La exposición «Portugal en el Medievo»: una historia paralela

Tras las grandes exposiciones históricas sobre el pasado de la Península Ibérica que han tenido lugar en los últimos meses (Al Andalus en Granada y Reyes y mecenas en Toledo), se presenta ahora en Madrid otra excepcional, que completa en buena parte a las anteriores, mostrando la trayectoria histórica de Portugal, desde sus orígenes hasta su consolidación como gran reino peninsular en el siglo XV. Esta exposición, a mi juicio tan importante como las celebradas en las otras dos ciudades mencionadas, ha sido organizada por la Fundación Banco Central Hispano junto con el Consorcio para la organización de Madrid, Capital Europea de la Cultura 1992, en colaboración con las autoridades portuguesas.

Antes de su celebración en Madrid fue presentada en Gante durante el pasado otoño, dentro de Europalia 91 y en Oporto a lo largo de los primeros meses de este año. Con la etapa madrileña, que se cerrará el día 26 de julio, terminará el ciclo viajero de la exposición que volverá entonces a Portugal, dispersándose, tras una última escala, de nuevo en Oporto, este irrepetible conjunto de obras de arte, códices, documentos y armas, con el que se obtiene una visión casi total de la trayectoria de los primeros siglos portugueses.

La exposición cuyo Comisario ha sido el profesor Luis Adão da Fonseca, catedrático de la Facultad de Letras de la Universidad de Oporto, se estructura en siete grandes núcleos temáticos que, al mismo tiempo permiten un cierto despliegue cronológico de la historia política y social portuguesa, apoyado siempre sobre grandes obras de arte y otros objetos. Estos cumplen la doble función de ser puntos esenciales de referencia histórica y expresiones cimeras del arte mozárabe, hispano-musulmán, gótico y mudéjar, cubriendo así toda la evolución de las corrientes y estilos de los siglos XII a XV.

Monasterios

Comienza el recorrido de la exposición con una sección dedicada a los monasterios anteriores a la aparición del reino portugués, que conforman el núcleo esencial del territorio recién reconquistado y repoblado en los siglos IX, X, y XI, a partir de la reconquista de Oporto en 868. Destacan en esta primera sección el Beato del Monasterio de Lorvão (1189), uno de los códices con el comentario del Apocalipsis que todavía se conservan en la Península Ibérica, y el sarcófago de San Martín de Dume (hacia 1070), que constituye el mejor ejemplo del prerrománico en Portugal, con paralelismos estilísticos con los Beatos mozárabes.

A continuación se muestra la transformación de Portugal en reino independizado del leonés durante el siglo XII, así como la apertura a las corrientes europeas con la aparición del arte románico, que coincide también con la renovación espiritual procedente de Cluny y la reorganización eclesiástica que se produce con la reforma gregoriana y la restauración de la diócesis de Braga, Coimbra y Oporto a finales del siglo XI y principios del XII. La bula de Alejandro III Manifestis probatum est de 1179, reconociendo a Alfonso Enríquez como rey, constituye la pieza más importante históricamente de esta segunda parte de la exposición, siendo en cierto modo la simbólica partida de bautismo de Portugal.

Al igual que los nobles, los reyes del Portugal naciente también mantuvieron vínculos de patronazgo con instituciones monásticas, fundando en el siglo XII dos de los grandes focos de irradiación religiosa y cultural del reino: los monasterios de Santa María de Alcobaça y de Santa Cruz de Coimbra.

En estrecha relación con la aparición del reino portugués, la tercera sección nos ofrece testimonios de la formación de la primitiva nobleza portuguesa, muy ligada a las instituciones monásticas, presentando piezas importantes de orfebrería donadas por aquélla, como el soberbio cáliz entregado al Monasterio de Refoios de Basto por el ricohombre don Gueda Mendes, en 1152, que es la obra cumbre de la orfebrería románica portuguesa. Al igual que los nobles, los reyes del Portugal naciente también mantuvieron vínculos de patronazgo con instituciones monásticas, fundando en el siglo XII dos de los grandes focos de irradiación religiosa y cultural del reino: los monasterios de Santa María de Alcobaça y de Santa Cruz de Coimbra, de los que proceden algunas de las piezas más bellas de la exposición, como el cáliz románico (1174-1198) conservado hoy en el Museo de Arte Antiguo de Lisboa, el códice conteniendo las Etimologías de San Isidoro, manuscrito con espléndidas miniaturas del siglo XIII, también románico, y el báculo de San Teotonio, primer prior de Santa Cruz de Coimbra, del siglo XII. La serie de códices iluminados por el scriptorium de cada uno de estos grandes monasterios es también uno de los mayores atractivos de esta exposición y presenta un panorama prácticamente completo de los distintos tipos de miniaturas y caligrafía empleados tanto en Portugal como en los demás reinos cristianos peninsulares durante los siglos XII y XIII.

