Entrevista con Robert Einhorn: La OTAN sigue siendo necesaria

Robert K. Einhorn es miembro del staff de Planificación Política del Departamento de Estado de los Estados Unidos de América y ha participado en las negociaciones NST, para el control de armamentos y otros asuntos estratégicos, celebradas en Ginebra entre soviéticos y norteamericanos. Durante su reciente estancia en Madrid, Sucre Alcalá, subdirector de NUEVA REVISTA; Miguel Ángel Cortés, del Consejo Editorial, y Guillermo Cid, colaborador, mantuvieron una extensa conversación con él, cuyos conceptos principales ofrecemos seguidamente.

Robert Einghorn

Robert Einhorn.— Permítanme hablar un poco sobre nuestra función dentro del Departamento de Estado. La Oficina donde trabajo, el staff de planificación política, fue creada por el general Marshall tras la II Guerra Mundial.

La URSS sigue siendo la fuerza militar más poderosa del continente.

Como tenía que confrontar un mundo muy diferente al al del tiempo de la guerra, Marshall quería tener una oficina específica para planificar a largo alcance. El primer encargado de la Oficina fue George Kennan, que fue el autor de muchas políticas de la posguerra de los Estados Unidos. Fue Kennan quien comenzó la política de contención. Ahora estamos en otra etapa de posguerra fría. La situación en el mundo está cambiando tan rápidamente como lo hacía tras la II Guerra Mundial, y la Oficina de Planificación Política del Departamento de Estado tiene una responsabilidad muy grande en la proyección de la política USA hacia el futuro.

Nuestro staff es un pequeño «think-tank» a las órdenes directas del secretario de Estado, James Baker. Y, modestia aparte, hemos jugado un papel muy importante en la actual concepción de los políticos del Gobierno americano. Una muestra de esto fue el procedimiento muy acertado de la reunificación de las dos Alemanias. Podrán recordar que algunos de los vecinos de Alemania estuvieron muy nerviosos durante el dearrollo de la reunificación. Teníamos otro temor: que iba a haber mucho desacuerdo entre los aliados de los Estados Unidos sobre la cuestión de la reunificación.

En términos de control de armamento no pienso que la situación del Golfo Pérsico vaya a tener un impacto adverso.

Este equipo ideó el mecanismo diplomático conocido como «2 + 4» para que Alemania pudiera entrar en Europa sin choque político, de manera suave. También jugamos un papel importante en la adaptación de la OTAN a las circunstancias nuevas; por ejemplo, la declaración de Londres de julio pasado.

Asimismo, hemos trabajado en el control de armamentos, tanto de armas convencionales como estratégicas. Sabíamos que la OTAN, en solitario, no era suficiente para hablar de estos asuntos. Había que incluir también a las nuevas democracias del Este en el proceso. Apoyamos el sistema propuesto bajo la CE para Europa. También participamos en la elaboración de nuevas pautas para la OTAN en el asunto de las armas convencionales y estratégicas.

Podemos discutirlo más, pero tenemos que cambiar mucho los niveles de respuesta convencional y respuesta flexible que han sido la base para la OTAN. También estamos considerando el papel del pilar europeo en la defensa del continente. Éstos son algunos ejemplos de las cuestiones que estamos tratando dentro de mi Oficina en el Departamento de Estado. Ahora contestaré gustosamente a sus preguntas o comentarios.

Sucre Alcalá.— En relación con las negociaciones sobre el desarme, ¿cuál es ahora la perspectiva a la luz de los acontecimientos del Golfo Pérsico, y, unido con esto, qué papel considera que puede desempeñar la OTAN en el futuro?

China va a tener un papel importante, pero dependerá mucho de las reformas internas, porque sin ellas no es creíble fuera de sus fronteras.

