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Ver productosRupert Pennant-Rea es el director del semanario más influyente de Occidente y nos atreveríamos a decir de todo el mundo. Pennant Rea comenzó su carrera profesional en 1977 como periodista económico y desde 1986 es el director de The Economist. Licenciado en Económicas por la Universidad de Manchester, así como por el Trinity College de Dublín, ha escrito tres libros de economía y una novela (Gold Foil, 1979). El director de The Economist ha conversado con NUEVA REVISTA, a su paso por Madrid, en donde pronunció una conferencia, invitado por el Centro de Estudios de Política Exterior. Resumimos los principales puntos de la conversación.
1 Dic 1990 - 7min.
— Cómo ve la popularidad de la primera ministra británica y hasta cuándo cree que podrá mantener su postura de rechazo hacia los temas europeos?
— Está claro que la postura adoptada por Mrs. Thatcher está avalada por el Partido Conservador, pero gran parte de los miembros del Partido Laborista están de acuerdo con sus tesis acerca de Europa. No es fácil caricaturizar el debate que existe ahora mismo en Gran Bretaña entre los partidarios y reacios a la unificación europea, pero la línea que divide a unos y a otros tiene una clara relación con la edad: la población británica que tiene más de 60 años está en contra de los temas comunitarios, cosa que no ocurre con los menores de 30 años, mucho más partidarios de la integración. Como consecuencia de esta división, la postura de Mrs. Thatcher, en cuanto a los temas de Europa, está avalada por aproximadamente un 40% de la población, en gran parte correspondiente a personas mayores de 60 años, sean votantes conservadores o no. Es incuestionable que ser miembro de la Comunidad beneficia a Gran Bretaña, y sería injusto decir que la primera ministra se ha opuesto a esta participación. Con lo que no está de acuerdo Mrs. Thatcher es con una particular extensión de la idea de Europa en áreas que no considera necesarias, como, por ejemplo, la Carta Social Europea. Sobre la popularidad de Mrs. Thatcher, en general, se respira un ambiente de insatisfacción reflejado en los últimos sondeos de opinión, por lo que hay numerosas razones para pensar que el Gobierno es impopular, entre otras cosas porque se cree que la primera ministra ahora mismo es una «molestia» en las relaciones con Europa.
— En España la opinión pública tiene la sensación de que el Gobierno británico es antieuropeo.
— Es erróneo pensar que el Gobierno británico siempre se opone a todo lo que tenga que ver con la unificación de Europa sólo porque en los temas que saltan a los titulares de los periódicos, como pueden ser unión monetaria, moneda única o unión política, está adoptando un punto de vista distinto al de la mayoría de los miembros de la Comunidad. Como prueba de que esta apreciación no es correcta, le diré que Gran Bretaña, a excepción de Dinamarca, es el país miembro que más rápidamente ha incorporado a su derecho interno la legislación comunitaria, cosa que no ha ocurrido de la misma manera en países con mucha más retórica europeísta, como los del sur de Europa.
— ¿Federación o Confederación para Europa?
— Pienso que va a haber gradualmente una cesión de soberanía en las áreas que es necesario, como se puede comprobar en el proceso hasta el 92. Francamente, no creo que se esté caminando hacia una Federación europea en sus términos más estrictos, ya que los Gobiernos no tienen la suficiente voluntad para ello. No veo la necesidad de ceder en cuestiones como por ejemplo la defensa; me parece que por el momento es impensable tener una política de defensa común, ya que existen demasiados intereses opuestos entre los países miembros de la CE: hay países neutrales y otros cuyas instituciones no permiten que sus fuerzas armadas actúen fuera de su territorio. ¿Qué hubiera pasado en 1982 cuando estalló la guerra de las Malvinas si hubiera habido una política de defensa común?
— Se habla de la posibilidad de una ampliación de la CE a otros países. ¿Considera que esta ampliación crearía muchos problemas a la consecución de políticas comunes como en defensa o exterior?