Reconquista y repoblación

Tratándose de la formación de uno de los principales reinos cristianos de la Península no podía faltar en este recorrido histórico una referencia al proceso de reconquista y repoblación que en Portugal, al igual que en los demás reinos peninsulares, fue llevado a cabo a partir del siglo XII, en gran medida, por las Órdenes Militares, en este caso las del Temple, San Juan, Santiago y Avis. La sección tercera de la exposición está dedicada al papel de los caballeros miembros de estas corporaciones y entre las piezas expuestas en ella destacan la escultura del siglo XIV representando a un caballero, procedente de la Iglesia de Oliveira do Hospital, la cruz procesional de la Encomienda hospitalaria de la Vera Cruz de Marmelar, de mediados del siglo XIII, y la bula de Juan XXII creando en 1319, tras la disolución de la Orden del Temple por el Papa Clemente V, la que llegó a ser la más característica de las Órdenes portuguesas, la Orden de Cristo que recibió los bienes de los templarios portugueses y se convirtió en uno de los principales instrumentos de la política de los Reyes de la Casa de Avis.

La conexión entre Portugal y los demás reinos peninsulares durante la Edad Media viene también representada en este capítulo de la Exposición por las piezas relativas a la Orden de Santiago, unida a su matriz castellano-leonesa hasta comienzos del siglo XIV.

La conexión entre Portugal y los demás reinos peninsulares durante la Edad Media viene también representada en este capítulo de la Exposición por las piezas relativas a la Orden de Santiago, unida a su matriz castellano-leonesa hasta comienzos del siglo XIV y separada de hecho de ella desde ese momento hasta 1452, fecha en la que el Papa Nicolás V dispensó formalmente a la rama portuguesa de la Orden de la Jurisdicción del Maestrazgo de Uclés.

La estructuración del reino portugués, culminado el proceso reconquistador y repoblador, se produce entre los siglos XIII y XV. En esta época tiene lugar la definitiva configuración de la frontera portuguesa con Castilla, con el Tratado de Alcañices de 1297 —Documento que figura en la Exposición— y toma cuerpo la organización jurídica del reino y de sus diferentes instituciones (Corona, Cortes, Concejos Municipales, Iglesia). La colección de documentos y sellos que muestra este proceso es admirable, destacando entre ellos el Acta de elección por las Cortes de Coimbra de 1385 del Maestre de Avis como Rey de Portugal, con el nombre de Juan I, hecho que subraya la afirmación de la identidad política portuguesa durante la crisis dinástica que siguió a la muerte del Rey Fernando I frente a las pretensiones de los Reyes castellanos, culminando en su derrota en la batalla de Aljubarrota.

La sección sexta de la Exposición se dedica a presentar la compleja realidad cultural del Portugal Medieval, semejante a la de los demás reinos peninsulares, con la persistencia de los elementos islámicos y judíos junto al predominio de la cultura cristiana, que se manifiesta en la introducción de estilo gótico.

Casi toda la sección sexta de la Exposición se dedica a presentar la compleja realidad cultural del Portugal Medieval, semejante a la de los demás reinos peninsulares, con la persistencia de los elementos islámicos y judíos junto al predominio de la cultura cristiana, que se manifiesta en la introducción de estilo gótico, del cual se exponen obras de gran importancia. Destacan entre ellas el Cancionero de Ajuda (siglos XIII-XIV), Códice que contiene 286 canciones completas y 27 incompletas y sigue el modelo de las Cantigas de Alfonso X el Sabio, los magníficos alabastros de Escuela inglesa de los Museos de Lisboa y Coimbra (siglo XV), las esculturas de la Virgen de la O del taller del Maestro Pedro (siglo XIV), el llamado sepulcro de Cristo del Museo de Coimbra, y las espléndidas piezas de orfebrería portuguesa de la Baja Edad Media, encabezadas por el Tesoro de Santa Isabel de Portugal (siglo XIV), procedente del Monasterio de Santa Clara la Vieja de Coimbra, en el que fue sepultada.

La última parte de la Exposición está dedicada a la entronización de la Casa de Avis y a la consagración del Reino portugués como entidad política independiente dentro del conjunto peninsular, ligado estrechamente a la política europea a través de la Alianza de Inglaterra mediante el Tratado de Windsor (1386), que figura también en la Exposición, y el matrimonio de la Infanta, Isabel de Portugal, con Felipe el Bueno, Duque de Borgoña. Los demás hijos de Juan I de Portugal, La ínclita generación de Camoens, están también representados en este capítulo, en el que se pone asimismo de manifiesto la profunda relación entre la exaltación dinástica y la afirmación de la personalidad de Portugal en vísperas de la Era de los Descubrimientos, la gran época de la historia portuguesa.

Esta vigorosa afirmación de la personalidad del Reino como entidad independiente, llena de energía interna y de capacidad de intervención exterior, en el mismo momento en que comienza a delinearse el Estado moderno, explica muy bien la dificultad de consolidar la futura unidad política peninsular de 1580 sobre la base del predominio político financiero y militar de Castilla, a pesar de la unificación dinástica y de la aparente igualdad jurídica entre los reinos peninsulares. La hermandad histórica entre Portugal y los demás Reinos Hispánicos, sobre todo León y Castilla, dará lugar al despliegue de una historia paralela y no a la articulación unitaria de los respectivos proyectos históricos. Ello no impide, como se demuestra en esta magnífica Exposición, mostrar los fundamentos comunes de esa historia, explicando a la vez las razones de su plasmación en dos líneas trayectorias distintas.