Robert Einhorn.— En términos de control de armamento no pienso que la situación del Golfo Pérsico vaya a tener un impacto adverso. Una cosa que se ha manifestado en la crisis del Golfo es que algunos de los armamentos, especialmente las armas estratégicas, no son totalmente aptos para utilizar en una situación como la que estamos confrontando en el Golfo. Esta crisis nos lleva a pensar que estamos determinados a tener niveles todavía más bajos de armamento y control de los problemas dentro del continente. Esto no quiere decir que podamos dejar de lado nuestros armamentos estratégicos, porque la URSS —aunque voluntariamente va a tener un papel importante, pero dependerá mucho de las reformas internas, porque sin ellas no es creíble fuera de sus fronteras mente está bajando sus niveles de armas convencionales— mantiene un gran arsenal de armas estratégicas. Después del acuerdo START, que los negociadores de ambas partes esperan firmar antes de fin de año, habrá otra ronda sobre armas estratégicas ofensivas. Hay que considerar también que las negociaciones sobre control de armamento funcionan muy bien cuando hay confianza por ambas partes, y que las relaciones bilaterales entre USA y la URSS son buenas. La cooperación con los soviéticos en la crisis del Golfo ha sido muy positiva, y esto ha favorecido las tareas en el área del control de armamentos. Respecto a la la segunda parte de la pregunta, ¿es sobre el papel de la OTAN fuera de Europa, no?

Sucre Alcalá.— Sí, dada la distensión entre la OTAN y el Pacto de Varsovia, y a su vez el surgimiento de un conflicto fuera de la zona de la OTAN, ¿conserva algún sentido la OTAN en esta nueva relación de amistad?, y ¿qué nueva perspectiva tiene cuando surgen conflictos como los de Irak, que mañana pueden estallar en otras zonas? De hecho, muchos medios y círculos influyentes en Europa han escrito y dicho que la ÖTAN carece ya de justificación.

Robert Einhorn.— La pregunta es muy amplia, y me tomaré algún tiempo para responder. Una de las cosas más interesantes de nuestro trabajo en el staff político del Departamento de Estado es comprobar los cambios radicales en el ámbito de la seguridad. La confrontación Este-Oeste está paulatinamente apagándose. Tenemos que reconocer que aun cuando el último soldado ruso salga del Este europeo, la URSS todavía será la fuerza militar más poderosa del continente. No creo que los actuales dirigentes soviéticos tengan ninguna intención contra Occidente porque tienen unas preocupaciones internas muy gordas. Pero, ¿quién será el líder máximo de la URSS dentro de diez años, o tendremos que tratar con una variedad de repúblicas en la Unión Soviética? Esto quiere decir que podemos limitar nuestra defensa, pero no debemos prescindir de ella.

Por otra parte, al tiempo que desaparece la amenaza tradicional Este-Oeste surgen algunas amenazas nuevas. Por ejemplo, las rivalidades étnicas y nacionales en el sureste de Europa, el problema entre los húngaros y los rumanos, la grave crisis de Yugoslavia y las reivindicaciones nacionalistas en las distintas repúblicas soviéticas. También hay litigios fronterizos entre países, y conflictos por razones económicas, como en el Golfo actualmente. Asimismo, existen inestabilidades producidas por el fanatismo religioso, además del peligro procedente de la proliferación de armas químicas y biológicas. También tenemos que pensar en los problemas de las poblaciones emigrantes que pueden derivarse de los otros problemas.

Todas estas cosas forman parte del nuevo panorama de la seguridad mundial, una nueva amenaza que tenemos que afrontar. ¿Cómo vamos a tratar estas cuestiones? ¿Qué papel tiene la OTAN en este ambiente? Pienso que la OTAN sigue teniendo un papel importante. A pesar de la disminución de la amenaza de la URSS, la OTAN tendrá que ser menos militar y más política, y éste es el proceso que comenzó con las declaraciones de Londres en julio. Las fuerzas convencionales serán reducidas y su estrategia convencional será cambiada. También habrá en las armas nucleares reducciones muy fuertes. Las armas nucleares serán armas de último recurso.

La OTAN, por supuesto, siempre ha tenido un papel político, pero será más importante en el futuro. La OTAN tendrá un papel en el fortalecimiento de las nuevas democracias del Este. La OTAN puede funcionar como un foro en el que los países puedan considerar amenazas externas a la OTAN. En Bruselas, por ejemplo, ya ha habido unas discusiones muy útiles sobre la situación en el Golfo. Y aunque la OTAN no ha funcionado como el mecanismo para la respuesta en el Golfo Pérsico, sí ha servido para coordinar los esfuerzos de los países.

