Jordi Pujol y los catalanes

Reseña del libro "Jordi Pujol, historia de una obsesión", de Siscu Baigues y Jaume Reixach, editada por Temas de Hoy, en 1991 (478 páginas)

Rafael Gómez López-Egea

La joven democracia española, salida de la fase de transición, que se ha cobrado sus víctimas —la última y más conocida ha sido Adolfo Suárez—, tiene también personajes casi míticos dignos de entrar en el libro de la historia por derecho propio. Tal es el caso del presidente de la Generalitat de Catalunya, el honorable Jordi Pujol, que presenta una ejecutoria política demostrativa de un talento personal en verdad sobresaliente.

Por eso resulta de particular interés el libro que acaba de aparecer, titulado Jordi Pujol, historia de una obsesión, en el que se pasa revista, con tanta habilidad como amplia documentación, a la figura y obra política del personaje, siguiendo sus pasos desde la infancia, pero con mayor insistencia en la juventud, época en la que se perfilan con nitidez sus ideas básicas sobre el catalanismo, desarrolladas posteriormente. Las anécdotas curiosas alternan con los abundantes datos, textos y referencias a discursos de Pujol en los que deja claro su concepto de Catalunya: «Porque todo aquel que vive y trabaja en Catalunya, tenga las ideas que tenga, piense como piense, haga lo que haga en un momento determinado, es un hermano nuestro, es un catalán».

Es evidente el afecto y admiración de los dos autores a la figura de Jordi Pujol, aunque tampoco faltan las críticas hacia la diferencia entre lo que dice y lo que hace, si bien lo mismo podría decirse, prácticamente, de todos los políticos. A lo largo de las páginas del libro se traza la imagen de un Pujol inteligente, hábil, múltiple en sus argumentos y «obsesionado» con hacer de Catalunya un país próspero, civilizado, pacífico y fiel a lo que él considera la «identidad propia del pueblo catalán».

Con independencia de posibles errores y evidentes aciertos, la verdad es que Jordi Pujol ha sabido trasladar a los catalanes su mensaje, y lo ha hecho con tal profundidad que, como explican acertadamente los autores, su ventaja sobre los socialistas se mantiene inalterable en los más diversos sectores y capas sociales de Catalunya, una y otra vez, en cuantas elecciones autonómicas se han celebrado desde el año 1980. Momento histórico, recogido en el capítulo titulado «Ya soy Presidente», cuando, el 8 de mayo de 1980, recibió de manos del honorable Tarradellas el enorme medallón distintivo de su dignidad. A partir de esa fecha, la personalidad política de Pujol adquiere sus verdaderas dimensiones, no solo dentro de Catalunya sino también en toda España. •