— Por supuesto que sí, precisamente ésta es la razón por la que Jacques Delors está en contra de la ampliación de la Comunidad, ya que comprende muy bien que no será posible alcanzar estas políticas comunes con más miembros, con distintas prioridades políticas. Sin embargo, en mi opinión, habría que abrir la Comunidad a estos países, siempre y cuando cumplan los dos requisitos que se exigen para ser mieembros de la CE: ser países democráticos y con economía de mercado. No me gusta la idea de Europa como un país de ricos mercaderes; prefiero que sea una agrupación de gente libre, ya que no creo que lo otro sea un objetivo noble para la CE. Sobre lo que habría que reflexionar es el porqué de la oposición a la entrada de húngaros, polacos, checos, porque nos preocupan los productos agrícolas o el coste de dar subsidios para desarrollo económico o porque nos preocupa que tengan prioridades diferentes en política exterior.
— ¿Cree que la crisis del Golfo influirá en el debate actual sobre la actuación de la OTAN fuera de la zona?
— El debate sobre el futuro de la OTAN es largo y controvertido; con la crisis del Golfo, lo que puede ocurrir es que se obtenga una especie de acuerdo de seguridad, con compromisos de no violar las fronteras o el de apoyarse unos a otros en el caso de que éstas sean violadas. Ahora bien, lo que no se sabe es si esto se producirá en el ámbito de las Naciones Unidas o si va a ser una decisión de los EE.UU.
— ¿Qué consecuencias económicas y políticas inmediatas se producirán si, finalmente, estalla la guerra en el Golfo?
— En cuanto al mercado, estamos viendo cómo cada día sube y baja, dependiendo de los rumores que corren. Eso es exactamente lo que ocurrirá si estalla la guerra, pero sólo si los altos precios del petróleo persisten durante largo tiempo habrá graves consecuencias en la actividad económica.
Si los aliados ganan muy rápido, creo que el precio del petróleo caerá espectacularmente y habrá una euforia general en los mercados internacionales.
La URSS, a diferencia de la que ocurre en la mayoría de los países del Este, no entiende lo que hace falta para tener una economía moderna, una economía de mercado.
— ¿Piensa que la «perestroika» sobrevivirá a la profunda crisis económica que padece la Unión Soviética?
— Soy bastante pesimista al respecto. Los soviéticos tienen que luchar contra la fragmentación nacional basada en las diferencias étnicas y con la impopularidad de Gorbachov, aderezado con el declive visible de la economía, y no veo, por ahora, que en la URSS, a diferencia de lo que ocurre en la mayoría de los países de Europa del Este, se entienda lo que hace falta para tener una economía moderna, una economía de mercado. Como ejemplo diré que desde que en 1985 el actual Gobierno ruso llegó al poder no se ha traducido un solo manual de economía occidental, por lo que en las universidades se sigue estudiando economía marxista; éste es el auténtico problema. Primero tienen que desmantelar todo el sistema anterior, y de momento no lo han hecho. Por el contrario, creo que el futuro de Checoslovaquia o de Hungría es mejor, ya que, aunque tienen numerosos problemas, ya han asumido el compromiso para establecer allí una auténtica economía de mercado.
— ¿Dónde está el poder en la Unión Soviética: en el KGB, en el partido o en el Ejército?
— Antes el partido era el que organizaba la sociedad, pero ahora cada vez tiene menos miembros, está más dividido y desmoralizado. En esta situación, quizá el Ejército sea la única institución que pueda dar un marco estable para la sociedad. El problema es saber si se trata de un ejército aferrado al pasado o si es un ejército de transición.
Podría producirse un golpe de Estado de dos tipos: dado por un grupo del Ejército que quisiera restablecer la disciplina, o dado por otro grupo que dijera al país: «Este país es un desastre, le vamos a dar un mínimo de estabilidad para que se puedan crear las estructuras necesarias para hacerlo funcionar, no tenemos ninguna ambición de mantenernos en el poder una vez que la transición se haya llevado a cabo», pero esto es muy difícil de saber.
— ¿Considera que los acontecimientos en el Golfo Pérsico y el previsible aumento de conflictos en el Sur aumentan el valor estratégico de España?
— La entrada de España en la OTAN fue muy importante por numerosas razones de sobra conocidas. Ahora bien, en este momento no creo que el valor estratégico de España vaya a aumentar mucho, aunque sí algo, debido a que la OTAN será una organización de mayor contenido político que en el pasado.