José María Barrio Maestre: «Sócrates en el aula»

El autor de este ensayo subraya las raíces comunes de la educación y la filosofía y propone que la educación vuelva a ese origen, porque su separación ha empobrecido la enseñanza

Una imagen de la serie «Merlí», protagonizada por un profesor de Filosofía. Foto: Veranda TV
Una imagen de la serie «Merlí», protagonizada por un profesor de Filosofía. Foto: Veranda TV
Nueva Revista

José María Barrio Maestre (Madrid, 1960) es doctor en Filosofía y profesor titular de la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado numerosos libros y artículos sobre temas filosóficos y educativos.

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Barrio Maestre aborda en Sócrates en el aula «los efectos perversos de un abismo cada vez más tajante que se ha ido abriendo entre la Filosofía y la Pedagogía», que en el «origen de estos dos discursos no existía en absoluto». Sócrates empezó con la filosofía y la pedagogía a la vez. Una y otra se imbrican. El divorcio se produjo a mediados del siglo XX. 

José María Barrio Maestre. (2026). Sócrates en el aula. Lo que la filosofía puede enseñar a la educación. Madrid: Ediciones Encuentro
José María Barrio Maestre. (2026). Sócrates en el aula. Lo que la filosofía puede enseñar a la educación. Madrid: Ediciones Encuentro

Una pedagogía sin fundamento filosófico, afirma el autor de este ensayo, «simplemente declina en pura ingeniería social». La pedagogía debe ir unida a esa filosofía socrática que cultiva el que vive sabiamente, con el testimonio de su vida y de su muerte.

Barrio Maestre denuncia la degradación de la asignatura de Filosofía en la enseñanza secundaria. Pero sobre todo recuerda que «lo más sustantivo de la tarea docente es ayudar a las personas que se nos encomiendan a forjar e ir afianzando algo humanamente muy interesante, que es el hábito de estudio, algo que es necesario aprender pues no viene “de fábrica”; nadie viene al mundo sabiendo hacer eso». 

El conocimiento, propiamente hablando, no se transmite: lo que un buen docente hace al enseñar es ayudar a otros a que conozcan ellos con su inteligencia. «No puedo transmitirle a otro mi propio conocimiento, pues conocer es una acción inmanente, dice Aristóteles, a saber, una operación que revierte o repercute en el sujeto que la realiza, no fuera de él». Un docente no puede inculcar saber en otra persona, «tampoco eso que algunos llaman valores». Lo que puede es «dar aliento, soplar para que prenda la llama», puede «ayudar a que se desenvuelva sin obstáculos, o venciendo los que surjan, sobre todo la pereza mental, la resistencia a hacer un esfuerzo intelectual».

La escuela, recuerda el autor de Sócrates en el aula, se instituyó para ser un espacio adecuado al estudio, para proveer una «atmósfera que lo facilite», que «predisponga al aprendizaje de una disciplina difícil»: concentrar la atención en un punto y mirarlo despacio, analíticamente, cerrando mucho el foco». Ayudar a las personas jóvenes a que vayan poco a poco disciplinando un hábito de estudio, adiestrándose en una atención fija e intensa en un asunto, «es un servicio humano y humanizador extraordinario».

Barrio Maestre, finalmente, condena la idea de que los alumnos de secundaria para arriba tengan que estar siempre entretenidos, «haciendo cositas que les motiven y seduzcan, naturalmente todo “en equipo”, y por supuesto interactuando online». Lo propio del estudio no puede realizarse en equipo.

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La imagen que encabeza este artículo pertenece a la serie Merlí, que sigue las peripecias de un profesor de Filosofía. Producida por Veranda TV, fue emitida por primera vez en España en TV3. Después ha pasado por La Sexta, varias cadenas autonómicas, RTVE Play, Netflix y Amazon Prime Video.