecerían sus mandos.

El término «Pilar Europeo» se acuñó tras la intervención del presidente Kennedy en Filadélfia el 4 de julio de 1962. Allí se adhirió a la idea de una Europa unida que compartiese con EE.UU. cargas económicas y defensivas.

Desde entonces ha llovido mucho y es reconocido por todos la necesidad de que Europa tome la iniciativa y se responsabilice de su propia defensa. ¿Incluye ésto que los europeos se desentenderán de los americanos y que la OTAN desaparecerá? Nada más lejos de las intenciones y los derroteros actuales. El vínculo transatlántico es esencial para ambas orillas, como ha quedado reflejado en el Comunicado Final de la reunión del Consejo del Atlántico Norte de Copenhague del mes de junio del año pasado. Tampoco debemos olvidar que el término «Pilar Europeo» se acuñó tras la intervención del presidente Kennedy en Filadelfia el 4 de julio de 1962. Allí se adhirió a la idea de una Europa unida con que compartiese con EE.UU. cargas económicas y defensivas. Por ironías de la vida, los europeos se opusieron, al estimar que los americanos ocultaban una maniobra para separarse de Europa.

Qué hay de cierto en las propuestas y adhesiones existentes no lo sabremos hasta que no se traduzcan las intenciones en medidas concretas y compromisos internacionales. No obstante, el grado de credibilidad del momento presente es alto y posiblemente se logre un mínimo de entendimiento. De cualquier manera, sin una política exterior y de seguridad común previa no podrá existir ni siquiera un embrión de fuerzas armadas europeas.

UEO y OTAN

Irónicamente encontramos que los puntos establecidos hace treinta y cuatro años por Raymond Aron y Daniel Lerner continúan vigentes: «Peligro alemán, participación británica, presión americana y negociación soviética». Por otro lado, la Unión Europea Occidental (UEO) debe converger gradualmente con la Unión Europea, convirtiéndose en su brazo armado sin rivalizar en absoluto con la OTAN y sin establecer estructuras paralelas que disminuyan la credibilidad de la seguridad europea.

La Unión Europea Occidental (UEO) debe converger gradualmente con la Unión Europea, convirtiéndose en su brazo armado sin rivalizar en absoluto con la OTAN.

Para ello, el secretario general de la UEO y anterior ministro de Defensa holandés, Dr. Willem van Eekelen, quiere hacer frente a los «nuevos riesgos e inestabilidades» con una estructura «móvil y flexible», transformando la UEO en una organización más operativa. Parece evidente que la UEO está predestinada a jugar un papel principal durante el próximo período de transición. El director del Centro de Estudios Europeos de la Universidad de Harvard, Stanley Hoffmann, propone como meta volver al sistema de 1949, cuando la OTAN no tenía estructura militar y proporcionaba una garantía de seguridad norteamericana a Europa occidental. Posteriormente, a lo largo de 1950, la Organización de Defensa de la Unión Occidental -precursora de la UEO- se integró en la OTAN.

Como en todo proceso, la prudencia debe imperar. No se puede echar abajo un sistema que está funcionando sin tener el relevo; y más que nada, sin saber si el relevo va a funcionar adecuadamente. No vaya a ser que se desmantele la OTAN y se construya otra organización similar, con todo el coste material, social y en términos de relaciones internacionales que llevaría consigo.

La Fuerza de Intervención Europea dependería operativamente del futuro Grupo de Planeamiento Militar de la UEO y la compondrían una Fuerza de Intervención Inmediata, de entidad brigada reforzada, como fuerza de interposición antes del comienzo de un eventual conflicto.

En primera instancia, Van Eekelen propone fuerzas multinacionales europeas europeas pertenecientes a la UEO, móviles y flexibles, que puedan ser usadas por la OTAN en escenarios de defensa colectiva y por la CE para contingencias puramente europeas, así como para problemas fuera del área de la OTAN. Manfred Wörner, secretario general de la OTAN, manifestaba claramente durante su visita a España en el pasado mes de octubre que existía consenso entre todos los miembros de la Alianza para no usar a la OTAN en problemas fuera del área. tropas asignadas previamente». Tampoco olvidemos que la OTAN no dispone de tropas propias, si exceptuamos la unidad de aviones de alerta temprana AWACS, única con mando y tripulaciones multinacionales y con material comprado directamente por la OTAN.

Por otra parte, tanto Wörner «en ciertos casos la UEO puede tener y usar tropas» como Van Eekelen «Europa no puede someter formalmente su propia libertad de acción a las decisiones de la OTAN» están de acuerdo en lo fundamental: Europa debe mandar unas tropas propias en todos los sentidos de la palabra. Eso sí, hay matizaciones por ambas partes, como la mantenida por Wörner: «No tiene sentido entrar en competencia con la OTAN»… «el grupo de planeamiento podría mandar, llegado el caso, las tropas asignadas previamente».

El proceso de desarrollo de una identidad europea de seguridad puede hacerse con tiempo y voluntad. Habrá que ir paso a paso y aprovechando las experiencias acumuladas a lo largo de la vida de las organizaciones existentes.