Podemos limitar nuestra defensa, pero no debemos prescindir de ella.

Y no olvide que la OTAN está obligada a responder ante las amenazas a cualquiera de sus miembros. En este caso, Turquía, como es miembro de la OTAN, está directamente amenazada y los miembros de la OTAN le han expresado claramente su respaldo. Pero no insistimos en que la OTAN tenga necesariamente que ser el único lugar en el que se pueden discutir los problemas del área. Lo que es importante es que nuestros aliados reconocen que tienen responsabilidades como naciones prósperas, ante amenazas que tal vez vengan de fuera del área.

Es menos importante que la OTAN sea el mecanismo para coordinar la respuesta que el reconocimiento por parte de los países europeos de que tienen esa responsabilidad. Por ejemplo, la UEO tiene un papel importante en coordinar la respuesta de los países de la Unión en términos navales. En este sentido, hay sido muy importante y bien considerada por nuestro Gobierno la respuesta española al mandar tres buques de guerra, y el apoyo logístico que ha prestado a las fuerzas norteamericanas en el Golfo. Lo importante es que estos esfuerzos se hagan bajo alguna sigla, y no necesariamente al amparo de la OTAN. Lo importante es que funcionen. Pensamos que la OTAN tiene aún un papel muy importante que jugar, pero es un papel que va a cambiar.

No importa qué plan escojan, las dificultades económicas que tiene la URSS van a continuar.

Miguel Angel Cortés.— ¿Realmente piensa que el papel de la UEO ha sido tan importante? Si observamos lo que ha pasado… El Reino Unido ha estado operando en el Golfo por su relación privilegiada con los EE.UU., no por la UEO… La Marina británica estaba allí antes de la reunión de la UEO. España, por supuesto, mandó sus barcos tras la reunión de la UEO, pero todas las facilidades de escala, etc., en España fueron fruto del acuerdo bilateral con los EE.UU. E incluso el país europeo que teóricamente apoya con mayor vigor a la UEO, Francia, ha insistido en que no habrá un mando extranjero para la marina francesa. Así que no estoy tan seguro de que el papel de la UEO haya sido tan importante. Por otra parte, no sé si usted comparte esta opinión, que hay en Europa occidental dos sensibilidades diferentes en la política exterior. Ahora salen a la luz en este conflicto. Una es la de los países atlánticos en Europa: por supuesto, Gran Bretaña, Francia en ciertos aspectos, España, Italia y Portugal. La otra es la perspectiva de los países centroeuropeos. No sé si usted advierte de cara al futuro estos dos enfoques distintos en la política exterior europea.

Robert Einhorn.— Sí, entiendo su pregunta. Durante algún tiempo vamos a estar en un período de transición en cuanto a este problema. Tenemos una variedad de países y organizaciones con diferentes países miembros. Tomará algún tiempo reconciliar estos diferentes grupos, y tampoco quería sugerir que estamos dando mucho énfasis a la UEO. Si algunos Estados actualmente piensan que es más fácil, más factible, funcionar bajo la UEO, muy bien. Al mismo tiempo reconocemos que algunos de los países democráticos del Este tienen interés en unirse a las instituciones occidentales, pero ellos reconocen que es prematuro todavía para la integración. Mientras tanto, podemos utilizar las instituciones existentes de la mejor manera posible, reconociendo que habrá una evolución a otras formas en el futuro.

¿Cuáles son las cosas que van a durar, los principios más importantes para los USA en esa arquitectura de la seguridad? Uno es la participación sustancial por parte de los EE.UU. en los asuntos de seguridad europeos. Creemos que esto es importante no sólo por nuestros propios intereses, sino porque también nuestros aliados lo consideran así. Todos los Gobiernos de la OTAN— y tal vez pueda decir, sin miedo a que me contradigan, todos los Gobiernos de Europa— piensan que los EE.UU. pueden desempeñar un papel estabilizador en Europa. Y mientras que nuestros aliados en Europa piensen que podemos jugar este papel, estamos dispuestos dispuestos a jugarlo. A este respecto, la OTAN es la organización que permite desempeñar este papel, aunque la OTAN no existe sólo para dar un papel en Europa a los EE.UU., sino porque tiene un valor fundamental para los propios europeos.