La Brigada Franco-Alemana

Esta «experiencia humana y militar» de aproximadamente 4.200 hombres, estacionada en el Estado alemán de Baden-Würtemberg, tiene algo más de tres años de vida (el Estado Mayor de la Brigada se constituyó el 3 de octubre de 1988) y no ha sido la única iniciativa en el campo de la creación de unidades multinacionales. En octubre de 1988, Gran Bretaña rechazó una propuesta alemana similar. La historia de la Brigada Franco-Alemana se remonta al 13 de noviembre de 1987, cuando el presidente Mitterrand y el canciller Kohl anunciaron su voluntad de crear una unidad mixta que ahora se quiere expandir al resto de los países de la UEO y también a los países de la CE no miembros: Dinamarca, Grecia e Irlanda, lo que nos lleva a constatar un problema añadido a este proceso manifestado por Manfred Wörner: «Ninguna nación aliada será marginada del proceso de constitución de la identidad europea», en clara alusión a Islandia, Noruega y Turquía.

La Brigada Franco-Alemana tiene cuatro guarniciones situadas cerca de la frontera, dentro del antiguo sector de Alemania bajo responsabilidad de defensa francesa (Böblingen, Donaueschingen, Horb y Stetten).

La Brigada Franco-Alemana tiene cuatro guarniciones situadas cerca de la frontera, dentro del antiguo sector de Alemania bajo responsabilidad de defensa francesa (Böblingen, Donaueschingen, Horb y Stetten). Sus efectivos se despliegan en un total de seis localidades, todas ellas cercanas a Stuttgart y a unos cincuenta kilómetros de Estrasburgo, ciudad que parece ser se constituirá en sede del embrión de las Fuerzas de Intervención Europeas, convirtiéndose así en la primera base militar fuera de Alemania que cuente con fuerzas alemanas.

La Brigada lleva operativa desde el 1 de octubre de 1990 y dispone de unidades mixtas para mando y logística y unidades nacionales tipo batallón generalmente. Por parte francesa dispone de dos regimientos con entidad de batallón (ligero acorazado y de infantería mecanizado), un escuadrón de reconocimiento y un centro de instrucción. Por la alemana un batallón de infantería mecanizado, un grupo de artillería, una compañía contracarro y una compañía de zapadores acorazada.

La interoperabilidad de estas unidades no es demasiado grande, pero cada día se estudian modificaciones a los reglamentos vigentes y posibilidades de uso del mismo material. Un botón de muestra lo constituye la utilización del mismo fusil de asalto (el francés FAMAS 5.56) por parte de las unidades mixtas.

Independencia y seguridad

El embrión de las fuerzas armadas europeas será aquel que por su disponibilidad, adiestramiento y movilidad esté capacitado para actuar con eficacia y prontitud en la defensa de los intereses o como respuesta a compromisos internacionales de los Estado participantes. La misión a cumplir será determinada por sus jefes de Estado y de Gobierno e impondrá la utilización de fuerzas de uno o más ejércitos con una entidad y composición, por consiguiente, variables.

Los europeos no pueden seguir esperando a Godot porque nunca vendrá. Tienen que coger el toro por los cuernos e iniciar lentamente el proceso que los lleve a alcanzar cotas de independencia en términos de seguridad.

Esta fuerza serviría, además de para desempeñar las misiones puramente militares, como modelo para una mayor cooperación entre todos los Estados miembros, y proporcionaría un instrumento eficaz de apoyo a la política exterior y de seguridad común europea. Elaboraría planes de contingencia y de operaciones y proporcionaría la máxima autoridad a la fuerza operativa que actuase en cada misión, además de experiencia en el mando, planeamiento, organización, coordinación, motivación y control de fuerzas multinacionales. También podría servir de plataforma de estudio del posible arma nuclear europea, integrando en el esquema de seguridad europeo las fuerzas nucleares francesas, cada vez más importantes tras la decisión de la OTAN en Roma el pasado mes de utilizar únicamente a sus aviones de doble capacidad convencional y nuclear como armas nucleares subestratégicas principales.

La Fuerza de Intervención Europea dependería operativamente del futuro Grupo de Planeamiento Militar de la UEO y la compondrían una Fuerza de Intervención Inmediata, de entidad brigada reforzada, como fuerza de interposición antes del comienzo de un eventual conflicto, y una Fuerza de Intervención Rápida, de entidad cuerpo de ejército reforzado. Los medios de mando y apoyo logístico serían multinacionales y el Fondo de Maniobra lo compondrían brigadas o batallones de cada nación. Estas unidades estarían asignadas (disponibles y preparadas en cualquier momento) o prevista su asignación.

Habrá que esperar varios años para ver algún resultado, pero, como dijo hace ya más de un año el presidente del Instituto Internacional para Estudios Estratégicos de Londres, Sir Michael Howard, «el papel de EE.UU. (dentro de la comunidad atlántica) en el futuro será más de apoyo que dominante», añadiendo más adelante que los europeos deberemos ser capaces de «crear nuestra propia comunidad de seguridad apropiada a las nuevas condiciones que vivimos».

Los europeos no pueden seguir esperando a Godot porque nunca vendrá. Tienen que coger el toro por los cuernos e iniciar lentamente el proceso que los lleve a alcanzar altas cotas de independencia en términos de seguridad.