Una segunda línea en nuestra política es el reconocimiento de que los europeos tienen que participar más activamente en su propia defensa. Tienen la capacidad para hacerlo, y parece que también tienen la voluntad para llevar a cabo esa política. Esto es lo que llamamos el pilar europeo. Este pilar puede adoptar muchas formas: puede ser la CEE, la UEO dentro de la CEE, puede ser la parte europea dentro de la OTAN. Lo importante es que los países europeos asuman este papel y que el pilar europeo esté dentro de una alianza atlántica.

Un tercer componente de nuestra política es asegurar la participación de los otros países de Europa en este proceso; los países de la Europa oriental deben pensar que no están siendo dejados de lado.

La CSCE es una institución adecuada para vincularlos al tener sus propias iniciativas en este campo. Todo ello debe hacerse sin que la URSS se sienta amenazada. Al revés, lo óptimo es que esté involucrada dentro del proceso de seguridad, y que no piensen que están aislados, para que no surja un sentimiento de xenofobia. Aunque hablamos en términos de arquitectura para Europa, en verdad lo que queremos hacer sólo es pensar en principios amplios y dejar que las instituciones y la arquitectura se desarrollen sobre la marcha.

La OTAN tendrá que ser menos militar y más política.

Guillermo Cid.— Quisiera hacerle unas preguntas, pero antes permítame unas consideraciones previas. Primero, es evidente que el comunismo ha fracasado por una serie de factores, pero si hay que personificarlos en algo yo diría que desde el plano de las ideas ha jugado un papel decisivo el actual Papa, y en el plano de la política el presidente Reagan.

¿Cuál creo yo que fue una de las razones del éxito de la política de Reagan? Fue no ceder en nada importante ante la URSS. Por ejemplo, lo que se conocía comúnmente como la «guerra de las galaxias». En mi opinión, esta y otras medidas, compatibles con las conversaciones de desarme, hicieron ver a los gobernantes de la URSS que no podían sostener la carrera de armamentos a la que les desafiaban los EE.UU. por una consideración fundamentalmente económica. En consecuencia, habría que asegurar siempre una superioridad militar muy clara de EE.UU. y la OTAN respecto a la URSS. ¿Por qué digo esto? Porque este método fue eficaz con Reagan y porque creo, con los datos que conozco, que la reforma económica de Gorbachov es prácticamente imposible que salga adelante. ¿Cuál es su opinión al respecto? La segunda cuestión es: ¿Qué piensan ustedes en todo este proceso de China y cómo lo encajan en la futura evolución de la OTAN y de las instituciones europeas?

Robert Einhorn.— El actual problema del Golfo es una buena muestra de la necesidad de que en un tiempo donde hay un único poder mun mundial, los Estados Unidos, que esta superpotencia asuma el liderazgo del mundo, no en términos de hegemonía sino porque no hay otra que pueda responder ante una crisis mundial, y, al mismo tiempo, lograr el consenso de los otros países sobre el problema de turno. Obviamente, China va a tener un papel importante, pero dependerá mucho de las reformas internas, porque sin ellas no es creíble fuera de sus fronteras.

Guillermo Cid.— ¿Qué piensa usted sobre la viabilidad de la reforma económica de Gorbachov?

Robert Einhorn.— No importa qué plan escojan, las dificultades económicas que tiene la URSS van a continuar. Repito, no importa el plan, si es el plan de Gorbachov, el de Rizhkov, etcétera.

Guillermo Cid.— Es verdad, pero hay una diferencia entre un plan y otro, y es la duración. Yo pienso que a una población se le puede pedir que pase hambre durante un año, pero no que pase «medio hambre» durante seis. Es un período demasiado largo que puede crear expectativas de estallidos sociales incontrolables por motivos económicos, religiosos o nacionalistas.